Globalización económica y exclusión

Por: CAES
Fuente: http://www.nodo50.org (08.10.04)

¿Adolescentes peligrosos o adolescentes en peligro?

El Estado social no introduce el objetivo de la eliminación de la pobreza, sino del socorro y la protección de los pobres. No combate las causas de la desigualdad social y económica de los individuos, sino alguno de los efectos de dicha desigualdad

1 Moneda única y exclusión

La Europa del euro, basada en el poder del dinero, es una turbina de creación de riqueza, pero también de exclusión. Sin embargo, la degradación de las condiciones de vida de millones de personas parece tan inevitable como el hecho de que la primavera suceda al invierno. La precariedad de la mayoría no aparece como producida por un hecho político, sino por un hecho natural, el mercado. La inestabilidad de la gente parece no tener ningún responsable, porque su origen está más allá de la política.

La Economía como ciencia se configura como un conjunto técnico cuyo manejo queda en manos de los expertos. De esta manera, la discusión acerca de los fines de la economía y, por tanto, de sus consecuencias, está resuelta de antemano. El manejo de este complejo técnico instrumental, en manos de los economistas, ratifica los intereses del capital y degrada, en aras de esos intereses, las condiciones de existencia de una gran parte de la sociedad.

Este funcionamiento, que es un hecho político, se presenta como derivado de una inevitable naturaleza de las cosas. Desde esa apariencia, el orden de relaciones sociales queda sustraído de la discusión y la crítica. Aunque la precariedad y la pobreza tienen su origen en el mercado, paradójicamente, éste aparece como el único sistema en que las personas pueden vivir en paz, porque la economía prescribe que los individuos no son sociables más que a través del comercio. Cualquiera que cuestione hoy la economía de mercado, en base a sus consecuencias de pobreza y marginación, está planteando el problema del poder y por lo tanto, está sentando las bases para la confrontación civil. El mensaje explícito del poder es que, o continuamos obedeciendo y aceptamos la precariedad como inevitable, o nos atenemos a las consecuencias.

Lo público se divide en dos campos. Uno, el de la administración de la economía que, como un hecho técnico corresponde, en la Europa del Euro, al Banco Central Europeo que fija los tipos de interés sin ninguna interferencia de las instituciones políticas. Otro, el de la mecánica parlamentaria y la acción gubernamental que elabora las leyes y las aplica, respectivamente, sobre un orden de relaciones sociales previamente determinado por la economía. Esta aparente despolitización de la economía, implica la imposición autoritaria de los intereses de unos sobre otros. Mientras, el Parlamento, mantiene la ficción de ser la representación de los intereses generales. La Constitución Europea consagra esta estructura dual. Respetando la lógica económica es imposible una acción política que reduzca este déficit democrático.

El mercado mundial no solo favorece a la burguesía, sino a todos los individuos que se mueven persiguiendo sus deseos y que tienen dinero para satisfacer dichos deseos en el mercado. Millones de asalariados han aprendido a someter sus deseos a la disciplina de la producción capitalista, pero, al mismo tiempo, han aprendido también a no poner límites a sus deseos en la esfera del consumismo capitalista. Desde dentro de esta lógica solo se puede ser como productor o consumidor de mercancías. Sin salir de dicha lógica, el proletariado solo puede crear la tumba del propio proletariado como fuerza transformadora, no la tumba del capitalismo.

El poder es algo funcional para dominantes y dominados. El mercado no solo beneficia a la burguesía sino al sector de la población que tiene rentas para acceder libremente a dicho mercado. Para los marginados y los pobres, que no tienen acceso al mercado, esta situación no se vive como una exclusión desde la que pedir cuentas a la lógica económica, sino como una anomalía que debe ser resuelta mediante la inclusión individual en dicho mercado. De esta manera todos, incluidos y excluidos, estamos dentro de la lógica de la economía. Este sistema de reproducción de la desigualdad a través del mercado y del estado, se basa en “la voluntad”, individualista y competitiva, compartida por los de arriba y los de abajo. Hoy, dicho sistema recibe el nombre de democracia.

2 Por un conocimiento intencional y con consecuencias.

EL CONOCIMIENTO COMO RELACIÓN

El conocimiento verdadero de la exclusión, implica la clarificación de sus causas estructurales, históricas y sociales. Esta mirada nos hace percibir la precariedad, no sólo como carencia, sino también como fuerza negadora del orden de relaciones sociales que la genera. Intentar remediar las urgencias de la exclusión sin identificar sus causas profundas, no perceptibles desde una mirada superficial, constituye, en última instancia, una forma de retroalimentar, más allá de los buenos deseos, la lógica excluyente.

Conocer las jóvenes vidas rotas por la droga, la exclusión y la cárcel no es acumular datos neutrales. Al explicar estas vidas desde las dimensiones descritas anteriormente, el sujeto que conoce debe considerarse en el mismo orden de realidad que el objeto conocido. La condición social del individuo excluido está relacionada con la condición social del individuo que conoce o socorre, porque ambos son partes de un todo social que genera desigualdad. El uno no puede explicarse sin el otro y sin el orden social que comparten. El conocimiento es una relación, una convergencia entre el sujeto, que conoce y el objeto, en este caso otro sujeto, a conocer. No hay sujeto sin relación. El sujeto se constituye y modifica en el acto de conocer que, a su vez, modifica al objeto conocido.

Si toda la compasión y la socioburocracia se comprometieran a la expresión política de la gente excluida el panorama sería diferente. Sus acciones y sus omisiones, es decir, el tipo de relación que el sujeto incluido establece con el sujeto excluido – convertido en objeto de estudio, socorro o control social – fuera diferente, cambiaría el rol de cada uno y la totalidad de las relaciones sociales.

La noción de “relación” debe tomarse en su sentido pleno. Se trata de una interrelación, es decir, no solo de la forma en que un sujeto constituye su objeto, sino también de la forma en que éste modela al sujeto mismo. Hay que hablar de relación “de objeto” y no de relación “con el objeto”. Hablar de relación con el objeto, implica que los objetos existen al margen de la relación del sujeto con ellos y, simétricamente, que el sujeto y el objeto ya están totalmente construidos antes de dicha relación.

LO PARTICULAR Y LO GENERAL.

La familia, la escuela, la empresa, el círculo social o la institución donde se socializa una persona, no contienen dentro de sí todas las condiciones de su reproducción, no son sistemas cerrados. ¿Cómo entender un conflicto individual sin insertarlo en la red de relaciones, valores y lógicas dominantes en la sociedad?

La aparente “naturalidad” de los hechos cotidianos se complementa con la aparente “lejanía” de las fuerzas materiales y culturales de la sociedad. Sin embargo, la envolvente social determina, en alto grado, el acontecer de la vida cotidiana. A su vez, la totalidad social es sólo la agregación de millones de biografías y dinámicas particulares.

LO PRESENTE Y SU GENEALOGIA

Tras la primera naturaleza de las cosas, que es la que se nos muestra tal cual es, se oculta una segunda naturaleza no menos real que la primera. Esta segunda naturaleza consiste en el proceso histórico y social por el que una situación, o la vida de una persona, es como es y no de otra manera. Sin conocer las fuerzas, las acciones y omisiones, los aciertos y errores que explican la génesis de lo real, no podemos explicarlo adecuadamente. Por eso, se nos aparece como algo “natural” y por lo tanto, inmodificable.

LO INDIVIDUAL Y LO RELACIONAL

Sin mirar la estructura de relaciones sociales, en la que se constituye un sujeto, difícilmente podremos entender su comportamiento. Las características orgánicas y genéticas de un individuo, sólo juegan un papel dentro de la trama relacional que le constituye como persona. Estas determinaciones operan como necesidad, como límite o tendencia, pero inscritas en un devenir abierto, imprevisible, que es el reino de la libertad, del hecho social en el que se despliega dicho individuo.

Los individuos no preexisten a su relación recíproca. Más bien, los individuos como extremos de una relación, se copertenecen. No podrían ser sin el otro, sin los otros. La relación entre los seres humanos no es algo externo a su naturaleza, sino algo interno y esencial. Cada uno de los extremos de la relación, cada individuo, tiene su verdad en el otro, en los otros. (Karl Marx)

LA FALACIA DEL INDIVIDUALISMO.

El individualismo metodológico trata de explicar lo social como agregado de lo individual. Sin embargo, lo individual, lo humano, sólo lo es por su naturaleza social. El individuo no sólo es condición, sino también consecuencia de lo social. Somos humanos porque somos animales racionales y debemos nuestra razón al lenguaje, que es una adquisición social. La dimensión social es un predicado fundido a la naturaleza del ser humano. (Aristóteles)

UN MUNDO INSEGURO Y PARADÓJICO

La inestabilidad y el miedo están presentes en la vida cotidiana de la mayoría de la gente. A diario sentimos horror ante el espectáculo de la miseria y el sufrimiento, Pero su persistencia les otorga el carácter de normales. Y esta normalidad les hace aparecer como inevitables. (Andrés Bilbao)

Aparentemente, estos fenómenos dolorosos no tienen su causa en la injusticia y en la coerción. La responsabilidad de la exclusión social, no hay que buscarla en el poder, sino en el Mercado. Pero los beneficiarios del Mercado desaparecen tras un orden impersonal cuyas leyes parecen ser ajenas a la voluntad humana y a la política.

¿Quién tiene la culpa de que haya tanta precariedad? : NADIE. ¿A quién responsabilizar de la vivienda inaccesible y de la degradación de los empleos? : a NADIE. ¿Quién debe rendir cuentas de la pobreza y el hambre en el mundo? : NADIE. ¿Quién responde de los 1.500 muertos y 4.500 lisiados, en accidentes de trabajo en España producto de la violencia de las relaciones laborales presididas por la competitividad?: NADIE.

Los problemas que padecemos aquí, parecen tener su origen en el más allá. Por eso, no hay nadie que pueda enfrentarse con ese NADIE, ni pedirle cuentas. Ante la desigualdad y la degradación material y moral de las condiciones de vida, solo cabe cumplir las leyes del Mercado. Es decir, seguir persiguiendo cada uno sus intereses, desentendiéndose de las consecuencias. Nos queda el consuelo de los sentimientos y de la compasión, como base de una moral sin consecuencias políticas. A partir de estas concepciones, el autismo individual o microcomunitario es la única respuesta ante el avance de la deshumanización.

Lo humano es un atributo de lo social. Sin la actividad de tejer el vínculo social (no solo producir y consumir), lo humano se degrada y tiende a extinguirse. Para salvar la dimensión humana es necesario refundar la vida social, es decir, la política. Crear lugares sociales desde donde pensar los problemas y decidir actuaciones para superarlos. Impedir el despliegue totalitario de la lógica económica en la realidad social, que es local y participar en nuevas formas de sociabilidad desde la organización de la fuerza social local que, simultáneamente, mira a lo general y se organiza en una fuerza global. En este proceso, identificar a NADIE es prioritario.

¿Quién es NADIE? NADIE es el Banco que advierte del Déficit del Estado si se siguen pagando pensiones a los jubilados y a los parados. Mientras tanto, produce dicho déficit organizando la evasión fiscal de los ricos y realizando sus inversiones en otros países si le reportan más beneficios. Pero NADIE, somos también quienes abrimos una cuenta corriente más ventajosa porque ese Banquero ha disminuido las sucursales,… enviando al paro a sus empleados.

NADIE son los Gobiernos, partidos, sindicatos y medios de adoctrinamiento de masas que repiten la consigna: “solo participando en la Europa del Euro y garantizando el beneficio empresarial, habrá bienestar para todos”, a pesar de que la precariedad masiva demuestra lo contrario. Pero NADIE somos también quienes sostenemos y votamos, una vez tras otra, a dichos aparatos del poder.

NADIE es el complejo económico-político-mediático que impone la Moneda Unica y la Constitución Europea, aunque ambas tengan como condición la inestabilidad y la pérdida de garantías sociales para la mayoría. Pero NADIE somos quienes, ante las propuestas irracionales del poder, dejamos de pensar porque es peligroso. Quienes nos comportamos como personas “decentes”, que obedecen ciegamente las órdenes. Quienes confundimos la libertad con la ignorancia voluntaria de las fuerzas que nos dominan.

NADIE es el Mercado, el interés privado. Pero los beneficiarios de NADIE no sólo son la burguesía, los políticos y los plumíferos que garantizan la continuidad de este orden. También son beneficiarios todos aquellos individuos que persiguen su interés individual y se desentienden de las consecuencias de su comportamiento. La ausencia de lucha social, convierte también en NADIE a los excluidos, los que, aunque no tienen recursos ni para satisfacer sus necesidades fundamentales, aspiran a la opulencia, en lugar de enfrentarse con el orden opulento que les excluye. Es decir, NADIE somos casi todos.

NADIE Y EL CORO UNICO

Sorprendentemente, la precariedad y la exclusión no producen rebeldía sino sumisión ¿Cómo se explica que millones de personas acepten resignadamente una vida de inseguridad y privaciones como un destino trágico? La respuesta está en la invisibilidad política de su condición, en el ocultamiento de las relaciones de violencia social que la producen y en el vacío de un discurso crítico que se enfrente a las falacias de la Europa del Capital.

La ausencia de voces que denuncien esta lógica y de movimientos populares que la impidan, permite el despliegue de una forma de racionalidad global, EL CORO UNICO, compartida por la derecha y la izquierda capitalista. La izquierda y la derecha consideran a la exclusión no como una potencia para enfrentarse con el orden injusto y avanzar en la constitución de un mundo más humano, sino como una carencia y como un peligro para la democracia. Desde esta visión, solo cabe apoyar el aumento de personal armado que defienda dicha democracia de mercado y nos defienda a nosotros de la inseguridad ciudadana. Es decir, más policía para protegernos de los excluidos, que son nuestros hijos, nuestros vecinos, nosotros mismos.

La izquierda progresista no aspira a organizar a los excluidos y los precarios contra la pobreza, el trabajo humillante y el consumismo capitalista. Lo que quiere es incluirnos a todos, como sea, en la producción de Capital. Para eso es necesario el diálogo social. Múltiples aparatos políticos y sindicales que articulen la democracia de mercado y aseguren la obediencia necesaria para el desmontaje de la protección social, de las leyes laborales y de las libertades democráticas para los de abajo. Ya que con la Moneda Unica no es posible el Estado de Bienestar para todos, los progres y los radicales reconvertidos intentan, al menos, conseguir el Bienestar del Estado para ellos mismos.

La aceptación del Mercado y del beneficio privado como fundamento del orden social, reduce las diferencias entre izquierda y derecha a la lucha por quien lleva el timón de la nave y a adjetivos para las campañas electorales. Esta unificación de lo político, segrega un Coro Unico que constituye el núcleo del régimen de la Globalización. Los simulacros de la vida parlamentaria, debidamente amplificados por los altavoces del poder, dan la sensación de enormes batallas, donde solo hay una tormenta en un vaso de agua.

La exclusión, sin expresión política, sin izquierda real, pierde su capacidad para interrogar al orden político sobre su legitimidad y se convierte en un conjunto desarticulado de individuos que pugnan entre sí por incluirse definitivamente en NADIE. A partir de aquí no hay dimensión social ni fines racionales en la vida de las personas. Solo la NADA subjetivizada bajo la forma de “madurez democrática” y “responsabilidad ciudadana”. Un tiempo muerto, un eterno presente sin más deseos que los que se satisfacen en el Mercado.

Hoy están en ascenso otras formas de progresía que articula los buenos sentimientos y la mala conciencia de las clases medias. Por un lado los contingentes del Tercer Sector y los movimientos confesionales. Su mayor virtud consiste en su presencia real en los territorios del sufrimiento y la exclusión. Esto les diferencia de la izquierda, de toda la izquierda, hiperpolítica y dogmática. Sin embargo, su aparente despolitización y su dependencia (del Estado en el caso de las ONG’s y de la Iglesia en el caso de los movimientos confesionales), introduce limitaciones claras en su acción y dudas sobre las verdaderas consecuencias de su trabajo, a menudo ejemplar en una primera aproximación. Por otro lado, sectores juveniles ayer radicales que, a través de “la crítica artista” y la lírica postmaterialista, creen haber descubierto un atajo diagonal para la organización popular. Unos por acción y otros por omisión, han contribuido a pervertir la fuerza constituyente del Movimiento Antiglobalización, ocupando espacios culturales, turismo altermundialización y puestos de trabajo en la socioburocracia vecinal, debidamente pastoreados por las distintas agencias de la socialdemocracia.

LA LUCHA CONTRA NADIE. EL MOVIMIENTO CONTRA LA EUROPA DEL CAPITAL, LA GLOBALIZACIÓN Y LA GUERRA

Aunque la NADA avanza incontenible, siempre queda un resto. La compasión, la solidaridad y la voluntad de resistencia pura y dura son parte esencial de ese resto. Partiendo de aquí, lo que ha sido tapado, preterido, puede volverse en contra de la violencia anónima que lo excluye.

Salir de la NADA es tomar conciencia de lo que se es y por qué se es. Abandonar el tiempo vacío del Mercado, donde todo es técnicamente calculable, para entrar en el tiempo activo de la innovación, la resistencia y la vida en común. Esto solo es posible dejando de ser objeto, sustancia individual e inerte en manos de la lógica económica y constituyéndose en sujeto colectivo, que se funda sólo en la lucha contra lo que le subyuga. Pero no en la lucha de frases, sino en la lucha de clases, en la lucha popular capaz de pararle los pies al enemigo aquí y ahora.

El sujeto que subvierta la lógica del Capital no es aquel cuyo advenimiento debamos esperar, sino aquel que seamos capaces de construir. Este proceso no está en los libros, ni en las escrituras sagradas, ni en los manuales de la escolástica marxista, sino en la voluntad, la inteligencia y el valor de ese resto que resiste, que no ha sido totalmente subsumido por el Mercado y sus aparatos de poder, entre los que cabe destacar el bloque socialdemócrata.

Un terreno de actuación prioritaria es el de los sectores sociales donde las promesas del régimen se quiebran. Si no se organiza la expresión de ese conflicto potencial, lo organizará NADIE. Ya lo está organizando. Fútbol, Racismo, Grandes Superficies, Televisión, la “marcha” enajenante del fin de semana, la lucha contra el enemigo principal señalado por el CORO UNICO. Todo ello es la NADA que ocupa el vacío del pensamiento racional, de la comunicación humana y de la organización consciente de la vida en común.

En países del Centro, como el Estado Español, una enorme clase media que engloba a los sectores asalariados estables, es beneficiaria del Mercado. Millones de personas participan, más o menos, de la fiesta de la Globalización. Disfrutan de la libertad democrática de elegir entre muchos modelos de automóvil. Pueden comprar bonitas y baratas zapatillas deportivas, hechas por niños esclavos en empresas de Asia donde, por cierto, se producen los beneficios de Fondos de Inversión que tan generosos dividendos han proporcionado a sus ahorros.

Esta es la clase media que sigue las consignas del poder. Vota una y otra vez a políticos tramposos, muchos de ellos involucrados en procesos criminales y a burócratas sindicales cuyas razones de juventud han sido sustituidas por las raciones de poltronas, dietas y privilegios. Vive ciegamente una vida ordenada por la producción y el consumo de mercancías, el descompromiso político y el relativismo moral. Una vida “decente”, esclavizada por la dependencia de hipotecas, embrutecida por dosis masivas de televisión degradante, movilizada furiosamente por la inseminación artificial de deseos irracionales.

Estas clases medias, mayoritariamente trabajadoras, han sido educadas por la izquierda en la veneración del mismo Progreso que les excluye o amenaza, del consumismo que explota a los países empobrecidos, envenenando el aire, la tierra y el agua y del Estado como lugar exclusivo para la acción política y el cambio social.

Viven con angustia el hecho de que sus hijos no tengan vivienda ni trabajo estable. Pero con sus ingresos, o una indemnización por el despido, o la jubilación anticipada, pueden sostener económicamente la familia y hacen como si no pasara nada. Esperan, con la esperanza pasiva del tiempo muerto, tiempos mejores. Pero el tiempo no está muerto, sino ordenado por la lógica del Capital, que construye cada día un mundo peor.

La respuesta de estas clases medias que sostienen el régimen de la globalización, consiste en el consentimiento político, las actitudes conservadoras ante el aumento del desorden social y el refugio en la realidad virtual.

Esta situación hace inviable, política y electoralmente, cualquier propuesta que se salga del Coro Único, integrado por la derecha y la izquierda capitalista. Convierte en marginal cualquier crítica verdadera a lo que sucede y aumenta la frustración de los miles de militantes de las organizaciones de izquierda que aún forcejean, cada vez más perplejos y desmoralizados intentando al margen y en contra de sus propias organizaciones poner algo por delante a la trituradora mercantil.

Para salir de la metástasis de la NADA es imprescindible la emergencia de lo tapado, de lo excluido. Hay que desenmascarar a NADIE, parte del cual está también dentro de nosotros. Pero eso solo puede hacerse desde dentro de las dinámicas de resistencia real, local contra los efectos de la lógica del Mercado Global. Desde la lucha por las necesidades sociales insatisfechas, una de las cuales es la Libertad. Desde la autodeterminación de los pueblos, l@s trabajadores y las mujeres. Desde la confrontación local que, simultáneamente se ve a sí misma como una parte de la necesaria confrontación global.

En ese movimiento real, aparecerá el encuentro del pensamiento con el sufrimiento y la parte de NADIE que se reconcilia con lo humano. Ese proceso de lucha y de vida, también obligará a salir de la niebla a los verdaderos enemigos de la democracia, que solo saben de números, de beneficio, de interés, de economía, de maniobras por las alturas y de resultados electorales.

Solo organizando una fuerza social que se confronte en la práctica y en la teoría con el Coro Unico, podremos pensar alternativas reales, políticas y organizativas y no literatura para procesos electorales o campañas y estructuras burocrático-asamblearias para militantes en apuros y generales sin tropa. Una condición necesaria para la reconstrucción de la izquierda anticapitalista es la Autonomía de dicha izquierda respecto al Coro Unico. La Autonomía hoy, exige conocer y combatir los procesos y los actores que han propiciado el control de la izquierda capitalista sobre los movimientos sociales, en particular sobre el Movimiento Antiglobalización, que se despliega en 20 meses entre Septiembre de 2001 y Abril de 2003.

Trabajar por volver a levantar ese movimiento anticapitalista, es prioritario para la supervivencia de la vida en común, frente a la NADA y la tecnoburocracia del MERCADO y también para reconstruir la izquierda anticapitalista, frente a la izquierda virtual, inventora del “movimiento por otra globalización”.

Para quitarle la máscara a NADIE hay que hacer luz aunque ardan algunos muebles, nos aíslen hasta que rocemos la locura y nos lluevan los golpes. Expresar y organizar el conflicto potencial, exige unir todo lo que pueda ser unido, aunque sin perder la autonomía de la izquierda anticapitalista cuya construcción como bloque es la tarea principal en esta etapa. Sumar compasión, ideas, prácticas, intereses, sentimientos, razones. No conocemos el camino futuro pero es imprescindible conocer los errores y las traiciones del pasado.

Frente a la DECENCIA de perseguir el propio interés y ocuparse cada uno de lo suyo, hay que defender la VIRTUD de oponerse al orden burocrático programado por NADIE, que aparece como un destino inapelable. Denunciar la expropiación de la realidad por NADIE y reapropiarla con la actividad colectiva. Salir del tiempo vacío del Mercado y sobredeterminar el tiempo con nuestra acción política y social antagonista. Convertir las paradojas para consumo de intelectuales en contradicciones sociales que cincelen la vida cotidiana.

LA UTILIDAD ECONÓMICA Y POLÍTICA DE LA EXCLUSIÓN

La exclusión es un factor inherente a la sociedad mercantil. Bernard de Mandeville en “La fábula de las abejas” describió, en 1723, la utilidad económica de los pobres recluidos en las “Escuelas de Caridad”. Marx, en 1867, analizó la funcionalidad del paro -ejército industrial de reserva- para mantener bajos los salarios y disciplinar a los trabajadores y trabajadoras. Keynes, en 1919, cuestionó, por primera vez desde la doctrina literal, la utilidad económica de la exclusión social porque, tras la Guerra Mundial, la Unión Soviética introdujo un factor de inestabilidad política en el trabajo asalariado. El grupo excluido, la clase obrera, podría dejar de ser un objeto y confrontarse con el orden excluyente de la economía de mercado, constituyéndose como sujeto revolucionario.

Hoy, los teóricos de la Moneda Única Europea nos siguen hablando de flexibilidad del mercado de trabajo, empleabilidad y “tasa natural de paro”, conceptos compartidos por Mandeville hace 280 años.

Con el desmantelamiento del estado de bienestar europeo, regresa el paradigma liberal pero, esta vez, bajo la forma de las escuelas neoclásicas y marginalistas que basan la creación de valor no en el trabajo, sino en la escasez. Se rompe con ello la conexión ilusoria que la economía liberal clásica estableció entre la persecución del interés individual y el bienestar colectivo. Ahora, la economía regida por la creación de plusvalor en un marco mundial y basada en la competitividad, se impone sobre los derechos humanos, los derechos sociales y políticos, la soberanía de las naciones y las instituciones democráticas, la subjetividad de las personas y los límites de la naturaleza.

La riqueza aumenta tanto como la pobreza. Un veinte por ciento instalado de la humanidad vive en la opulencia, mientras que el cincuenta por ciento dispone de menos de dos dólares diarios de renta per cápita. En el mundo antiguo no hacía falta demasiado trabajo no pagado para sostener los lujos de la élite social. Hoy, el progreso, entendido como una inmensa capacidad de consumo, requiere la expropiación de la vida de tod@s, la exclusión de la mayoría y la explotación de enormes masas de trabajo para sostener las pautas de vida de mil millones de personas. Es necesario un gran volumen de gente pobre, obligada a vender su fuerza de trabajo en condiciones inhumanas, para sostener el nivel de vida desproporcionado y criminal de la gente instalada. La precariedad, el paro y la exclusión no tienen solución en la economía global, porque son su condición.

La frase neoliberal: “El problema de la crisis es que los pobres tienen demasiado dinero y los ricos demasiado poco dinero” expresa la política que, en nombre de la democracia, elimina todos los obstáculos que impiden que la fuerza de trabajo, es decir, las personas, nos comportemos como mercancías, adaptándonos a las leyes del mercado de trabajo. Los subsidios y las prestaciones sociales, las leyes laborales y sindicales, traumatizan e inhiben a los inversores y son los verdaderos causantes del paro.

La persecución del interés privado, la confusión entre bienestar y consumo ilimitado, es una lógica compartida por los de arriba y los de abajo. Esto explica que la exclusión carezca de fuerza revolucionaria. El excluido sólo busca integrarse en la lógica excluyente. Se mueve por su interés, no por su razón. Sigue esta lógica sin preocuparse de las consecuencias sociales de la misma, de los otros excluidos, ni de la valoración del orden social en el que busca incluirse.

Esta propuesta social que impregna la subjetividad de las personas es, además, irracional. Lo que es bueno para los ricos (ambición, riesgo, derroche), porque con ello crean riqueza, no es bueno para los pobres, que deben ser virtuosos, trabajando leal y duramente para su empresario si quieren participar de la fiesta. O bien conformándose con una vida de privaciones e inestabilidad. Los vicios de los ricos son buenos para el desarrollo de la economía. Vivir a costa del trabajo de otros, constituirse como consumidores compulsivos del plustrabajo de los demás, es un modelo social. Sin embargo, estos vicios no pueden practicarlos los pobres porque, si lo hacen, son unos vagos que quieren vivir por encima de sus posibilidades a costa de su empresa o del erario público, arruinando con ello a la sociedad.

La economía capitalista global no consigue su legitimidad resolviendo la pobreza y la exclusión masivas ni haciendo propuestas inteligibles. Al fundamentar su legitimidad en presupuestos que no puede garantizar, dicha legitimidad no se apoya en propuestas racionales sino en ideas abstractas e incomprensibles. Esta estructura de valores, instala a los sujetos en un mundo sin sentido en el que las consecuencias de las acciones no son la base de la calificación política y moral de dichas acciones. Esta es la base del fascismo dulce que avanza entre nosotr@s, ahora, desde dentro de la “democracia global de mercado”. La evolución de “la izquierda” en Europa y el ascenso del fascismo son dos aspectos de la misma realidad.

El neoliberalismo critica la intervención social del Estado en el ciclo económico como burocrática. Pero la verdadera burocracia es el mercado. La lógica social basada en la persecución del interés privado, es una lógica burocrática que todos siguen, independientemente de sus resultados. Esto convierte a las víctimas en cómplices. El imaginario social, como conjunto de normas y valores sobre los que se sustenta el sistema de significados y de sentidos organizadores de la sociedad, es la forma en la que el deseo se anuda al poder (Ana Mª Fernández). La producción de subjetividad, funcional a la lógica del poder, compartida por beneficiarios y perjudicados, es una condición para el desarrollo ininterrumpido de la economía global. Simétricamente, la producción de una subjetividad antagonista es condición necesaria para la lucha contra la desigualdad, la exclusión y la burocracia del mercado.

EXCLUSIÓN. CÁRCEL Y SOCIEDAD.

La cárcel constituye el último eslabón de un orden social inhumano. El mismo sistema que, en el Estado Español, mantiene en la precariedad a ocho de cada diez jóvenes trabajadores/as, les incita a consumir como única forma de pertenecer a la sociedad. Esta política perpetrada desde el poder y consentida por todos, es la mayor fábrica de criminalidad conocida.

Con el aumento de la Globalización Económica y la precariedad, han crecido las cárceles y sus habitantes. En 1980 había en España 16.000 personas presas, en 2000 más de 50.000, hoy cuatro años después, 56.000. Nada comparado con el modelo de sociedad al que se dirigen España y los países del euro. En EEUU, con una población de 290 millones de personas, la población reclusa es de más de 2 millones. Una tasa 7 veces superior a la de España en la actualidad. La precariedad y la incitación al consumismo crean las condiciones para que muchos no tengan más opción racional que delinquir. Luego, la sociedad trata a las víctimas de esta dinámica agresiva, una vez convertidas en agresoras, como si fueran verdugos. La sociedad deshumanizada y aterrorizada les traslada todos sus miedos, les vacía de humanidad, les trata como animales. A partir de aquí, es fácil demostrar que los delincuentes reaccionan como animales y así redoblar la violencia sobre ellos, que es la proyección en un objeto exterior de la violencia que cada uno ejercemos contra la parte social y cooperativa que hay dentro de nosotros mismos.

LA VERDAD DEL SEÑOR ES SU SIERVO.

La verdad de nuestras sociedades opulentas está en el interior de las prisiones. La cárcel no es una institución de prevención de actividades asociales de restauración del daño causado por la persona que delinque y de reinserción en la sociedad de dichas personas, sino el resumen de unas relaciones basadas en la persecución del interés individual. Una pieza más del sistema de control que, desde la cuna a la tumba, ejerce el poder sobre los pobres.

En el interior de las fortalezas donde se hacinan los prisioneros de la Economía de Mercado, se ejerce la violencia impune sobre las mentes y los cuerpos de las personas encarceladas. Los traslados infrahumanos, la inactividad, el miedo, las autolesiones y el suicidio como exponentes de la desesperación. La droga como factor de sometimiento y destrucción de los individuos. La violación sistemática y estructural de los derechos humanos. La fría violencia de la maquinaria administrativa sobre seres indefensos. (Julián Carlos Ríos y Pedro José Cabrera). Este es el mapa del interior de esos depósitos de desheredados.

La cárcel es la impotencia para disponer del tiempo y construir la propia vida con libertad. La imposibilidad de traducir el tiempo en un proceso ético de seguridad y alegría junto a los otros (Toni Negri). En este sentido, la cárcel no sólo está a un lado de los barrotes. Podemos hablar de una cárcel de baja y una cárcel de alta intensidad. En esta última se condensa todo el horror de un mundo de individuos aislados que luchan entre sí. En la primera habitamos todos. De la exclusión de la cárcel no se sale mediante la inclusión en un orden social que sólo te admite si eres productor y consumidor de mercancías. Así, solamente se pasa de la cárcel intensa a la cárcel extensa y siempre con la seguridad de que otro ocupará tu lugar tras los muros.

La exclusión no es una anomalía propia de individuos incapaces o malvados. La exclusión el es síntoma de un orden social basado en la competitividad en la guerra de todos contra todos. Para que la exclusión tenga capacidad de interrogar al sistema acerca de su irracionalidad y su violencia, debe politizarse, es decir, explicarse a sí misma las causas estructurales, políticas y sociales de su condición. La exclusión como sufrimiento debe reconciliarse con el pensamiento y reunir todos los elementos productivos para cambiar la sociedad. La compasión por los presos y marginados no debe coexistir pacíficamente con el orden social que produce marginación ininterrumpidamente.

ADOLESCENTES EN PELIGRO

La adolescencia no es una etapa natural. Es decir, no es identificable en todos los momentos históricos y para todas las clases sociales. Constituye un cajón de sastre, una etapa sociológica, más que psicológica, de duración y características variables, determinadas por las circunstancias sociales.

Sin embargo, podemos precisar algunos rasgos presentes, al menos, en el inicio de este proceso: a) Evolución del sistema nervioso y cambios físicos y hormonales.

b) Crisis en la estructura de la personalidad, proceso de construcción del “yo” en el que la búsqueda del reequilibrio es el motor evolutivo.

c) Proceso de socialización autónoma y de adaptación al mundo exterior.

Se trata de un proceso de cambio, lleno de inestabilidad e inquietud, en el que el sujeto adolescente busca modelos y referencias para autoafirmarse como un “yo” independiente (Luisa Fernández, Jaime Funes y Antonio Pellicer).

La etapa adolescente se inicia con la salida de la infancia y la ruptura de la identificación con la figura parental, para ser, al fin, “sí mismo”, lo que genera insatisfacción por lo que aún se es y temor por lo que todavía no se ha llegado a ver. Síntomas de esta etapa son el ensimismamiento, la conciencia que se hace aguda, la exaltación suspicaz del “yo”, la búsqueda para hacerse coincidir consigo mismo (Osterrieth).

La persona adolescente, en un mundo como el descrito, en un ser vulnerable en mayor grado que la persona adulta, por vivir en un trance de transformación, de crecimiento, de ruptura sin seguridades. Cualquier adolescente es un eslabón débil. En nuestra sociedad todos los adolescentes crecen con referencias y modelos contradictorios, irracionales y violentos. Comprender al adolescente problemático, sólo es posible desde la comprensión del entorno social en el que se despliegan las turbulencias e inestabilidades de cualquier adolescente.

Los adolescentes, inmersos en procesos “anómalos” , situados entre la adopción y la cárcel, son sólo el eslabón débil de otro eslabón débil, el conjunto de los adolescentes que es, a su vez, eslabón débil del conjunto de las personas. La “normalidad supuesta salud” es el conjunto de malestares de la vida cotidiana que se sufren pero que, habitualmente, no se analizan ni cuestionan por considerarse normales. No generan demanda explícita. No tienen interlocutor válido y, sin embargo, se cobran altos precios en salud y bienestar (Mirtha Cucco y Luis Losada).

La falta de conciencia de la naturaleza del mal, traslada la violencia constitutiva de la vida y la subjetividad de los sujetos al interior de dichos sujetos y a otros sujetos, produciendo respuestas patológicas, asociales y autodestructivas. Ignorar o tapar las raíces de dichos comportamientos, conduce a criminalizar a la víctima y a reprimir la expresión de su dolor. Pero lo aplastado, volverá, tras una operación sicótica, a emerger de forma cada vez más desordenada (J. M. Ripalda).

Las políticas que sólo persiguen la inclusión de los adolescentes problemáticos en el orden excluyente y su integración en un mercado de trabajo humillante y agresivo, como única alternativa a su crecimiento y autonomía, son soluciones que forman parte del problema.

LA LUCHA CONTRA LA EXCLUSIÓN ES LA LUCHA CONTRA LA UNION EUROPEA

La exclusión no es superable desde dentro de la economía global porque la pobreza juega un papel funcional a dicha economía. El estado de necesidad de millones de personas crea las condiciones para que “libremente”, acepten trabajar en cualquier condición y con cualquier salario. Esta flexibilidad es la que necesita el capitalismo globalizado para ser competitivo.

Los comportamientos asociales de los pobres, que sólo siguen los presupuestos teóricos de los ricos, estimulan uno de nuestros sectores económicos más dinámicos: la industria policial, militar, judicial y carcelaria, la socioburocracia, las empresas de la compasión y las empresas ideológicas de auto oposición verbal, patroneadas o consentidas por la izquierda capitalista.

Desde dentro de la lógica del mercado solo se genera más mercado aunque, coyunturalmente, se consiga vender un poco más cara la propia mercancía, o se dé un poco de pomada a las llagas más sangrantes. No es desde un empleo cuyo único objetivo consiste en ganar un salario, cuando más alto mejor, desde donde se puede construir la pertenencia social. Tampoco puede surgir una vida en común ordenada, si cada uno persigue sus deseos ilimitados, despreocupándose de los demás y de los límites de la naturaleza. El bienestar no puede ser individual, ni basarse en poseer muchas cosas. La dimensión social de nuestra naturaleza humana exige la moderación de los deseos individuales superfluos, contando con los deseos de los otros y con los límites del mundo. Paralelamente, el éxito de un colectivo u organización social, no puede darse aislado del éxito de los demás colectivos, como cuota parte del éxito del conjunto. Los atajos son éxitos en los que vendes tu alma al diablo.

La vida social no solo es producción, intercambio y consumo. También es sentimientos, intersubjetividad, cultura y participación política desde lugares sociales. La rebelión contra el absolutismo, la moderación voluntaria de los deseos, el cultivo de lo cercano y lo autónomo, la mirada hacia los demás y la totalidad y la vocación constituyente desde lo local, son elementos necesarios para interrumpir la lógica económica. Criticar la lógica excluyente y autista del capitalismo, no solo como vendedores de fuerza de trabajo, sino también como consumidores y como seres sociales.

Poner el acento, no solo en las consecuencias sociales y medioambientales derivadas de la lógica económica sino, sobre todo, en el hecho de que dicha lógica ordene la sociedad. Tanto el capitalismo liberal como el capitalismo regulado, asumen el hecho de la economía y del Mercado como una institución natural. Esto es lo mismo que aceptar que el beneficio privado sea el móvil de las relaciones económicas y por extensión de las relaciones sociales.

El Estado social no introduce el objetivo de la eliminación de la pobreza, sino del socorro y la protección de los pobres. No combate las causas de la desigualdad social y económica de los individuos, sino alguno de los efectos de dicha desigualdad. Aunque los liberales confían al mercado la solución de la pobreza y los Keynesianos a la política, ambos coinciden en aceptar la Economía y el Mercado como el principio constitutivo de las relaciones sociales.

La única salida al círculo vicioso del Coro Único, es la construcción de un principio constituyente alternativo a la lógica económica. Esto implica una crítica teórica y práctica al mercado como principio de realidad y al Estado como su garante. Pero también la integración de dicha crítica en las luchas sociales que se libran constantemente.

Para que la lucha y la resistencia espontáneas tengan capacidad de cambio, es necesario vincular esas dinámicas a una voluntad constituyente. Eso exige una acción política desde lo social y la acumulación de fuerza, práctica y teórica, que impida el despliegue del orden económico. Generar una dinámica de acontecimientos llenos de relaciones productivas y sociales no regidas por el dinero. Cultivar la subjetividad generada por estas formas sociales alternativas y confluir los millones de riachuelos de resistencia y de vida en un cauce común que abra los caminos del presente y del futuro.

Huir del desgarramiento y la automarginación, del microcomunitarismo que coexiste pacíficamente con las fuerzas que configuran las relaciones sociales violentas. Atender lo urgente, pero también lo importante, desde la autonomía del bloque anticapitalista, verdadero lugar para la defensa de la democracia y los derechos humanos. Fomentar la confluencia de lo diverso, cultivando, desde el respeto a la diversidad, la convergencia y no la diferencia. Unir todo lo que pueda ser unido como fuerza productiva de una realidad nueva y posible en el proceso de lucha contra el capitalismo y la derecha. En suma, combinar la fuerza de la crítica con la crítica de la fuerza.

Afirmar el dolor, reconocerlo, sentir con él y, al tiempo, negarlo, desvelar las lógicas que lo constituyen y enfrentarse a ellas. Facilitar la toma de conciencia del adolescente a través de un grupo de iguales. Utilizar el grupo como dinámica para la resignificación de los daños sufridos, como espacio para la reapropiación de la fuerza del sujeto, que sólo puede provenir de la fuerza colectiva, no otorgada uno a uno por el poder establecido, sino compartida con sus iguales y patrimonio común. Potenciar el grupo como lugar de la cooperación, la autoorganización, las emociones, los deseos y el dolor de los otros. Canalizar la fuerza de la vida hacia la autodeterminación y la construcción de sí mismo, junto con los demás. Todo ello con la ayuda discreta y sin guión predeterminado de las personas educadoras, como dinamizadoras y mediadoras entre las distintas lógicas que operan en ese espacio: (adolescentes, administración, trabajador@s, valores sociales, entorno político, etc.)

Concebir la desolación y el sufrimiento del sujeto adolescente como una fuerza negadora de la violencia social dominante y como energía para un proceso de crecimiento y de libertad, a través de la vida en común. Identificar los sujetos actuantes y las lógicas presentes en el espacio de la intervención social (políticas institucionales, demandas laborales ideológicas, conservadoras y represivas). Hacerlas emerger de manera explícita y dialogar con ellas cara a cara. Impedir las agendas ocultas dando primacía a la finalidad declarada: proteger a los adolescentes en peligro y ayudarles a crecer en colectividad.

Generalizar la práctica de la mediación penal extrajudicial desde los colectivos de intervención social para rescatar de las manos del estado la reparación del daño del joven infractor a la persona agredida, el reconocimiento “del otro” como base de la reinserción social y la canalización de la violencia estructural que padece el adolescente en peligro, hacia sentidos productivos de sociabilidad.

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