Balance del Neoliberalismo: Lecciones para la Izquierda.

Por: Anderson Perry
Fuente: www.rincón del vago.com

Artículo aparecido en “El Rodaballo” # 12-13 Conferencia dictada por el autor en Septiembre de 1995 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Habana, Cuba.

Comencemos con los orígenes de lo que se pude definir como neoliberalismo en tanto fenómeno distinto del mero liberalismo clásico, del siglo pasado.

El neoliberalismo nació después de la Segunda Guerra Mundial, en una región de Europa y de América del Norte donde imperaba el capitalismo. Fue una reacción teórica y política violenta contra el Estado intervencionista y de bienestar. Su texto de origen es Camino a la servidumbre, de Friederich Hayek, escrito ya en 1944. Se trata de un ataque apasionado contra cualquier imitación de los mecanismos del mercado por parte del Estado, denunciada como una amenaza letal a la libertad, no solamente económica, sino también política. El blanco inmediato de Hayek, en aquel momento era el Partido Laborista inglés, en las vísperas de la elección general de 1945 en Inglaterra, que este partido finalmente ganaría. El mensaje de Hayek es drástico:” A pesar de sus buenas intenciones, la socialdemocracia moderada inglesa conduce al mismo desastre que el nazismo alemán: a una servidumbre moderna”.

Tres años después, en 1947, en cuanto las bases del Estado de bienestar en la Europa de posguerra efectivamente se constituían, no sólo en Inglaterra, sino también en otros países. Hayek convocó a quienes compartían su orientación ideológica a una reunión en la pequeña estación de Mont Pèlerin, en Suiza. Entre los célebres participantes estaban no solamente adversarios firmes del Estado de bienestar europeo, sino también enemigos férreos del New Deal norteamericano.

Entre la selecta asistencia se encontraban, entre otros, Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwig Von Mises, Walter Eukpen, Walter Lippman, Michael Polanyi y Salvador de Madariaga. Allí se fundó la Sociedad de Mont Pèlerin, una suerte de franc-masonería neoliberal, altamente dedicada y organizada con reuniones internacionales cada dos años. Su propósito era combatir el keynesianismo y el solidarismo reinantes y, preparar las bases de otro tipo de capitalismo, duro y libre de reglas , para el futuro.

Las condiciones para este trabajo no eran del todo favorables, toda vez que el capitalismo avanzado estaba entrando en una larga fase de auge sin precedentes – su edad de oro – presentando el crecimiento más rápido de su historia durante las décadas de los 50 y 60.Por esta razón, no parecían muy verosímiles los avisos neoliberales de los peligros que representaba cualquier regulación del mercado por parte del Estado.

La polémica contra la regulación social, entre tanto tuvo una repercusión mayor. Hayek y sus compañeros argumentaban que el igualitarismo (muy relativo, bien entendido) de este período promovido por el Estado de Bienestar, destruía la libertad de los ciudadanos y la vitalidad de la competencia, de la cual dependía la prosperidad de todos. Desafiando el consenso oficial de la época, ellos argumentaban que la desigualdad era un valor positivo – en realidad imprescindible en sí mismo – ,de la que precisaban las sociedades occidentales. Este mensaje permaneció en teoría por más o menos 20 años.

La llegada de la crisis del modelo económico de posguerra, en 1973, cuando todo el mundo capitalista avanzado cayó en una larga y profunda recesión, combinado por primera vez, bajas tasas de crecimiento con altas tasas de inflación. Todo cambió. A partir de ahí las ideas neoliberales pasaron a ganar terreno. Las raíces de la crisis, afirmaban Hayek y sus compañeros, estaban localizadas en el poder excesivo y nefasto de los sindicatos y del movimiento obrero, que había socavado las bases de la acumulación privada con sus presiones reivindicativas sobre los salarios y con su presión parasitaria para que el Estado alimentase cada vez más los gastos sociales.

Esos dos procesos destruirían los niveles necesarios de beneficios de las empresas y desencadenarían procesos inflacionarios que no podrían dejar de terminar en una crisis generalizada de las economías de mercado. El remedio, entonces, era claro: mantener un estado fuerte, sí, en su capacidad de romper el poder de los sindicatos y en el control del dinero, pero parco en los gastos sociales y en las intervenciones económicas. La estabilidad monetaria debería ser la meta suprema de cualquier gobierno. Para eso era necesario una disciplina presupuestaria con la contención del gasto social y la restauración de una tasa “natural” de desempleo, o sea, la creación de un ejército de reserva de trabajo para quebrar los sindicatos.

Además, eran imprescindibles reformas fiscales para incentivar los agentes económicos. En otras palabras esto significaba una reducción en los impuestos sobre las ganancias más altas y sobre las rentas . De esta forma una nueva y saludable desigualdad volvería a dinamizar las economías avanzadas, entonces afectadas por la estanflación, resultados directos de los legados de Keynes y Beveridge, o sea, la intervención anticíclica y la redistribución social, las cuales habían deformado tan desastrosamente el curso normal de la acumulación y el libre mercado. El crecimiento retornaría cuando la estabilidad monetaria y losa incentivos esenciales hubiesen sido restituidos.

La ofensiva neoliberal en el poder.

La hegemonía de este programa no se realizó de la noche a la mañana. Llevó más o menos una década, los años 70 cuando la mayoría de los gobiernos de la OCDE – Organización Europea para el Comercio y el Desarrollo – trataba de aplicar remedios keynesianos a la crisis económica. Pero a final de la década, en 1979, surgió la oportunidad .En Inglaterra fue elegido el gobierno Tatcher, el primer régimen de un país capitalista avanzado públicamente empeñado en poner en práctica un programa neoliberal. Un año después, en 1980, Reagan llegó a la presidencia de los EEUU. En 1982, Khol derrotó al régimen social- liberal de Helmut Schmidt en Alemania. En 1983, en Dinamarca, Estado modelo del bienestar escandinavo, cayó bajo el control de una coalición clara de derecha, el gobierno de Schluter. En seguida caso todos los países de Europa Occidental, con excepción de Suecia y Austria, también viraron a la derecha. A partir de ahí la onda de derechización de esos años da un fundamento político para salir de la crisis económica del período. En 1978 la Guerra fría se agravó con la intervención soviética en Afganistán y la decisión norteamericana de incrementar una nueva generación de cohetes nucleares en Europa Occidental.

El ideario de neoliberalismo había incluido siempre, como un componente central, el anticomunismo más intransigente de todas las corrientes capitalistas de posguerra. El nuevo combate contra las fuerzas del mas – la servidumbre humana más compleja, según Hayek – inevitablemente fortaleció el poder de atracción del neoliberalismo político, consolidando el predominio de una nueva derecha en Europa y en América del norte .Los años 80 vieron más o menos el triunfo incontrastado de la ideología neoliberal es esta región del capitalismo avanzado.

Ahora bien, ¿qué hicieron en la práctica los gobiernos neoliberales del período?. El modelo inglés fue al mismo tiempo el pionero y el más puro. Los gobiernos Tatcher contrajeron la emisión monetaria, elevaron las tasas de interés, bajaron drásticamente los impuestos sobre los altos ingresos, abolieron los controles sobre los flujos financieros, crearon niveles de desempleo masivos, aplastaron huelgas, impusieron una nuevas legislación antisindical y cortaron los gastos sociales. Y finalmente, – esa fue una medida sorprendentemente tardía – se lanzaron a un amplio programa de privatización comenzando con la vivienda pública y pasando en seguida a industrias básicas como el acero, la electricidad, el petróleo, el gas y el agua. Este paquete de medidas fue el más sistemático y ambicioso de todas las experiencias neoliberales en los países del capitalismo avanzado.

La variante norteamericana era bien distinta. En los EEUU, donde casi no existía un Estado de Bienestar del tipo europeo, la prioridad neoliberal era más la competencia militar con la URSS, concebida como una estrategia para quebrar la economía soviética y, por esa vía, derrumbar el régimen comunista en Rusia.

Se debe resaltar que en la política interna , Reagan también redujo los impuestos en favor de los ricos, elevó las tasas de interés y aplastó la única huelga seria de su gestión. Pero decididamente no respetó la disciplina presupuestaria; la contrario, se lanzó en una carrera armamentista sin precedentes, comprometiendo gastos militares enormes, que crearon un déficit público mucho mayor que cualquiera otro Presidente de la historia ese recurso a un keynesianismo disfrazado, decisivo para la recuperación de las economías capitalistas de Europa Occidental y de América del Norte, no fue imitado. Sólo los EEUU a causa de su peso en la economía mundial, podían darse el lujo de un déficit masivo en la balanza de pagos que resultó de tal política.

En el continente europeo los gobiernos de derecha de este período – a menudo de perfil católico – practicaron en general un neoliberalismo más cauteloso y matizado que las potencias anglosajonas manteniendo el énfasis en la disciplina monetaria y en las reformas fiscales, más que en los cortes drásticos de los gastos sociales o en enfrentamientos deliberados con los sindicatos. Con todo, la distancia entre estas políticas y las de la socialdemocracia de los gobiernos anteriores, era grande. Y mientras la mayoría de los países del norte de Europa elegía gobiernos de derecha, empeñados en distintas versiones del neoliberalismo en el sur del continente, – territorio de De Gaulle, Franco, Salazar, Fanfani, Papadopoulus, etc. – previamente una región mucho más conservadora políticamente, llegaban al poder, por primera ve que por lo menos Mitterand y Papandreu en Francia y Grecia, se esforzaron genuinamente por realizar una política de deflación y redistribución, de pleno empleo y de protección social.

Fue una tentativa de crear en el sur de Europa de los que había sido la socialdemocracia de posguerra en el norte del continente en sus años de oro. Pero el proyecto fracasó y ya en 1982 y 1983 el gobierno socialista en Francia se vió forzado por los mercados financieros internacionales a cambiar sus curso dramáticamente y reorientarse para hacer una política mucho más próxima a la ortodoxia neoliberal, con prioridad para la estabilidad monetaria, la contención presupuestaria, las concesiones fiscales a los capitalistas y el abandono del pleno empleo. A fin de la década el nivel de desempleo en Francia era más alto que en la Inglaterra conservadora, como Tatcher se jactaba en enseña.

En España , el gobierno de González, jamás trato de realizar una política keynesiana o redistributiva. Al contrario, desde el inicio el régimen del partido en el poder se mostró firmemente monetarista en su política económica: gran amigo del capital financiero, favorable al principio de la privatización y sereno cuando el desempleo en España alcanzó rápidamente el récord europeo de 20% de la población activa.

En cuanto a ello, en otro extremo del mundo, en Australia y Nueva Zelandia, el mismo patrón asumió proporciones verdaderamente dramáticas. Sucesivos gobiernos laboristas sobrepasaron a los conservadores locales de derecha con programas de un neoliberalismo radical – Nueva Zelandia es probablemente el ejemplo más extremo de todo el mundo capitalista avanzado- desmontado el Estado de Bienestar mucho más completa y ferozmente que Tatcher en Inglaterra.

ALCANCES Y LÍMITES DEL PROGRAMA NEOLIBERAL

Lo que demostraban estas experiencias era la hegemonía alcanzada por el neoliberalismo como ideología. en un principio só0lo gobiernos explícitamente de derecha se atrevían a poner en práctica políticas neoliberales; después cualquier gobierno, inclusive los que se autoproclamaban y se acreditaban como de izquierda, podían rivalizar con ellos en celo neoliberal.

El neoliberalismo había comenzado tomando a la socioaldemocracia como su enemigo central, en países de capitalismo avanzado, provocando una hostilidad recíproca por parte de l socialdemocracia. Después los gobiernos socialdemócratas se mostraron más resueltos a aplicar políticas neoliberales. No en toda la socialdemocracia; al final de los años 80, Suecia y Austria aún resistían la onda neoliberal de Europa. Y fuera del continente europeo, Japón continuaba también excento de cualquier tentación neoliberal. Pero en los demás países de la OCDE, las ideas de la Sociedad de Mont Pèlerin habían triunfado plenamente.

Cabría preguntarse ahora cuál era la validación efectiva de la hegemonía neoliberal en el mundo capitalista avanzado, por lo menos durante los años 80. ¿Cumplió o no sus promesas? Veamos un panorama de conjunto.

La prioridad más inmediata del neoliberalismo era detener la inflación de los años70.En ese aspecto su éxito fue innegable. En el conjunto de los países de la OCDE la inflación cayó de 8,8% a 5,2% entre los años 70 y 80 y, la tendencia a la baja continúa en los años 90.La deflación , a su vez, debía ser la condición `para la recuperación de las ganancias.. también en este sentido el neoliberalismo obtuvo éxitos reales. sí, en los años70, la tasa de ganancia en los países del la OCDE cayó cerca de 4,2 %, en los años80 aumentó 4,7%.Esa recuperación fue aún más impresionante considerando Europa Occidental como un todo, de 5,4 puntos negativos, pasó a 5,3 puntos positivos. La razón principal de res transformación fue, sin duda, la derrota del movimiento sindical expresada en la caída dramática del número de huelgas durante los años 80 y en la notable contención de los salarios. Esta nueva postura sindical, mucho más moderada, a su vez era en gran medida el producto de un tercer éxito del neoliberalismo, o sea, el crecimiento de las tasas de desempleo, concebido como un mecanismo natural y necesario de cualquier economía de mercado eficiente. La tasa media de desempleo en los países de la OCDE, que habñ8a sido de alrededor de 4% en los años 70, al menos se duplicó en la década de los 80.También fue este un resultado satisfactorio. Finalmente, el grado de desigualdad – otro objetivo sumamente importante para el neoliberalismo – aumentó significativamente en el conjunto de los países de la OCDE: la tributación de los salarios más altos cayó en un 20% a mediados de los años80 y los valores de la bolsa aumentaron cuatro veces más rápidamente que los salarios.

En todos estos aspectos , pues -deflación, ganancias, desempleo y salarios – podemos decir que el programa neoliberal se mostró realista y mostró éxito. Pero, a final de cuentas, todas estas medidas habían sido concebidas como medio para alcanzar un fin histórico, o sea, la reanimación del capitalismo avanzado mundial, restaurando altas tasas de crecimiento estables, como existían antes de la crisis de los años 70. En este aspecto, sin embargo, el cuadro se mostró absolutamente decepcionante. Entre los años70 y 80 no hubo ningún cambio significativo en la tasa media de crecimiento, muy baja en los países de la OCDE, de los ritmos presentados durante la onda larga expansiva, en los años 50 y 60 sólo queda un recuerdo lejano.

¿Cuál es la razón de este resultado paradojal? Sin ninguna dura, el hecho de que -a pesar de todas las nuevas condiciones institucionales creadas a favor del capital – la tasa de acumulación, o sea, la efectiva inversión en el parque de equipamientos productivos, apenas si creció en los años 80, y cayó en relación a sus niveles – ya medios – de los años 70.En el conjunto de los países de capitalismo avanzado las cifras son de un incremento anual de 5,5% en los años 60,3,6% en los 70 y, sólo 2,9% en los 80.Una curva absolutamente descendente.

Cabe preguntarse aún por qué la recuperación de las ganancias no condujo, a u87na recuperación de la inversión. Esencialmente puede decirse porque la desregulación financiera, que fue un elemento tan importante en el programa neoliberal, creó condiciones mucho más propicias para la inversión especulativa que para la productiva. Los años 80 asistieron a una verdadera explosión de los mercados cambiarios internacionales, cuyas transacciones puramente monetarias terminan por reducir el comercio mundial de las mercancías reales. El peso de las operaciones puramente parasitarias tuvo un incremento vertiginoso en estos años. Por otro lado – y este fue el fracaso, digamos, del neoliberalismo – el peso del Estado de Bienestar no disminuyó mucho, a pesar de todas las medidas tomadas para contener los gastos sociales.

Aunque el crecimiento de la proporción del PBN consumido por el Estado ha sido notablemente desacelerado, la proporción absoluta no cayó, sino aumentó de más o menos 465 a 48% del PBN medio de los países de la OCDE durante los años 80.Dos razones básicas explican esta paradoja: el aumento de los gastos sociales con el desempleo, que costaron billones al Estado y, el aumento demográfico delos jubilados en la población, que condujo al Estado a gastar otros tantos billones en pensiones.

Por fin, irónicamente, cuando el capitalismo avanzado entró de nuevo en una profunda recesión, en 1991, la deuda pública de todos los países occidentales comenzó a reasumir dimensiones alarmantes, inclusive en Inglaterra y los EEUU, en tanto que el endeudamiento privado de las familias y de las empresas llegaba a niveles sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Actualmente con la recesión de los primeros años de la década de los 90, todos los índices económicos se tornaron mucho más sombríos en los países de la OCDE, donde hoy la desocupación alcanza a los 38 millones de personas, aproximadamente dos veces la población actual de Escandinavia.. En esta situación de crisis tan aguda era lógico esperar una fuerte reacción contra el neoliberalismo en los años90.¿Tuvo lugar?. Al contrario, por extraño que parezca, el neoliberalismo ganó un segundo aliento, por lo menos en su tierra natal, Europa.

No solamente el tatcherismo sobrevivió a la propia Tatcher, con las elecciones de Major el 92 en Inglaterra. En Suecia, la socialdemocracia, que había resistido el embate neoliberal en los años80, fue derrotada por un frente unido de la derecha en 1991.El socialismo francés salió bastante desgastado de las elecciones de 1993.en Italia, Berlusconi – una suerte de Reagan italiano – llegó al poder al frente de una coalición en que al menos uno de los integrantes era hasta hace poco un partido oficialmente fascista. En Alemania el gobierno de Khol permanecerá probablemente en el poder. En España la derecha está en las puertas del poder[1]

El segundo aliento de los gobiernos neoliberales

Pero más allá de estos éxitos electorales, el proyecto neoliberal continúa demostrando una vitalidad impresionante. Su dinamismo no están aún agotado, como puede verse en la nueva ola de privatizaciones en países hasta hace poco bastante resistentes a ellas, como Alemania , Austria e Italia . La hegemonía neoliberal se expresa igualmente en el comportamiento de partidos y gobiernos que formalmente se definen como sus opositores. La primera prioridad del presidente Clinton en los EEUU fue reducir el déficit presupuestario y, la segunda fue adoptar una legislación draconiana y regresiva contra la delincuencia, lema principal también del nuevo liderazgo laborista en Inglaterra. La agenda política sigue estando dictada por los parámetros del neoliberalismo, aún cuando su momento de actuación económica parece ampliamente estéril o desastroso. ¿Cómo explicar este segundo aliento en el mundo capitalista avanzado? Una de sus razones fundamentales fue claramente la victoria del neoliberalismo en otra área del mundo, o sea, la caída del comunismo en Europa Oriental, y en la URSS del 89 al91,, exactamente en el momento que los límites del neoliberalismo en el propio Occidente se tornaban cada vez más obvios. Pues la victoria de Occidente en la guerra fría con el colapso de su adversario comunista, no fue el triunfo de cualquier capitalismo, sino el tipo específico liderado y simbolizado por Reagan y la Tatcher en los años 80.Los nuevos arquitectos de las economías poscomunistas en el Este, gente como Balcerobizz en Polonia, Gaidar en Rusia, Claus en la república checa eran y son seguidores convictos de Hayek y Friedman, con un menosprecio total por el keynesianismo y por el Estado de Bienestar, por la economía mixta y en general por todo el modelo dominante del capitalismo occidental del período de posguerra. Estos liderazgos políticos preconizan y realizan privatizaciones mucho más amplias y rápidas de las que se habían hecho en occidente. Para sanear sus economías promueven caídas de la producción infinitamente más drásticas de las que se ensayaron en Occidente. Y promueven grados de desigualdad – sobretodo de empobrecimiento de la mayor parte de la población – mucho más brutales de los que se han visto en los países de Occidente.

No hay neoliberales más intransigentes en el mundo que los “reformadores” del este. Dos años atrás Vaclav Klaus, primer ministro de la República Checa atacó al presidente de la Reserva Federal de los EEUU del gobierno Reagan, Alan Greenspan acusándolo de mostrar una debilidad lamentable en su política monetaria. En un artículo para la revista The Economist, Klaus fue incisivo: “El sistema social de Europa Occidental está demasiado amarrado por reglas y por un control excesivo. El Estado de Bienestar, con todas sus generosas transferencias de pagos desligadas de todo criterio, de esfuerzos o de méritos, destruyó la moralidad básica del trabajo y el sentido de la responsabilidad individual.

Hay excesiva protección de la burocracia. Debe decirse que la revolución tatcheriana o antikeynesiana o liberal, apareció, con una apreciación positiva) en medio del camino de Europa Occidental, y es preciso completarla”.

Bien entendido este tipo de extremismo neoliberal, por influyente que sea en los países poscomunistas, también desencadenó una reacción popular, como se puede ver en la últimas elecciones en Polonia, Hungría y Lituania, donde partidos ex-comunistas ganaron y ahora gobiernan sus países. pero en la práctica sus políticas de gobierno no se distinguen mucho de las de sus adversarios declaradamente neoliberales. La deflación, el desmantelamiento de los servicios públicos, las privatizaciones, el crecimiento de capital corrupto y la polarización social siguen, un poco más lentamente, por el mismo rumbo.

Una analogía con el eurosocialismo del sur de Europa se hace evidente.. En ambos casos se trata de una variante mansa – al menos en el discurso, si no siempre en las acciones – de un paradigma neoliberal común a la derecha y a la izquierda oficial. El dinamismo continuado del neoliberalismo como fuerza ideológica a escala mundial está sustentado en gran parte, hoy, por este ” efecto de demostración” del mundo possoviético. Los neoliberales pueden ufanarse de estar frente a una transformación socioeconómica gigantesca, que va a perdurar por décadas.

AMERICA LATINA ESCENARIO DE EXPERIMENTACION

El impacto de triunfo neoliberal en el Estado europeo tardó en sentirse en otras partes del globo, ,particularmente, podría decirse , aquí en América Latina, que hoy en día se convierte en el tercer gran escenario de experimentación neoliberal. De hecho, aunque en su conjunto le ha llegado la hora de las privatizaciones masivas después de los países de la OCDE y de la antigua URSS, genealógicamente este continente fue testigo dela primera experiencia neoliberal sistemática del mundo. Me refiero, está claro, a Chile bajo la dictadura de Pinochet. Aquel régimen tiene el mérito de haber sido el verdadero pionero del ciclo neoliberal de la historia contemporánea. El Chile de Pinochet comenzó sus programas de manera dura, casi una década antes de Tatcher. En Chile, naturalmente, la inspiración teórica de la experiencia pinochetista era más norteamericana que austríaca. Friedman y no Hayek, como era de esperarse en las Américas. Pero es de notar que la experiencia chilena de los años70 interesó muchísimo a ciertos consejeros británicos importantes para Tatcher y, que siempre existieron excelente relaciones entre los dos regímenes en los años 80.El neoliberalismo chileno, bien entendido, presuponía la abolición de la democracia y la instalación de una de las más crueles dictaduras de la posguerra. Pero la democracia en sí misma – como explicaba incansablemente Hayek- jamás había sido un valor central del neoliberalismo. La libertad y la democracia, explicaba Hayek , podían tornarse fácilmente incompatibles, si la mayoría democrática decidiese interferir en los derechos incondicionales de cada agente económico de disponer de su renta y sus propiedades como quisiere. En ese sentido Friedman y Hayek podían ver con admiración la experiencia chilena, sin ninguna inconsistencia intelectual o compromiso de principios. Pero esta admiración fue realmente merecida dado que – a diferencia de las economías del capitalismo avanzado bajo los regímenes neoliberales en los 80- ,la economía chilena creció a un ritmo bastante rápido bajo el régimen de Pinochet como lo sigue haciendo en la continuidad político económica de los gobiernos pospinochetistas de los últimos años.

Si Chile fue en este sentido una experiencia piloto para el nuevo neoliberalismo en los países avanzados de Occidente, América Latina también proveyó la experiencia piloto para el neoliberalismo del Este pos-soviético. Aquí me refiero a Bolivia, donde, en 1985,Jeffrey Sachs perfeccionó su tratamiento de shock, aplicado más tarde en Polonia y en Rusia, pero preparado originalmente para el gobierno de Banzer, después aplicado imperturbablemente por Víctor Paz Estensoro cuando sorprendentemente éste fue electo presidente

Ical

Una respuesta

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