Frederick Hayek y la génesis del pensamiento neoliberal

Por: Daniel Núñez Arancibia
Fuente: www.ical.cl

Introducción

Aunque el término “neoliberalismo” hace su aparición en los círculos intelectuales de la izquierda chilena en plena dictadura militar, para identificar la novedosa orientación que poseían las reformas estructurales que impone el régimen de Pinochet entre los años 1979 y 1981, hay que señalar que es a principios de los años noventa, y más específicamente en el momento en que comienzan a agotarse las expectativas de democratización que genera el gobierno de Patricio Aylwin, cuando esta escurridiza palabra emerge del olvido y adquiere una renovada vigencia. Hacia fines de la misma década su uso se hace más común para los chilenos, pasando a comienzos del nuevo siglo a formar parte del vocabulario político básico al cual recurren los medios de comunicación e importantes sectores de la población.

Durante el decenio recién pasado se suceden una serie de fenómenos que colaboran decisivamente para que este término se difunda en la opinión pública. En el plano nacional, la estrategia política de transición a la democracia en los marcos de la constitución pinochetista que impulsan los sectores moderados de la oposición, rápidamente da paso, no sólo a una aceptación pasiva de la institucionalidad antidemocrática, sino también a una cuasi total identificación por parte de los gobiernos de la concertación con las políticas de libre mercado que aplicó la dictadura. En definitiva, este conglomerado viste de un ropaje civil al mismo modelo económico que impuso Pinochet a sangre y fuego, generando de esta manera inmejorables condiciones para su estabilización . En este contexto sociopolítico, el concepto neoliberalismo es recuperado por los núcleos tanto políticos como intelectuales de izquierda que habían sido capaces de sobrevivir al cisma que provoca en el movimiento popular la caída de los socialismos reales en Europa del Este, y que se mantienen firmes en su voluntad de transformación social resistiendo con éxito la avasalladora ofensiva ideológica del imperialismo. Es así como la izquierda chilena se ve enfrentada a la necesidad de enriquecer sus herramientas teóricas para comprender la dinámica de funcionamiento de un sistema capitalista que si bien resulta ser mucho más salvaje y explotador, también logra una amplia base de sustentación política, exhibiendo en muchos aspectos un rostro más amigable.

El valeroso proceso de rearticulación política y social de la izquierda en nuestro país, se ha visto favorecido durante los últimos años por el surgimiento de una nueva oleada de luchas sociales en todo el mundo, que se expresa con especial vitalidad en América Latina. La crisis de las políticas de ajuste y reforma estructural impulsadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en países como Venezuela, Ecuador, Argentina y recientemente en Bolivia, ha tenido dramáticas consecuencias para los pueblos que se hacen palpables día a día con el aumento de la pobreza , aunque también ha impulsado a los pueblos a superar el clima de desesperanza que se impuso en el mundo tras la caída del muro de Berlín, activando un despertar social de cientos y miles de personas que adquieren conciencia de los nefastos efectos de un modelo económico que se ha inspirado en el pensamiento neoliberal para articular sus políticas.

Otro fenómeno que ha sumado fuerzas para poner en el centro de la escena pública la crítica al neoliberalismo proviene de sectores que hasta hace poco tiempo comulgaban con sus postulados. Pasada la euforia inicial que instaló al neoliberalismo como pensamiento único, y en la medida que se hacía más evidente la profundización de la brecha que separa a los países ricos de los pobres y el aumento de las desigualdades sociales entre la población de los países más avanzados, al interior del propio pensamiento neoliberal surge una corriente intelectuales que cuestionan los efectos del neoliberalismo, y en especial, alertan sobre los peligros que entraña esta extrema polarización social. El exponente más representativo de estos intelectuales es Joseph E. Stigliz, un exvicepresidente del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía que eleva la denuncia del neoliberalismo hasta niveles insospechados para un funcionario de su envergadura.

Es indudable que la popularización del término neoliberal es un fenómeno positivo, ya que su uso masivo implica una compresión de sentido común respecto a su significado por parte de sectores cada vez mayores de la población. Entre otros efectos beneficiosos que tiene esta masificación, ella ha permitido hacer una distinción entre un capitalismo keynesiano que recurría a la intervención estatal para atenuar las desigualdades sociales, frente al régimen capitalista neoliberal vigente hoy, que se caracteriza por las constante ofensivas del capital destinadas a despojar a los trabajadores y pueblos de todas las conquistas sociales que lograron acuñar durante décadas de heroicas luchas. Esta capacidad de identificar el carácter innovador del neoliberalismo en relación al modo de producción capitalista de tipo keynesiano que predomino durante la gran parte del siglo XX, resulta fundamental, pues evita una asimilación mecánica del neoliberalismo con el capitalismo, y dota al estudio del capitalismo de una historicidad que resulta determinante para quienes están interesados en su superación. En definitiva se puede afirmar que el neoliberalismo ha resultado ser un concepto tremendamente fecundo para significar las nuevas características que rigen los mecanismos de acumulación del capital y los innovadores mecanismo de cooptación que este desarrolla.

Por último, el acertado uso que se hace del término neoliberal para identificar las políticas que promueven el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y que aplican buena parte de los gobiernos latinoamericanos, no debe inhibir la necesidad que existe de profundizar el estudio del neoliberalismo en dos direcciones convergentes. Por una parte, se trata de indagar en las fuentes originarias del neoliberalismo para entender la naturaleza de su doctrina y también del nuevo orden social que busca instaurar, y por la otra, se persigue profundizar en el análisis histórico concreto de las formaciones económico-sociales nacionales para rescatar las particularidades que presenta el desarrollo del neoliberalismo en cada país.

Como una forma de contribuir a esta primera línea de estudio, me ha parecido apropiado exponer en este artículo las reflexiones principales que desarrolla Frederich Hayek acerca del orden social deseable para la humanidad y analizar como sus ideas contribuyen a la formación del pensamiento neoliberal.

El Liberalismo como Filosofía Política

A modo introductorio y como un primer uso que se puede hacer del termino neoliberal, hay que señalar que esta denominación permite identificar las ideas de un conjunto de economistas y cientistas sociales tanto europeos como norteamericanos que desde fines de la segunda guerra mundial y durante todo el período de la posguerra, comienzan a reivindicar la existencia de un “nuevo” liberalismo en oposición al liberalismo social de tradición francesa que predominó en Europa durante gran parte del siglo XX. Esta nueva versión del liberalismo denuncia a las concepciones socialistas de todo tipo que habrían logrado penetrar en la doctrina liberal desvirtuando de esta manera los valores esenciales de una sociedad libre, y propugna un rescate de la teoría liberal de raíz inglesa desarrollada por autores como Adam Smith, Adam Fergusson, y David Hume.

Si bien es efectivo que esta identificación inicial que se hace de los “neoliberales” resulta acertada, también es evidente que ella abre una serie de interrogantes con respecto a los puntos de continuidad y ruptura que se establecen entre el neoliberalismo como teoría política y el pensamiento liberal.

Los primeros antecedentes del liberalismo se remontan a la lucha política desarrollada en Inglaterra durante el siglo XVII entre aquellos que defendían la continuidad del régimen de absolutismo y la naciente burguesía urbana que buscaban restringir el poder del rey, posibilitando de esta manera la generación de nuevos espacios de representación política. Este proceso culmina en 1688 con la revolución “cartista” que delimita las atribuciones del monarca Jacobo II y precisa las atribuciones de un remozado poder legislativo. Los principios que inspiran a los triunfadores de este movimiento, como la tolerancia religiosa y el respeto del gobierno constitucional, llegaron a ser los dos pilares del orden liberal que con el tiempo se extendieron por todo Occidente. Es así como hasta la Revolución Francesa, el liberalismo es asociado con el sistema inglés que se basaba en un poder político limitado, y en un grado considerable de libertad civil, religiosa, y especialmente, de libertad económica. Los pensadores de la llamada ilustración inglesa –Hume, Smith y Fergusson- veían las ventajas del gobierno regular y la opinión libre, y la estrecha relación que ellas tenían con el crecimiento económico y el progreso científico que acompañaba al surgimiento del capitalismo .

La expansión que alcanza el conocimiento científico durante el siglo XVIII con el desarrollo de la ilustración y en especial el advenimiento de la Revolución Francesa hacia fines del mismo siglo, hacen posible una renovación del pensamiento liberal que se enriquece con el aporte de los más significativos pensadores que sirvieron de inspiración a estos procesos, y los postulados de Rousseau, Voltaire y Montesquieu pasan a constituirse en una referencia obligada dentro de la doctrina liberal. Sin embargo hay que tener presente que esta incorporación no transcurre sin conflicto, pues al mismo tiempo que el liberalismo adquiere mayor densidad intelectual como cuerpo teórico con los nuevos aportes, también se hacen más evidentes las tensiones que surgen en su interior.

En este sentido, Rousseau ha sido catalogado como la figura más característica de la escuela francesa del liberalismo. Para este autor, la cesión de soberanía individual que se realiza a través del contrato social es una condición indispensable para la constitución de la sociedad, es más, la soberanía popular en tanto voluntad general del pueblo es una expresión superior de la libertad que no resulta contradictoria con la libertad individual que defiende el liberalismo. En otras palabras, se puede decir que Rousseau colocaba a la libertad política por encima de la libertad civil y también de la libertad económica, pues concebía al ciudadano como una realización social más completa en comparación al prototipo burgués que predominó en Inglaterra y Holanda. Esta polémica tesis ha sido fuertemente cuestionada por corrientes teóricas conservadoras, pues se sostiene que los jacobinos se apoyaron en ella durante la Revolución Francesa para implantar buena parte del terror que ejercieron durante el tiempo que se sostuvieron en el poder.

Sin embargo, una crítica aún más descarnada proviene del mismo pensamiento liberal. Varios autores cuestionan la tesis rousseuniana del predominio de la libertad política, pues sostienen que en nombre de las necesidades del gobierno y de las mayorías políticas se puede fácilmente coartar la libertad individual. Esta coerción que se ejerce sobre el individuo sería contraria a la esencia misma de la escuela inglesa de la teoría de la libertad que va de Hobbes y Locke a Bentham y Stuart Mill, y que concibe a la libertad justamente como ausencia de coerción, poniendo especial énfasis en la coerción que proviene del estado, en tanto este organismo es la principal institución facultada para ejercer la autoridad.

Habitualmente se le atribuye a la tradición francesa o continental, y en particular a Rousseau, el mérito de haber abierto el camino a la articulación de un liberalismo “social”, al sostener que el ejercicio de libertad individual demanda la existencia entre los hombres de una base mínima de igualdad social, que provee de las condiciones necesarias a cada individuo para realizar una práctica efectiva de sus derechos como ciudadano. La crítica rousseauniana al orden social desigual de su tiempo será compartida más adelante por pensadores como J.Dewey, H.Laski, M.Keynes y J.Rawls, quiénes se caracterizan por aceptar una intervención más activa del estado y un control sobre el mercado para atenuar las desigualdades sociales que crea el capitalismo.

Se puede concluir que el liberalismo en general, encarna una tradición de pensamiento y acción que desde el advenimiento de la modernidad enfatiza un reclamo de la libertad individual y las libertades públicas contra tutelas externas, sean estas de tipo aristocrático, religiosas o políticas y una exigencia de respeto por la libertad en el plano económico. Es así como dentro de la evolución política occidental pueden distinguirse dos grandes patrones liberales, que se constituyen a partir de la relación que el individuo establece con el Estado. La especie inglesa del liberalismo, que estaba por limitar el poder estatal par así asegurar un efectivo ejercicio de la libertad individual, mientras que la variedad francesa buscaba fortalecer la autoridad del estado con el fin de asegurar la igualdad ante la ley .

Hayek como precursor del neoliberalismo

Los antecedentes más cercanos del pensamiento neoliberal se encuentran en las ideas que desarrolla desde fines del siglo XIX y durante gran parte del siglo venidero un núcleo de economistas que se aglutinó entorno a la llamada Escuela de Viena, donde destacan autores como Menger, Von Mises, Haberler y Hayek, siendo justamente a este último a quién se puede considerar como el precursor del neoliberalismo.

La condición de paternidad sobre el neoliberalismo que se está atribuyendo a Hayek no resulta exagerada, ya que sus escritos trazan los pilares sobre los cuales se estructura la ideología que rejuvenecerá al capitalismo en los últimos decenios del siglo XX. Además, a este personaje se le atribuye el “mérito” intelectual de haber adquirido conciencia de la envergadura que tiene la misión de defensa de los principios de la llamada sociedad libre, ya que un desafío de esta magnitud no puede limitarse al ámbito de una sola disciplina del conocimiento. Tras estas motivaciones, es él mismo quien impone a su obra un alcance teórico de nuevo tipo que le permitirá traspasar la frontera de la economía para expandirse a otros campos del saber como las ciencias sociales y las humanidades; en otras palabras, Hayek se propone crear una nueva filosofía política que posea una concepción integral y totalizadora con respecto al orden social deseable para alcanzar el progreso económico.

A pesar que Hayek había escrito en los años treinta varias libros dedicados al estudio de la economía, esta novedosa exigencia intelectual que se autoimpone permite comprender las razones del éxito de su primera obra más política, que fue publicada en 1944 bajo el titulo de “Camino de Servidumbre”. Esta obra resultará decisiva para encauzar sus inquietudes políticas y sociales, pues en ella se esbozan una serie de críticas que serán recurrentes en sus escritos posteriores, tanto a las doctrinas socialistas como a la planificación central de la economía llevada a cabo por el estado, a la vez que se abordan de manera intuitiva los requerimientos que demanda un ordenamiento social basado en el libre mercado.

Aprovechando la buena acogida que tiene esta publicación en los círculos intelectuales conservadores, Hayek despliega nuevos esfuerzos abocándose a la organización de una férrea red de intelectuales que comparta y promueva su emergente orientación ideológica. Es así como tres años más tarde en Mont Pélerin, Suiza, se reúne un selecto grupo de intelectuales, entre los cuales se encontraban Milton Friedman, Karl Popper, Ludwig. Von Mises, Walter Lippman, Michael Polanyi y Salvador de Madariaga, que se propone combatir tanto al keynesianismo como al estado bienestar reinante en Europa y en menor medida en EEUU, y preparar las bases para el surgimiento en el futuro de otro capitalismo más duro y libre de regulaciones .

Décadas después de la publicación de la primera gran obra fundadora del neoliberalismo, y cuando su trayectoria acumulaba una importante cantidad de volúmenes, Hayek recibe un reconocimiento que inviste de mayor legitimidad científica a sus postulados y que le permite ampliar de manera significativa sus esferas de influencia, al otorgársele en 1974 el premio nobel de economía.

Con el objetivo de facilitar la comprensión de las ideas desarrolladas por este autor, a continuación se va a organizar la exposición de su pensamiento en base a tesis que buscan recoger aquellos aspectos que resultan esenciales en la articulación de su propuesta teórica.

Tesis Fundamentales de Hayek: Los principios de la “Sociedad Libre”

•La Libertad como ausencia de coacción estatal Este autor denuncia que durante todo el transcurso del siglo XX el mundo se ha alejado progresivamente de las ideas esenciales sobre las cuales se fundo la civilización occidental, y en especial, se ha abandonado aquella teoría de la libertad que es portadora de los grandes avances materiales que se experimentaron en Europa con la revolución industrial y que posteriormente se propagarán por todo el mundo con el desarrollo de la modernidad. La teoría de la libertad a la cual se alude corresponde a la tradición liberal que se desarrolló en Inglaterra, “a partir de la época de los Old Whigs al término del siglo XVII hasta aquélla de Gladstone a fines del siglo XIX. David Hume, Adam Smith, Edmund Burke, T.B. Macauly y Lord Acton pueden ser considerados como sus representantes típicos en Inglaterra. Esta concepción de la libertad fue justamente la que inspiró desde el comienzo a los movimientos liberales en Europa y la que llegó a ser la base de la tradición política americana. Pertenecen completamente a ella unos cuantos pensaodres políticos dominantes en esos países, como B. Constant y A.. de Tocqueville en Francia, Inmanuel Kant, Schiller y Humbolldt en Alemania, y James Madison, John Marshall y Daniel Webster en los Estados Unidos” .

Es evidente entonces que el concepto de libertad que se reivindica tiene su origen en las luchas políticas sucedidas en Inglaterra, y particularmente, en los esfuerzos que se realizaron por limitar el poder desmesurado que poseía el rey tanto en los asuntos de gobierno como en lo referido a las libertades civiles, y que también se vincula estrechamente a los intentos por establecer una efectiva igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, que permitiera eliminar los privilegios de los cuales gozaba la aristocracia. De aquí se toma la idea del gobierno limitado.

Hayek se hace parte de esa experiencia histórica y de su respectiva síntesis teórica, para arribar a un concepto de libertad entendida como aquella condición en que la coacción que se ejerce sobre el individuo en el ámbito social queda reducida al mínimo, es decir, se defiende la independencia del individuo frente al poder arbitrario de sus semejantes . El progenitor del neoliberalismo reconoce que una ausencia total de coacción es una situación ideal que difícilmente podrá alcanzarse, pero señala a continuación que la sociedad libre ha enfrentado esta disyuntiva confiriendo al estado el monopolio de la coacción, lo que impide que esta se ejercite por personas privadas, y además, intentando limitar el poder del estado a los casos donde sea necesario ejercerlo.

En relación a la concepción sobre la libertad que desarrolla este autor, es conveniente señalar que él traslada en forma mecánica -a nuestros días- la tesis de la defensa de la libertad individual en base a la limitación del poder estatal, despojándola de esta manera del sentido histórico que le otorgó un carácter revolucionario para su época . Mientras que parece totalmente justificado cuestionar el poder despótico que ejercía el rey en las monarquías absolutas, – en la medida que este poder tenía un origen ilegitimo que se justificaba en forma arbitraria en el supuesto carácter divino del rey que actuaba como representante de dios en la tierra- , resulta bastante desproporcionado rechazar toda acción estatal que provenga de los regímenes políticos “democráticos” surgidos en occidente después de la posguerra, ya que la fuente de la cual emana su poder y la legitimidad de sus actos es de una naturaleza muy diferente. A pesar de las justas reservas que se puede tener frente a las limitaciones que poseen las llamadas democracias occidentales, es indudable que en ellas se han desarrollado mecanismos de representación mucho más participativos que los existentes en las monarquías europeas del siglo XVIII, y resulta excesivo atribuir el mismo carácter represor a un edicto real que imponía tributos a sus súbditos, que a una ley emanada de un parlamento que pretende gravar con nuevos impuestos a los grandes fortunas.

Otra dimensión de la concepción sobre la libertad que tiene el padre del neoliberalismo, apunta a la preminencia de la libertad económica por sobre las otras libertades. Cuando este autor crítica la situación existente en los países europeos hacia 1942, y señala que “hemos abandonado aquella libertad en materia económica, sin la cual jamás existió en el pasado libertad personal ni política” , está aludiendo en forma bastante directa a que la libertad individual debe considerar como un aspecto indispensable de si misma a la libertad económica y a la consiguiente defensa del derecho de propiedad que ella conlleva. Se estipula que es una condición fundante de la sociedad libre la existencia de un total albedrío para sacar provecho de las innumerables oportunidades que entrega el mercado, lo que implica evitar cualquier limitación o discriminación hacia las actividades empresariales. En este sentido la amalgama que existe entre libertad económica y libertad individual es completa, por lo tanto, se asume que cualquier ataque a las facultades que permiten el desenvolvimiento espontaneo de los individuos en el mercado, es un ataque a la sociedad libre. A modo de conclusión se puede señalar que para Hayek la libertad bien puede ser entendida como ausencia de coacción estatal y respeto a la libertad económica, o dicho en otras palabras, libertad para el capital.

Sin embargo la polémica en torno a la libertad no se agota aquí, pues Hayek cuestiona el uso que se hace de la palabra libertad por parte de Voltaire y del liberalismo racionalista de origen francés, y que alude al empleo del concepto libertad para describir la facultad física de hacer lo que uno quiera, en otras palabras, de escoger entre las alternativas que se abren ante nuestros ojos. Es más denuncia que se ha masificado una ideología que postula que la libertad es poder, poder para optar entre las distintas posibilidades que nos ofrece la vida moderna y poder para disponer de las condiciones mínimas que permiten hacer tal elección, ya sean estas condiciones educacionales, culturales, económicas, entre otras. Así para Voltaire y la corriente francesa, la libertad como ausencia de coacción es una condición para la libertad plena pero no es suficiente por sí sola, ya que se requiere de los otros aspectos recién descritos de la libertad que se encuentran asociados a una condición “positiva” de la misma. Según Frederich Hayek esta concepción positiva de la libertad como poder ha sido utilizada por las doctrinas socialistas como justificación de medidas que destrozan la libertad individual y que permiten la dominación del poder colectivo por sobre el individuo y sus libertades .

•La crítica a la construcción racional del orden social

Del liberalismo inglés, que representa para Hayek el auténtico pensamiento liberal, el economista austríaco rescata dos principios que van a resultar esenciales en sus planteamientos: el carácter espontáneo del orden social y el respeto por la tradición. Si bien este autor reconoce que las instituciones sociales son el fruto de la acción del ser humano, también señala que los hombres no crean estas instituciones en forma premeditada, es decir, ellas son un producto natural de la evolución de la sociedad y no corresponde a una creación consciente que se propone cumplir con determinado fines. Es por ello que sólo una vez que dichas instituciones están establecidas los hombres logran apreciar sus beneficios y comienzan a inquirir tanto en su funcionamiento como a perfeccionar su desarrollo. Es justamente dentro de este marco donde la razón humana debe desenvolverse para constituir un aporte efectivo al progreso de la sociedad .

Esta postura no puede confundirse con una actitud contraria al razonamiento científico, ya que para este autor el uso instrumental de la razón se encuentra plenamente justificado, pues es ella quien le permite descubrir al hombre la utilidad que prestan las instituciones sociales. En definitiva se acepta un uso controlado de la razón humana que resulta válido en la medida que está delimitado su radio de acción y que se reconoce la existencia de un ámbito que escapa a su dominio.

El respeto a la tradición se deduce de los argumentos ya expuestos. Si el orden social es un producto espontáneo de la evolución “natural” de la humanidad, es evidente que existe una valoración por las instituciones sociales que han perdurado en el tiempo, pues ellas han puesto en evidencia los beneficios que producen y también han evolucionado para soportar con éxito los avatares de la historia. Es así como se concluye, que si las actuales instituciones son provechosas para la humanidad, sólo se puede buscar su perfeccionamiento pero jamas desecharlas por una nueva construcción guiada por la razón

. El rechazo al constructivismo que se aprecia en el pensamiento de Hayek es una renuncia a los postulados básicos de la modernidad, en especial, al papel emancipador que el pensamiento ilustrado le confiere a la razón. Las tesis iluministas postulan que el hombre es un ser autónomo que debe hacer uso consciente de sus capacidades intelectuales para construir la sociedad que le parece más justa y rechazar cualquier orden social predeterminado por poderes ajenos a la voluntad humana. Esta idea representa la concepción de la libertad como la capacidad del hombre para elegir su propio destino y adquirir el dominio sobre el futuro de su especie, suprimiendo el poder que ejercían sobre los hombres las fuerzas místicas de la religión y el oscurantismo que conlleva la ignorancia.

Con estos planteamientos no solo se rechazan a las ideas socialistas provenientes del marxismo, – que justamente corresponde a una teoría social racionalista que lleva hasta sus últimas consecuencias los principios liberadores que inspiraron a la modernidad-, sino que también descalifica a los pensadores ilustrados que sirvieron de inspiración a la revolución francesa, y que postulaban como el Abate Sieyes, que hombres inteligentes salidos del estado de naturaleza se debían reunir para deliberar sobre la conformación del mundo y para firmar un contrato social que los llevaría a alcanzar los principios de libertad, igualdad y fraternidad que dicho proceso buscaba representar. Según Hayek el liberalismo racionalistas de raíz francesa, al confiar plenamente en las capacidades ilimitadas de la razón humana, se deja seducir por los idealismo utópicos, que sacrifican la libertad individual en función del cumplimiento de un propósito común colectivo que se hace absoluto. Se le entregan demasiadas atribuciones al interés general expresado como soberanía popular, y con ello, se le entregan excesivos poderes al estado que termina coartando las libertades individuales, tanto económicas, como civiles y políticas.

No resulta causal la afinidad que presenta el neoliberalismo con otras ideologías antimodernas como el posmodernismo. Esta corriente filosófica tiene una gran desconfianza hacia los metarelatos propios de la modernidad, es decir, frente a aquellas teorías sociales que se proponen desarrollar explicaciones globales de la sociedad. Las preocupaciones de la filosofía postmoderna empalman con la crítica que Hayek realiza a las pretensiones racionalistas de construir un nuevo orden social, y ponen al descubierto la afinidad que se producen entre ambas teorías. Sin embargo los puntos de encuentro entre el posmodernismo y el neoliberalismo no se agotan en este punto y van más lejos, y en relación a este tema Jorge Larraín desarrolla un interesante aporte: “Hay otro punto de conexión entre estas dos corrientes que viene dado por la insistencia postmodernista en que el caos, la discontinuidad y la fragmentación son el estado normal de la sociedad. No es difícil ver que existe una relación entre esta posición postmodernista y el respeto neoliberal irrestricto por la autonomía del orden espontáneo. El mercado dejado a su arbitrio tiende a producir cambio caótico, discontinuidad y fragmentación. Ninguna otra forma ideológica parece mejor dotada que el postmodernismo para hacer de la irracionalidad del mercado algo natural e inevitable. El discurso postmodernista no actúa como la vieja ideología liberal clásica, diciéndole a la gente que en el mercado hay libertad, igualdad y propiedad para todos. Más bien le dice a la gente que hay cambios incontrolables y sin propósitos en la realidad y dislocaciones a nivel personal….y que nada se puede hacer frente a esto porque las certezas modernistas y los procesos ordenados se han acabado y la historia ha dejado de ser gobernable o de tener sentido. Por eso es posible sostener que el postmodernismos se ha transformado en la lógica filósofica del neoliberalismo”.

La exposición de estas ideas permiten apreciar en toda su dimensión el carácter conservador que tiene el pensamiento de Hayek, en particular, en lo referido a los avances que supone para los hombres el advenimiento de la modernidad .

•El respeto irrestricto al orden espontáneo del libre mercado Para introducir el análisis de esta tesis es conveniente traer a colación un aspecto de los planteamientos de este autor que ya fue abordado. Hayek señala que la mayor libertad que comienzan a disfrutar algunos pueblos europeos desde el siglo XVIII en adelante, es la base sobre la cual se levanta un nuevo orden social que ha sido capaz de generar un bienestar material sin precedentes en Occidente. Este ordenamiento social no es una construcción humana consciente de los hombres, pues ellos no planificaron racionalmente la forma más apropiada de acceder a él, por el contrario, es el resultado natural de las múltiples relaciones que se establecen entre individuos que buscan satisfacer sus propios intereses, y que sin tener consciencia de los efectos de sus acciones, dan vida a un orden espontáneo que se genera así mismo en los asuntos sociales . Como es el mercado el espacio natural donde concurren los individuos a realizar sus fines particulares, este orden espontáneo corresponde justamente al movimiento de las fuerzas del mercado y es del desenvolvimiento de sus fuerzas espontáneas de quien depende el progreso de la sociedad.

En este sentido se puede concluir que para Hayek el mercado posee cualidades peculiares que le permiten desempeñar un papel articulador de la vida social. En base al principio de reciprocidad en el intercambio, a que cada individuo que concurre al mercado para satisfacer sus intereses particulares establece ciertas relaciones con otros individuos que también se ven beneficiados por este intercambio mutuo, el mercado lograría generar el anhelado bien común que persigue la humanidad.

Para que el mercado pueda desarrollar estas funciones de articulación social se necesita el cumplimiento de ciertos requisitos, siendo el más importante el funcionamiento de un mercado libre, es decir, la existencia de una total libertad económica donde no existen discriminaciones ni tampoco limitaciones arbitrarias impuestas por un poder ajeno a él. Por estos motivos, y además para hacer un uso eficaz de los mecanismos de competencia que posee el mercado, se debe rechazar ciertos tipos de interferencia coercitiva en la vida económica que habitualmente provienen del estado.

Sobre este punto el progenitor del neoliberalismo dicta una receta que resulta bastante conocida ya que la pregonan a destajo los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, cuando señala que en un mercado libre debe existir efectiva libertad para vender y comprar a cualquier precio, todos deben ser libres para producir, vender y comprar cualquier mercancía, la ley no debe tolerar discriminación de ningún tipo y se debe impedir cualquier intento por intervenir los precios o las cantidades de una mercancía .

Si las fuerzas del mercado han creado un orden social espontáneo que se sustenta en la libertad individual, y que se perfecciona en la medida que los hombres comprenden su funcionamiento, es evidente que se constituye en una preocupación fundamental asegurar la preservación del normal desarrollo del mercado y evitar cualquier intervención humana que altere su equilibrio natural, en especial aquella que proviene del estado. Cuando anteriormente se señala que en el mercado debe existir libertad para producir, vender o comprar, lo que se esta diciendo es que no pueden existir ámbitos de la actividad económica donde esté vedado el acceso al sector privado, como sucedió en Chile durante el período en que aduciendo a su calidad de recurso estratégico se nacionaliza el cobre y el estado monopoliza la producción de este recurso. Continuando con la lógica neoliberal, en este caso se estaría en presencia de un poder ajeno al mercado que restringe en forma artificial el orden espontáneo del mercado, y que además, pasa a llevar la libertad económica de aquellos individuos nacionales o extranjeros que tienen capitales disponibles para invertir en esta rentable actividad pero que se ven impedidos de hacerlo producto de la coerción estatal que se ejerce sobre ellos. De igual manera Hayek rechaza la fijación de precios de determinada mercancía por cualquier actor externo al mercado, y también el control de la producción, como sucede – por ejemplo- cuando los gobiernos de los países miembros de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) deciden en forma deliberada rebajar la producción mundial de este recursos energético para así elevar el precio del barril en el mercado mundial.

En este sentido, Hayek ha señalado claramente qué tipo de coacciones o intervenciones externas debemos evitar, el problema es que su concepción del mercado libre, transforma a esta entidad en un suprapoder ajeno a toda intervención pública pues se despoja al estado de los mecanismos regulatorios de la economía que promovió el keynesianismo durante el siglo XX. Debido a que entre los actores que concurren al mercado es habitual la existencia de una desigualdad distribución de recursos , hay que reconocer la existencia de poderes que logran tal fuerza que en definitiva terminan por dominar el funcionamiento del mercado, y por esta vía monitorean todo el desarrollo social condenando al resto de la sociedad a ser espectadores de un orden social que los excluye de los beneficios que este genera. De esta manera se le arrebatan al estado instrumentos básicos para ejercer una regulación pública sobre el mercado, y con ello se le entrega todo el poder a quienes dominan el mercado: los grandes grupos económicos nacionales y transnacionales. En definitiva se entrega a manos privadas la soberanía del país, pues no son las mayorías nacionales quienes pueden regular y controlar la vida de la sociedad a través de los organismos políticos de gobierno, es el mercado quien gobierna a la sociedad y se debe respetar su funcionamiento.

La radicalidad de este planteamiento, en tanto implica una ruptura con la lógica de funcionamiento del capitalismo que predominó en décadas pasadas, requiere que se preste una mayor atención a las contradicciones que existe entre el keynesianismo y el neoliberalismo.

Preocupado de las crisis que afectaron a la economía mundial durante las primeras décadas del siglo XX, y en especial, por los desastrosos efectos que tuvo para Europa la gran crisis de 1929, el economista inglés Maynerd Keynes se aboca a la tarea de preparar una nueva formulación económica que le permita al capitalismo superar este período difícil y alcanzar un nivel de crecimiento sostenido en el tiempo. Este economista propone que el estado desempeñe un papel más protagonico en la vida económica de cada país, lo que se expresa concretamente en un aumento de sus capacidades de regulación e intervención sobre el mercado para evitar que su expansión inorgánica nos lleve a nuevas crisis. Es así como desde 1930 en adelante, y especialmente después de la segunda guerra mundial, en una importante cantidad de países capitalistas se impulsan políticas económicas contracíclicas tendiente a evitar el aumento del desempleo, se crean importante empresas estatales algunas de las cuales incluso son monopolios estatales como sucede con los servicios básicos de agua y electricidad, y se promueve un sistema publico de bienestar social, que alcanza su máximo desarrollo en los países europeos, y que tiene por finalidad atenuar las aberrantes desigualdades sociales que provoca el capitalismo.

Para los países latinoamericanos las propuestas keynesianas se relacionan con las políticas que buscan impulsar el desarrollo de los países del subcontinente mejorando su inserción en la economía mundial a través de un proceso guiado de industrialización, que contempla como primera fase la instalación de una dinámica de sustitución de importaciones. En este proceso se le asigna al estado un papel decisivo, ya que se constituye en un agente exógeno al mercado que resultará determinante para superar las debilidades que exhiben las burguesías latinoamericana para crear en forma autónoma la base industrial necesaria para acceder al desarrollo.

En el caso de nuestro país diversas instituciones como la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), la Universidad Técnica del Estado y las diversas empresas estatales que se crean a partir de 1938 en el transporte, en la industria siderúrgica y en un importante sector energético, son tributarias de esta concepción. Más allá de las limitaciones que enfrentó la industrialización por sustitución de importaciones, es evidente que en Chile ella fue fundamental para la constitución de un desarrollo industrial nacional, y que haber aceptado en ese entonces la tesis del respeto irrestricto al “orden espontáneo” del mercado nos hubiera convertido en un país aún más dependiente y atrasado.

Como si no fuera suficiente, Hayek va aún más lejos ya que también rechaza la intervención que se realiza desde la sociedad civil sobre el mercado. En este sentido, la acción de los sindicatos para él sólo se justifica si éstos actúan como instituciones de beneficencia social al estilo de las antiguas mutuales obreras que apoyaban a sus asociados cuando enfrentaban un accidente, enfermedades u otro tipo de calamidad. Este economista austríaco es tajante al cuestionar cualquier acción de los trabajadores que altere el mercado, es decir, exigencia de los sindicatos respecto a la fijación de un salario mínimo, demandar mejores condiciones salariales, son todas medidas artificiales ajenas al libre mercado que limitan la libertad económica del propietario del capital y que son inaceptables. Esta lectura que hace Hayek en lo que se refiere al papel de los sindicatos pone en evidencia como algunas de las principales “modernizaciones” que llevo a cabo la dictadura militar en Chile se inspiraron en el pensamiento neoliberal. La reforma al código del trabajo que aplicó en 1980 el entonces ministro del trabajo, José Piñera, justamente buscó disminuir al mínimo el poder de los sindicatos para negociar colectivamente y entregó una gran cantidad de atribuciones al empresario, contribuyendo así a profundizar la desigual relación que se establece entre el empleador y el empleado en el mundo del trabajo.

•La desigualdad social como condición del progreso y resultado justo del mercado

En primer lugar, hay que señalar que para este polémico economista el rápido progreso económico que se aprecia en occidente es en gran medida el resultado natural de la aludida desigualdad social, y este progreso resultaría imposible sin ella, por lo tanto, las desigualdades existentes al interior de una nación sirven de gran ayuda al progreso general de esa sociedad. En relación con lo anterior merece la pena recordar que para este autor las clases económicamente más avanzadas son quienes hacen factible que un país tome la delantera en el progreso mundial. Toda nación que en forma deliberada emprenda acciones tendientes a disminuir las desigualdades sociales existentes en su seno, termina por abdicar de su posición rectora.

A pesar de lo violento que resultan estos argumentos que han sido expresados por Hayek con tanta franqueza, este autor también cautela la legitimidad de sus ideas pues señala que sus planteamiento constituyen una propuesta que en el “largo plazo” sí posibilita una superación de las desigualdades sociales. Aquellas fuerzas que primeramente hacían que se acentuase la desigualdad más tarde tienden a disminuirla, existiendo dos diferentes maneras de enfocar la posibilidad de reducir la desigualdad y de abolir la pobreza; una de corto plazo que se concentra en adoptar medidas redistributivas, y otra de largo plazo, donde se apuesta a que el progreso de los ricos llevará a un progreso general de la sociedad, que rápidamente beneficiaria a los sectores de menores ingresos.

La tesis recién expuesta resulto ser bastante radical para el momento histórico en que comienzan a ser publicadas las obras de este autor, pues durante la posguerra crece la preocupación por el avance que experimenta el comunismo en el mundo y por los sectores marxistas se aprovechaban de las profundas desigualdades sociales que genera el capitalismo para ganar adeptos a sus ideas socialistas. Este fenómeno junto a otros más, incide en el desarrollo por parte del estado de una vasta red de asistencia social que justamente pretendía atenuar los efectos nocivos que estas desigualdades tenían entre la clase trabajadora. Frente a esta escenario Hayek no se amilana y se mantiene firme en sus posiciones. Consecuente con la lógica de su teoría, señala que la desigualdad social no solo es condición de progreso sino que además es el resultado natural y justo de la acción del mercado.

Pero bueno, es prudente analizar con mayor detenimiento esta nueva sorpresa que nos tenia reservada este polémico personaje. Hayek sostiene que los esfuerzos de los individuos están guiados por sus propios puntos de vista acerca de las oportunidades y probabilidades que les interesan, y al ser los resultados de tales esfuerzos impredecibles, carece de significado el problema de si la consecuente distribución de rentas es justa o no. Como se supone que la igualdad de condiciones conduce a una desigualdad de resultados, la desigualdad es natural. Bajo esta línea argumental nadie que concurra al mercado puede esperar obtener un resultado predeterminado, pues en el mercado el riesgo es un componente inherente a él, y sus resultados son justos independiente de a quien beneficie o perjudique, por lo tanto, hablar de una relación de mercado justa, solo tiene sentido si con eso queremos evitar el fraude, la violencia o el robo, pero no existe una medida para juzgar la justicia de un acto del mercado.

En este sentido, se desarrolla una contundente crítica a todos aquellos que pretendan intervenir en el mercado invocando una argumentación basada en la justicia social. Por ello para Hayek resulta absolutamente errado adoptar medidas que alteren los resultados “justos” que produce el mercado, como sucede con las políticas redistributivas que intentan aumentar los impuestos sobre los sectores de mayores recursos, para que ellos sean redistribuidos entre el resto de la población a través de la acción del estado. Siguiendo la misma lógica, el padre del neoliberalismo rechaza los llamados impuestos progresivos, es decir, aquellos que aumentan la carga impositiva a medida que se posee mayores ingresos. Él plantea que este tipo de medidas implica actuar en forma arbitraria, puesto que no se somete a todos los individuos a las mismas reglas, es más en este caso, se cometería un abuso hacia los sectores de mayores ingresos que se verían afectados por una discriminación odiosa.

Finalmente, Hayek culmina esta idea planteando, que un resultado necesario y sólo aparentemente paradójico de lo dicho, es que la igualdad formal ante la ley está en pugna y de hecho es incompatible con toda actividad del estado dirigida deliberadamente a la igualdad material o sustantiva de los individuos, y que toda política directamente dirigida a un ideal sustantivo de justicia distributiva tiene que conducir a la destrucción del estado de derecho.

•El temor a la soberanía popular como expresión de la mayoría

Para el precursor del neoliberalismo existe una tensión entre los intereses que defiende el liberalismo, como movimiento político que busca ampliar las libertades individuales limitando al máximo los poderes coactivos del estado, y los ideales de gobierno soberano de la mayoría que promueven los más fervorosos partidarios de la democracia. Esta tensión tendría su origen en la aplicación extremadamente radical que los demócratas dogmáticos hacen de la regla de la mayoría; en otras palabras, estos demócratas postulan como único principio válido que debe orientar la acción del gobierno a la voluntad soberana del pueblo, y no reconocen la necesidad que existe de imponer limitaciones a esta voluntad mayoritaria. En contradicción con esta postura, para Hayek los verdaderos liberales consideran que si bien es efectivo que los gobiernos deben guiarse por decisiones democráticas que le otorguen legitimidad a sus acciones, es fundamental que los gobiernos sean respetuosos de las necesarias restricciones que se imponen a la voluntad de la mayoría.

Las limitaciones que se imponen a la soberanía popular no corresponde a un acto arbitrario o antojadizo, al contrario, ellas emanan de un consenso social entre mayorías y minorías que representa a la voluntad general de toda la nación, y por lo tanto, son principios universales que no pueden ser vulnerados por ningún gobierno, aunque éste invoque el nombre del pueblo o haga alusión a cualquier otra causa justa para validar sus cometido. Hayek señala que con el desarrollo de estos controles al poder político se evitan algunos de los peligros que lleva en su seno el régimen democrático, ya que un poder conferido de manera democrática puede desnaturalizarse, y ese mismo gobierno democrático puede terminar actuando de manera autoritaria, produciéndose una dictadura de la mayoría. Para evitar estos riesgos, lo más apropiado es eliminar el problema de raíz, y restringir las atribuciones a las cuales puede hacer uso el poder político, para así evitar su actuar arbitrario.

Esta concepción de una democracia política sin expresión de la soberanía popular, es decir, una democracia donde la mayoría no puede expresarse queda muy bien reflejada en la constitución que impuso la dictadura de Pinochet en el año 1980. Esta constitución posee una serie de organismos burocráticos que impiden el ejercicio de la soberanía popular como la institución de los senadores designados, el consejo de seguridad nacional, que es institución que esta facultada para cuestionar las decisiones del presidentes de la república que no cuenten con la aprobación de las Fuerzas Armadas, o el mismo sistema electoral binominal, entre otros.

Un aspecto que llama la atención al leer estos planteamiento de Hayek, es que en lo formal, ellos parecen guiarse por una lógica implacable que puede resultar muy atractiva en un primer momento. No obstante, una lectura más reposada permite observar las contradicciones que existen en su interior y la coherencia con que sus postulados responden a los intereses económicos-sociales del gran capital.

En base a las consideraciones ya descritas, este autor desarrolla una peculiar concepción del estado de derecho. A diferencia del gobierno democrático y la soberanía popular que creen que el estado de derecho quedará salvaguardado si todos los actos del estado están debidamente autorizados por la ley, Hayek señala que en estos casos el accionar del poder político pueden ser valido jurídicamente, pero igual puede pasar a llevar al estado de derecho, pues la vigencia del mismo debe ser asimilado al respeto de ciertos principios universales. Dando continuidad a la lógica planteada se podría decir que la vigencia del estado de derecho es homologable al respeto por el orden espontáneo del mercado y a la existencia de plena libertad para la realización del capital. En un lenguaje aún más directo se puede afirmar que el llamado estado derecho, no es nada más que una compleja articulación intelectual que busca defender los derechos de propiedad de una minoría.

El temor que exhibe Hayek ante la democracia, se constituye en pánico frente a la posibilidad que irrumpa un proyecto de transformación social que altere el funcionamiento espontáneo del mercado, y por otra parte, en una contundente preocupación por la capacidad que puedan tener los sectores populares para utilizar en función de su proyecto político los mecanismos de representación que permiten las democracias occidentales de la posguerra. La solución hayekiana es coherente con la visión de las democracias restringidas que han desarrollado diversos politólogos a partir de la tesis de la crisis de la democracia que formulará Samuel Hungtinton. Se trata de reducir al mínimo los espacios institucionales desde donde se puede articular un proyecto político de transformación social, y también de despojar al régimen político de las atribuciones que en determinado momento le pueden servir de base a un gobierno popular para aplicar políticas redistributivas, de control de precios o de expansión del gastos público, dejando estas facultades en manos de poderes fácticos o permanentes distintos al poder temporal al que puede acceder determinado gobierno.

En definitiva para Hayek, el orden espontáneo del mercado (también denominado catalaxia), es un bien supremo que en su desenvolvimiento crea riqueza y progreso en forma natural, y que se encuentra por encima de la democracia, que sólo es un medio y nunca un fin. Si se llegará a producir una contradicción entre ambos, la base del orden social que es el libre mercado, es quien debe primar.

•El estado mínimo y su papel como promotor del mercado El rol que el estado debe desempeñar en una sociedad libre es una preocupación permanente en el pensamiento de este autor, y es por esta misma razón que es un aspecto de su obra que ya ha sido tratado en las tesis antes estudiadas; sin embargo, se realizará una rápida sistematización de la argumentación que se desarrolla con respecto al rol del estado, poniendo énfasis en los temas insuficientemente abordados.

Resulta curioso que en los escritos de este polémico personaje se realice una permanente mención a que sus postulados no persiguen un retorno a la doctrina del “laisezz faire”, entendida como una doctrina que consagra la nula intervención del estado en la vida económica de un país. Es más Hayek postula que hay materias donde al estado le compete actuar, pero a continuación señala que todo gobierno debe preocuparse por encaminar sus acciones en la dirección acertada, por lo tanto, debe limitar su proceder a facilitar el desenvolvimiento de las fuerzas espontáneas del mercado. Y es a partir de este prisma que se deben analizar las opiniones que este autor vierte con respecto a los ámbitos donde el estado debe participar.

Un primer criterio general es que el estado, en tanto posee el monopolio de la fuerza, es la única institución que puede emplear la violencia en forma legitima y debe velar por el mantenimiento de estado de derecho. Asumiendo que la vigencia de éste va más allá del cumplimiento de determinado ordenamiento jurídico, pues también debe resguardar la vigencia de los principios universales de libertad económica y defensa de la propiedad, que son requisitos indispensable para la vigencia del estado de derecho.

En este sentido, otra de las primeras misiones que Hayek le asigna al estado, es velar por la mantención de un sistema monetario eficiente y seguro, a lo cual se agregan otras tareas vinculadas a la formación de la estructura administrativa que demanda el mercado para su funcionamiento: “Otras funciones de una significación escasamente menor son el establecimiento de pesas y medidas, el suministro de información en materia catastral, los registros de propiedad, las estadísticas, etc, y la financiación y también organización de cierto grado de instrucción pública”.

Existe un ámbito donde hay ciertas actividades que son poco apetecibles para las empresas privadas, debido a que los costos de su producción o la inversión inicial es demasiado onerosa, y los precios que los usuarios pueden pagar dejan un margen de utilidad nulo o muy limitado, como sucede con los servicios de salud, la construcción de carreteras, entre otras actividades. Es el caso del Metro en Santiago, que a pesar de ser un servicio que cuenta con una alta demanda, la inversión que requiere para su funcionamiento es tan elevado que el estado es el único inversionista dispuesto a gastar tan elevada cantidad de recursos y esperar un tiempo prolongado para recuperar la inversión. En tales casos el padre del neoliberalismo nos propone que el estado no incursione en forma directa administrando esta actividades, él señala que “Dichos servicios, por lo general, quedarán mejor atendidos si los poderes públicos se limitan a soportar total o parcialmente su costo, encomendando su gestión a entidades privadas que hasta cierto punto compitan entre si”.

Esta tesis ha servido de base para el desarrollo de un tipo particular de políticas sociales, que se pueden catalogar de neoliberales, y que tienen como manifestación más visible los subsidios que el estado entrega a privados. Con estos subsidios se pretende ampliar la oferta disponible en el mercado, apoyando a determinados productores para que pueden poner a disposición de los excluidos del mercado determinado servicio o bien a un precio menor que el normal. Un buen ejemplo de esta política de subsidios es el apoyo económico que el estado chileno le entrega a los sostenedores de colegios particulares subvencionados por cada alumno matriculado en su institución, y que tiene por finalidad desarrollar un sistema de educación particular menos excluyente que el sistema tradicional de los colegios particulares pagados.

En general se puede concluir que estos planteamiento de Hayek con respecto al estado han servido de justificación ideológica para los procesos de privatización que asolan la región, tanto de empresas estatales productivas como de servicios sociales.

PALABRAS FINALES

Destacar el papel rector que tienen los escritos de Hayek no puede llevar a desconocer el papel que desempeñan otras corrientes intelectuales en la conformación del neoliberalismo como ideología dominante y en su aplicación a través de determinadas de políticas económicas y sociales. Mientras que en lo político sobresale la contribución que realiza la escuela del Public Choice, donde se ubican autores como Tullock y Buchanan, en el ámbito de la economía se podrían agregar figuras como Walras y Marshall, aunque es indudable que la otra figura de mayor renombre asociada al neoliberalismo corresponde a un personaje que resulta bastante conocido para los latinoamericanos y para los chilenos en particular, me refiero a Milton Friedman, quién es el principal representante de la llamada escuela monetarista de Chicago.

La relación entre Hayek y Friedman merece un comentario especial, pues la afinidad entre ambos personajes resultó sorprendente. No sólo compartieron en las aulas universitarias -pues Hayek estuvo radicado por largos años en la Universidad de Chicago, centro académico desde el cual Friedman proyectó su pensamiento-, sino que ambos personajes también se asociaron en múltiples empresas de defensa y difusión del pensamiento neoliberal, como sucedió con la conformación del circulo de Mont Pelerin.

Debido a la complementación que se produce entre el monetarismo y el pensamiento de Hayek, -pues el monetarismo encuadra a la perfección con el universo teórico construido por este último autor- el mayor aporte que realiza Friedman al desarrollo del pensamiento neoliberal se ubica en la sistematización con que organiza los argumentos que justifican un rechazo tajante a la intervención del estado en la economía y al monopolio que éste ejerce en la provisión de los servicios de educación, salud, previsión, entre otros. No obstante, la temática que hará mundialmente conocidos a Friedman y los monetaristas es su frenética preocupación por reducir los niveles de inflación y la atención que prestan al desempeño de los indicadores macroeconómicos.

Es justamente a través de la mano de Milton Friedman y de sus discípulos latinos – también llamados Chicago Boys- como llega el neoliberalismo a tierras latinoamericanas. En un contexto sociopolítico determinado por el agotamiento que comienza a exhibir el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, se sucede la crisis de la deuda externa, y esta coyuntura se transforma en una apreciada oportunidad para la introducción de las políticas neoliberales de ajuste estructural que pregonan los expertos monetaristas.

El estallido de la crisis de la deuda externa con la declaración de cesación de pagos que hace México en 1982, genera un movimiento en torno al no pago de los intereses de la deuda externa que rápidamente es controlado por la coordinación que se establece para el manejo de la deuda entre los gobierno de EEUU y los países de Europa involucrados, los bancos privados y los organismos multilaterales. El Fondo Monetario Internacional impone drásticas condiciones de pago a los países deudores, y a pesar de la reticencias iniciales, al cabo de un breve plazo todos se suman a las condiciones que impone esta organismo, donde se estipula la necesidad de producir una drástico ajuste fiscal, que permita aumentar los excedentes en divisas que maneja el estado para cubrir los compromisos de la deuda. Augusto Pinochet en Chile, Gonzalo Sánchez de Losada en Bolivia, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, son sólo algunos de los monarcas civiles y militares latinoamericanos que durante a los años ochenta harán sentir en carne propia a sus pueblo los dramáticos efectos del neoliberalismo.

Si bien estos antecedentes también tienen validez en el caso de nuestro país, la situación de Chile tiene ciertas particularidades que le otorgarán una calidad distinta, pues es justamente en nuestro país donde el pensamiento neoliberal encontrará el terreno más fecundo para hacer entrar en funcionamiento su proyecto de contrarrevolución capitalista. En ello influyen al menos dos elementos, primero la existencia de un grupo de economistas de primer nivel que formados en Chicago desde 1957 producto de una acuerdo suscrito entre esta universidad y el departamento de economía de la Universidad Católica, y segundo, la existencia de una dictadura militar que producto del terror que impuso, logró contar con una mínima resistencia social a las transformaciones estructurales que introducen en 1979 la dictadura de Pinochet.

El carácter temprano de las transformaciones neoliberales, junto a la continuidad de las políticas de este signo bajo los gobiernos de la concertación de partidos por la democracia, permite concluir que Chile ha vivido en forma ininterrumpida durante al menos veinte y cuatro años bajo el dominio de las políticas neoliberales, representando un caso paradigmático en el concierto latinoamericano. Entre otros aspectos peculiares del caso chileno, hay que señalar que en nuestro país este remozado capitalismo ha desarrollado hasta niveles insospechados sus tasas de crecimiento y su capacidad de innovación, logrando seducir en el plano de la subjetividad a importantes sectores del pueblo chileno. Para cumplir con este cometido el neoliberalismo ha desarrollado novedosos mecanismos virtuales de integración a través del consumo y complejos aparatos ideológicos de manipulación de la conciencia social. Un caso emblemático de la manipulación de la opinión pública, se puede encontrar en el comportamiento de las grandes cadenas de televisión que manejan a su arbitrario los valores que instalan en los hogares de millones de chilenos, como sucedió recientemente con la escandalosa cobertura que se le entregó a los llamados “Realitys Shows”, eventos que sólo promovían la hipocresía y el individualismo desenfrenado.

Explorar la huella que ha dejado el neoliberalismo en nuestra patria y analizar su proyección bajo los gobiernos de la concertación, es una tarea de gran envergadura que se dejará pendiente para una próxima ocasión.
 

Una respuesta

  1. […] Frederick Hayek y la génesis del   pensamiento neoliberal […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: