Por: Néstor Kohan
Fuente: bibliotecaelariete.wordpress.com (2007/12/09)
Los manuales de marxismo
¿Por qué elaborar una nueva Introducción al pensamiento marxista si ya existen numerosos manuales de marxismo? Por diversas razones.
En primer lugar, la mayoría de estos manuales está estructurada a partir de una visión economicista del marxismo. El economicismo constituye una caricatura del marxismo. Una reducción extrema de las tesis de Marx, al punto que lo convierten, simplemente, en “un teórico de la economía”. Esto significa que, en todos estos manuales, la economía aparece separada y divorciada de la política (como si tuvieran existencia autónoma, como si fueran fetiches con vida propia). Y ambas —economía y política—, como si existieran al margen de la ideología, la cultura, la filosofía y el sentido común.
Por eso los manuales tradicionales de marxismo se editaban, habitualmente, del siguiente modo: Manual de economía marxista; Manual de filosofía marxista (bajo el título de Manual de materialismo dialéctico); Manual de sociología o teoría política marxista (que llevaba por título Manual de materialismo histórico). Como si estos “rubros” y “parcelas” del saber no formaran parte de una misma concepción unitaria de la sociedad y la historia.
En estos manuales, el marxismo se convierte en una “teoría de los FACTORES”. Es decir, que según la versión que los manuales intentan divulgar y difundir, para el marxismo, la sociedad sería algo así como una sumatoria: [Factor económico + Factor político + Factor ideológico]. Marx habría descubierto el primer “factor”, el económico. Habría que completarlo, supuestamente, con los factores restantes…
Esta visión, deformada y vulgar, constituye una simplificación absoluta del pensamiento revolucionario. Una simplificación, no porque explique este pensamiento en términos fáciles, comprensibles y accesibles a todos (lo cual sería muy bueno…), sino una simplificación porque lo deforma, lo mutila, lo segmenta, lo fractura y, finalmente, lo termina transformando en algo completamente inútil para pensar y actuar contra el capitalismo.
En segundo lugar, consideramos que esos manuales incurren en un mismo vicio de origen. No obstante haber sido confeccionados para divulgar el marxismo en las masas populares y haber cumplido esa función en determinado momento de la historia, todos estos manuales, sin excepción, en sus múltiples variantes (los stalinistas de la Academia de Ciencias de la URSS o del PC francés, los trotskistas del SWP norteamericano [Partido Socialista de los Trabajadores de EEUU] o aquellos que traducen al español los esquemas y recetas de Louis Althusser), parten de una misma concepción pedagógica.
En ella existe una rígida jerarquía entre “el que sabe” y “el que no sabe”. Entre aquel que, supuestamente, vuela velozmente por las altas cumbres de “la ciencia” y aquel otro que camina lentamente por el subsuelo ideológico del sentido común. A través del manual, el primero le “transmite” al segundo la doctrina y el sistema. En lugar de socializar el saber disminuyendo y tendiendo a disolver las jerarquías simbólicas y culturales, estos manuales terminan reproduciéndolas, en una nueva escala y con lenguaje “progresista”.
Sólo podría escaparse a esta reproducción de las jerarquías si el manual incluyera, de manera central y necesaria, una remisión a la experiencia vital y subjetiva del lector y la lectora, en lugar de presentarle las definiciones descontextualizadas y ordenadas al margen de la propia historia. De esta manera permitiría que quien se inicia en el estudio del marxismo pueda construir su propia aproximación a la teoría, a partir de sus propias necesidades.
Al presentar ya “cocinadas” las respuestas, previamente elaboradas por los autores del manual sin la participación activa del sujeto que lee, estudia y pretende (auto)formarse, el manual reproduce entonces esa jerarquía implícita. El lector debe aceptar que lo conduzcan de la mano, pasivamente, hacia la revelación de “La Verdad”.
Además, en ellos el saber no se concibe como una aventura abierta y en construcción sino como un círculo ya cerrado de antemano. En el manual todo está resuelto.
El marxismo, nos previenen, ya solucionó todo. El marxismo, nos inculcan, tiene todas las respuestas acabadas. El marxismo, nos gritan, constituye una doctrina clausurada, terminada y férreamente circular. Un Sistema (con mayúsculas). Sólo nos resta repetirla, memorizarla y “aplicarla”.
Todas esas experiencias pedagógicas parten de respuestas preconcebidas en lugar de presentar preguntas e interrogantes abiertos. Cuando aparecen preguntas, si es que aparecen, lo cual es más bien raro, son sólo de repaso o de “aplicación de las definiciones aprendidas”. Su pedagogía es una pedagogía de la repetición, no de la pregunta ni de la interrogación.
El Che sobre los manuales
El Che Guevara, en una carta de 1965 a Armando Hart Dávalos, caracteriza a esos manuales, sencillamente, como “ladrillos”. El Che afirma que estos textos “tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos”. Más tarde, el Che evalúa en el mismo sentido el manual de M.M.Rosental y M.Straks Categorías del materialismo dialéctico (típico manual de la corriente soviética). Lo caracteriza, sin mayores trámites, como “un manual incompleto, lleno de dogmatismo”. Refiriéndose a ese dogmatismo cerrado, el Che sostiene que para aquella cultura política, en la que se basaban estas experiencias pedagógicas de divulgación, “el Manual era una Biblia –ya que por desgracia la Biblia no es El Capital sino el Manual-”. De este modo, Guevara sintetiza la incomprensible reverencia con que el marxismo oficial en los países del Este europeo trataba a aquellos experimentos pedagógicos.
En esos “ladrillos” —que por lo general disputan entre sí y a los codazos para ver cuál es el más ortodoxo— la teoría ya viene masticada. Sólo hace falta tragarla, si es que uno se anima a hacerlo (ejercicio que no siempre es grato).
¿Marxismo sin historia?
En su mayoría, esas propuestas de divulgación marxista responden al modelo cultural y pedagógico consolidado en la Unión Soviética durante los años ’30 (aún cuando en algunas de ellas se cuestiona discursivamente al stalinismo). Al hacer completa abstracción de las coordenadas históricas del lector o la lectora, nunca se parte de la sociedad en que se vive y que se pretende cambiar. El sujeto que lee y estudia y el objeto a estudiar no están vinculados entre sí. Están escindidos y radicalmente separados. No hay interacción alguna entre sujeto y objeto, no hay dialéctica. Hay un divorcio absoluto entre lo que se lee y lo que se vive en la vida cotidiana. En el mejor de los casos, algunos de estos manuales invitan al lector a realizar un esfuerzo por encontrarle “aplicación” a las definiciones que se formularon previamente. Esto sucede, precisamente, porque se estudia y se repiten fórmulas, definiciones y citas al margen de la sociedad histórica en la cual se vive.
No es casual que en el contenido de todos esos manuales no se encuentre referencia alguna a la historia de América Latina (las culturas de los pueblos originarios, el aplastamiento realizado por la Conquista europea, las masacres, los genocidios periódicos, el neocolonialismo, las recurrentes dictaduras militares, los desaparecidos, las “democracias” contrainsurgentes, etc.).
En la bibliografía de esos manuales tampoco pueden hallarse textos producidos por revolucionarios y marxistas latinoamericanos. ¿No existen? ¿Nadie produjo en nuestras tierras algo que valga la pena ser leído? ¿Nadie pensó algo digno de estudiarse?
En esos manuales sólo se hace referencia a la historia europea, aparentemente la única que posee “dignidad” para convertirse en objeto de estudio teórico. Únicamente se leen o se citan a sus “clásicos”… (pues se atribuye el carácter “clásico”, exclusivamente, a los revolucionarios y pensadores europeos, ya sea que pertenezcan a las revoluciones burguesas de los siglos XVI, XVII y XVIII o a las revoluciones proletarias de los siglos XIX y XX).
Por todo esto, cuando decidimos encarar esta tarea de formación política, nos resultó imprescindible tratar de abordar el desafío desde otro ángulo.
No somos autosuficientes. No pretendemos descubrir (por enésima vez) la pólvora. Como ya señalamos, antes que nosotros, varias generaciones han reflexionado sobre sus experiencias y las han sedimentado en determinados saberes teóricos colectivos, entre los cuales el pensamiento marxista constituye uno de los fundamentales. El mismo Che Guevara señala que “hay una cuestión que tenemos que entender, nosotros no podemos ser hijos de la práctica absoluta, hay una teoría; que nosotros tengamos algunas fallas, algunos motivos de discusión de algunos aspectos de la teoría, bueno, pues perfecto, para poder hacer eso hay que conocer aunque sea un poquito de teoría, ahora inventar la teoría totalmente a base de la acción; solamente eso, es un disparate, con eso no se llega a nada y hay una teoría elaborada por gente que han tenido una capacidad realmente asombrosa, porque la capacidad que tuvo Marx para desentrañar las relaciones de producción es algo realmente admirable, casi inconcebible en aquella época; y la capacidad de Lenin para sistematizar todo eso, para llevarlo a la práctica, es algo también de una altura enorme”.
A partir de esa reflexión del Che y, sobre todo, a partir de nuestra propia reflexión y nuestra propia experiencia de formación política, las nuevas generaciones seguimos considerando útil y necesario formarnos en esta tradición de pensamiento revolucionario.
Pero ya es hora de ir abandonando el pesado lastre del dogmatismo y el eurocentrismo, ambos cristalizados en los viejos manuales.
Creemos, por ello mismo, que Carlos Marx, Ernesto Che Guevara y Paulo Freire pueden y deben darse hoy la mano, en América Latina y en el mundo. Para que el marxismo sea una herramienta eficaz en la lucha contra el sistema capitalista, en lugar de un peso muerto que hay que cargar en la espalda por temor a la ortodoxia. Para que nos permita pensar la sociedad latinoamericana y su dolorosa historia, en lugar de ocultarla y negarla con argumentos supuestamente “progresistas”. Para que nos facilite la tarea, en lugar de obstaculizarla. Para que nos permita comprender la necesidad de unir al campo revolucionario anticapitalista y antimperialista, en lugar de generar divisiones artificiales, narcisistas, estériles e incomprensibles. Para que nos ayude a radicalizarnos cada vez más, en lugar de moderarnos y hacernos paulatinamente más “realistas” e institucionales. Para que nos permita hacer observables nuestras falencias y debilidades colectivas, en lugar de cegarnos y volvernos cada vez más sordos. En suma, para que nos invite a formular nuevas preguntas, en lugar de clausurar los debates.
Qué entendemos por “pensamiento marxista”
Hemos titulado nuestra propuesta pedagógica Introducción al pensamiento marxista. Pues bien, ¿qué entendemos por “pensamiento marxista”? Entendemos el pensamiento marxista como una nueva concepción del mundo y de la vida, como filosofía de la praxis, como teoría crítica de la sociedad capitalista, como concepción materialista de la historia y como una nueva ética revolucionaria basada en la creación de hombres y mujeres nuevos. Creemos que el pensamiento marxista debe tener como máxima aspiración la emancipación humana y la superación de la alienación. En nuestra propuesta de formación política concebimos el marxismo, básicamente, como una filosofía de la revolución. Todas sus teorías, todas sus preguntas y todas sus hipótesis podrían resumirse en la siguiente tesis: ¡rebelarse contra la injusticia es legítimo!. No sólo es un derecho. ¡Es un deber!. Esa es nuestra razón de ser, nuestro “principio fundamental”, inclaudicable, innegociable, un punto de partida que, pase lo que pase, jamás aceptaremos abandonar.
Pero esa sola tesis no nos alcanza. Muchos otros interrogantes quedan abiertos. La formación política debería apuntar a abrir el horizonte de preguntas y ayudar al nacimiento de esos interrogantes en la militancia popular.
Objetivos de la formación
Como alguna vez dijo Fidel Castro “no nos interesa formar fanáticos sino hombres y mujeres cultos y libres”. Concebimos a la cultura no como una acumulación mecánica de datos e informaciones inconexas, vacías de sentido, sino como una dimensión profundamente liberadora de la actividad humana. Una dimensión libertaria y rebelde que nos sirve para enfrentar este medio social que nos explota y nos mercantiliza, que nos oprime y nos humilla.
Sí, hombres y mujeres cultos y libres. Militantes con valores, con convicciones firmes, con voluntad y fundamentalmente con decisión de llevar nuestros objetivos a la práctica.
No hay mejor manera de ayudar a que se desarrollen los valores socialistas en el seno del campo popular que la difícil pero apasionante conjugación de valores, convicciones firmes y pensamiento crítico. Nuestro gran objetivo apunta a amalgamar la ética y la racionalidad, el entusiasmo militante y el estudio sistemático, la fe en la revolución, la teoría revolucionaria y la práctica política. Lo decimos abiertamente. Nos proponemos ayudar a la (auto)formación de militantes comprometidos, con la cabeza y el corazón, con el pensamiento crítico y las entrañas, en la lucha popular por la revolución socialista en cada uno de nuestros países y a nivel mundial.
La formación política y el estudio teórico deben encararse en forma rigurosa y sistemática. Es una tarea a largo plazo. Pero no los concebimos como un fin en sí mismo, sino en función de contribuir a las luchas colectivas de nuestro pueblo.
Pedagogía de la pregunta, sentido común y conciencia socialista
No somos escépticos ni relativistas. No nos da lo mismo cualquier cosa. Tenemos algunas certezas básicas. Suscribimos determinados puntos de vista y algunos principios fundamentales que no sometemos a “negociación” ni a transacción alguna. Creemos que el capitalismo constituye un sistema social de dominación completamente injusto, perverso, inhumano, explotador, destructor de la naturaleza, jerárquico, patriarcal y excluyente.
Necesitamos una alternativa para luchar contra y superar al capitalismo. Creemos que esa alternativa, no sólo en Argentina o en Brasil, ni siquiera en América Latina, sino en todo el mundo debe ser el socialismo.
Pero sobre esa base de principios innegociables tenemos muchísimos interrogantes abiertos. Un universo infinito de preguntas —cuanto más avanzamos en el conocimiento nos damos cuenta de que sabemos menos— se abren ante nosotros y nosotras. No son preguntas “de repaso”. No son preguntas “para memorizar las definiciones aprendidas”. No son preguntas retóricas. Son preguntas abiertas.
Nuestra propuesta de guía de estudios para comenzar a recorrer juntos una introducción al pensamiento marxista intenta incorporar tan sólo un pequeño segmento significativo de esas innumerables preguntas. Las respuestas, que seguramente surgirán del diálogo y el estudio en grupos, deberán ser colectivas.
Seguramente habrá respuestas. Nuestras dudas e interrogantes tampoco constituyen un fin en sí mismo. No cultivamos el escepticismo. Son dudas e interrogantes metódicos, imprescindibles para evitar todo dogma y poder avanzar en la construcción colectiva del pensamiento social crítico.
Pero esas respuestas no saldrán de la galera de ningún mago, sino de la práctica política de los movimientos sociales y la militancia popular. Es en el seno de los movimientos sociales donde deberemos abordar, colectivamente, la resolución de esos desafíos. Ya nadie, en su sano juicio, puede atribuirse la propiedad absoluta de la verdad única y revelada. Como lúcidamente enseñaba Lenin, la conciencia socialista se construye desde afuera de la lucha económica pero desde adentro de los movimientos sociales. Las vanguardias (es decir aquellos que son ejemplo en la lucha, sin los cuales los sectores populares jamás podrían triunfar sobre la hegemonía de enemigos tan poderosos) deberán ser vanguardias dentro del movimiento de masas, no fuera de ellos. Y la conciencia socialista deberá construirse dentro de esos movimientos de masas. La formación política es el instrumental político-pedagógico destinado a construir colectivamente esa conciencia anticapitalista y antiimperialista, más allá de las meras reivindicaciones económicas, pero siempre dentro del movimiento social.
La discusión de fondo, específicamente pedagógica pero por eso mismo totalmente política, gira en torno a las reflexiones de Lenin sobre el difícil vínculo entre espontaneidad y dirección conciente; y a las reflexiones de Gramsci sobre saber popular, sentido común, filosofía de la praxis y teoría científica. En definitiva, se trata de repensar el nexo y la vinculación de aquello que las y los militantes traen consigo a los cursos de formación política y aquello a lo que aspiramos que cada uno se lleve consigo —para multiplicar y potenciar la militancia— cuando estos cursos terminan.
Conocimiento y ética, racionalidad y mística
Para reforzar la confianza en la lucha popular, la certeza de la posibilidad de triunfar, la necesidad de organizarse y la impostergable tarea de unidad revolucionaria contra el sistema la teoría crítica sola no alcanza. Hay que acompañarla de mística y entusiasmo. El conocimiento aislado, sin el orgullo y la autoestima de participar en la lucha, no resulta suficiente. Hay que conocer con la cabeza pero también con el corazón.
Precisamente por eso en nuestra experiencia de formación apelamos a la pedagogía del ejemplo del Che Guevara. En su vida y su pensamiento político se amalgamaron todas las lecturas necesarias del marxismo, todo el estudio teórico de los clásicos, incluido el estudio colectivo durante años de El Capital (la obra principal y la más difícil de Marx), junto con la importancia de la moral, de los valores y del ejemplo cotidiano.
Ya hemos tenido, en Argentina y en Brasil, buenos ejemplos de conocedores del marxismo que han puesto su saber y su erudición al servicio de los poderosos. Juan Carlos Portantiero, en el caso argentino, y Fernando H. Cardoso, en el caso brasileño, constituyen dos ejemplos paradigmáticos de ciencia social sin ética, de saber erudito sin valores, de acumulación de teorías académicas sin compromiso.
Seguramente la dificultad para acompañar la concientización con las emociones y la mística ha sido una de nuestras mayores debilidades y desafíos pendientes en la formación política en Argentina. Es probable que haya sido nuestra mayor falencia.
Primer balance, dificultades y desafíos políticos de alcance general
A la hora de ensayar un primer balance de lo realizado hasta aquí, una de las dificultades mayores con que nos hemos tropezado ha sido el tremendo sectarismo, el recelo y la desconfianza mutua que reina entre varios movimientos sociales de Argentina y entre muchos compañeros. Este ha sido un obstáculo mayor, de alcance general. En ese sentido, la Cátedra Che Guevara intentó contribuir a crear un espacio pluralista de encuentro, de diálogo, de estudio, de debate y de formación colectiva donde se pudieran cruzar diversas miradas y enfoques del movimiento popular argentino. Ese espacio permitió encontrar puntos en común entre diversos movimientos, imposibles de debatir por separado, en los encuentros de formación con cada una de las corrientes.
Otras dificultades (subsidiarias pero no menos importantes) con que nos hemos encontrado en la práctica de formación han sido:
(a) La debilidad política que se deriva de una falta de preparación teórica en la militancia de base. (b) Los prejuicios contra el estudio y la teoría política, originados ya sea en el populismo nacionalista (para aquellas vertientes sociales que se originan en el peronismo) o en el obrerismo extremo (para las que provienen del marxismo clásico). (c) El culto a la espontaneidad y a derivar toda estrategia exclusivamente de la marcha del “día a día”. (d) El rechazo (muchas veces justificado) del viejo dogmatismo, que sin embargo se transforma habitualmente en un rechazo a secas de cualquier referencia al marxismo. (e) La pérdida del hilo histórico y de la memoria histórica que impiden reconstruir la historia de las rebeldías y rebeliones anteriores a la de nuestra generación provocando, de esta manera, el desconocimiento de experiencias militantes del pasado.
Desafíos específicamente pedagógicos
Entre los desafíos específicamente pedagógicos que deberán ser encarados en las próximas fases de la formación política se encuentran los siguientes:
(a) Superar la pesada herencia europeísta de los manuales de divulgación marxista, estructurados a partir de experiencias exclusivamente europeas (principalmente provenientes de la URSS y sus Academias de Ciencias, pero también de otras corrientes políticas). (b) Incluir y desarrollar la reflexión sobre los propios sujetos en lucha. (c) Estructurar los contenidos de estudio a partir de la propia historia latinoamericana. La lógica de investigación no puede prescindir de la propia historia a riesgo de caer —una vez más— en un decálogo de fórmulas metafísicas, sin tiempo, sin espacio y sin sujeto. (d) Incorporar al estudio textos producidos por marxistas latinoamericanos (principalmente de Ernesto Che Guevara, pero también de José Carlos Mariátegui, Aníbal Ponce, Julio Antonio Mella, Roque Dalton, Carlos Fonseca, Camilo Torres, Miguel Enríquez, Mario Roberto Santucho, Silvio Frondizi, Fidel Castro, Gustavo Gutiérrez, Ruy Mauro Marini, Carlos Marighella, Caio Prado Junior, Florestan Fernandes, Paulo Freire, Pablo González Casanova, Agustín Cueva, Sergio Bagú, Adolfo Sánchez Vázquez, entre muchísimos otros), regularmente desconocidos y ausentes en los manuales y cursos elaborados a partir de experiencias exclusivamente europeas.
(e) Investigar e incorporar textos de lectura producidos por militantes revolucionarias de nuestro continente, habitualmente negadas, silenciadas o directamente no editadas. (f) Evitar el modelo vertical donde se trata de “volcar información” sobre compañeros que supuestamente “no saben nada” y necesitan ser conducidos hacia “la verdad” revelada. (Un buen recurso para evitar ese modelo vertical consiste en presentar preguntas para el debate colectivo, pero no preguntas de repaso donde habría que repetir las definiciones inculcadas, sino preguntas abiertas que sirvan como disparador en la elaboración de categorías y análisis políticos). (g) Lograr el difícil equilibrio entre participación popular y profundidad conceptual, evitando tanto el academicismo como el “basismo” populista. (h) Rescatar, junto al proceso de concientización, la importancia fundamental de las emociones y la mística, sin las cuales no se puede construir ni consolidar la identidad colectiva de quienes luchan.
La pedagogía del Che como elemento de convergencia
Aunque la formación política que intentamos desarrollar no se limita exclusivamente a Guevara, creemos que en el Che se expresan nuestros máximos sueños y aspiraciones. El pensamiento marxista del Che constituye una síntesis de la extensa historia antiimperialista de nuestra América y lo mejor del marxismo heterodoxo europeo. Unidos, ambas tradiciones, por un punto de vista humanista y radical.
Pero su utilidad y actualidad no se agota en esas fuentes ideológicas. Además, la pedagogía del ejemplo y la ética socialista del Che nos sirve para superar la dispersión, como instancia de unidad revolucionaria donde encontrarnos todas y todos aquellos que enfrentamos al sistema de dominación e intentamos formarnos políticamente contra la hegemonía del poder. Su mensaje de lucha, esperanza y rebeldía organizada nos reclama abandonar las desconfianzas, los recelos y los absurdos sectarismos entre quienes militamos por uno de los ideales más nobles que ha conocido la humanidad: la causa de la revolución mundial y el socialismo.
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