¿Es Chile un país corrupto?

Por: Hernán Montecinos.
Fuente: http://www.hommodolars.cl (25.07.06)
      
Una de las primeras decisiones administrativas del  flamante nuevo Ministro del Interior,  Sr. Belisario Velasco,  de contratar a su nuera, la periodista Deborah Bailey, como responsable comunicacional de la cartera del Interior, ha  cubierto con un manto de duda la necesaria probidad administrativa que debe exhibir toda persona que llega a ocupar una alta investidura pública,

y puesto sobre el tapete, una vez más,  el problema de la probidad y la corrupción en nuestro país.

Esto a propósito que el Gobierno, acaba de dictar normas de probidad administrativa, que impide  a los funcionaros  con responsabilidades de gobierno, contratar familiares directos, “hasta el tercer grado de consaguineidad y segundo de afinidad”. Esta norma fue precisa dictarla ante la reiterada práctica de autoridades públicas recién asumidas, de empezar a contratar  poco menos que a toda su parentela.

Don Belisario Velasco, se ha justificado señalando que su nuera no es su nuera, bajo la circunstancia de que ésta no es casada con su hijo, con quien convive y tiene un hijo. Curiosa  argumentación, en tanto reconoce a la susodicha periodista, sin decirlo directamente,  sólo  como mera conviviente de su hijo y no como nuera. Y si bien la calidad de conviviente es un  hecho que ya no escandaliza a nadie, resulta desdoroso y poco delicado de su  parte, desconocer la calidad de nuera a quien resulta ser la madre de su nieto y pareja de su hijo. Por eso su explicación, quiéralo o no, aparece ante la opinión pública como poco presentable.

Y siendo su  argumentación correcta,  a la luz de lo que dice la  norma,  le recuerdo que toda ley tiene dos componentes: “su letra y su espíritu”. La primera obvio está, siempre se encuentra taxativamente escrita, sin embargo, la segunda no necesariamente siempre lo está, pero ésta se infiere ante el sólo mérito del espíritu que la dictó que, para el caso, no es otro que impedir contrato de familiares directos sean éstos consanguíneos o no. Careció en este caso don Belisario de una  sabia y juiciosa prudencia, más sobre todo, cuando él, en su calidad de jefe de gabinete, es el que debiera poner todo el celo para que una norma de esta especie sea cumplida, no sólo en su letra, sino también, y fundamentalmente, en todo su espíritu.

Ahora bien… ¿Si  la pareja de su hijo, y madre de su nieto, no es su nuera,  entonces…qué diablo es?  Excúseme Sr. Ministro, pero me asiste la razonable duda que  para justificarse haya usado como tabla de salvación  una simple “leguleyada”. Algo así como sacarse el pillo a la chilena. En mi opinión, un inexcusable error, pues si bien hay una norma que le permite hacer lo que hizo,  como contrapartida, también hay una lógica y una ética que se lo impedían hacerlo. Demás está decir que si una autoridad quiere de verdad que una norma de probidad se cumpla, no tendría que ser él precisamente el que esté pateando el tablero para con una simple cachaña poder eludirla.

A  partir de este caso, bien vale reflexionar en donde está la raya para que los actos públicos poco transparentes y poco probos linden en lo corrupto. Digamos que entendemos por corrupto todo acto por el cual se violan reglas jurídicas y/o éticas con beneficios económicos o de algún otro tipo para satisfacer necesidades individuales o de grupo. Y si no es el caso que  el error de don Belisario constituya un acto corrupto, es de esperar que situaciones como éstas no se sigan repitiendo. Y si  así siguiera sucediendo, ojalá que la  actual presidenta, Sra. Bachellet,  tenga  el coraje político y energía suficiente para no permitir mayores debilidades en este punto, cuestión que pasa a ser  medular, ya que su antecesor, don Ricardo Lagos, nunca fue muy claro en este asunto.

A propósito del tema, creo pertinente sacar a colación, el hecho que una de las lectoras de mis artículos, me escribió  muy orgullosa, que Chile era el país menos corrupto de la región, esgrimiendo para ello unas encuestas de confiabilidad hechas por algunos organismos.  Le contesté que, en mi opinión, estaba equivocada, en primer lugar, por la poca confiabilidad de dichas encuestas atendiendo a su origen, No es un dato menor que su procedencia venía de organismos internacionales ligados al ámbito de los negocios y de la banca internacional, tales, entre  otros, como el  FMI, y la OMC, etc. Sabemos que todos estos referentes han encontrado la panacea en nuestro país,  por estarse aplicando aquí el neoliberalismo en su forma más cruda y despiadada que en el resto de la región, dando como resultado pingues negocios para las multinacionales y los grandes consorcios de empresas chilenas. Todo ello, claro está,   a costa de la mayor explotación de los trabajadores/as chilenos.

Y más aún, en un segundo plano, le reiteraba mi convencimiento de su equivocación  pues, en mi opinión, Chile era  tanto o más corrupto que el resto de los países de la región, anotando la diferencia que  acá todos los grandes actos de corrupción quedan amparados o encubiertos bajo las normas del “Estado de derecho” que rigen en nuestro país..

Para avalar mi juicio le refrescaba la memoria a mi ocasional interlocutora, citándoles entre muchos otros, los casos   del Mopt Gate, de CORFO Inverlink, el  de los sobresueldos, los desmalezados en la RPC, el  Davilazo en Codelco, los  del Seremi del Trabajo y Alcalde aquí en Valparaíso, y también todo el  affaire que se dio en ESVAL. Ahí estaban también las millonarias inversiones en avenidas y calzadas, que a los pocos meses de construídas había que repararlas o hacerlas de nuevo (Caso de la Alameda, un buen ejemplo). La auto asignación de estipendios pecuniarias de los legisladores, así como, la descarada intervención electoral de las autoridades públicas en la elecciones, y los contratos brujos, y aquellos estudios y proyectos que se mandan hacer sin que nunca nadie ni siquiera los lea, que sólo sirven para pagar favores políticos,  etc.. Por cierto, todas éstas prácticas no muy santas amparadas  bajo el manto del sacrosanto Estado de derecho.

Pero yendo más lejos aún, muy tempranamente,  Héctor Kohl sostenía en uno de sus artículos que “Chile es UN ESTADO CORRUPTO”, y que ello se debía a que su organización “deviene de una Constitución Política fascista: sobre la que han jurado todos los Presidentes de la post-Dictadura, todos los Parlamentarios, todos los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas…”

Argumentaba, más adelante, que: “su cuerpo político es corrupto, que sus tres Poderes (Ejecutivo, Judicial y Legislativo) son corruptos, que nos Gobierna y que legisla sobre nuestro comportamiento un montón de sinvergüenzas que parecen distintos entre sí, pero que pertenecen a la misma clase: la de los ladrones, la de los explotadores, la de los que nos han robado SIEMPRE y que ahora suman una camarilla de «renovados» seguidores de las tesis de Gramsci, con cartones de sociólogos colgados en sus oficinas y con doctorados (obtenidos en las Universidades europeas donde vivieron su exilio) usados para actuar de «lobbistas» de McDonald, de METALPAR o de la EXXON”

Y, por si esto fuera poco, agregaba que: “además de estar organizados en torno a una Constitución fascista, hay otras razones para que nos hayamos convertido en esto”. Entre esas razones postula una hipótesis central: que todo esto proviene “de una situación basal: la clase de Poder Ejecutivo que tiene nuestro Estado, un poder Ejecutivo corrupto”.

Duras palabras para los sensibles oídos del poder y que, sin embargo, no produjo en su oportunidad ninguna querella, ni tan siquiera una queja. Esto que pareciera incomprensible en un estado de derecho que manda de inmediato a la cárcel a cualquiera que afirme mucho menos que esto, tiene su explicación si analizamos  el problema desde un punto de vista estrictamente político. En lo principal, ante el temor de romper una caja de pandora que pudiera  deparar mucho más sorpresa, ante lo serio y fundamentadas de las denuncias del articulista.  Lo mismo ha pasado con las graves denuncias que hizo el Juez Juan Guzmán sobre la corrupción en el poder judicial. El máximo tribunal no entabló ninguna querella contra él, por la simple razón que no le convenía, si así lo hubiera hecho el juez Guzmán sin duda daría públicamente mayores detalles y pormenores respecto de su denuncia, muy bien avaladas todas ellas por ser él  un buen conocedor de  la podredumbre del poder judicial desde dentro.

Bueno, no deja de tener razón Kohl en su denuncia de que todo proviene de un Poder Ejecutivo corrupto. Remitámonos sólo a los casos que salpicaron la cara del  mismísimo Ricardo Lagos con todo el favorecimiento que hizo desde La Moneda a familiares y amigos. Basta recordar  el emblemático caso del Mopt Gates, con Carlos Cruz y Matías de la Fuente incluidos. Ahí están también toda la intervención electoral que se montó y promovió con fondos públicos cuando don Ricardo fue Ministro de Obras Públicas. Curiosas y complejas triangulaciones interempresariales, sobresueldos y contratos brujos, toda una metida de manos a ojos vista. A pesar de ello, cuando Carlos Cruz fue metido preso, toda la parafernalia de la corruptela política hizo cola en Capuchinos para ir a demostrarle su apoyo (¿apoyo a qué?)… ¿Y que fue de Matías de la Fuente?…, Bueno el tuvo más suerte que Cruz, porque al final fue sobreseído del cargo porque el delito que se le imputaba se encontraba prescrito?…¿’Ven?,  todo muy bien funcionando en Chile,  de acuerdo a las sacrosantas normas del derecho, hecho a la pinta y retrato de los mayores sinvergüenzas y corruptos.

Pero don Ricardo no paró ahí, apenas llegado a La Moneda contrató a su hijo, adjunto al Ministerio de Relaciones Exteriores, por supuesto  un nombramiento a dedo y saltándose todas las vallas y concursos. De ahí para adelante Ricardo Lagos hijo hizo una meteórica carrera que finalmente lo derivó a ser nombrado como actual vocero del gobierno. Quizás un verdadero premio de consuelo para este verdadero acróbata de la política, a quien en su oportunidad el PPD le cerró el paso en su intento de ser nominado a un cupo en el parlamento, aduciendo que éste hijo pródigo tenía poca o ninguna relación partidaria con el PPD y más bien obedecía a  las sombras del poder que provenía desde  La Moneda En fin, actos de corrupción los hay de variadas formas. No sólo es meter las manos en algo, sino también,  existen variados elementos que lo constituyen y lo conforman. Ahí están la probidad, la ética y la transparencia, elementos estos que de ser sobrepasados bordean o se meten en el corazón mismo de lo corrupto.

Pero la corrupción no para ahí y es mucho mayor de lo que pudiera creerse. Volvamos nuevamente al caso  MOPT Gates. Difíciles momentos para don Ricardo Lagos y su entorno. Momentos en que la derecha tenía el sartén por el mango y bastaba un débil soplo para aventar a don Ricardo desde su cómodo sillón empotrado allá en La Moneda. Fueron imágenes patéticas: Pablo Longueira, entrando triunfal a la Moneda para salvarle la vida al mismísimo Ricardo Lagos. ¿Y cómo fue que lo salvó? Bueno, muy simple, bajo el manto de un simple pero truculento trueque. El pacto se selló rápidamente. Cosa ya sabido por el país: la derecha dejaba de hacerle olitas a don Ricardo sobre el caso MOPT Gates,  bajo la condición que éste y su entorno se dejaran de andar jodiendo por toda la corruptela habida en el régimen anterior. Se impuso, el pragmatismo, “el tu te callas y yo me callo”, pacto de silencio muy propio en el mundo del  hampa.  Si eso no es corrupción. Por favor que alguien venga a decirme que es y qué no lo es.

Por último, y volviendo al tema original,  quisiera agregar  que no me ha parecido  afortunado que don Belisario,  para  excusar su decisión,  se haya avalado en  consideraciones de derecho. Y si bien las normas de derecho son necesarias para el debido ordenamiento administrativo de la función pública, me parece que las ordenanzas allí contenidas si no se aplican con un criterio de mayor justicia y conveniencia, se vuelven contra nosotros como crueles verdugos.

Así lo ha comprendido el prestigioso intelectual y dramaturgo chileno, Juan Radrigán, quien en su lúcido artículo “Memorial de los Marginados” da cuenta de cómo las normas de derecho, cuando son mal aplicadas, surten el efecto contrario de los que de ellas se espera,  y que dice a la letra  en su parte pertinente: “… lo más injuriante son los Políticos, ese portento de presdigitación parido y criado para meterse por las calles de la pobreza a vender canastos de engaños y traiciones. Ellos han sido siempre los vericuetos por donde nuestra voz y la de nuestros dirigentes se pierde o desvirtúa. Enemigos irreconciliables de la cultura -¿cómo profitar de un pueblo que lee y piensa, que es capaz de analizar y determinar?- la cultura y la verdad son para ellos lo que la cruz para el demonio. Su último portentoso descubrimiento es que debemos orientar nuestros esfuerzos hacia logros de una participación en el orden institucional. Como si no lleváramos toda la edad que tiene el mundo demostrando que es precisamente ese “orden institucional” el que oficia de verdugo contra nosotros”.
 

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