Fidel y los Derechos Humanos

Por: Hernán Montecinos
Fuente: icalquinta.cl (17/02/05)

 EVOCANDO EL ARRESTO de Augusto Pinochet en 1998 en Londres, José Miguel Vivanco , director ejecutivo de «Human Rights Watch», aseguró en una publicación del diario «Siete» que «Fidel se arriesga ser detenido» en caso de venir a Chile a los funerales de Gladys Marín. Esto, según Vivanco, por violarse en Cuba los Derechos Humanos. Al tenor de esta declaración se me vienen a la cabeza tres posibilidades: el señor Vivanco es un ignorante, es un descriteriado, o bien es un provocador.

¿Y por qué digo esto? Lo digo porque todo hacía suponer que se trataba de una persona bien informada; por consiguiente, no puede ignorar que de acuerdo a las normas que rigen las relaciones internacionales entre los países, cualquier Jefe de Estado en ejercicio goza de inmunidad, caso muy distinto al de Pinochet, pues cuando éste fue detenido en Londres era ex jefe de Estado, y para los gobernantes que han dejado el poder no rige esa inmunidad. Si no sabía esto, quiere decir que Vivanco es que es un ignorante; y si lo sabía, quiere decir que fueron otras sus intenciones; es decir, por decir lo menos, se trata de un provocador.

De otra parte, el Sr. Vivanco debe saber que, en mayor o menor grado, en todos los países del mundo se violan los derechos humanos. Por eso, de seguir el criterio (¿o descriterio?) de su argumento para detener en Chile a Fidel Castro, querría decir que ningún jefe de Estado podría asistir a ninguna reunión fuera de su país, ante la posibilidad de ser detenido por INTERPOL, debido a las eventuales responsabilidades que les podría caber en su calidad de Jefes de Estados de países en los que se violan los derechos humanos. De acuerdo a esto, George W. Bush tendría que estar encerrado en una jaula, sin siquiera poder salir al patio trasero de su casa.

¿Y por qué acusamos a Vivanco un provocador?… Porque insistentemente anda haciendo declaraciones en contra de las violaciones de los derechos humanos en Cuba, pero no pone el mismo énfasis en las violaciones a esos mismos derechos en Estados Unidos y otros países del mundo, sobre todo, en los países más poderosos.

Ante este cargo, seguramente el Sr. Vivanco se defenderá señalando el hecho de que Cuba ha sido condenada reiteradamente por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Si fuera ése su argumento habría que recordarle el desprestigio y la ninguna credibilidad en que ha caído dicho organismo, justamente por haber politizado en exceso el problema de los derechos humanos, con una visión discriminatoria en sus resoluciones, haciéndole el juego político a Estados Unidos, país del cual ha pasado a ser una simple Oficina de Partes.

A contrapelo de lo anterior, el Sr. Vivanco tendría que poner mayor atención en otras declaraciones de otros organismos, de la misma Naciones Unidas (OMS, UNICEF, FAO, etc.), las que actúan con mayor profesionalidad en su especialidad, y no con el sesgo político de la susodicha Comisión, los que han señalado, por lo demás en forma reiterada, que Cuba es el país en donde mejor se resguardan los derechos económicos y sociales (derechos humanos de segunda generación).

Ahora bien, a mayor abundamiento, no escapará a la atención del Sr. Vivanco que hoy por hoy, y mejor aún, desde siempre, Estados Unidos es y ha sido el mayor violador de los derechos humanos a escala planetaria. Los decenas de miles de civiles asesinados indiscriminadamente y a mansalva en Irak y Afganistán constituyen una evidente demostración. Para qué decir las horribles torturas a los presos en las cárceles de Guantánamo y de Garib. Y, por si fuera poco, cabe mencionar las ejecuciones por pena de muerte en Estados Unidos, que han afectado incluso a menores de edad y enfermos mentales. Atrocidades, todas éstas, que se encuentran bien documentadas y que la institución a la que pertenece el Sr. Vivanco bien las debe conocer.

En mi opinión, el director ejecutivo de Human Right Watch es uno más de esos típicos personajes que profitan a costa del buen status y buena paga que les otorgan las ONGs. Desde su privilegiada posición se pasea por los países del mundo repitiendo un discurso reiterativo y abstracto, que los poderes reales que gobiernan el mundo desoyen. Como los países poderosos le dan poca bola a sus recomendaciones, éstas las hace recaer preferentemente sobre los países más vulnerables del Tercer Mundo, y para el caso que estamos comentando, fundamentalmente sobre Cuba. Así, el Sr. Vivanco cumple un doble objetivo: una función ideológica de acorde a los intereses de los poderosos del mundo, al tiempo que mantiene un status personal privilegiado y una buena paga, que no deja de ser jugosa.

Ahora bien, le aconsejo al Sr. Vivanco que si de verdad se cree comprometido con la causa de los Derechos Humanos en el mundo, empiece a hacer sus análisis a partir de las causas reales que los originan, y no dejándose llevar o impresionar por las puras manifestaciones finales que dichas causas originan. Es decir, que aprenda a ser más dialéctico que metafísico en sus análisis. Todo análisis que pretenda mediatizar el problema de los DDHH en los países del Tercer Mundo, sin tomar en cuenta el marco de relación y de dependencia a que hemos estado sometidos desde siempre, sólo estará eludiendo el problema de base, lo cual implica que el problema en sí no se aborda seriamente.

En efecto, el común de la gente acostumbra a asociar los DDHH exclusivamente con aquellos hechos que afectan la vida y las libertades individuales, emplazando el problema en su variable puramente civil y política. La mayoría de las agrupaciones que defienden estos derechos han sido incapaces de plantearse en términos de las estructuras que dan lugar a esos males. Por ello, el debate del tema en nuestra región ha sido muy limitado, estacionándoselo en aproximaciones muy superficiales que sólo tocan las manifestaciones finales del problema, sin entrar a profundizar en las estructuras del sistema que dan origen a nuestros males. De allí que se haga necesario devolver al concepto de los DDHH toda su amplitud y su realidad más profunda y general.

En primer lugar, decir que las violaciones de los DDHH en nuestra región encuentran su fundamento en la imposición de una política y una ideología proveniente, fundamentalmente, del actual sistema neoliberal imperante. Así, por ejemplo, en nuestro país, el hecho mismo del golpe militar sólo constituyó la puntada final, el último eslabón de toda una trama anterior previamente concertada por grupos económicos nacionales y extranjeros. El golpe militar y la consecuente ruptura del orden institucional y democrático, sólo fueron, pues, el efecto, el resultado último de una causa original, en donde los poderes imperiales decidieron abortar el proceso de cambios que se venía generando en las estructuras de la sociedad chilena.  

Por ello, en el nuevo cuadro geopolítico, debemos tener presente que con o sin dictadura nuestros derechos nos seguirán siendo negados, en tanto sigamos siendo países dependientes y el neoliberalismo despiadado siga acentuando su fase depredadora y explotadora con más vigor que antes.

Como bien lo señalara en una de sus entrevistas el Premio Nóbel José Saramago, “ni siquiera el respeto a la declaración universal sobre los derechos humanos suscrita por las Naciones Unidas ha llegado a ser una realidad. Globalización económica y respeto a los derechos humanos son elementos incompatibles, a los que es necesario estar atento porque de lo contrario el gato de la globalización devorará al ratón de los derechos humanos. El mando está en las manos de los que defienden la globalización, no en las manos de los que defienden los derechos humanos. Estos últimos han quedado relegados como una utopía, como un documento más en la historia de las ideas no cumplidas».

Por último y a modo de conclusión, cabe lamentar que frente a las provocadoras declaraciones de este singular personaje, el Gobierno chileno una vez más haya pisado el palito, suscitandoi la molestia y el desagrado de un país amigo a quien Chile, como el que más, mucho le debe.

Me refiero a la declaración del vocero oficial del gobierno, quien declaró torpemente lo siguiente: «No hay inviolabilidad territorial para alguien que sea acusado ante tribunales internacionales de Justicia por delitos contra los derechos humanos». Ante tamaño error, el gobierno a las pocas horas se vio obligado a rectificar dicha declaración por boca del mismo vocero: «Ante distintas interpretaciones surgidas a raíz de mi respuesta, quiero aclarar que en relación con los Jefes de Estado extranjeros en ejercicio existe un principio internacionalmente aceptado, en cuanto a que ellos gozan de inmunidad de jurisdicción penal ante los Tribunales nacionales de otros Estados».

¿Hasta cuando los representantes oficiales del gobierno después de hacer una declaración tienen que entrar a rectificarlas o aclararlas?… ¿ Se han dado cuenta los chilenos que este numerito se encuentra ya demasiado repetido? ¿Se acuerdan de las declaraciones primeras a propósito del intento de golpe contra Chávez? ¿Y el ejemplo del jarrón de Lagos? ¿Y su declaración primera de que Chile no se iba a prestar más para sumarse al ritual de condena a Cuba?, etc.

¿Errores o inconsistencias?… ¡No sé, cualquier cosa! Juzgue el lector como mejor le parezca.   

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