Los efectos nocivos de la televisión en niños y adolescentes

Fuente: http://www.resistenciadigital.com.ar
(04.06.09)

Introducción

Difícil es, al momento de escribir esta introducción, establecer un punto concreto de estudio al analizar un tema tan amplio como es la influencia de la televisión en las sociedades modernas. Creo que no exagero al decir que trabajar sobre la difusión televisiva y sus repercusiones es, en esencia, trabajar con un porcentaje importante de la vida del hombre común actual. Dejando de lado el índice de mediocridad del mismo, me encuentro entonces frente a una ecuación formada por un sinnúmero de incógnitas, que mi propia condición humana me impide resolver; la vida misma.

Luego de varias jornadas de reflexión sobre cómo abordar esta temática, llegué a la conclusión de que lo más sensato sería desentrañar la misma hasta llegar a sus raíces. Una comparación entre aquellos sujetos sumergidos en una adultez televisiva y los que hoy son adoctrinados para el mismo sistema me permitió notar que, lo más inteligente, era comenzar por el estudio de los pequeños y los jóvenes para que, naturalmente, salgan a la luz las causas del resultado final. Decidí entonces centrarme en el foco reproductivo de la video-generación.

Electo ya el subtema de trabajo, se transformó en una urgencia el hallazgo de un eje para el mismo. Luego de una exhaustiva investigación y largas jornadas de lectura, sobre las cuales se basa esta monografía, me pregunté: ¿por qué los niños y jóvenes de la Era Digital presentan degeneraciones en el cociente edad/desarrollo/conocimiento comparados con generaciones pasadas o con aquellos sujetos de su misma edad que no responden a las mismas características que vuelve a los primeros miembros de esta Era?
Una pregunta complicada, pero excelente como base de una hipótesis.
Producto de la combinación de esta pregunta, el estudio, la reflexión y la sintaxis, es la siguiente hipótesis de investigación, pívot de todo lo escrito a continuación:

‘Los niños y adolescentes que acreditan las características sociales propias de la juventud de la llamada Era Digital presentan rasgos degenerados psíquicos, emocionales, cognitivos, culturales y de comportamiento autóctonos, diferentes y relacionados con las sociedades de masas consumistas distintos que aquellos niños y jóvenes de épocas anteriores o aquellos contemporáneos que no acreditan las características de dicha Era.’

Creo que la lectura de los segmentos anteriores de esta introducción expresan claramente la postura que adopto para realizar esta investigación. Cabe agregar, sin embargo, que considero los rasgos observados en los sujetos actuales como características negativas, degenerantes de la condición humana, de la libertad, la expresión y propias de un sistema de adoctrinamiento del sujeto al punto de transformarlo en un autómata incompetente e incapaz de pensar por sí mismo.
Pero, dejemos de lado mis consideraciones personales, que más allá de toda la verdad que puedan expresar no son más que una opinión. Continuemos, ahora, con la lectura de los textos redactados para confirmar, o no, la hipótesis planteada.

La formación de masas

La Revolución Francesa y la Revolución Industrial trajeron grandes repercusiones sobre la vida de los hombres comunes. Junto con el torrente de cambios tecnológicos y políticos llegaron cambios sociales que modificaron la vida cotidiana de entonces. La caída de las cúpulas monárquicas dejó un vacío de poder en las sociedades europeas, espacio que no tardó en ser ocupado por los adinerados y poderosos empresarios y burgueses de la época. Así, el poder estatal dejó de ser protagonizado por supuestos delegados divinos y pasó a los magnates económicos.
Ahora, tengamos en cuenta que, según los estudiosos de la economía establecen, el capital tiende a concentrarse. El hombre rico naturalmente tiende a ser más rico.
¿Cuál sería entonces el resultado de un hombre no solo poderoso económicamente sino también en lo social y lo político? Predecible. Políticas ajustadas a la satisfacción de los intereses económicos. Y, consecuencia de esto, la transformación del ciudadano, del integrante del Pueblo, en un autómata consumista, formador de la Masa.
Haciendo hincapié en esta breve evocación a la historia, definamos los conceptos de Pueblo y Masa.
Se considera al Pueblo un conjunto de individuos que responden de manera diferente o de acuerdo a la configuración individual de cada uno en forma similar frente a los estímulos y las iniciativas generados por el mismo Pueblo. Poseen ideologías diferentes, propias de la reflexión y el análisis de cada uno de ellos. Es decir, piensan en forma individual. Construyen la democracia.
Entendemos, sin embargo, por Masa al conjunto de sujetos que siguen ciegamente la conducción de un líder, independientemente de lo que ellos mismos crean, piensen o consideren, aunque, en muchos casos, no lo hagan. Responden en forma homogénea a los estímulos diarios y basan todo su conocimiento en el llamado ‘sentido común’. Sus criticas son siempre producto de la ‘opinión pública’. Se asemejan a un rebaño, ya que el líder es capaz de dirigirlos para un lado u otro, aunque sean contrarios, sin que estos repliquen. Construyen la demagogia.
Teniendo en cuenta los conceptos previamente definidos, analicemos la conveniencia por uno u otro desde el punto de vista de los comerciantes burgueses. ¿Pueblo o Masa?
¿Es más fácil vender productos a sujetos pensantes que pueden evaluar al mismo desde perspectivas diferentes o a sujetos incapaces de definir sus preferencias y fácilmente influenciables por las pasiones? La respuesta, creo yo, es más que obvia.
Las televisoras, gestionadas y financiadas por grupos económicos, como es notable, buscan su beneficio monetario.
Es así, que su programación se ajusta a configurar el comportamiento de las personas, sus tendencias de consumo y pensamientos, ideas, sentimientos y demás, en beneficio de los intereses económicos, y utilizando los métodos posteriormente mencionados.
Siendo así, tenemos un sujeto condicionado a funcionar como se le impone, una miembro más de la Masa consumista, con sus respectivas consecuencias, las cuales a continuación desarrollo.

La doctrina del consumo

Veamos, ahora, como interviene la televisión en este proceso de ‘formación de masas’ y su consecuente ‘doctrina del consumo’. Aunque en este trabajo analicemos el grado de influencia de la televisión en la vida de los niños y los jóvenes, no debemos olvidarnos el motivo de la creación de este medio: la comunicación.
Según los ensayos de los estudiantes de sociología de la Universidad Autónoma de Baja California, la comunicación se define como:

‘…una actividad esencial en la vida de cualquier ser humano y esta se practica diariamente, casi sin pensarlo. (…) Comunicamos nuestras ideas, pensamientos, transmitimos información; (…) de diferentes maneras; (…) lenguaje escrito, oral, las señales, en fin, una simple mirada puede ser una forma de comunicarse.’

El punto no es solo la comunicación, sino también quien lo comunica y qué comunica.
En la actualidad, ver televisión dejó de ser un medio de comunicación solamente y se transformó en el pasatiempo por excelencia de mucha gente en todo el mundo, principalmente de niños y los jóvenes. Tengamos en cuenta, entonces, que según un grupo de sociólogos españoles y su reciente estudio en las principales naciones capitalistas, un niño ve en promedio 4 horas de televisión diarias los días hábiles, y 6 los fines de semana, mientras que un adolescente lo hace 2 y 4 horas, respectivamente. Según estos científicos, al momento de finalizar sus estudios secundarios, el joven pasó más tiempo frente al televisor que en el aula.
Pero, nuevamente, tengamos en cuenta que no es solo ‘quién’ lo comunica, sino también ‘qué’ comunica. Y aquí debemos detenernos al momento de estudiar a la televisión.
La televisión tiene una gran fuerza para genera cambios en las personas. Esto se debe a que el uso de la imagen permite interiorizar los mensajes con mayor facilidad, ya que acceden directamente al subconsciente del sujeto, sin el procesado previo que ocurre cuando, por ejemplo, leemos.
Identifiquemos, ahora, un ejemplo de cómo la televisión logra introducirse directamente en la mente de las personas. Analicemos el lenguaje, para comenzar. ¿Cuántas nuevas palabras y términos hemos oído en boca de personas antes ajenas a ellas? Volcando esto a los casos prácticos y reales, vale la pena citar la información recopilada por analistas mexicanos.
Su trabajo se centró en el estudio del uso de la palabra ‘wey’, parte del vocabulario diario de la juventud mexicana. Dicho término, según los especialistas, fue adoptado por los jóvenes debido a la insistencia de la televisión por formar y configurar la cultura juvenil. Sus técnicas para lograr esto son claras: la moda, la necesidad de adaptarse a los demás y el gigantesco incentivo al sentimiento de pertenencia. La televisión enseña a los jóvenes que para ser aceptado por un grupo social deben cumplir ciertas características, que ellos gentilmente facilitan, las cuales, no solo abarcan el lenguaje utilizado sino también la forma y las marcas para vestir y de comportarse. Aquél joven que no siga estos pasos, simplemente ‘no está en onda’.
Los magnates de las emisoras disfrazan, así, sus verdaderas intenciones. Sus objetivos comerciales y dominantes: crear una sociedad de Masa consumista incapaz de pensar, fácilmente influenciable. En el caso del lenguaje, precisamente del término mexicano ‘wey’, justifican su uso sosteniendo que es una forma de simplificar el hecho de llamar a cada cual por su nombre, de no hacerlo tan largo. A los jóvenes, identificados con su deseo común de igualdad, lo presentan como ‘una forma de hacer notar que en ese grupo todos son iguales’ .
¿Pero de qué igualdad hablamos? ¿Igualdad entre los hombres? ¿O igualdad entre los miembros de un bloque de consumo? ¿Igualdad producto de la fraternidad de los hombres? ¿O igualdad desde el punto de vista del empresario, donde todo sujeto económicamente activo es un potencial consumidor?
Me gustaría finalizar este texto citando las palabras del genial autor Giovanni Sartori, en su libro Homo-videns.

‘La televisión es la primera escuela del niño (la escuela divertida que precede a la escuela aburrida); y el niño es una animal simbólico que recibe su imprint, su impronta educacional, en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver (…) el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee, y, por tanto, la mayoría de las veces, es un ser reblandecido por la televisión’ .

Creo que este inciso de mi trabajo monográfico puede generar múltiples interpretaciones en base a la información bibliográfica expuesta. Si bien no quiero transformar esta monografía en una editorial de opinión, mi perspectiva, más que remarcada, intentaré demostrar correcta con los siguientes puntos expuestos.

Los efectos psico-emocionales y cognitivos de la televisión en niños y adolescentes

No podría considerarse completo un trabajo de investigación sociológica sobre la influencia de la televisión en niños y jóvenes si no se incluyera una breve mención de las principales consecuencias psico-emocionales que la ‘caja mágica’ provoca en los pequeños y no tan pequeños.
Ignorante por completo de los métodos de observación psicológica de los especialistas, pero investigador empeñado y curioso empedernido, decidí basar esta sección de la investigación en el trabajo de numerosos sociólogos contemporáneos. Luego de varios días de búsqueda, di con las observaciones de un grupo de estudiosos españoles, titulado ‘Televisión, violencia e infancia: el impacto de los medios’. Tal es así, que desarrollo prácticamente en su totalidad este segmento tras el análisis de dicho estudio.

Al momento de citar las consecuencias de la programación televisiva en niños y púberes, creo que popularmente la más preocupante es una: la violencia.
Definamos, por ello, que entendemos por violencia. Según los sociólogos Gerbner y Greenberg, el acto violento es: ‘la clara expresión de fuerza física o verbal (con o sin arma), contra sí mismo o contra otro, producida de forma intencionada o de manera fortuita e independientemente de que provoque o no lesiones psicológicas o físicas’.
Es común, entonces, reconocer que la televisión es un disparador de violencia en forma constante. Para medir dicha violencia, existe una llamado ‘índice de violencia’: un indicador objetivo del contenido violento existente en un programa o película.
Este índice, en su disposición de fórmula, es el siguiente:

IV = (%F) + (2P/F) + (2P/H) + (%V) + (%A)

F = Frecuencia
P = Proporción o cantidad
R = Rol
H = Hora
V = Violencia
A = Asesinatos

Dejemos de lado, ahora, las técnicas de evaluación televisiva y profundicemos la descripción de la violencia visual.
Podemos mencionar que es una violencia gráfica, cercana y sangrienta; frecuentemente divertida, como en el caso de dibujos animados y series juveniles; justificada y recompensada, como en el caso de la violencia del héroe, que no solo recibe el visto bueno sino también es admirado y exitoso.
Los efectos de la violencia televisiva son varios y difieren en base a las diferencias propias del espectador estudiado, el cual, si bien pertenece al grupo social niño-adolescente, posee características propias de acuerdo a intervalos de edad establecidos, grupo económico, etc. Para esto, los sociólogos ibéricos desarrollaron la debajo citada clasificación, con sus respectivas teorías.

Efectos conductuales

Teoría del modelaje: el niño o adolescente expuesto a la violencia televisiva actúa tras esta exposición en forma más violenta que si no hubiera sido expuesto.
Teoría del reforzamiento: la violencia televisiva refuerza las tendencias violentas propias del joven espectador. También puede incentivar la imitación al no solo no verse castigada, sino recompensada, incentivar cierto tipo de valores e ideas al tratar conflictos y, además, proporcionar un contexto violento atractivo para la audiencia.
Teoría de la catarsis o reducción de los impulsos violentos: función curativa de la televisión. Sostiene que la violencia gráfica controla e incluso inhibe los impulsos agresivos del espectador.
Teoría de la estimulación elemental: no solo es la violencia de un programa o película lo que incentiva la agresividad del pequeño televidente, sino también el grado de importancia que la proyección en sí tenga para él.

Efectos afectivos o emocionales

Teoría de la sensibilización: posee dos efectos; una fuerte reacción al ver violencia en la televisión, traumatizante, inhibe al espectador; o sensibilidad hacia la víctima por la repetición del acto violento.
Teoría de la desensibilización: proceso que poco a poco insensibiliza al niño o adolescente ante la violencia, tanto siendo espectador como en la vida real.
Teoría del habituamiento: cuando el pequeño es expuesto con determinada frecuencia a la violencia, llega a considerarla algo normal; se acostumbra a lo violento y le cuesta luego distinguirla en la vida real.

Efectos cognitivos

Teoría de cultivo: la frecuente exposición de violencia en la televisión lleva al niño o adolescente a poseer una impresión irreal del peligro en la vida real.
Teoría de guiones cognitivos: el joven espectador adquiere guías de conducta para la realización o reacción frente actos violentos, producto de la continua y regular observación de la violencia televisiva.
Teoría de la enseñanza cognitiva: la televisión puede activar las ideas agresivas del espectador por medio de la violencia proyectada.

Para darnos una idea de la magnitud de la violencia en la programación televisiva expuesta a los niños y adolescentes de hoy en día, tengamos en cuenta que según una edición del diario español ‘El Mundo’ del año 1994, los niños españoles en edad escolar llegaban a presenciar 1200 actos violentos semanales por medio de la televisión.
Continuemos, para poseer una mejor perspectiva sobre este tema, analizando las razones por las cuales los niños y jóvenes ven televisión: pasar el tiempo, aprender, sentirse acompañados, escapar, sentirse estimulados, reflejarse.
La televisión participa activamente en el proceso de socialización de los niños y jóvenes de la Era Digital en tres partes. Presenta conductas imitables, proporciona imágenes para provocar ciertas acciones y funciona como medio por el cual los niños y adolescentes se familiarizan con los valores de la sociedad de ocio y de consumo.
Centrándonos en el niño más que en adolescente, podemos citar los siguientes aspectos de la televisión en relación con el desarrollo del mismo.

Desarrollo de la conducta:

Imitación: los niños imitan aquellas conductas vistas en la televisión. La violencia no escapa de ello. Los niños preescolares, inclusive, no ven clara la diferencia entre la ficción y la realidad.
Desinhibición: utilizando lo aprendido de la televisión acerca del uso de la violencia, los niños pueden llegar a evitar las normas de convivencia y conducta.
Reducción o catarsis: la violencia televisada sirve como vía de escape para los impulsos agresivos de los niños.

Desarrollo emocional o afectivo:

Desensibilizaciön: los niños pierden la capacidad de respuesta emocional frente a la violencia en la vida real; consideran los actos violentos como sucesos normales.
Estimulación y excitación: la violencia televisiva excita y sobreestimula el comportamiento violento del niño.

Desarrollo cognitivo:

Aprendizaje en base a la observación: la conducta social del niño se ve afectada por los modelos violentos de conducta presentados por la televisión.

Como anteriormente fue mencionado, existen en torno a la violencia diferentes reacciones en base a distintos aspectos del grupo niño-adolescente. Estos son: la edad, las habilidades cognitivas (es decir, de comprender y recordar), el sexo y la clase social.
Comenzando por la edad, debemos reconocer que el grupo de niños entre los 7 y 11 años son los que en mayor riesgo se encuentra, ya que no logran aún distinguir entre la realidad y la ficción, ni entre lo bueno y lo malo. Las habilidades cognitivas de este mismo intervalo de edad entre los niños también los pone en la cima de la escala de riesgo, ya que estos poseen una capacidad de comprensión e interpretación mayor que la de niños menores pero aún no desarrolladas como la de jóvenes mayores.
El sexo significa una diferencia acerca de la violencia vista por los niños: se ha confirmado que los varones prefieren los programas violentos mientras las niñas optan por opciones no violentas. La frecuencia y el tiempo que se pasa frente a la caja mágica, sin embargo, es similar en ambos géneros.
La clase social marca grandes diferencias en la magnitud de violencia consumida por los niños. Se concluyó que los niños de clase baja o media-baja pasan más tiempo viendo televisión, por lo que se supone que los contenidos violentos son espectados, en su mayor parte, por estos niños. Sumado a la gran posibilidad que estos pequeños vivan en un ambiente económico difícil y un medio familiar o social hostil, el impacto de la violencia en la televisión es mayor que en aquellos niños que viven una situación personal más cómoda.

Concluida la observación de la violencia enfocada desde el papel influyente de la televisión sobre los niños y jóvenes en general, y, aprovechando este tema, presentada la base sobre la cual se apoyan y deberían apoyarse (ya que, desde mi perspectiva de investigador creo inteligente y correcta) los estudios acerca de otros fenómenos socioculturales y su ‘baja de línea’ por medio de este medio audiovisual, prosigo a citar brevemente ejemplos de varios efectos más.
En este sentido, es interesante evocar todo aquello mencionado previamente bajo el subtítulo ‘La doctrina del consumo’ acerca de la influencia de la televisión sobre el lenguaje, la cual podríamos fácilmente relacionar con el desarrollo cognitivo de nuestro grupo de pequeños y adolescentes, así como también las mismas palabras utilizadas afectan el sentido emocional de estos por aquellos o aquello a lo que se dirigen. Con esto, quiero hacer referencia a las consecuencias que conlleva llamar a algo de determinada forma. Es decir, esta más que probado (no solo por estudios sociológicos, sino también por nosotros, día a día con una pequeña observación de nuestro entorno social) que el ‘cómo’ se llama a alguien es determinante en la opinión general sobre ese sujeto.
Siendo así, destaquemos entonces que los apodos o abreviaciones que la televisión muchas veces ofrece a los niños para utilizar con sus padres muchas veces (por no decir, nuevamente, siempre) influyen en la visión de estos de los mismos. La utilización de términos que quiten a los padres su rol de tales, rebajándolos al nivel de ‘igual’ con el niño o el joven, provoca la pérdida de autoridad de los mismos sobre su hijo. El nivel de exigencia del infante se acentúa, así como también la probabilidad de que sus padres lo satisfagan.
¿El resultado? Confusión de roles dentro del ámbito familiar. Pérdida de dirigencia de los padres y un niño abandonado a la deriva en un mar de ofertas donde su demanda es siempre priorizada. Quizá es difícil entender en primera instancia que el uso de un determinado léxico acarree tantas consecuencias. Basta con observar detenidamente, relacionar y reflexionar.
Enfoquemos ahora estos efectos desde otra perspectiva. ¿Es esto casualidad, producto de la evolución (¿evolución?) de la sociedad o algo planificado por los empresarios televisivos? ¿Quién se beneficia con todo esto? ¿El niño, que en pleno desarrollo de su capacidad de pensamiento y entendimiento es bombardeado por pseudonecesidades incentivadas por los comerciantes inescrupulosos, donde se le enseña que es poseedor de un poder virtual sobre sus progenitores y que este debe ser ejercido a cualquier costo? ¿Los padres, que se enfrentan diariamente con los planteos de sus hijos, sus berrinches y caprichos? ¿O los empresarios, que logran de este modo crear nuevos mercados de consumo, acrecentar sus ganancias y consolidar su poder sobre la sociedad? La respuesta es más que obvia.
Finalmente, es importante citar que, si bien son los principales efectos psicoemocionales y cognitivos de la televisión sobre los niños y adolescentes, no solo la violencia y la degeneración del lenguaje acreditan las características necesarias para integrar este grupo, sino también la transformación de los valores. Sin embargo, dada la naturaleza de esta consecuencia y para evitar repeticiones en este trabajo, prometo desarrollarla conjunto ‘El video-hombre’.

La rutina televisiva

Llegando a esta altura de mi trabajo, luego de estudiar temas como el adoctrinamiento de las personas, las consecuencias primarias y secundarias de este y los evidentes causantes y promulgadores de esta tendencia, estimo que, al igual que me sucede, el lector se preguntará: ¿por qué, siendo la televisión un invento relativamente reciente, se permite que todo esto suceda? ¿Por qué este avance, en especial sobre los niños y nuestra juventud? Post investigación, asociación y reflexión, las respuestas que halle fueron las siguientes.
Vivimos en una sociedad donde el poder del capital se superpone al poder potencial que todo ser humano posee desde su nacimiento. Donde el prestigioso no es el hombre justo, honesto y bueno; el prestigioso es el que tiene dinero, prestigio proporcional a su fortuna. Somos pobladores de una ‘aldea global’ donde la cultura de masas se basa en la destrucción de los valores del individuo, en la destrucción del individuo mismo. No es de extrañar, entonces, que el poder de decisión política, la dirección de la sociedad y las decisiones de todos estén en mano de un grupo de adinerados. Magnates comerciales, ambiciosos, inteligentes, sagaces y capaces. Pero con una base de valores destruida.
Y es esta misma corrupción en estos la que provoca que sus estrategias para prosperar se concentren en el sacrificio de muchos para el beneficio de pocos. Es esta corrupción la que los ciega frente a los enormes beneficios que nos trae la lucha por el bien común.
Dentro de este grupo dirigente, de comerciantes y empresarios, se encuentran los mismísimos dueños de las cadenas televisivas. Y es en la práctica imposible hallar a uno que no esté estrechamente relacionado con la producción y comercialización de un bien. Por lo tanto, es imposible hallar un programa televisivo que no incentive al consumo de algún producto.
Veamos, entonces, como se conforma este círculo vicioso consumista y destructivo con un ejemplo objetivo y estándar: un empresario dueño de una firma productora de X producto emplea a los padres de Juan, de 9 años de edad. Debido a las exigencias laborales y las largas jornadas, los padres de Juan pasan la mayor parte de su tiempo en la empresa y no pueden compartir mucho tiempo con su hijo. Para evitar la soledad, Juan se entretiene con la televisión. Televisión que no solo divierte al pequeño, sino también que lo ‘educa’, lo adoctrina y siembra en él ideas, metodologías, necesidades. Entre las primeras, encontramos los elementos que degeneran la concepción del ser de Juan, destruyen (por lo general) su espíritu y su verdadero rol social. Las últimas, crean en el infante nuevos deseos. Deseos de poseer el objeto Y (producido por la empresa amiga de la empleadora de los padres de Juan), el objeto Z, de comer A, tomar B y jugar con C. Juan exige a sus padres la compra de todos estos productos. Las productoras se enriquecen aún más con la venta de productos muchas veces innecesarios, emplean más gente dentro de sistemas laborales que consecuentemente generan la misma relación que Juan tiene con sus padres. Nuestro pequeño crece, formado por un tutor cultural con botones y luces de colores. Destruido intelectualmente por la falta de actividad mental. Es empleado por la misma empresa que previamente empleaba a sus padres. El ciclo se repite.
Tal vez esta pequeña narración se acerque más a lo literario que a aquello que aquí queremos tratar, pero, repito, tiene su base en la lectura de las estrategias económicas del sector empresarial actual y sus efectos sociales, así como también en la observación de las tendencias contemporáneas y la lectura de artículos periodísticos y estadísticos.
En resumen, la rutina televisiva es producto de la necesidad de los niños y jóvenes por una guía, cuando su guía natural (sus padres) se ve ausente por razones ‘naturales’ propias y generadas por el sector beneficiado por que esto ocurra así.
El niño común de hoy en día llega a su casa y se encuentra solo. Pasa muchas horas frente a la televisión, y cuando se da la oportunidad de acercamiento con sus padres (como puede ser durante la cena), la caja mágica se involucra nuevamente.
Las sociedades de masas consumistas se conforman en individuos cuya vida se ve apresada por una rutina agobiante donde dos acciones ocupan la mayor parte del tiempo: mirar televisión y consumir. Adiós a los valores, al cultivo del intelecto, la moral, el honor, el ‘trabajar para vivir’. Bienvenidos el hedonismo, la cultura del zafe y el ‘vivir para trabajar’.

El video-hombre

Ya estudiamos los casos del adoctrinamiento de masas para el consumo, los efectos psicológicos, cognitivos y emocionales y el porque de la influencia de la televisión. Todos estos factores desembocan en un único resultado; un fenómeno de los últimos tiempos que todavía no logra manifestarse puramente pero que sus ejemplares actuales permiten fácilmente prever: el video-hombre.
El video-hombre es la máxima expresión de las sociedades de masas. Es un sujeto enseñado, desde niño, que no existe palabra con más razón que aquella dicha por los medios. Es un hombre cuya alma ha sido destruida por completo, su ego engañado y su razón encadenada.
Al hablar del alma no quiero referirme a la concepción religiosa o folklórica tradicionalmente conocida. Hago hincapié con dicho término en la esencia misma del ser humano. En la libertad, el cuestionamiento, la expresión, el honor, la moral. La televisión destruye este componente del ser humano por el hecho de que lo sumerge en un profundo pantano de valores corruptos, donde se le venden continuamente las bases del hedonismo. Se le proyecta e instruye la visión de la vida como la búsqueda del placer, donde por placer entendemos la diversión, y por diversión la deslealtad, el sexo extremo, el alcohol, las drogas; la degeneración misma del ser.
El video-hombre posee su ego engañado ya que la televisión lo corrompe al punto de hacerle creer que aquello que hace es generado por el mismo, y no ordenado por la televisión. Es decir, el video-hombre es un soldado raso de las legiones televisivas que acatará cualquier mandamiento creyendo que el mismo esta al mando. Esto lo vemos claramente en aquellas personas que compran productos con convicciones firmes en torno a la necesidad de los mismos, cuando en realidad no es así. Los ejemplos, en la actualidad, son más que obvios: celulares, cigarrillos, ‘primeras’ marcas.
Finalmente, la razón del video-hombre es esclavizada. Se lo obliga a pensar acorde a como la televisión quiere y le conviene que piense. Se anulan posibilidades de acción distribuyendo en la sociedad códigos de comportamiento. El llamado ‘sentido común’ muchas veces es ejemplo de esto. Lo peor de esto es que el video-hombre no puede escapar de este sistema. ¿Cómo puede ver el hombre común las cadenas invisibles que lo apresan?
Como anteriormente mencioné, los ejemplos propiamente dichos del video-hombre no se ven aún. Esto se debe a que generacionalmente no existe un grupo que pertenezca precisamente a la Era Digital. Pero el ‘homo videns’ (como Sartori diría) es una especie que se prevé dominante –en número, no social ni políticamente- a partir del 2010.
Cuando los niños y jóvenes de hoy se transformen finalmente en hombres y mujeres de la sociedad, nos veremos totalmente introducidos en una comunidad audiovisual. En naciones donde quizá los gobernantes no sean más que figuras de cartón pintadas colocadas por el verdadero soberano: la televisión.
El video-hombre está, por su naturaleza, condenado a la mediocridad. Al sufrimiento personal y social. A ser, durante toda su vida, un sujeto solo, alejado de sus pares pero agrupado dentro de compactos grupos consumistas. Un hombre perdido, en el salvaje follaje de las sociedades competitivas.

Conclusión

En base a la hipótesis inicialmente presentada, y de acuerdo a la perspectiva desde la cual se realizó este trabajo, creo que la misma esta más que confirmada.
La televisión, finalmente, es la responsable de las características propias de la juventud digital, en comparación con otros grupos juveniles a lo largo del tiempo o el espacio demográfico.
Si bien a estos últimos no se los citó con mucho detalle, una simple observación comparativa de la historia y las sociedades confirma lo que sostengo.
La juventud de otras épocas o sociedades distintas a la consumista poseía y posee otros ejes para su vida: la familia, la tradición, la religión, entre otros.
Y en base a estos construyen su personalidad, su forma de ser y su formación.
En cambio, dentro de las sociedades capitalistas consumistas el universo de los niños y jóvenes encuentra su núcleo en la televisión.
¿A dónde puede llevarnos priorizar mal los elementos de nuestras vidas? Como el economista Smith decía, ‘vivir con calma permite encontrarle el gusto a la vida’.
La vida que la televisión nos ofrece es precisamente lo contrario. Nos invita y encierra en un mundo acelerado donde el ser deja de lado el sentido de su existencia para poner en primer lugar las formas de sostener su existencia. La televisión se creo para mejorar la vida, no para justificarla.
La vida acelerada vuelve efímeros los placeres puros y verdaderos y extensos los períodos de sufrimiento. La televisión ofrece una salida fácil y rápida, pero con consecuencias a largo plazo que vale la pena considerar.
El video-hombre se encadena a sí mismo al momento de elegir la televisión como pívot de vida. Está más que claro que esta posibilidad de elección se extingue junto con las generaciones que no se originaron dentro de la Era Digital. ¿Dejaremos que el mundo alce como su rey a la televisión? ¿O nos rebelaremos dentro de nosotros antes de que toda esperanza de liberación se apague?
El tablero está dispuesto. Nos toca mover.

Bibliografía

La influencia de la televisión en la educación – http://html.rincondelvago.com/influencia-de-la-television-en-la-educacion.html

La influencia de la televisión en la sociedad – http://html.rincondelvago.com/influencia-de-la-television-en-la-sociedad.html

El impacto de los medios de comunicación en la juventud – http://html.rincondelvago.com/impacto-de-los-medios-de-comunicacion-en-la-juventud.html

La influencia de los medios de comunicación en los jóvenes – http://html.rincondelvago.com/influencia-de-los-medios-de-comunicacion-en-los-jovenes.html

Los efectos de la televisión – http://www.rrppnet.com.ar/efectostv.htm

La publicidad dirigida a los niños – http://html.rincondelvago.com/publicidad-dirigida-a-ninos.html

La influencia un medio de comunicación: la televisión – http://html.rincondelvago.com/la-influencia-de-un-medio-de-comunicacion_la-television.html

Los dibujos animados – http://html.rincondelvago.com/dibujos-animados.html

Televisión, violencia e infancia: el impacto de los medios – María del Carmen García Galera

Análisis sobre ‘Homo Videns: la sociedad teledirigida’ – http://www.monografias.com/trabajos12/pdaspec/pdaspec.shtml

http://www.lapaginadefinitiva.com/television/biblioteca/sartori1.htm

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3 comentarios

  1. Maravilloso artículo. Gracias, aprendí mucho. Gracias también por divulgar sus valiosos conocimientos con tanta generosidad. Saludos

  2. ¿Más resumido no se puede ser? gracias.

  3. [...] Los efectos nocivos de la   televisión en niños y adolescentes [...]

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