Algunos antecedentes sobre la filosofía en la época contemporánea.

Por: Zenobio Saldivia
Fuente: http://www.critica.cl(20/04/2017)

Charla dictada por el autor en el Depto. de Humanidades de la Universidad Tecnológica Metropolitana en Santiago de Chile el 29-04-2017

Introducción

La filosofía ha sido y es uno de los pilares teóricos de la cultura universal desde sus fases más primigenias como praxis o como institución social. Ello queda de manifiesto en la evolución de las ciencias que partieron siempre desde una base filosófica que se cuestionaba el cosmos, la naturaleza circundante y luego continuó con las preguntas y discusiones por la naturaleza del ser humano, tanto como ser social cuanto como persona individual. Así puede apreciarse claramente que la filosofía -entendida como la más extensa y más amplia reflexión sobre el todo, sobre el ser y asentada en su amor al saber por antonomasia- ha estado siempre presente en el desarrollo histórico de la humanidad, desde sus fases primigenias asociadas con la cultura helénica. Así por ejemplo, en la educación, en la política, en las ciencias de la vida, en las ciencias de la tierra, en la astronomía o en las ciencias sociales, observamos ideas de antiguos filósofos, amén de los incontables principios filosóficos que actúan como ejes directrices en la toma de decisiones de los actores sociales o de los líderes del intelecto. Al respecto, recordemos aquí nada más que en el universo de la educación siempre se perciben los visos teóricos de los grandes principios de corrientes filosóficas que han trascendido en el tiempo; entre éstas: el idealismo, el racionalismo, el eclecticismo o el humanismo, que nos han guiado en nuestro quehacer.

Por eso no es extraño que la filosofía esté siempre presente en la educación. Pero la filosofía al igual que todo el saber humano, es dinámica, evoluciona y ofrece nuevas tendencias y nuevas escuelas con el flujo del tiempo. Por ello, pensar en la situación de la filosofía en la época contemporánea, nos obligaría a recordar al menos a una veintena de filósofos que se ubican en esta lonja de tiempo desde fines del Siglo XVIII hasta inicios del siglo XXI. Y no es el caso aquí hacer una historia de la filosofía contemporánea; sino más bien, traer a presencia un par de corrientes relevantes que han impactado en nuestros días y analizar sus principales postulados.

Filosofía en la época contemporánea

En rigor, la filosofía en la época contemporánea, en cuanto a su preocupación esencialmente metafísica, no presenta un cuerpo teórico radicalmente distinto que oriente, contribuya o encauce las tareas educacionales, políticas o de los agentes sociales; simplemente las nuevas ideas provenientes de disciplinas formadas a partir de la antigua metafísica y que han ido constituyendo disciplinas filosóficas más específicas, complementan el acervo básico de nociones que han servido a nuestra educación universal. Es el caso de las disciplinas tales como la filosofía de la ciencia, la filosofía de la tecnología, o la filosofía de la psiquiatría o la filosofía del conocimiento o la filosofía de la sociología, que contribuyen actualmente a reforzar el nicho filosófico para amplias discusiones en educación y en las ciencias sociales en general.

Recordemos aquí al menos, las nociones de Filosofía social y política, que al alero del positivismo, planteaba en el siglo XIX Augusto Comte para orientar los esfuerzos de la sociología hacia la obtención del progreso. Y para ello propiciaba el ingreso de la mujer a los sistemas educacionales, el orden social, la incorporación del método científico, la filantropía y la regeneración moral de la sociedad. Y justamente estas ideas conducentes a la expansión de la ciencia y a una valoración de su método, y a la consecución del orden social y el progreso material, tuvieron mucha fuerza a fines del Siglo XIX para apoyar el proceso de separación Iglesia-Estado, en muchos países de América y se mantuvieron vigentes aproximadamente hasta los años treinta del Siglo XX. Hoy en el ámbito de las ciencias sociales y del intelectual académico actual, prácticamente no se perciben como relevantes, en especial, porque el ideario de progreso ahora hay que actualizarlo en cuanto a la realidad del mundo global y altamente tecnologizado, y los exponentes mencionados, deben asumir ese nuevo rol de comunicador social eficiente y respetuoso capaz de inducir a los cambios, y porque la ciencia está siendo desmitificada, por lo menos desde algunas corrientes epistemológicas, a partir de trabajos como los de Paul Feyerabend o Thomas Khun, entre otros.

Por otro lado, la filosofía de la técnica, por ejemplo, tal como nos lo recuerda José Ortega y Gasset, en su obra La meditación de la técnica, sugiere a los docentes, a los cientistas políticos y a los estudiosos en general, la urgente necesidad de esforzarse para evitar que el desarrollo de la tecnología deshumanice al ser humano y le haga perder su centro. El filósofo español nos recuerda, por tanto, que los artificios e instrumentos tecnológicos son sólo un medio para el ser humano, pero nunca un fin en si mismo. Con los adelantos tecnológicos desarrollados a alero de la 2da Guerra Mundial, estas nociones raciovitalistas, sumadas a las corrientes existencialistas, lideradas por Jean Paul Sartre, y las nociones marxistas tomadas a partir de las obras de Carlos Marx, tales como El capital, o los Manuscritos económico filosóficos, o de textos de Vladimir Lenin, tales como Cuadernos Filosóficos y El Estado y la revolución, o los de Luis Althusser, tales como La Filosofía como arma de la revolución, campearon en la academia probablemente hasta mediados de los años setenta e influyeron en la formación de muchos líderes políticos en América y fueron el sustrato de movimientos universitarios como el de Mayo en 1968 en Francia y de gobiernos de izquierda a comienzos de esta década.

También, más recientemente los aportes de Mc Luhan, desde los años setenta y ochenta, por ejemplo en el ámbito de la filosofía de la tecnología, nos instan a ponernos en guardia para evitar la manipulación de los medios de comunicación en cuanto a la difusión de ideologías o antivalores que nos alejen del humanismo y de nuestro ideal como educadores. Y en este contexto, los educadores debemos estar muy cautelosos porque si en otras épocas era manifiesta la desigualdad social, tal como se observaba en las cifras de inserción a los sistemas de educación secundaria y superior, o en la adquisición de bienes de las clases populares versus los sectores acomodados, hoy continúa la desigualdad educacional pero en relación a su calidad y a la adquisición de oportunidades para disfrutar las distintas expresiones culturales. Aquí hay otra arista para labrar por parte de los exponentes del mundo académico.

Y a fines del Siglo XX, a su vez, aparecen diversas posturas rupturistas con los enfoques tradicionales de la praxis filosófica centrada en las esencias y los universales, las que en su conjunto se han aglutinado y denominado más recientemente como “filosofía postmoderna”. Dicho tendencia podemos entenderla aquí como una nueva dirección filosófica, una tendencia que se perfila desde las últimas décadas del siglo XX e inicios de nuestro siglo, que se caracteriza por criticar los supuestos fundamentales y universalizantes de la filosofía occidental, centrada en la metafísica, en la epistemología y en la noción de conciencia. Entre sus exponentes figuran pensadores como Richard Rorty, Jacques Derrida, François Lyotard y Michel Foucault, entre otros. En su conjunto, estos autores -aunque en lo personal algunos han negado este rótulo de postmodernistas- en el plano de las ideas, convergen y proponen reorientar la filosofía hacia nuevas direcciones y hacen hincapié en la importancia de las relaciones de poder, en la personalización y en el discurso de la “deconstrucción” de la verdad y de las visiones del mundo. Además han dejado asentado en sus obras, la necesidad de revisar el correlato entre lenguajes asociados a culturas locales y los discursos de poder.

Algunos antecedentes históricos

En rigor, todos estos autores postmodernos como los mencionados, por ejemplo, desean dejar atrás a la metafísica y a la filosofía analítica en la cual fueron formados y manifiestan un marcado escepticismo y nihilismo hacia muchos de los valores y suposiciones de la filosofía clásica que ha sido justamente la que consolidó la persistente idea de modernidad, como proyecto y meta de la razón y la ciencia. Entre los supuestos que desean dejar atrás figuran: la noción de que humanidad tiene una esencia que distingue a los humanos de los animales, o el hecho de la conciencia moral, o el anhelo de la obtención del progreso gracias a la ciencia y la tecnología, o el supuesto de que la filosofía sería el espejo de la naturaleza; entre tantas otras. Así, al criticar estos supuestos, tal como se observa en obras tales como La filosofía como espejo de la naturaleza, de Rorty, o La condición postmoderna de Lyotard, entre otras; se comprende que la Filosofía postmoderna sea escéptica sobre la gestación del conocimiento en base a oposiciones binarias como mente-cuerpo, cultura-naturaleza y otras, como ejes interpretativos de la realidad, y que han tenido su origen en otras corrientes filosóficas como el cartesianismo, el estructuralismo, el positivismo o el romanticismo; prefiriendo hacer hincapié en una idea de filosofía vinculada al problema del filósofo como un individuo favorecedor de la revisión de los discursos y un gestor político-cultural y proclive al desarrollo de una solidaridad y justicia social, más que un decantador de verdades universales.

La filosofía postmoderna tiene como función propia la exploración de un nuevo camino: la tarea de deconstruir la interpretación sobre la realidad del modo que ha venido siendo realizada, es decir como un espejo en que la filosofía pule cada vez un poco más la mirada para llegar al mundo y a la sociedad. Para ello, enfatiza mucho en el análisis del lenguaje, en las conexiones de éste con la vida cotidiana y con su medio local y cultural, e incluso con las expresiones del poder, marcando así un pensamiento distanciado de los grandes metarrelatos históricos y filosóficos tradicionales.

La Filosofía Postmoderna: sus exponentes más relevantes

Ante la imposibilidad de analizar aquí a todos los filósofos postmodernos, recordemos al menos a Michel Foucault por ejemplo, quien continuando algunas nociones de Nietzsche, argumenta que el conocimiento se produce a través de las operaciones del poder, y enfatiza claramente que el poder es una jerarquía que se encuentra difuso y fragmentado y que impregna a todas las relaciones sociales, tales como la familia, el sexo, la economía y la política. Lo más significativo a nuestro juicio, en relación a la tarea de buscar la verdad, son sus estudios acerca del lenguaje y las disciplinas científicas, como la psiquiatría y otras, donde deja de manifiesto que los enunciados dependen exclusivamente de las condiciones socioculturales en las que emergen y existen dentro del universo discursivo específico. Con razón en su obra Las palabras y las cosas, este autor señala que los códigos fundamentales de una cultura y sus esquemas y valoraciones, fijan de antemano el modo de acercamiento empírico del sujeto para el conocimiento de sí mismo y de la realidad. Esto, por tanto, privilegia el análisis lingüístico y cultural para el trabajo filosófico.

Los escritos de Lyotard por su parte, se centran en el papel de la narrativa en la cultura humana, y en particular en la forma en que esta ha cambiado hasta dejar atrás la modernidad para entrar en un estado “post-industrial” o posmoderno. Sostiene además, que las filosofías postmodernas legitiman su verdad no por razones lógicas o empíricas, sino más bien sobre la base de las historias aceptadas sobre el conocimiento y su visión del mundo. Además, sostiene que en nuestra condición postmoderna, estos metarrelatos ya no funcionan para legitimar las pretensiones de verdad. Y por ello, señala que a raíz de la caída de los metarrelatos modernos, la gente está desarrollando un nuevo “juego de lenguaje”, uno que no tiene pretensiones de verdad absoluta, sino que celebra un mundo de relaciones en constante cambio. Como se puede apreciar, este autor también privilegia el análisis del lenguaje para la búsqueda de la verdad.

Derrida, por su lado, en su obra: El Tiempo de una tesis, y en otras de sus obras, postula la necesidad de ejercer una reflexión filosófica de nuevo cuño, centrada en lo que él denomina una “deconstrucción” orientada a criticar o dejar atrás todos los marcos significantes, las normas pedagógicas o retóricas, las posibilidades del Derecho como disciplina, asentar el cuestionamiento a la autoridad, a la evaluación en general y a las instituciones y sus normas. Ello para desarrollar así una nueva practica la filosofía como una forma de crítica textual a la propia filosofía occidental y a los discursos institucionales, privilegiando los conceptos de presencia y logos, como herramientas hermenéuticas, que posibiliten alcanzar finalmente, otra forma de pensar filosófico, menos lineal y alejado de las formas lógicas tradicionales, con el objeto de que este nuevo pensar escape de la filosofía y se convierta en un discurso más social y más político, vinculado a los microrelatos del tiempo histórico del pensador, y a los cánones de su cultura específica.

Por todo lo anterior, se observa que estos filósofos postmodernos, en rigor apuntan a cuestionar si nuestros conceptos particulares están relacionados con el mundo de una manera apropiada, o si podemos justificar nuestras formas de describir el mundo, en comparación con otras maneras o con códigos culturales. En síntesis, podemos apreciar que la mayoría de estos exponentes de la filosofía postmoderna persiguen la crítica de los supuestos fundamentales y universalizantes de la filosofía occidental. Y que enfatizan en la importancia de las relaciones de poder, en el nuevo discurso de la “deconstrucción” para comprender la estructura de la realidad, y en un manifiesto alejamiento de las clásicas visiones del mundo y de los modos de aproximación epistémica a la verdad.

En rigor el concepto “postmodernidad” alude a una tendencia cultural y estética, a un conjunto de interpretaciones filosóficas que enfatizan en el lenguaje y en el abandono de los metarrelatos, a un fenómeno sociocultural y aun reconocimiento de las nuevas formas de comunicación locales. Por tanto, la filosofía postmoderna en lo esencial, alude a una crítica de la idea de modernidad en el mundo occidental y también a un manifiesto cuestionamiento de la contemporaneidad como punto de arribo histórico o como una época en la cual están sucediendo demasiadas transformaciones en la difusión de la información, en los medios de comunicación, en el universo industrial y comercial y en el ámbito de las valoraciones colectivas.

El escenario social político y económico en el que hoy estamos inmersos como contemporáneos, es un escenario que comprende innumerables y nuevos desafíos. Ahora debemos fijar nuestra atención en aquellos puntos que estos pensadores postmodernos han traído a presencia, tales como el eventual fracaso del proyecto de la modernidad universal, la fuerza trasnacional del mercado, los lenguajes regionales, el feminismo, la diversidad sexual, el control de los sujetos, entre otros. Y en este nuevo marco sociocultural donde bullen las peticiones de cambio para respetar la diversidad sexual y cultural, apoyado en la teorización de autores postmodernos como los mencionados, los educadores si pueden y deben participar con sus planteamientos porque estos temas si bien también son axiológicos, están centrados en cautelar la libertad de conciencia y la libertad especialmente en cuanto al rescate de las expresiones de la cultura regional y local en general.

La filosofía actualmente no sólo tiene aciertos, también tiene debilidades, falencias u olvidos. Sus cultores no se han interesado por algunos problemas teóricos vinculados a la historia. Por ejemplo en cuanto La periodificación de la marcha histórica. No hay ninguna propuesta para dejar atrás la denominación “Época contemporánea” que ya no resiste mas contenidos históriograficos de la gesta histórica, ha sido sobrepasada como categoría de análisis.

Conclusiones

La postmodernidad como fenómeno sociocultural, deja de manifiesto que lo social y lo cultural son intrínsecamente una sola realidad asociada a nuevos modos de comunicación y de utilización de los lenguajes locales.

La filosofía postmoderna ha destacado la importancia del lenguaje no solo en el ámbito de la comunicación, sino también y esto es lo más relevante, en relación al rol de éste en el ámbito de la racionalidad científica y en la adquisición de nuevos conocimientos, enfatizando que este proceso, es más un fenómeno social que una tarea filosófica y por ello debemos atender la cultura regional y los microlenguajes, como elementos muy significativos que hay que comprender y tener presente que sus reglas y sus juegos, no siempre están vinculadas con los meta-relatos universales.

En relación a la educación, las ideas de los filósofos postmodernistas no pueden tomarse en bloque pues tienen matices muy centrados en nuevas formas de diálogos con agentes sociales y políticos emergentes; sólo cabe entonces leer y pensar sus postulados más cercanos a nuestro ideal de la ciencia y del progreso y de aquellas orientadas hacia el respeto del ser humano en todas sus dimensiones.

Por lo anterior, es posible colegir que la filosofía siempre ha estado y estará presente en la cultura universal, pues las disciplinas no pueden actuar sin un marco teórico, que la fundamenten por un lado y que contribuya a encauzarlas hacia horizontes de mayor prosperidad social y colectiva. Por tanto, es posible sostener que la filosofía seguirá estando presente en trabajos de los intelectuales, de los educadores y de los cientistas sociales.

Queda claro también que la filosofía continúa aportando a la cultura universal para que las personas se adapten mejor a las nuevas exigencias culturales y sociales de nuestro tiempo. Pero requiere sí que éstas tengan un bagaje mínimo de nociones o un léxico histórico y filosófico elemental y un manifiesto gusto por el saber, para que las nuevas ideas de las tendencias filosóficas contemporáneas puedan ser al menos parcialmente comprendidas.

Bibliografía

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Derrida, Jacques: El tiempo de una tesis, Hoy A. Ediciones, Barcelona, 1997.

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Lyon, David: Postmodernidad, Alianza Editorial, Madrid, 2005

Lyotard, Jean François: La condición postmoderna, Ed. Cátedra, Madrid, 1987.

Ramírez, Alejandro: La Transformación de la Epistemología contemporánea. De la Unidad a la Dispersión, Ed. Universitaria, Stgo.,2005.

Salas A., Ricardo. Éticas convergentes en la encrucijada de la postmodernidad, Ed. UCSH y UCTEMUCO, 2010.,

Saldivia M. Zenobio: Adiós a la Época Contemporánea, Bravo y Allende Editores, Stgo., Chile y U. Continental de Cs. e Ingeniería, Huancayo, Perú, 2014.

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