Albert Camus y los anarquistas

Fuente: http://www.periodicoelamanecer.wordpress.com
(30.01.2013)

Albert Camus nace en 1913 en Argelia en el seno de una familia pobre. Como pierde a su padre en la batalla del Marne en 1916, su formación corre por cuenta de su madre, que era analfabeta y trabajaba limpiando hogares. Tras conseguir una beca, Camus comienza eventualmente la carrera de periodista. Como la mayoría de los jóvenes, fue un gran aficionado al futbol, además de ser un miembro de una trouppe teatral.
Desde su época de guardameta, Albert Camus tuvo siempre un gran espíritu de equipo. Era muy generoso, con una enorme naturaleza sensible, y siempre buscó la máxima unidad, tratando de evitar o eludir el rencor. Muchos intelectuales que escriben sobre Camus han oscurecido su apoyo al anarquismo. Acudió siempre donde hiciera falta para apoyar en los momentos más difíciles al movimiento anarquista, aunque sentía no poder comprometerse totalmente a este movimiento.
Camus nunca ocultó su atracción hacia el anarquismo. Las ideas anarquistas se reproducen en sus novelas y obras de teatro, como por ejemplo, La Peste, El Estado de Sitio o Los Justos. Camus conoció al anarquista Gaston Leval, que había escrito sobre la Revolución española de 1936 (Espagne Libertaire, 1952). Camus ya expresó por primera vez admiración por los anarcosindicalistas, los objetores de conciencia y todo tipo de rebeldes en 1938, mientras trabajaba como periodista en el periódico L’Alger Republicaine, de acuerdo con su amigo Pascal Pia.
El anarquista Andre Prudhommeaux le introdujo por primera vez en el anarquismo en una reunión en 1948 del Cercle des Etudiants Anarchistes como un simpatizante que estaba familiarizado con el pensamiento anarquista.
Camus apoyó también a los Grupos de Enlace Internacional que trataban de dar ayuda a los opositores del fascismo y el estalinismo, y se negó a tomar el lado del capitalismo americano. Estos grupos se crearon en 1947-48, con la intención de dar apoyo material a las víctimas de los regímenes autoritarios, así como el intercambio de información con los partidarios, incluido el anarquista ruso Nicolas Lazarevitch (exiliado en Francia), así como muchos de los seguidores sindicalistas revolucionarios del periódico La Revolución Proletarienne, del que Camus sigue siendo amigo y colaborador económico hasta su muerte.
El libro de Albert Camus L’Homme Révolte, publicado en 1951, marcó una clara ruptura entre Camus yla sección izquierda del Partido Comunista. Su mensaje fue entendido por los anarquistas y sindicalistas revolucionarios en Francia, ya que abiertamente menciona el sindicalismo revolucionario y el anarquismo y hace una clara distinción entre el autoritarismo y el socialismo libertario. El tema principal del libro es cómo conseguir una revolución sin el uso del terror y el empleo de métodos cesaristas. Por lo tanto, Camus se refiere a Bakunin y Nechaev, entre otros. “La Comuna contra el Estado, la sociedad concreta en contra de la sociedad absolutista, la libertad contra la tiranía racional, el individualismo altruista finalmente contra la colonización de las masas…” Camus termina con un llamamiento en favor de la resurrección del anarquismo. El pensamiento autoritario, gracias a tres guerras y la destrucción física de una “élite” de los rebeldes, había sumergido esta tradición libertaria; pero se trataba de una provisional victoria, porque la lucha aún continúa.
Gaston Leval respondió con una serie de artículos al libro. Su tono era amigable, y evitaba la polémica, pero él trató al libro de Camus como una caricatura de Bakunin. Camus respondió en las páginas de Le Libertaire, el órgano de la Fédération Anarchiste (con una tirada semanal 100000 ejemplares), argumentando que había actuado de buena fe, y que haría una corrección a uno de los pasajes criticado por Leval en futuras ediciones.
El secretario general de la Fédération Anarchiste, Georges Fontenis, también examinó el libro de Camus en Le Libertaire, con el título de “¿Es la revuelta de Camus la misma que la nuestra?”, a lo que Fontenis respondía que así era. Sin embargo, culpaba a Camus por no dar el debido espacio a las revoluciones de Ucrania y España, y por retratar a Bakunin como un endurecido nihilista y no dar crédito a sus posiciones anarquistas específicas. Aunque terminó por admitir que el libro contiene algunas páginas admirables. Un examen de Jean Vita la semana siguiente en Le Libertaire fue más cálido y más positivo.
Estas críticas medidas que de los anarquistas se encontraba en contraste con las de los compañeros de viaje del Partido Comunista, al igual que Sartre, así como con el grupo en torno a la revista Les Temps Moderne, marcaron el inicio de la tendencia de Camus de romper con este otro gran exponente del existencialismo. Las críticas de este grupo fueron salvajes, en particular la de Francis Jeanson. Camus respondió que la revisión de Jeanson fue marxista ortodoxa, y que había pasado de todas las referencias al anarquismo y al sindicalismo. “La Primera Internacional, el movimiento Bakuninista, siguen viviendo entre las masas de la CNT francesa y española, pero no se tienen en cuenta”, escribió Camus. Para su dolor, Camus fue “excomulgado” por Jeanson de las filas de los existencialistas. Estos métodos descorazonaron a Camus. También recibió severas críticas por parte de los surrealistas por sus concepciones artísticas dentro del libro. Parece que el movimiento anarquista fue el mejor colaborador de Camus.
Camus estuvo marcado por esta pausa de otras maneras también. Se había hecho una promesa para mantenerse fuera de los intelectuales que estaban dispuestos a volver al estalinismo, lo que no impidió que de todo corazón apoyara causas justas y que le valieran la pena. En España un grupo de trabajadores anarquistas habían sido condenados a muerte por Franco; para evitarlo, se convocó en París una reunión de la Liga por los Derechos del Hombre el 22 de Febrero de 1952.
Camus se mostró de acuerdo en hacer uso de la palabra en este evento y, a su juicio, consideró útil que el líder de los surrealistas, André Breton, apareciera también en el podio (a pesar del ataque que Breton había escrito en la revista Arts, sobre las críticas de Camus al poeta Lautreamont, admirado por los surrealistas como uno de sus precursores). Camus se reunió con los organizadores del evento, Fernando Gómez Peláez del periódico de Solidaridad Obrera, órgano de la CNT, Ester y José Borrás, y les pidió que propusieran intervenir a Bretón, diciéndole a éste que Camus lo había sugerido. Bretón se mostró de acuerdo en participar en la reunión, aunque Camus estuviera presente. Gómez le dijo entonces a Bretón que Camus había sugerido que hablara en primer lugar, Breton rompió a llorar. Más tarde, Camus dijo a los anarquistas españoles que, debido a que él no había respondido a la ira de Bretón, la reconciliación era posible. Camus y Bretón compartieron el podio e incluso hablaron entre ellos (para entender los vínculos de Breton y los surrealistas con el movimiento anarquista ver Organise! número 44 o suplemento de Germinal Libertario número 1).
Camus tomó la posición del intelectual comprometido, firmando las peticiones y escribiendo para Le Libertaire, La Révolution Proletarienne y Solidaridad Obrera. También pasó a formar parte del consejo de redacción de otro órgano libertario, Témoins de 1956, concociendo así a su editor, Robert Proix, un corrector de errores de oficio. Camus, a través de Proix, se reunió con Giovanna Berneri (Caleffi), compañero del anarquista italiano Camillo Berneri, asesinado por los estalinistas en España en 1937. Camus también se reunió Rirette Maitrejean, que había sido el antiguo compañero de Victor Serge, y había participado en la Bonnot Gang. Rirette había estado trabajando como corrector de errores para el periódico Paris-Soir durante mucho tiempo. Camus también se hizo amigo del veterano anarquista Maurice Joyeux, que más tarde diría que de todas las obras literarias contemporáneas, L’Homme Révolte era el libro en el que mejor se definen las aspiraciones de los estudiantes y trabajadores en mayo de 1968.
Una vez más, en 1954, Camus fue a la ayuda de los anarquistas. Maurice Laisant, secretario de propaganda de las Forces Libres de la Paix, así como un editor de Le Monde Libertaire habían elaborado un cartel antimilitarista utilizando el formato de la propaganda oficial del ejército, por lo que fueron acusados de subversión. Camus acudió como testigo a su Juicio, recordando cómo se reunió con Laisant por primera vez en aquel encuentro español de 1952. Camus dijo al Tribunal: “Desde entonces le he visto muchas veces y he admirado su voluntad de luchar contra el desastre que amenaza a la raza humana. Me parece imposible que se pueda condenar a un hombre cuya acción se identifica tan a fondo con los intereses de todos los hombres. Muy pocos son los hombres que luchan contra el peligro que cada día crece más ominoso para la humanidad”. Después de su declaración, Camus tomó asiento en una sala repleta de trabajadores militantes, que lo rodeaban con afecto. Lamentablemente Laisant recibió una fuerte multa.
Camus también colaboró con los anarquistas cuando expresó su apoyo a los trabajadores en la revuelta contra los Soviets en Alemania Oriental en 1953. En 1956, primero con los trabajadores en el levantamiento en Poznan, Polonia, y después en el mismo año con la Revolución húngara volvió a mostrar su cooperación. Más tarde en 1955, Camus dio su apoyo a Pierre Morain, un miembro de la Fédération Communiste Libertaire (la Fédération Anarchiste había cambiado su nombre en 1954 tras luchas internas). Morain fue el primer francés encarcelado por un anti-colonialista de Argelia. Camus expresó su apoyo en las páginas del diario nacional L’Express del 8 de noviembre de 1955.
Camus utilizó a menudo su fama o notoriedad para intervenir en la prensa intentando poner fin a la persecución de militantes anarquistas o para alertar a la opinión pública. En el último año de su vida Camus se asentó en la aldea de Provence Lourmarin. Un bretón, nacido en Paris, autodidacta, y convencido anarquista, había llegado a la aldea durante la guerra para “desmovilizarse”. Camus lo contrató como jardinero y tuvo la oportunidad de tener conversaciones con alguien de la misma onda. Una de las últimas campañas en la que participó Camus fue la lucha del anarquista Louis Lecoin por la situación de los objetores de conciencia en 1958. Camus nunca llegó a ver los resultados de esta campaña, ya que murió en un accidente automovilístico en 1960, con cuarenta y seis años.

Traducido de Organise! número 68, verano de 2007

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: