El reino de Dios como fermento subversivo

Por: Luis González-Carvajal
Fuente: http://www.mercaba.org

La llegada del Reino de Dios resume, sin duda, toda la predicación de Jesús. Sería de esperar, por tanto, que este tema ocupara también un lugar central en la fe de sus seguidores. Sin embargo, mucho me temo que la inmensa mayoría de los cristianos se sentirían muy incómodos si tuvieran que explicar qué es el Reino de Dios.

Más desconcertantes todavía son las diversas y contradictorias relaciones que se han establecido entre el Reino de Dios y la historia. Una frase famosa (que algunos atribuyen a Gottfried Menken y los demás a Julius Stahl) sostiene tajantemente que «todas las revoluciones se levantan contra el Reino de Dios». En cambio, Friedrich Schlegel afirmo que «el anhelo revolucionario de realizar el Reino de Dios es el factor clásico de toda cultura progresiva y el origen de la historia moderna»1.

Parece increíble, pero es cierto: En política, el Reino de Dios ha servido para casi todo. En su nombre se ha legitimado el orden establecido, y en su nombre se ha intentado subvertirlo; lo mismo ha inspirado programas de signo revolucionario o reformista que programas de signo claramente conservador; ha empujado a unos hacia la violencia y a otros hacia el pacifismo más absoluto… Sin olvidar tampoco a muchisimos hombres y mujeres para los cuales el Reino de Dios exigía desentenderse de toda política y del mundo mismo.
Veamos algunos ejemplos:

1. Legitimación del orden establecido por el Reino de Dios

SOCIEDAD-DIVISION: En la Edad Media encontramos, sin duda, el mejor ejemplo de cómo la noción de Reino de Dios puede servir para legitimar el orden establecido. En efecto, toda la cultura política del medioevo se basaba en la convicción de que los reinos terrenos eran una copia del Reino de Dios existente en el cielo y, en consecuencia, sus estructuras sociopolíticas debían ser consideradas poco menos que sagradas2.

Imaginaban el Cielo como un Estado con su curia celestial en la que cada ángel, apóstol, etc., pertenecía a un ordo y realizaba obediente la función que le había sido asignada, de lo cual dedujeron que también los humanos debían aceptar la estratificación social como parte del plan divino. Así se expresa Hugo de Fleury:

«Dios omnipotente no sólo diferencia los miembros del cuerpo humano, sino tambien los distintos rangos y potestades del mundo, todo en correspondencia con las distinciones que sabemos existen en la curia celestial, en la cual sólo Dios, Padre Omnipotente, posee la dignidad real, y en la que, después de El, los ángeles, arcángeles, tronos y dominaciones y otras potestades están unos sobre otros en maravillosa y ponderada variedad de potestades»3.

Dado que a partir del Pseudo Dionisio Areopagita sabían que la jerarquía celestial constaba de tres órdenes angélicos, concluyeron que también la sociedad humana debía dividirse en tres estamentos: los oratores, los bellatores y los laboratores; es decir, los que rezan, los que pelean y los que trabajan

SANTOS/TONTUNAS La idea se afianzó todavía más cuando Santa Hildegarda de Bingen, en sus visiones de la sociedad celestial, descubrió que las tres zonas estaban bien separadas unas de otras por murallas de tres varas de altura4. (De ahí dedujo Santa Hildegarda que sería imprudente acoger en el convento a cualquier mujer sin prestigio personal: «Al fin y al cabo -decía-, nadie encierra tampoco todo su ganado -vacas, ovejas, asnos, machos cabríos- juntos en un mismo redil»).

La verdad es que, cuando recordamos hoy todo eso, resulta difícil evitar la impresión de que más bien obligaron al Cielo a imitar a la Tierra.

Alrededor del emperador se fue tejiendo una aureola que lo convertía en el vicario o hyparco de Dios para gobernar y extender su Reino en la Tierra. La expresión más acabada de todo esto fueron las leyendas del último emperador, según las cuales, cuando hubieran desaparecido los paganos -bien fuera por conversión o por eliminación fisica-, el último de los emperadores iría a Jerusalén y, tomando de su cabeza la corona real, la colocaría sobre la cruz de Cristo, devolviendo así las insignias a su legítimo y originario titular; y, elevando los brazos hacia el cielo, entregaría el imperio cristiano a Dios Padre.

Esta leyenda ha existido con pequeñas variantes en casi todos los países. En España se conserva un romance anónimo (escrito probablemente antes de 1534 y publicado en el tomo XVI de la Biblioteca de Autores Españoles) en el que es el emperador Carlos quien, una vez conquistado el mundo entero y encerrados sus moradores en un aprisco cuyo pasto son los sacramentos, asciende al Calvario y se abraza a la cruz.

Ni que decir tiene que cuando se atribuyen al emperador los poderes mismos del Pantocrator, cualquier movimiento de rebeldía social asume inmediatamente formas heréticas. Se trata, o bien de un sacrilegio, como lo definió el Sínodo de Hohenalter (916) o, cuando menos, próximo al sacrilegio, segun la tesis de Juan de Salisbury.

2. El Reino de Dios como fermento subversivo

REVOLUCION:

Acabamos de ver que el orden establecido en el Medievo pretendía ser una encarnación del Reino de Dios. Pues bien, lo curioso es que quienes se rebelan contra dicho orden establecido tenían precisamente la pretensión de implantar el auténtico Reino de Dios. (Como hace notar Andrés Tornos, «las concepciones religiosas han servido hasta casi nuestros días de instrumento último de legitimación. De modo que casi todas las guerras y movimientos sociales, tanto los de liberación como los de opresión, se han hecho durante siglos en nombre de los
dioses»5)

Sería imposible pasar revista aquí a todos los movimientos de tipo revolucionario que se han inspirado en la idea de Reino de Dios: se cuentan por cientos6. Ha habido mesianismos judíos (como los de Bar Kochba o Moisés de Creta), musulmanes (como los de Bab, Al Hakin y Bu Meza) y cristianos, que son los que nos interesan aquí (como los de Tanquelin o Thomas Müntzer).

La mayoría de los mesianismos fueron encabezados por varones, pero también hubo mujeres, como Cathérine Théot, que se hacía pasar como «madre de Dios» y por tal era tenida en el círculo de sus fieles; Alice Lenshina, en Rodesia del Norte, que pretendía haber sido resucitada y proclamó el retorno de Cristo en su persona; o Ann Lee, venerada por la secta de los shakers.

Los hubo en Europa igual que en el Tercer Mundo7; e incluso existen media docena de mesianismos esquimales. La mayoría de los promotores murieron violentamente, como Fray Dolcino y su hermana de armas, Margarita, que fueron detenidos, torturados y quemados vivos en Vercelli el año 1307; o Juan de Leyden, cuyo cuerpo mutilado fue encerrado en una jaula de hierro e izado en lo alto de una torre para perpetuar el recuerdo de su arrogancia intempestiva.

Incluso hubo un mesías inexistente, como John Frum, ese personaje de Tanna, en las Nuevas Hébridas de los años cuarenta, que inicialmente fue tan sólo la «aparición» de una «figura blanca» en una «noche negra». La mayoría de los mesianismos fueron violentos, como la Fraternidad de la cruz amarilla, que presenta curiosas similitudes con el partido de la cruz gamada; pero también hubo mesianismos pacifistas. Ante la imposibilidad de pasar revista a esos mil y un mesianismos, nos contentaremos en el siguiente apartado con recoger tres ejemplos:

3. Revoluciones hechas en nombre de Dios

Nunca como durante la Edad Media hubo tanta gente que, en un momento u otro, creyó oír las trompetas del juicio final. A menudo pequeñas bandas de insurrectos, con solo piedras y horquillas en las manos, fueron convertidas por su propia imaginación en el brazo derecho de la ira de Dios. El resultado fue casi siempre la patética matanza de hombres cuyas visiones, si bien daban a cada uno la fuerza de diez o aun cien personas, les habían hecho sobrevalorar su capacidad8.

Alrededor de 1419, un grupo de husitas radicalizados consideraron que había llegado el momento de implantar el milenio. Rebautizaron con el nombre de «monte Tabor» una montaña próxima al castillo de Bechyne, en el río Luznica, y ellos comenzaron a llamarse a sí mismos taboritas, porque, según una tradición que se remonta al siglo IV, la segunda venida de Cristo debía ocurrir en el Tabor. A diferencia de los defensores del orden establecido, consideraron que en el Reino de Dios no podía haber estamentos, y en consecuencia convocaron a una lucha de exterminio contra los poderosos. Los taboritas fueron muy claros en este punto: «Todos los señores, nobles y caballeros seran muertos y exterminados en las florestas como forajidos».

Instauraron entre ellos la propiedad común, pero no se preocuparon de producir. Parece que llegaron a pensar que los ciudadanos de la nueva comunidad estarían exentos de trabajar, igual que Adan y Eva en el paraíso. Cuando agotaron los fondos de las cajas comunes, consideraron que, siendo como eran «hombres de la ley de Dios», tenían derecho a tomar todo lo que pertenecía a los enemigos del Señor, que muy pronto se identificaron con cuantos no eran taboritas. Más famoso fue Thomas Müntzer, a quien los clásicos del marxismo (Engels9, Bloch10…) han dedicado valiosos estudios: «Su programa político -dice el primero de ellos- tenía afinidades con el comunismo; muchas sectas comunistas modernas en vísperas de la revolución de febrero no disponían de un arsenal teórico tan rico como “los de Müntzer” en el siglo XVI»11.

Thomas Müntzer-THOMAS nació en Stolberg, Turingia, en 1488 ó 1489. Después de graduarse en la Universidad y ordenarse sacerdote, llevó una vida agitada e incansable, buscando siempre lugares donde proseguir sus estudios. Se separó de la Iglesia católica para seguir a Lutero, pero pronto abandonó también a éste para predicar su propia doctrina. La última semana de julio de 1524 anunció que había llegado el tiempo en el que debían ser destruidos todos los tiranos y empezar el Reino mesiánico. Siguieron unos meses de efervescencia escatológica
y en abril de 1525 plantó en su iglesia de Mühlhausen un estandarte blanco con un arco iris que simbolizaba la alianza con Dios, anunciando que muy pronto se habrían alistado bajo él dos mil «extranjeros» que constituirían la «Liga de los Elegidos», y marcharía a la lucha al frente de ellos. En una carta enviada a sus seguidores de Allstedt escribe:

«¡Empecemos a luchar la guerra de Dios! Estamos en el tiempo oportuno (…). Basta con que tres de vosotros, confiando en Dios, busquéis sólo su nombre y honor, para que no temáis ni a cien mil (…) ¡A ellos, a ellos mientras el fuego arda! ¡Que la espada no se enfríe!, ¡que no enmohezca! ¡Golpead, golpead en el yunque de Nimrod! [Müntzer atribuía a Nimrod la construcción de la torre de Babel, el origen de la propiedad privada y las diferencias de clases]. ¡Destruid su torre! Mientras los poderosos sigan con vida, nunca quitaréis el temor de los hombres. No puedo hablaros de Dios mientras ellos os dominen. ¡A ellos, a ellos, mientras haya luz del día! Dios va delante de vosotros.»

Ocho mil campesinos respondieron a su llamamiento y constituyeron un ejército en Frankenhausen. El 15 de mayo las tropas de los príncipes y las hordas campesinas se encontraron frente a frente. El profeta hizo una apasionada exhortación -cuyo efecto resultó potenciado además por la aparición de un arco iris en el cielo- en la que declaró haber recibido una promesa de lo alto, según la cual en cuatro años podrían destruir a los actuales gobernantes incrédulos e implantar el Reino de Dios sobre la Tierra. El mismo detendría con su capote las balas de cañón que lanzaran sus enemigos y Dios transformaría los cielos y la tierra antes de dejar perecer a su pueblo.

Todavía estaban los campesinos cantando el «Veni Sancte Spiritus» cuando se oyó una primera -y única- salva de fusilería y cañones que, desgraciadamente, no fue detenida por el capote del profeta. El efecto fue tan inmediato como catastrófico: los campesinos, presa del pánico, huyeron perseguidos por la caballería enemiga, que, con sólo una pérdida de una docena de hombres, conquistó Frankenhausen y mató a cinco mil campesinos en la refriega. Müntzer, que se había escondido en un sótano de la ciudad, fue torturado y por fin decapitado el día 27 de mayo.

También fue famoso el intento de los anabaptistas, al mando de Jan Matthys y Jan Bockelson (más conocido como Juan-de-Leyden) de convertir la ciudad de Münster en la Nueva Jerusalén. Expulsaron a luteranos y católicos, confiscaron sus bienes y almacenaron en unos depósitos centrales todas las reservas de alimentos. Después de rezar durante tres días, Matthys designó siete diáconos, a quienes encargó la administración de dichos almacenes. A los pobres les dijo que acudiesen allí a solicitar cuanto necesitasen.

Mas tarde ordenó poner en común el dinero y las joyas, ejecutando públicamente a quienes habían ocultado sus propiedades. Pronto pasó a considerarse pecaminosa la posesión privada de los alojamientos, ordenándose que las puertas de las casas permanecieran abiertas día y noche.

Muerto Matthys, le sucedió Jan-Bockelson, quien no se entronizó como rey tradicional, sino como «Mesías de los Ultimos Días», acuñando monedas con inscripciones que resumían toda su fantasía milenarista: «Un Rey sobre todos. Un Dios, una fe, un bautismo».
Tomó por esposa a Divara, la hermosa viuda de Matthys. Pero, debido a que habían huido muchos hombres, el número de mujeres era tres veces superior al de varones, de modo que Bockelson implantó la poligamia, y él mismo llegó a reunir un harén de quince esposas. Estableció una lujosa corte de doscientas personas y explicó que él podía ya permitirse ese lujo fastuoso porque estaba completamente muerto para el mundo y para la carne. Aseguró al pueblo que ellos no tardarían mucho en estar en idéntica situación, sentados sobre sillas de plata y comiendo en mesas también de plata, pero considerando que todas esas cosas eran tan despreciables como el barro y las piedras.

Lo que ocurrió, sin embargo, fue que el obispo de Münster logró reunir, con ayuda de otros estados del Imperio, un numeroso ejército, y en enero de 1535 inició el bloqueo de la que había sido su ciudad. A partir de abril, el hambre se apoderó del pueblo. Cualquier animal -perro, gato, ratón, rata o erizo- servía de alimento; pronto la gente tuvo que empezar a consumir hierbas, musgo, zapatos viejos y los
cuerpos de los muertos. La noche del 24 de junio los sitiadores tomaron la ciudad. Bockelson, atado con una cadena, como si de un oso amaestrado se tratara, fue exhibido durante varios meses. En enero de 1536 fue torturado con hierros al rojo vivo hasta que murió y, despues de la ejecución, colgaron su cuerpo y los de otros dos dirigentes anabaptistas en la torre de una iglesia situada en el centro de la ciudad; en unas jaulas que todavía pueden verse hoy.

4. Política y Reino de Dios en los tiempos modernos

También en los tiempos modernos el Reino de Dios ha inspirado por igual políticas conservadoras y políticas revolucionarias. Entre las primeras merece, sin duda, destacarse la ideología del Reino social de Cristo, que se desarrolló en el siglo XIX y tuvo vigencia hasta la segunda mitad del XX. Sus inspiradores fueron Dom Guéranger y, sobre todo, el Cardenal Louis Pie (1815-1880), que fue obispo de Poitiers desde 1849. Ignorando el pluralismo religioso existente de hecho en las sociedades modernas, postulaban una recristianizacion al estilo medieval de las instituciones y del Estado, que debían reconocer y visibilizar las prerrogativas regias de Cristo. El Cardenal Pie decia:

«Cuando el cristianismo no constituye el alma de la vida pública, del poder político, de las instituciones públicas, entonces Jesucristo tratará a tal país como este país le trata a él. Reservará su gracia y sus atenciones para los individuos que le sirven, pero abandonará a su suerte las instituciones y poderes que no le sirven»12.

Los discípulos del Cardenal Pie, entre los que destaca el periodista Louis Veuillot (1813- 1883), fueron mucho más lejos que él, reivindicando que la Iglesia y el Papa tuvieran potestad directa sobre la sociedad civil y mostrándose intolerantes con cuantos católicos no compartían su parecer. De hecho, Veuillot predicaba un culto al Papa que sobrepasaba las fronteras del mal gusto y lindaba con las de la herejía.

Entre los ejemplos que podrían seleccionarse de políticas revolucionarias para las que el Reino de Dios fue su motivo inspirador, mencionaremos al pastor protestante suizo Christoph RD/Blumhardt, el Joven, nacido el 1 de junio de 1842 en Bad Boll. Para él, los sucesos más insignificantes eran alegorías del Reino que alboreaba. «Desde 1870 -escribía en cierta ocasión- he visto en cada acontecimiento histórico la mano de Dios»13. Sin embargo, los cristianos permanecían, según él, sordos y ciegos a los signos que indicaban la llegada de ese Reino. Por ello Blumhardt fue haciéndose cada vez mas reservado y hasta hostil frente a todas las estructuras eclesiásticas.

Uno de los indicios más significativos del Reino que se abría camino era, en su opinión, el movimiento social: «El Reino de Dios ha adquirido hoy unas dimensiones colosales. Se ha hecho universal. Llega hasta las callejuelas en donde residen los más pobres, los más desheredados, los más miserables. Hasta allí llega el Reino de Dios. Se extiende desde el Cielo hasta los Infiernos y comprende todos los pueblos».

Cuanto más frecuentaba esas callejuelas que le hablaban del Reino, más cerca se sentía del proletariado, más identificaba su propio camino con el de los trabajadores oprimidos y explotados, y más duras eran las críticas que dirigía contra una Iglesia que no defendía el «Derecho al pan» establecido por Dios: «La gente se ahoga en este ambiente cargado de espiritualidad».

Simultáneamente fue descubriendo que la esperanza marxista estaba animada por un auténtico espíritu mesianico, y en octubre de 1899 ingresó en el Partido Socialista, lo que le supuso la desposesión de su parroquia y la pérdida de la mayoría de sus amigos. Llegó a ser diputado en el parlamento de Wüttemberg de 1900 a 1906

En su opinión, los marxistas anunciaban el Mensaje de Jesucristo –la seguridad de que su Reino estaba abierto para todos, y especialmente para los pobres-, pero sin las palabras eclesiásticas y clericales que usaban los cristianos. Blumhardt renunció radicalmente a la cristianización de los pueblos. Lo fundamental es ser un hombre entre los hombres. Los paganos alcanzarán el Reino de Dios sin necesidad de hacerse cristianos. Llegarán a Cristo, pero no a los cristianos y a sus Iglesias vacías. Murió en 1919.

También Leonhard-Ragaz (1868-1945) ingresó en el Partido Socialista suizo en 1913, cuando era profesor de teología en Zurich. En 1921 dejó la cátedra y se fue a vivir a los suburbios de la ciudad. Explicó la mutua implicación de cristianismo y socialismo con la famosa alegoría del anillo partido en dos mitades: Una familia poseía un anillo mágico capaz de convertir la guerra en paz, las penas en alegrías, la miseria en abundancia, etc.; pero un día se dividió la familia en dos grupos, y acordaron llevarse cada uno la mitad del anillo, completando la otra mitad con un metal corriente. Aun cuando cada uno de los dos anillos resultantes conservó algo de su fuerza original, ya no era ni mucho menos como antes. Y Ragaz concluye:

«La historia de este anillo, en la medida en que una parábola puede explicar la realidad, equivale a la historia de las relaciones entre el cristianismo y el socialismo. Originalmente, ambos poseían la misma verdad, pero se dividieron en dos; y ahora, cada uno de ellos, considerando que es el auténtico, se opone al otro. La unión sería la liberacion del mundo. La división, en cambio, es su tragedia»14.

Cuando deja la alegoría y pasa a las formulaciones precisas, afirma que esa división es la que se da entre un «Dios sin el Reino» y un «Reino sin Dios». «En la idea del Reino de Dios está incluido todo socialismo», aunque lo supere: «Para que pueda llegar el Reino ha de haber algo que sea más-que-socialismo» 15.

Se ve claramente la importancia decisiva que los socialistas cristianos concedían a la esperanza en la llegada del Reino de Dios por el hecho de que a menudo bautizaban con ese nombre sus publicaciones y agrupaciones. En Estados Unidos su órgano se llamó The Kingdom, los materiales catequéticos que prepararon para
concientizar en los problemas sociales -y que alcanzaron una notoria difusión- se llamaron The Gospel of the Kingdom. Una sociedad de similar orientación recibió también el nombre de Brotherhood of the Kingdom, etc.16. También en Francia los socialistas cristianos pretendieron implantar el Reino de Dios mediante la lucha de clases y la promoción de comunas que lo anticiparan17.

4. Reino de Dios y apoliticismo:

No siempre la esperanza del Reino se ha manifestado en opciones políticas -ya fueran de signo conservador o de signo revolucionario-; también ha sido frecuente considerar que el mundo está totalmente corrompido y el Reino de Dios nada tiene que ver con él. Quienes lo han entendido así predicaron y vivieron la fuga mundi. En ocasiones esa fuga-mundi se materializó en desplazamientos físicos, como la secta llamada Las mujeres del desierto, que duró desde 1694 hasta 1708 y, como su nombre indica, se retiraron a los desiertos para esperar allí la destrucción final del dragón. Incluso tenían telescopios en sus techos y mantenían una guardia nocturna permanente por si aparecían los primeros signos de los ángeles que anunciaban el cataclismo apocaliptico18.

Otras veces la fuga mundi se materializó en «viajes al interior de uno mismo», sin abandonar físicamente la sociedad. En un famoso libro sobre el Reino de Dios que fue reeditado más de treinta veces y traducido a todas las lenguas, se decía, por ejemplo: «El Reino de Dios es el estado de gracia»19. Se trata de que Dios sea «rey de un alma en estado de gracia»20. «Para el mundo no hay remedio, porque el gran mal del mundo es que no quiere el remedio»21. «No hay mejor servicio que prestar a un alma, sobre todo a las almas de los niños, que el abrirles los ojos respecto a esa nada, a ese vacío y a esa falsedad del mundo (…); es decir, saber que estamos de paso, que estamos unidos a la carne, pero no arraigados en ella; que la gracia lo es todo y que, ella aparte, el resto… no es más que el resto»22.

Sin duda, el más claro exponente del desinterés por los asuntos de la sociedad sin marcharse físicamente de ella son hoy los testigos de Jehová. Si bien conviven con los habitantes de cualquier país, no se consideran parte de él. Vivan donde vivan, dicen ser súbditos de un gobierno extranjero: el Reino de Dios. Precisamente se presentan como los «embajadores» de dicho gobierno extranjero en los diferentes países de la Tierra.

Debido a su condición de «extranjeros», se consideran exentos no sólo del servicio militar, sino también del servicio civil sustitutorio o de cualquier otra obligación ciudadana (voto, etc.)23.

Igualmente por su condición de «extranjeros», consideran que deben mantenerse neutrales ante los problemas internos o externos del país donde viven24. Ademas, no sabrían a quién apoyar, porque, en su opinión, ninguna organización social o forma de gobierno es mejor que otra cualquiera. Todas están bajo el poder de Satanás, el Príncipe de este mundo:

«Los testigos de Jehová hemos rehusado saludar a las banderas fascista, nazi y comunista. No se trata de que sólo rehusemos saludar a la bandera de los Estados Unidos y de otras naciones democráticas. No hacemos distinción de una nación para menoscabo de otra»25.

Ni que decir tiene que el apoliticismo de la fuga mundi es puramente imaginario y equivale a una opción tan política como todas las que hemos descrito hasta aquí. •Mounier-E lo dijo muy claramente

«Se habla siempre de comprometerse, como si dependiera de nosotros; pero nosotros estamos comprometidos, embarcados, preocupados. Por eso la abstención es ilusoria. El escepticismo es aún una filosofia: la no intervención, entre 1936 y 1939, engendró la guerra de Hitler, y quien ‘no hace política’ hace pasivamente la política del poder establecido»26.

5. Nuestro propósito

Llegados aquí, resulta difícil evitar la desazón: La historia muestra que el concepto de «Reino de Dios» ha sido un «comodín» con el que cada uno legitimó la política que mejor le pareció ¿Cómo no recordar aquí la crítica marxiana a las ideologias?:

«Los mismos hombres que establecen las relaciones sociales conforme a su productividad material producen también los principios, las ideas, las categorías, conforme a sus relaciones sociales»27.

«No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia»28.

Con este librito he pretendido tan sólo sintetizar en pocas páginas la teología más común sobre el Reino de Dios y sus relaciones con la historia. En la primera parte, desde la teología bíblica del Reino de Dios, contemplaremos nuestra historia. En la segunda parte invertiremos la perspectiva y, partiendo de las luces y sombras de esa misma historia, dirigiremos varias preguntas a la teología del Reino.

Este librito puede considerarse como el preámbulo necesario de un trabajo de investigación que estoy realizando, y espero poder dar a la imprenta en un futuro próximo, sobre los signos concretos de la presencia del Reino de Dios en nuestra historia.

LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL
EL REINO DE DIOS Y NUESTRA HISTORIA
SAL TERRAE.Col. ALCANCE 38
SANTANDER-1986. Págs. 7-27

……………………….
NOTAS
(1) SCHLEGEL, Friedrich, Athenäumsfragmente, 222.
(2) Cfr. GARCIA PELAYO, Manuel, El Reino de Dios, arquetipo político, Revista
de Occidente, Madrid 1959. Existe una reedición incluida en su libro Los mitos
políticos, Alianza Ed., Madrid 1980, pp. 153-352.
(3) FLEURY, Hugo de, Tractatus de regia potestate et sacerdotale dignitate
(Mon. Ger. His., LL, II), I, 1. (CARLYLE, III, 98).
(4) BINGEN, Hildegard von, Scivias, III, 6.
(5) TORNOS, Andres, Sociedad y Teología, Desclée de Brouwer, Bilbao 1971,
p. 129.
(6) Cfr. DESROCHE, Henri, Dieux d’hommes. Distionnaire des messianismes
et millénarismes de l’ere chrétienne, Mouton, La Haya-Paris 1969; Sociología de la
esperanza, Herder, Barcelona 1976.
(7) Cfr. LANTERNARI, V., Movimientos religiosos de libertad y salvación de los
pueblos oprimidos, Seix-Barral, Barcelona 1965; MUHLMANN, W. E., Chiliasmus
und Nativismus, D. Reimer, Berlín 1961. (He utilizado una traducci6n francesa
abreviada: Messianismes révolutionnaires du Tiers-Monde, Gallimard, Paris
1969).
(8) Una historia ya clásica de esos movimientos es la de COHN, Norman, En
pos del milenio, Alianza Ed., Madrid 1981.
(9) ENGELS, Friedrich, La guerra de campesinos en Alemania, Claridad,
Buenos Aires 1971.
(10) BLOCH, Ernst, Thomas Müntzer, teólogo de la revolución, Ciencia Nueva,
Madrid 1968.
(11) ENGELS, Friedrich, op. cit., p. 45.
(12) CATTA, E., La doctrine polítique et sociale du Cardinal Pie, París 1959, p.
85.
(13) Todas las referencias sobre Blumhardt están tomadas de CASALIS,
Georges, «Solidaridad con el proletariado: Christoph Blumhardt (el Joven)», en
(Bismark y Dirks, eds.) Fe cristiana e ideología, Marfil, Alcoy 1969, pp. 116-121.
(14) RAGAZ, Leonhard, Von Christus zu Marx, von Marx zu Christus, Hamburgo
1972, p. 152. (La primera edición es de 1929).
(15) IbEd., pp. 191 y 196.
(16) RUETHER, Rosemary R., El Reino de los extremistas, La Aurora, Buenos
Aires 1971, pp. 111-112.
(17) Cfr. BAUBEROT, Jean, «Liberación social y Reino de Dios. El ejemplo de
los socialistas cristianos franceses (1882-1939)», en (Metz, R. y Schlick, J., eds.)
Ideologías de liberación y mensaje de salvacion, Sigueme, Salamanca 1975, pp.
83-110.
(18) HOLLOWAY, Mark, Heavens on Earth: Utopian Communities in America
1680-1880, Dover Books, Nueva York 1966, p. 40.
(19) PERROY, Louis, El Reino de Dios, Desclee de Brouwer, Bilbao 1958, p. 74.
(20) Ibid., p. 17.
(21) Ibid, p. 167.
(22) Ibid., pp. 179-181.
(23) ANONIMO, Sea Dios veraz, Watchtower Bible and Tract Society, Nueva York
1955, 3ª ed., p. 233.
(24) Ibid., p. 243.
(25) Ibid., p. 237.
(26) MOUNIER, Emmanuel, El Personalismo, Eudeba, Buenos Aires 1978, 11ª
ed., p. 53.
(27) MARX, Karl, Miseria de la filosofía, Jucar, Madrid 1974, pp. 173-174.
(28) MARX, Karl, Contribución a la crítica de la economía política, Ed. Alberto
Corazón, Madrid 1978. 2ª ed., p. 43. Cfr. también MARX, K. y ENGELS, F., La
ideología alemana. Cultura Popular, México 1978, 3ª ed., p. 26: «No es la
conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia».

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