El “orden establecido” privilegia a quienes una vez lo rompieron

Por: Arturo Alejandro Muñoz
Fuente: http://www.kaosenlared.net (24.01.12)

Parece inevitable que sea por fin el pueblo quien establezca un orden político-económico que, por cierto, contenga justicia social e igualdad de oportunidades junto a toda libertad inherente al desarrollo humano

¿QUÉ ES el ‘orden establecido’? La pregunta se instaló en mi cabeza luego de leer las reacciones a la declaración que Camila Vallejo hizo a un medio extranjero, en la cual aseguró que el uso de las armas era válido en ciertas circunstancias. Es un hecho cierto que muhos coinciden con ese aserto, así como muchos más manifiestan su discrepancia. Pero, los defensores de la ‘paz de los cementerios’ -y de las reclusiones en sitios como Villa Grimaldi- fueron los primeros en salir a protestar airadamente contra un asunto en el que creen tener potestad exclusiva: usar armas, disparar y asesinar para impedir que el ‘orden establecido’ (por y para ellos) pueda sufrir cambios.

Siempre ha sido este un asunto que me inquieta. ¿Cómo se instaura un determinado ‘orden’ en los países? Me refiero al inicio histórico del tema, no necesariamente a cómo se efectúa ello en la actualidad (aunque hay casos particulares que también sirven en calidad de ejemplo). La Historia confirma que la mayoría de los países del planeta lograron su independencia a través del uso de las armas, lo que obliga a recordar que en sus respectivos momentos los ‘patriotas’ fueron considerados “delincuentes y terroristas” por quienes defendían un ‘orden establecido’.

Algo idéntico acaeció con quienes hoy son ‘eméritos’ empresarios, gobernantes, militares, etc., ya que antes (años o décadas atrás) resultaron ser ellos los sediciosos, golpistas, asesinos –e incluso genocidas- que depusieron ‘el orden establecido’ para instaurar o imponer un nuevo orden en beneficio preferente (a veces exclusivo) de sus intereses personales.

También se da el caso de aquellos que estructuran sistemas políticos mediante el uso de la mentira, el engaño y la traición, como acaeció en Chile cuando la gente creyó ingenuamente en las falaces palabras de los dirigentes concertacionistas a la hora de la primera elección presidencial post dictadura. No usaron tanques ni fusiles, pero basaron confiadamente su accionar en el miedo que la gente aun mantenía por la dictadura…y eso es, en gran medida, también es un acto violento. Para aumentar la traición, esos dirigentes gobernaron durante 20 años utilizando la misma monserga del temor a unas fuerzas armadas supuestamente golpistas, disfrazando así su entreguismo al capital foráneo, ganándose el sobrenombre de ‘mayordomos’ y el mote de ‘pusilánimes’, pero cumpliendo a fidelidad el rol de obsecuentes socios de segunda categoría en el entramado transnacional, impetrado por el establishment derechista para colocar a Chile en la mesa del martillero internacional.

¿No es violencia todo ello? ¿Eso defienden y vigilan en Chile las organizaciones políticas, policiales y estamentos jurídicos? ¿Un orden basado en la apropiación indebida, la mentira y el robo? Es –y bien lo sabemos- el ‘orden’ impuesto por los vencedores…y si de ellos hablamos, obviamente debemos referirnos a la forma en que triunfaron, la cual, por cierto, nunca tuvo algo de pacífica o democrática.

“Para evitar tales estropicios, el Hombre estructuró el sistema democrático”, respondería cualquier persona con sentido común…pero con carencia de información, ya que en nuestro caso la sociedad duopólica reinante disfrazó al totalitarismo y a la depredación con la túnica de la democracia, para permitir que bajo ella creciese a destajo el clasismo, la brecha económica y el silenciamiento de toda prensa, opinión y crítica no proclive a sus ambiciones económicas y ansias de poder sin contrapeso.

De esa laya se armó un andamiaje que, electoralmente, resulta casi imposible no tan sólo de derribar sino, incluso, de corregir o modificar en serio, ya que la exigencia constitucional obliga a disponer de un altísimo quórum en el Congreso, todo lo cual permite afirmar que estamos bajo la férula de una especie de ‘dictadura perfecta’ cuyos ramajes coadyuvantes (prensa y televisión) han sabido obnubilar las mentes de la sociedad civil, convirtiéndola en una desinformada masa que no atina ni osa ponerle atajo a tanta expoliación.

Así es, hoy en Chile, el tan manido y comentado ‘orden establecido’…un triste asunto que a juicio de las mayorías atenta contra la igualdad, la fraternidad y la soberanía popular, componentes irreductibles de todo verdadero sistema democrático. Para muchos chilenos, ha llegado el imperioso momento de cambiarlo, ojalá por la vía electoral…de lo contrario, proponen usar herramientas de mayor peso, siempre pacíficas, como la huelga, las movilizaciones y el paro nacional. Incluso se habla ya de copiar a Europa y transformar el muy hispano “Yo no pago” en una criolla “Cesación Total de Pagos”.

Lo que queda claro finalmente es que parece inevitable que sea por fin el pueblo quien establezca un orden político-económico que, por cierto, contenga justicia social e igualdad de oportunidades junto a toda libertad inherente al desarrollo humano. Es lo que viene, tarde o temprano.

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