Los impactos en la salud mental del modelo neoliberal

Por: Avelino Jiménez Domínguez
Fuente: elciudadano.cl (12.12.11)

Especificando el punto de vista

La llamada crisis del Modelo Neoliberal y sus consecuencias en las personas y la comunidad, es manifestación, un modo de aparecer otra vez, de la naturaleza humana; que no es distinta a la de todos los seres biológicos en general. No es una crisis que provenga de la culpa o responsabilidad de ciertos sectores sociales de la comunidad, sino expresión de nuestra índole. La naturaleza a la que pertenecemos es un círculo cerrado de depredación, en los hechos, no en las ideas; observémoslo nosotros mismos.

Voy a partir por definir lo que entenderemos por neoliberal, concepto sobre el que reflexiono en esta exposición. Para ello cito la respuesta que da Raúl Villarroel, doctor en Filosofía y Magíster en Filosofía y Bioética de la Universidad de Chile: “Lo que habitualmente se entiende por crítica del sistema neoliberal, es una noción sustentada principalmente en la visión de un tipo de sociedad y cultura prevalecientes en el mundo, en nuestros días, y cuya articulación fundamental está dada por el esquema general de relaciones establecido por la economía de mercado, y la democracia meramente representativa. Esta visión crítica apunta principalmente a poner de relevancia aquellas consecuencias sociales y morales, derivadas de la implementación de una cultura materialista y economicista, en la que las personas enajenan su existencia e hipotecan su futuro, en virtud de la pura adquisición de bienes y la acumulación de riqueza material. Por tal motivo, se estima que la expresión de la vida social tiende a verse crecientemente amenazada por la diseminación de sistemas de valores en los que predominan el egoísmo individualista, el consumismo desenfrenado, la malsana competitividad, la codicia desmedida y otros signos inquietantes de nuestro tiempo, que opacan y ponen en curso de extinción a esos otros principios considerados decisivos para el mantenimiento del orden social, como son el bien común, la justicia social, la solidaridad o los derechos esenciales de las personas. Todo eso es “neoliberal” de manera rotunda.”

Es discutible que a la situación mundial actual debamos llamarle “crisis”. La crisis es el quiebre de algo, incluso su propio sonido sugiere que es una de esas palabras onomatopéyicas, es decir que suena como lo que nombra, y su fonética sugiere el sonido de algo que cedió y se quebró, aunque también crisis se define como cambio brusco.

Crisis sería cuando un sistema cae en un funcionamiento más allá de las modificaciones controlables por sus dispositivos de regulación, de su homeostasis. No sería el caso del sistema económico del cual estamos hablando. Antes de estar fuera de sus parámetros de control o más allá de ellos, está pasando por un comportamiento normal y esperable; hasta podríamos decir que es uno de sus recursos de seguridad. Me pregunto, si debemos hablar de crisis o no. La convulsión social, el perjuicio, el sufrimiento que se produce está considerado, y no ha sido un obstáculo para este Modelo Neoliberal; que se aprueba aún con estas consecuencias, y a pesar de todo se considera mejor, aunque sea motivo de discusión permanente; y por lo tanto, sigue la afirmación, verdadera o falsa, de que continua siendo el mejor modelo, por mucho que coexista con afirmaciones contrarias.

Nos vamos a poner en el caso de que la crisis del Modelo Neoliberal, está asociada a que privilegia el desarrollo económico, por sobre el social y cultural, y que transforma al sujeto en capital humano, es decir que su valor estaría en su capacidad de producir y consumir. La productividad económica, como ya lo dijo el mismo Carlos Marx, es el corazón de la sociedad, aunque no necesariamente el alma. En el Modelo Neoliberal el problema, es el desequilibrio, o un tipo de equilibrio que privilegia sin armonía lo económico con lo social y o cultural.

La productividad, capacidad de producir, la potencialidad, -que es lo mismo que “el poder”, tener poder como capacidad de que algo ocurra o la capacidad de hacer algo, en el caso de la acción humana o de otro animal-, es buena evidentemente, sin entrar en los detalles de una reflexión filosófica. Vamos a declarar intuitivamente pero con mucha convicción que el poder es bueno, como capacidad de que algo ocurra. En este caso, la productividad económica en una comunidad, en un orden social, aunque sabemos que también ha habido en la historia del humano el poder de destruir, y está implícito también aquí porque la supuesta crisis del Modelo Neoliberal en cuestión implica daño y sufrimiento.

De manera que cuando hablamos de la crisis del Modelo Liberal y sus consecuencias negativas, de un sistema que privilegia la producción material de la economía, no el desarrollo económico sino la producción material económica y sobre todo la acumulación de capital de la producción económica, ya no estamos en lo que acabamos de referirnos como productividad, es decir la capacidad de hacer, algo en general deseable, sino estamos viendo algo distinto, que deberíamos llamar más directamente productivismo. El problema no es la productividad sino el problema es el productivismo y el consumismo. No hay problemas cuando hablamos de productividad y capacidad de consumo, hay problemas, cuando existe productivismo y consumismo. Esta es quizás la esencia de la dificultad que tiene la convivencia social en el Modelo Neoliberal.

Algunos problemas en Salud Mental

Como el funcionamiento del sistema debe mantenerse sin parar, cae en una inundación de publicidad, para inducir necesidades más allá de las básicas y sus símbolos. Lo vemos en la televisión, radio, en los espacios públicos. El metro de Santiago nació con un diseño espacial holgado y tranquilo, con estaciones decoradas que se comunicaban por túneles del mismo tenor, y el transeúnte podía mantener su aislamiento psíquico aunque estaba en un concurrido espacio público, lo que es una excelente concepción protectora del estado emocional. Todo eso se intervino con nuevos locales comerciales, publicidad en las murallas, en el interior y exterior de los vagones, con pantallas de televisión que entregan programación continua. Se entiende con el fin de ocupar plena y absolutamente la atención de las personas -a quienes literalmente no les queda escapatoria- con los intereses del mercado. Lo que contribuye a labilidad del yo, fragmentación del pensar y difusión del proceso de individuación, de la identidad.

Estudiar y trabajar es otra moda, y muchas consultas sobre patologías mentales se asocian con este esfuerzo titánico. Quienes lo hacen no pueden dedicarse solamente a estudiar, alternativa evidentemente mejor, que favorece la formación profesional y las consecuencias sociales que eso implica. La gente, al estudiar consigue ascender en el rango de calificación laboral y a mayores expectativas económicas y sociales, que es lo que se busca y se justifica como virtudes del modelo. En Chile se concretó en la aparición explosiva de universidades privadas hace 30 años, democratizó la enseñanza superior con ofertas de varias calidades, donde también hay un sesgo socioeconómico. Sin embargo, el aseguramiento buscado con tantos esfuerzos, no se consigue fácilmente, muchos de los que se lanzan a la travesía, continúan a la deriva en el azaroso clima de una competencia mal sana una vez que ya han terminado la carrera.

La inestabilidad laboral es un potente factor de stress, su aguijón más doloroso y destructivo es la cesantía, que aporta gran cantidad de morbilidad individual, familiar y social. En el sistema Neoliberal, la protección social es sinónimo de dinero, los jóvenes, mujeres en determinadas condiciones, enfermos, personas mayores, delincuentes, y todo individuo o grupo que no cumpla con sus acciones paradigmáticas, caen de alguna manera asociados a categoría de “gasto”, contrarios a la filosofía del modelo.

En estos aspectos indeseables del Modelo Neoliberal surge una sobrecarga física y mental que puede inducir mayores prevalecías en: Trastornos de Adaptación, trastornos de Pánico, Trastornos de Animo (al estimular la expresión de la carga genética si existiera), Trastornos Limítrofes, Trastornos Alimentarios y ciertos cambios en las dinámicas del consumo de drogas normal y patológico, lícitas e ilícitas. Hay que tener cuidado sí cuando uno especula sobre lo social, porque estas mismas enfermedades podrían ser de alguna manera inventadas, inconscientemente, para patologizar, (tratar de enfermos), a estilos de vida disfuncionales al mismo sistema. No olvidemos que los cuadros psiquiátricos son convenciones en alta proporción; me refiero a que el síntoma puede ser protesta por ejemplo.

En las comunidades competitivas actuales los estimulantes, (cocaína, pasta base de cocaína, anfetaminas, incluso los antidepresivos y modafinilo, bebidas energizantes, la coca-cola), son las drogas que tienen sentido en su estilo de vida.

Si los estimulantes son las drogas óptimas para las exigencias sociales, pues nos permiten llegar cuando quizás no podríamos hacerlo, esa misma premura lanza a muchas personas, como compensación, sobre los tranquilizantes (benzodiazepinas, marihuana, técnicas alterativas de relajación o similares). Los tranquilizantes, permiten descabezar la angustia del ritmo de vida, y juegan el papel de consuelo de las grandes mayorías, que se tienen que conformar con mirar la dicha y la soberbia de los exitosos. Es obvio, que el ying y el yang de las drogas en el Modelo Neoliberal sean los estimulantes y los tranquilizantes, y en medio el “cigarrito” bisagra que tiene de ambas.

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