Violeta, vino a tierra…

Por: Mauricio Otero
Fuente: http://www.panoramacultural.net (14.10.11)

En la película sobre Violeta Parra, hay una grotesca pauperización de un ser humano sublime, de alto genio, numinosa, musa en sí, poeta, pintora, artista plena. No he visto un cine peor. La fotografía, pésima, descolorida; las escenas, en interiores soterrados, brutales, soeces; la dos o tres tomas externas carecen de belleza y no transmiten nada en absoluto. Los personajes que acompañan “la vida” de la viola chilensis, son borrachos, ignorantes, fútiles, burdos.

El director al parecer no sabe respecto al oficio de representar a la dama más importante que Chile aportó al mundo. Lejos, demasiado, de la realidad, de un soplo que cambió la forma de vernos, creadora de suma beldad espiritual y física, de una ternura excelsa. No. Del director y productores, pienso, no dimensionaron el tamaño de Violeta Parra –como siempre, chilenos perezosos, optan por lo simple, en un guión de muchachos primarios-.

El pastiche, es una masa campesina gallinacea, sucia: es un crimen al arte el producto de estos señores. La campaña nos llevó a esperar una realización a nivel internacional, al estilo de las magnas de Europa.

Y sentimos la falta de Raúl Ruiz, quien sí hubiera interpretado a la autora multidisciplinaria que plena de gloria a la patria en el planeta, siendo la de mayor universalidad, por encima de Mistral, pues la poetisa de Elqui, seca, aislada e ignorada, no brilla. Ya le habían dado el pago obligado de este lar opacándola, es lo efectuado ahora con Violeta.

Mujeres chilenas, no permitan, hermanas, que destruyan sus imágenes, la fama de la mujer sensible, sentimental, de poesía pura. No se Vio, no “escuchamos” en el filme las preciosuras de poemas, a glosa: “Gracias a la vida”, y remarco, NO Vemos dichos sentimientos, ni en escena, ni en narrativa, ni en sueños, porque si el cine ha de cumplir con su espectador, es elevarlo al Ensueño, a la delicadeza. Violeta no fue marimacha, por favor, sino una doncella que amaba de corazón abierto: miles de libros y mariposas en el jardín celeste, con órbitas de dicha y rompientes de amor. Adelantada a su tiempo, hoy, le han puesto lápida de atroz carnicería, rapaces del mercado. El personaje Violeta Parra, inspira célicos ecos de música divina, entre númenes, no la porquería a lo mufa. Reitero, todo delito, tarde o temprano paga el crimen, desleznable, y la deshonra cae al fin sobre su “auctor”.

Necesitamos escuelas para cineastas y guionistas lectores, que no estén para “deletrear” vulgares teleseries. Los diálogos, malísimos, la idea conceptual, inexistente, casi un reporte de última hora con mucho trasnoche. Grosería, chabacano el trato. Ramplón, pedestre. Tampoco estuvieron en el tensus y la emotividad del minuto crucial de la musa, fijados en la retención sexual, fácil salida. No conmueve con una escena de circo pobre en que repiten el mismo acto, banal.

Acaso a un director extranjero le cupiese el rol ahora. Violeta Parra merece el egregio honor obtenido. No la estupidez acotada, reductora, de gente ya vergonzosamente proclamase “amarle”. Ángel, entiendo tu dolor, de Chile entero, llaga quemando las almas.-

Por Mauricio Otero

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