Apuntes sobre la cultura

Por: Duberney Galvis Cardona
Fuente:moir.org.co (13.11.10)

Que la cultura es una de las mayores riquezas de la sociedad, es cierto, que su permanencia y desenvolvimiento en el tiempo depende de la importancia que se le otorgue, también lo es, pero que su relevancia resida sólo en estos dos aspectos; es a todas leguas un concepto perecedero.

La cultura, además de su reconocimiento histórico y de la relevancia otorgada, no puede funcionar sin que el Estado invierta enormes cantidades de recursos económicos que permitan su amplificación.

Alguna vez las gentes del país se han preguntado ¿cuántos músicos, cuántos bailarines, cuántos deportistas o cuántos científicos reposan en el la mente y cuerpo de quienes día a día ven truncados sus propósitos a costa de los nocivos modelos económicos del país?.

Al respecto, en un capítulo sobre cultura, plasmado en uno de los buenos textos que se han escrito sobre las implicaciones del TLC para el país*, pregunta el autor a manera de ilustración ¿Cuántos literatos y pianistas pueden haber en un país? y se responde: Depende, en primer término y aunque no sea la única explicación, del número de habitantes que puedan comprar libros, periódicos y revistas y de la cantidad de pianos que pueda pagarse la sociedad.

Puesto a consideración el anterior caso en la realidad inmediata, no es difícil hallar ejemplos.

Quien alguna vez haya viajado a un pueblo, siendo recibido, no en la finca de uno de esos amigos por los que uno siente alegría al saber que pueden acceder a los derechos básicos, cuyos terruños por lo general son aledaños a las poblaciones; sino en los minifundios, de una hectárea, como son nueve de cada diez fincas cafeteras, encontrará que muchos de sus habitantes más jóvenes, que día a día pisan la sombra de sus mayores camino a las labores agrícolas, han visto truncados los deseos de llegar a ser escritores, músicos, médicos, físicos etc.; debido a la carencia de recursos estatales.

En este campo práctico son comunes historias como las de Pedro Juan, un joven campesino que ocho años atrás, aferrado a los contenidos del deteriorado texto sobre reptiles y anfibios, que le había obsequiado su profesora, llegó a clasificar más de treinta especies diferentes de ranas que habitaban la zona ubicada entre la escuela y su parcela.

Pedro, en la actualidad, hace parte de un grupo muy nutrido, el de las altas tasas de deserción escolar rural, área que pasó a engrosar luego que su familia se viera obligada a disminuir los gastos, asunto que tampoco atajó la crisis, por lo que el joven con vocación de naturalista, debió vender su fuerza de trabajo para contribuir con los ingresos del hogar.

Sin saberlo, Pedro Juan terminó pagando el pecado de su padre por querer aumentar la producción de su finca para que un día su hijo fuera a la universidad a ampliar sus saberes, para lo cual acudió a un préstamo que no pudo pagar debido a que la balanza entre los costos de producción y los ingresos por el precio del café no han jugado a su favor, en especial desde inicios del nuevo siglo cuándo aumentaron los programas que anunciaban al “libre comercio” como sinónimo de altos precios e insumos a bajos costos.

Para muchos de los hijos del campo los sueños mueren sin certificar la puerta de la primaria, o en el mejor de los casos la de secundaria.

Pero hay más tras el abandono a la cultura, algunos efectos son los que acontecen por ejemplo, cuando uno entre millares de colombianos logra, luego de múltiples hazañas y de recibir un apoyo caritativo de alguna persona, conseguir una meta; termina siendo exhibido como una especie de modelo humano a seguir, denominado el hecho como la revolución de las cosas pequeñas, que no es más que el aplauso –ingenuo o no- a la ausencia estatal.

A manera de conclusión se puede decir que las condiciones elementales para el funcionamiento de la cultura, están soldadas a los intereses ideológicos de quien gobierne en determinada época, si por ejemplo, se tiene un gobierno que impulsa el TLC, quiere decir entonces que la cultura criolla no sólo dejará de promoverse, sino que será reemplazada por la de quienes desde el exterior acuden a la mercantilización como la lógica para operar los asuntos que le conciernen a cada nación, entre esos el de la cultura, para poner un solo ejemplo.

*El TLC recoloniza a Colombia. Jorge Enrique Robledo. 2006

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