Prostitución globalizada

Por: Manuel Acuña Asenjo (Estocolmo, Suecia)
Fuente: http://www.piensachile.com (21.09.10)

Presentación

En 2007, un grupo de cineastas italianos, con el apoyo de otro similar, pero de Francia, dio término a la producción de la película ‘La sconosciuta’ [1], donde se acomete la difícil tarea de denunciar uno de los mayores dramas ocurridos en Europa tras el derrumbe del socialismo real. No debe sorprender que el film haya sido realizado en forma conjunta por italianos y franceses: ese tipo de colaboración cinematográfica ha sido usual entre ambas naciones desde los años 50 en adelante.

Empecemos diciendo que la película narra las vicisitudes de una inmigrante ucraniana en Italia. La joven cae en manos de una banda de proxenetas de oscuro origen. En poder de esos sujetos, no solamente es golpeada y torturada, sino sistemáticamente violada, a fin de quebrantar su eventual resistencia a desempeñar las labores que se le tienen asignadas: va a ser prostituta. Enseñada de tan brutal forma cómo debe comportarse, la joven da inicio a su vida de ramera, durante cuyo transcurso queda embarazada en nueve oportunidades. Los hijos que da a luz no les son entregados: orman, por el f contrario, parte del negocio de la banda de proxenetas que los venden, apenas nacidos, a parejas adineradas impedidas de tener familia y dispuestas a pagar lo que sea por obtener un bebé, también de la manera que sea. En consecuencia, el film tiene la virtud de recordarnos que nadie hace negocios inescrupulosos sin la existencia de una contraparte, también inescrupulosa, que no se preocupa en absoluto del origen de la ‘mercancía’ [2]adquirida.

Puede parecer banal el tema e, incluso, exagerado, sin lugar a dudas. No lo es, sin embargo, a la luz de los acontecimientos que han tenido lugar en el escenario europeo después de 1990, y que nos ha tocado conocer en su real dimensión.

ÉXODO TRAS EL DERRUMBE DEL SOCIALISMO REAL

En efecto, el derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Federativas Soviéticas (URSS), a diferencia de lo que vulgarmente se supone, provocó enormes expectativas en la población de esos países. Con la incorporación de las naciones de la órbita soviética, a Europa y al resto de las occidentales (en otras palabras, al sistema capitalista mundial, SKM), se suponía que todos los anhelos insatisfechos de las grandes mayorías sociales en esa parte del globo (automóviles, yates, mansiones, televisores, computadores y teléfonos de la última generación, lavadoras modernas, equipos de alta fidelidad, viajes y empleos ‘decentes’), voceados por los medios de comunicación escritos, orales o de imágenes, serían, por fin, realizados. Porque el sistema capitalista parecía asegurarlo todo, era la culminación del viaje por la vida. El reino de la felicidad estaba próximo, y el fin de la historia aparecía como un hecho irrefutable. Fukuyama era el teórico del momento, y el más respetado.

Fue, entonces, natural que, olvidando súbitamente la deuda (moral, por cierto) contraída por ellos con el conjunto social que les permitió adquirir tal calidad, una inmensa legión de profesionales soviéticos, con alto nivel de preparación académica, emigrase a los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá, y a países de Europa occidental, en busca de mejores condiciones de vida. Sabían perfectamente que si habían de venderse a alguien, bien lo podían hacer exigiendo un pago mejor por sus servicios; tales eran las leyes del mercado.

Las ideas de las clases dominantes son las ideas de las clases dominadas; lo que piensan los de arriba es lo que piensan los de abajo. Aunque a muchos moleste encontrar repetida tantas veces esa sentencia.

Copiando, pues, la conducta de los profesionales académicos [3], un vasto sector menos preparado de la población de esas mismas ex naciones socialistas, emigró también hacia donde brillaban las parpadeantes luces de las naciones occidentales. To the west. Fuertes contingentes de trabajadores de la Europa oriental empezaron a desplazarse hacia los países occidentales para ofrecer sus servicios en lo que fuese menester. En Francia, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Grecia, Italia, España, Bélgica, Portugal, Holanda, Suiza, Alemania, Noruega, Austria, apareció, finalmente, la ansiada mano de obra barata importada: obreros de la construcción, jardineros, aseadores, recolectores de basura, técnicos eléctricos, amas de llaves, sirvientes, cocineros, cocineras, empleadas de supermercados y otros, comenzaron a competir con el precio de la mano de obra local, activando la competencia y haciendo bajar los precios de aquella [4]. Así, en tanto la gran ‘nomenklatura’ y la alta burocracia estatal y partidaria, de los países de donde provenían, se repartía el botín del estado, este contingente humano parecía estar convencido que ‘El Dorado’ de los países socialistas sólo podría realizarse en las naciones capitalistas.

EL NEGOCIO DE LA PROSTITUCION

La mujer, por regla general, desde hace no menos de cinco mil años, ha sido permanentemente considerada estamento dominado. Su condición no es ni ha sido la misma del hombre en los diversos regímenes instalados sobre el globo terráqueo en el transcurso de la historia escrita. Ha logrado mejorar algunos aspectos de su condición social, sin lugar a dudas; pero jamás ha podido variar la de estamento dominado, incluso en oportunidades en que el gobierno de una nación ha sido ejercido por mujeres [5]. No debe llamar la atención, en consecuencia, que un vasto destacamento femenino procedente de las ex naciones soviéticas decidiese marchar ‘to the west’, buscando participar un poco de las bondades del sistema capitalista.

El aspecto externo de la mujer de Europa oriental guarda, por regla general, estricta correspondencia con la imagen de la que, en Occidente, es considerada bella. Y eso lo saben tanto los habitantes de aquellas naciones como los del resto del mundo. En un sistema que privilegia el predominio del mercado por sobre todas las demás actividades humanas, la mujer de esas regiones constituye, por consiguiente, una buena mercancía para ofrecer pues se encuentra altamente cotizada.

El tráfico de relaciones humanas de carácter sexual con mujeres de los países del este se inició apenas se produjo el desplome del sistema soviético. Al principio, con la inocente instalación de agencias matrimoniales. No hay que olvidar una circunstancia especial: a través de la figura jurídica del matrimonio, la ley regula tanto las relaciones sexuales como el destino del patrimonio que se forma alrededor de aquellas. Multitud de norteamericanos, ansiosos de aventuras y de poder desposar a una mujer exótica, viajaron a las ciudades rusas a buscar su pareja. Las agencias relacionadoras crecieron en número y tamaño y aumentaron sus ofertas de ‘mercancías’. Un poco más independientes, por la cercanía a Rusia y a los países bálticos, los suecos instalaron sus propias oficinas tanto en esas regiones como en las principales ciudades del país. En los periódicos se ofreció hasta la convivencia a prueba. El camino se hizo fácil, así, para otro tipo de comercio: la exportación ‘a granel’ de la ‘mercancía’ femenina. Mafias inescrupulosas se encargaron de llevar a cabo la tarea. Y de modo bastante doloroso.

Detengámonos un momento en esta parte, porque el tema de la prostitución presenta ribetes especiales. Y es que cada país tiene personas que desempeñan tal oficio; y lo hacen de diferente manera. Las ex repúblicas socialistas se vanagloriaban de haber extirpado el flagelo. Aceptemos esa afirmación. Preguntémonos, en su lugar, entonces, qué sucedió allí, por qué esa exportación ‘no tradicional’ de mujeres.

Como se ha dicho, en el sistema capitalista mundial (SKM) opera la prostitución de variadas maneras: en forma oculta o encubierta y en forma abierta o descubierta, en forma inducida y voluntaria, en fin. No es, sin embargo, nuestra intención hacer un tratado de la prostitución en esta parte. Afirmamos solamente que la primera distinción no se refiere a si el oficio se ejerce legal o clandestinamente, sino al pago directo o indirecto que se presta por el servicio sexual. Queremos decir con esto que la forma oculta o encubierta siempre va a ser más que legal, alegal [6], en tanto la abierta o descubierta podrá ser tanto legal como ilegal, de acuerdo a las normas vigentes en el país. En todo caso, tratándose tanto del hombre como de la mujer que vende sus servicios sexuales, siempre la prostitución estará ligada al deseo de acceder a una mejor calidad de vida para sí o para el grupo familiar que se tiene. Por lo mismo, es requisito sine qua non de esta transacción comercial el instituto de la paga. Porque la prostitución es esencialmente un acto mercantil. Y todo acto mercantil exige pago.

Durante los primeros años de evolución hacia formas de desarrollo más abiertas de capitalismo, se produjo en los países socialistas escasez de gran cantidad de mercaderías. Hubo hambre y sufrimiento. Hubo sueldos impagos y despidos en masa de funcionarios. En San Petersburgo se sacrificaron perros para el alimento no sólo de la población nacional, sino de los turistas que llegaban a deleitarse con la vista de una de las ciudades más bellas de Europa. La ‘nomenklatura’, en tanto, se hizo con las empresas y servicios del estado. Era natural que las mafias se formaran, así, con la participación de la alta dirigencia política y estatal. Estos grupos no actuaron solos, sino en concomitancia con representantes de la alta burguesía occidental que, de inmediato, hicieron llegar a esos países los más modernos automóviles, televisores, teléfonos celulares y computadores. La creación del sistema bancario ruso y de la Bolsa de Comercio de ese país no se originó de la nada, sino con el auxilio de poderosos inversionistas occidentales, deseosos de incorporar cuanto antes el ‘mercado’ de esa región al SKM. Las necesidades de la población, pues, jamás fueron satisfechas; cada persona debió arreglárselas por sí misma. La ‘ley’ de la competencia universal se dio, de esa manera, en su más exacta y fiel expresión. El triunfo sólo era posible para los más fuertes, es decir, quienes estaban actuando en estricta correspondencia con los intereses del SKM. La prostitución se originó, pues, a la más pura usanza de lo que sucede en cualquier nación occidental. En forma voluntaria, por una parte; en forma forzada, por otra. En este artículo, hemos querido referirnos a la segunda de las formas porque en ella se retrata, en toda su magnitud, la violencia de una sociedad que aparenta ser el fin de la ruta que recorre el ser humano, su meta definitiva.

FORMAS DE RECLUTAMIENTO

El reclutamiento del contingente de mujeres que ha de desempeñar las funciones de ramera dentro de una sociedad jamás se realiza de manera abierta. Nadie le propone a una mujer ‘trabajar’ de prostituta ni le consulta si acaso desearía hacerlo. La forma usual de llevar a cabo tal cometido es a través del engaño. Quien recluta debe mentir. Normalmente, la labor se ejecuta instalando una oficina que ofrece empleos en otro país o en otra localidad (ocupaciones inexistentes, por supuesto) para mujeres que desean desempeñarse en el carácter de oficinista (secretarias, empleadas administrativas), o en supermercados, restaurantes, industrias e, incluso, en el papel de damas de compañía de mujeres de edad, niñeras, cocineras, meseras; es frecuente, además, ofrecerles trabajos en una compañía cinematográfica o en espectáculos artísticos vinculados a la danza o al desnudo. En más de una oportunidad se las ha convocado para hacerlas participar en concursos de belleza. Las oficinas que se instalan de esa manera lo hacen en el carácter de ‘empresas colocadoras de empleo’ o, simplemente, en el carácter de ‘oficina de contacto laboral’. Por eso, se puede decir que la prostitución (comercio carnal) exige, previamente, de un trabajo adicional cual es la trata de blancas (comercio de mujeres); y, ambas, del proxeneta [7], que viene a ser como el socio gestor de la actividad comercial.

La prostitución comienza, así, con el negocio de la trata de blancas, con el comercio de cuerpos femeninos. Y este comercio no se realiza sino de manera violenta, brutal.

El aviso del proxeneta en el periódico contiene los dos únicos requisitos que deben reunir las candidatas a los ‘empleos’: edad que no vaya más allá de los 40 años y ciertos atributos corporales. La edad es máxima, no mínima; también se aceptan niñas. Y niños. En Europa, los niños prostituidos provienen de Rumania, Marruecos y Argelia, principalmente; las niñas son oriundas de Albania, Kosovo, Ucrania, Bulgaria y República Checa. Muchos de ellos (y ellas) tienen 10 años de edad.

EL PROCESO DE ‘ABLANDAMIENTO’

Las jóvenes que concurren a la oficina indicada en el aviso son inscritas y clasificadas por los proxenetas, según sus propios patrones de evaluación. Jamás se les ofrece trabajo dentro de la ciudad donde son reclutadas, sino en otra muy distante, en otro país o en otro continente. El objetivo de la medida es simple: se busca romper los vínculos familiares o de amistad que puedan existir entre las jóvenes que han concurrido hasta ese lugar en busca de trabajo y sus parientes y/o amigos. Pactado el compromiso, las personas reclutadas son trasladadas hasta otro lugar. La operación se realiza, normalmente, de noche y, tratándose de traslados por tierra, se establecen etapas de ‘descanso’, que contemplan la pernoctación en establecimientos previamente dispuestos. En esos lugares, termina el trato cordial. El castigo a las mujeres comienza, a veces, cuando se les comienza a urgir que efectúan exhibiciones de partes del cuerpo. Algunas se niegan a hacerlo, mostrándose sorprendidas; otras, acceden. Entonces, se las separa a unas de otras. Y empiezan los golpes contra las que se negaron; luego, son desnudadas y violadas entre varios sujetos. La moral de las jóvenes queda destruida por completo. La operación se realiza repetidas veces, en la noche, con distintos actores, pues necesitan apurar el éxito del tratamiento antes de llegar a destino. Las mujeres deben comenzar a experimentar esa forma de vida como algo por entero natural. Es el llamado ‘proceso de ablandamiento’. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas señala, al respecto:

“Muchas de ellas sufren violencia antes y después de llegar a destino. Los más duros son los traficantes de los Balcanes o la antigua Unión Soviética. Organizaciones muchas veces pequeñas —de dos o tres personas— que antes de ofrecer a las mujeres a sus clientes las violan para iniciar el maltrato. Algunas son drogadas para que no huyan” [8]

Las mafias actúan con pleno conocimiento de determinados comportamientos: las mujeres que han tenido mala suerte, que han perdido la ilusión de una vida mejor y no encuentran alternativa de trabajo digno y bien remunerado, se deciden al fin por la prostitución; especialmente si tienen ciertos atributos corporales. Para prostituirse, una mujer debe haber perdido toda esperanza de alcanzar una vida más o menos normal por otros medios. Por eso las mafias proceden a doblegar la voluntad de las que han reclutado. Todas ellas deben saber no sólo que van a ser ocupadas sexualmente, sino que deberán hacerlo cuando sus ‘dueños’ así se lo ordenen y recibir remuneración por ese servicio.

Tras el ‘ablandamiento’ viene otra prueba: deben tomar conciencia que sólo de esa manera se van a ganar la vida. Uno de los proxenetas se presenta ante ellas como cliente. Se finge, entonces, la compra de servicios sexuales. Cuando las jóvenes empiezan a aceptar esa forma de ganarse la vida, la prostituta ha sido creada, está lista para ingresar al mercado del sexo; de ahí en adelante es propiedad exclusiva del proxeneta. Entonces, se la puede llevar a las moradas en donde prestarán sus servicios, siempre, bajo la atenta mirada del proxeneta que les exigirá, constantemente, un porcentaje de sus ganancias.

El proceso de ‘ablandamiento’ puede experimentar ‘bajas’. Algunas de las jóvenes son golpeadas tan brutalmente que fallecen en el ‘tratamiento’. Poco les importa a los traficantes que ello ocurra. De hecho, el derecho a matarlas constituye parte del contrato que, en ciertas oportunidades, las jóvenes se ven obligadas a firmar con sus captores.

Un documento presentado ante los tribunales españoles, encontrado en manos de un proxeneta, a propósito del caso de una joven nigeriana obligada a prostituirse, es elocuente, al respecto:

“Prometo pagar la suma de 40.000 dólares. Declaro que no infringiré las normas y que no diré nada a la policía. Si rompo las reglas mi madame tiene derecho a matarnos a mí y a mi familia en Nigeria. Mi vida vale lo mismo que la cantidad que debo a mi madame. Declaro que me han explicado este acuerdo en mi dialecto y que será destruido cuando el pago total sea abonado” [9].

La muerte de una joven sirve de escarmiento a las otras; los cadáveres pueden ser arrojados a la vera del camino para que, a los pocos días, los informes policiales den cuenta del hallazgo del cuerpo de una ‘desconocida indocumentada’, posiblemente atropellada por un vehículo. Profusamente denunciado en los periódicos, el tráfico de inmigrantes en camiones cerrados, sin ventilación, y el fallecimiento de muchos de ellos, en numerosas oportunidades, dan cuenta del escaso significado que tiene la vida del ser humano para las bandas de traficantes [10].

LA ESCLAVITUD SEXUAL

La prostitución puede ejercerse voluntaria o forzadamente; en este último caso, la persona explotada es vendida a la casa respectiva donde va a ejercer su oficio de ramera. La figura jurídica no admite dudas: se trata de la venta de una persona, de la instauración de una moderna forma de esclavitud. UNICEF calculaba en 2005

“[…] que en los últimos diez años se han vendido 100.000 mujeres y niñas albanesas a Europa Occidental y otros países balcánicos” [11].

La prostitución obligada o esclavitud sexual ha experimentado un notable incremento. En Europa, se calcula que existen 140 mil esclavas del sexo, según las últimas estimaciones [12]. De acuerdo a su procedencia, los porcentajes correspondientes a cada nacionalidad serían:

– Balcanes (rumanas y búlgaras) 32%
– Ucrania 19%
– Sudamérica 13%
– Europa Central 7%
– África 5%
– Asia oriental 3%

Las posibilidades que esas jóvenes recurran a las embajadas de sus países denunciando lo que les sucede son remotas. Las dificultades se presentan tanto de parte de los organismos diplomáticos como de las propias afectadas. Por una parte, los diplomáticos no manifiestan mayor interés por la situación de personas que han sido poco diligentes en administrar su futuro y lo ‘aventuran’; por lo mismo, sólo en contadas ocasiones se sienten motivados a prestar su ayuda o colaboración. Por lo demás, para los diplomáticos, el caso de una ‘puta’ —o de varias, lo mismo da— es irrelevante frente a otros hechos de carácter político o comercial, siempre más importantes. A veces, la circunstancia de haber cometido actos de dudosa legalidad inhibe a los propios diplomáticos involucrarse en la defensa de personas de escasa significación social [13]. Por eso, y en las escasas oportunidades que han decidido prestar su colaboración a alguna de ellas, lisa y llanamente, proceden a repatriarlas, sin involucrarse mayormente en el caso.

Por el lado de las mujeres que han sido víctimas de los proxenetas: en general, son reacias a contar lo que les ha sucedido, pues sienten humillación y profunda vergüenza de la candidez (o ingenuidad) que las llevó a tal condición. La generalidad de ellas no oculta su deseo de permanecer en el país donde se encuentra; ese fue, por lo demás, el cometido que tuvieron en vista al emigrar. Puesto que la inmensa mayoría se encuentra indocumentada, puede ser expatriada sin expresión de causa alguna. Existe, además, una razón económica: la generalidad de esas jóvenes explotadas emigró para buscar un medio de vida mejor o para ayudar a sus familiares. La repatriación no les sirve. Muchas prefieren seguir en esa vida, pues los ingresos mensuales que han logrado alcanzar les permiten satisfacer sus necesidades (ganan entre mil a dos mil euros al mes). Si dejaran de percibir esas sumas no podrían ayudar a los suyos. Ni vivir con cierta tranquilidad. La ideología del consumismo se hace presente en ellas con toda la fuerza de la verdad. Algunas defienden la condición en que se hallan con tal vehemencia que un observador cualquiera podría hasta creer que la prostitución constituye una forma de vida ideal:

“Estoy aquí porque me da la gana. Podría estar limpiando escaleras, pero aquí gano mucho más, unos 2.500 euros al mes, incluso con la crisis” [14].

Las mafias de proxenetas abundan en Europa. La televisión ha hecho extensos reportajes sobre las que operan en los países del este; no lo ha hecho, sin embargo, respecto de las que operan en los países occidentales. A pesar que en dichas bandas participan nacionales de muchos países de Occidente en el negocio, se habla constantemente de ‘mafias rusas’, lo que es efectivo, ciertamente; pero permite tender un manto de silencio sobre lo que sucede respecto de la moral occidental.

LAS REDES DEL TRÁFICO SEXUAL

Las mafias europeas no operan como simples asociaciones delictivas. Por el contrario: lo hacen en el carácter de sostenedoras del sistema capitalista. Y esto no es una afirmación gratuita. Para nadie es desconocido el hecho que de todo el dinero que circula por el mundo, y dinamiza la actividad bancaria, la mayor parte proviene de negocios ilícitos como lo son el tráfico de armas, el mercado negro, el tráfico de estupefacientes, la venta de órganos humanos (de niños y de adultos) y la trata de blancas y prostitución.

La explotación de las prostitutas se hace con todo ese arsenal moderno que ha permitido métodos más sofisticados de vigilancia y control. Patrullan sus dominios en automóviles de lujo equipados con los mejores adelantos técnicos. La cadena de proxenetas posee hoteles, locales, departamentos, hostales, casas, restaurantes, salas de espectáculos y de juego. Es una industria gigantesca cuyos dueños realizan buenos negocios con ayuda de financistas y políticos. Tienen fuertes vínculos con estamentos policiales y aduaneros a cuyos miembros hacen participar de sus ganancias.

En 2009 la opinión pública se vio fuertemente conmovida por el apresamiento de una pareja de búlgaros, en la localidad de Sliven, que había vendido tres bebés a financistas griegos, lo que permitió el desbaratamiento de toda una red de traficantes que funcionaba desde 2006. Dicha red era formada por

“[…] empleados, jueces y abogados griegos […] [15]”

que organizaban ese comercio pagando hasta 8 mil euros por niño [16].

Las redes, en general, señalan algunos estudios,

“[…]tienen vinculaciones con sectores políticos, judiciales y empresariales[…] [17]”

RENTABILIDAD DE LA PROSTITUCIÓN

La prostitución es un negocio que rinde dividendos. Las cifras estadísticas colocan esta actividad como una de las más florecientes.

“En Inglaterra hoy trabajan hasta 80 mil mujeres de prostitutas. En Londres, un estudio académico descubrió que los hombres pagan 200 millones de libras al año por relaciones sexuales, casi la mitad en saunas y masajes […] En el resto del país, se estima que la industria mueve 770 millones de libras al año y que la prostitución callejera representa solamente el 5% […] Cada año entran ilegalmente a la Unión Europea 600 mil personas, la mayoría para la explotación sexual […]” [18]

No debería sorprender si, en el futuro más próximo, los gobiernos, en lugar de investigar la trata de blancas, establece un impuesto a la práctica de la prostitución.

Como toda actividad económica, la la venta del servicio sexual puede hacerse cada vez más rentable. Los chulos han descubierto como hacerlo. Se trata de tener a las prostitutas activas durante todo el mes a fin de aumentar sus ingresos y no suspender esos servicios durante el perìodo de la menstruación. Escuchemos las palabras de un agente de policía español:

“Y algunos las obligan a meterse en la vagina una especie de tapones para que puedan tener relaciones incluso con la regla”.

El proxeneta es generoso con quienes le facilitan el negocio e implacable con quienes se lo dificultan. Como sucede en todo el mundo del comercio. No es extraño, en consecuencia, que cada cierto tiempo desaparezca una prostituta reacia a entregar el dinero adeudado a su ‘souteneur’, aparezca ahogada en algún estero, atropellada por algún automovilista loco o muerta en riña de ‘antisociales’. Total, ¿quién se preocupa de una meretriz? ¿A quién le importa una puta?

Una sentencia del Tribunal Supremo de España se refiere al caso de una mujer que intentó huir de las garras del proxeneta con el auxilio de un cliente. En parte de ese texto legal puede leerse lo siguiente:

“[Abelardo, el proxeneta] la agarró del cuello y comenzó a propinarle golpes, tomando unas tijeras y pinchándoles con ellas en la cabeza y en las piernas, causándole lesiones consistentes en contusión frontal, heridas y contusiones en cuero cabelludo, traumatismo en la región anterior del cuello, heridas contusas en el mentón y en el labio superior, herida inciso punzante en la región temporal derecha y heridas inciso punzantes en el muslo izquierdo” [19].

El notable incremento de la prostitución ejercida por mujeres procedentes de países de las ex repúblicas soviéticas, en Europa, tiene un precedente: hasta 1990 la mayor parte de las mujeres que atendía en los burdeles europeos provenía de Asia, Africa y de los países latinoamericanos. Hoy día ese flujo continúa, pero la delantera es llevada por las naciones del este. Hasta 2005, se calculaban en 500 mil tan sólo las mujeres rusas que se dedicaban al comercio sexual en Europa. Constituían el porcentaje más alto de todas las que ejercían el oficio dentro del continente. Hoy (y los datos no son actuales), se sabe que las rusas han sido superadas por las rumanas cuyo porcentaje es del orden de 12% del total de prostitutas europeas, seguidas de las rusas, cuyo índice es de un 9%, cifras espantosas, que ponen de relieve la magnitud del problema.

“En 2003, la policía metropolitana y la unidad anticrimen de Londres se llevaron de los burdeles a 300 muchachas y mujeres, entre ellas 10 niñas. Solamente el 19% eran inglesas. Las demás eran de Europa Oriental (25%), el resto de Asia (13%), Europa occidental (12%) y África (2%). Las mayores cantidades eran de Tailandia, Rusia, Brasil y Kosovo. El superintendente Chris Bradford dijo: ‘Es como un mercado de esclavos’” [20].

En España, sin embargo, la cifra de prostitutas no es igual al resto de los países europeos. Del total que opera en la península ibérica, el 58% proviene de Latinoamérica (especialmente de Brasil y Colombia), un 35% lo integran rumanas y rusas, y el resto (7%) lo componen, en su mayoría, por africanas [21]. A muchas de ellas es posible verlas ofreciéndose públicamente en las calles adyacentes que desembocan en la Puerta del Sol, en Madrid.

No tenemos en nuestras manos antecedentes sobre los embarazos de todas ellas ni del destino de los bebés que han dado a luz. Pero las cifras sobre las ventas de niños son altas, como también lo son aquellas que versan sobre el tráfico de órganos vitales. UNICEF informaba en 2009 que

“[…]el número de adopciones ilegales de niños del Este y del Sureste del continente hacia Europa occidental está también al alza” [22].

Lo cual nos lleva a esa conclusión que ya adelantáramos: cuando hay vendedores que incurren en ilicitudes (e inmoralidades) es porque existen compradores ilícitos (e inmorales), que no es sino repetir aquella analogía que nos enseñara Henry Barbusse, a mediados del siglo recién pasado: “la luz no existiría sin la sombra”.

UNA HISTORIA MUY CERCANA

Terminemos estas reflexiones a propósito del film ‘La sconosciuta’, con una historia notable. Amarga, por cierto. Y es que la verdad es siempre amarga, cuando se la quiere mirar como es, desnuda, sin atuendos.

En uno de los sectores de Atacama, en Chile, y en plena dictadura pinochetista, vivía una familia compuesta de padre, madre y dos hijas de 22 y 24 años.

La familia aquella experimentaba enormes dificultades económicas. Ciego e impedido de trabajar por esa circunstancia, con una pensión miserable, el padre era cuidado por su mujer en tanto las hijas recorrían constantemente la zona en busca de trabajo.

Un día llegó a manos de ellas un ejemplar atrasado de ‘El Mercurio’ de Valparaíso en el cual aparecía un prometedor aviso: cierta empresa extranjera, instalada en el puerto, ofrecía trabajos bien remunerados de camareras para desempeñarse en un hotel de Venecia; el único requisito exigido era que las aspirantes a esos empleos tuviesen ‘buena presencia’ y conocimientos básicos de inglés.

Llamaron las jóvenes al teléfono que aparecía en el anuncio del periódico para averiguar un poco más acerca de las condiciones de trabajo, y concertaron una entrevista, en el puerto, con el encargado de las contrataciones, tras la cual tuvieron ambas hermanas el convencimiento que aquella ocasión no debía en modo alguno desaprovecharse: la empresa les pagaba el viaje, podrían ahorrar dinero y enviarlo a sus padres y conocerían, finalmente, Europa. Así, firmaron el contrato aceptando la fecha de partida establecida por sus nuevos patrones.

El viaje no se realizó en avión, sino en un barco de carga. Las jóvenes contratadas, aproximadamente en número de 50, fueron embarcadas en los diversos niveles del navío, aisladas, de a dos en cada camarote. La puerta del mismo les fue cerrada con llave. Se iniciaba, así el comienzo del drama: se habían transformado en prisioneras de sus empleadores. Esa misma noche, la primera noche de travesía, comenzó el mal trato: la puerta del camarote de ambas jóvenes se abrió violentamente, y aparecieron dos sujetos que empezaron a golpearlas sin motivo alguno para, luego, desnudarlas y proceder, de inmediato, a violarlas. Un trato similar recibió el resto de las mujeres embarcadas con ellas.

Golpeadas y asaltadas sexualmente, sin posibilidad de pedir ayuda, las jóvenes se entregaron a su destino. Noche a noche y, a menudo, durante el día, se repitieron los asaltos sexuales; uno y otro miembro de la tripulación copuló con ellas. La travesía duró un mes, y durante ese período, las jóvenes aprendieron lo que, a partir de ese momento, iba a ser su fuente de trabajo. No llegaron a Venecia como se les había dicho, ni a ningún hotel donde se las esperase para servir de camareras, sino a Nápoles, ciudad en donde fueron entregadas a casas de prostitución bajo apercibimiento de ser muertas si intentaban huir. Todas aceptaron su destino; todas ejercieron de prostitutas en Nápoles. No podían salir del lugar al que se las había confinado, por temor a ser agredidas por sus captores, no conocían en un principio ni confiaban, después, en la policía napolitana a cuyos efectivos vieron en algunas oportunidades participando de las tertulias que organizaban sus captores, y temían ser encarceladas para ser, luego, repatriadas por las autoridades italianas. Ninguna tenía permiso de residencia. Ninguna sabía, siquiera, si existía en la ciudad consulado alguno de Chile al que recurrir.

Las historias de la vida real no se organizan en la forma sostenida y continua de tragedia; tampoco lo hacen como entera comedia. Aunque puedan tener desenlaces en extremo aciagos o venturosos. La historia de las jóvenes chilenas, trasladadas bajo engaño y contra su voluntad a Nápoles y obligadas a prostituirse en esa ciudad, no tuvo un final dramático; pero tampoco fue de extremo gozo o felicidad. Un abogado griego se encargó de dar un giro distinto a los acontecimientos, al aconsejarles huir de ese lugar y dirigirse, de la manera que fuese, a Atenas donde sí podría ayudarlas a obtener un trabajo menos denigrante.

Las jóvenes siguieron aquel consejo: huyeron a Grecia y ubicaron la oficina del profesional quien, sin mayor dilación, las puso en contacto con el dueño de un cabaret. Ambas hermanas fueron contratadas por aquel en el carácter de bailarinas del local, con un sueldo que les permitió vivir con cierta tranquilidad. Nunca nadie más las molestó ni obligó a hacer algo en contra de sus voluntades. Una de ellas casó, más tarde, con un taxista griego y pudo viajar a Chile a visitar a sus familiares.

Esta es una historia ya antigua. No hemos vuelto a tener información sobre ambas jóvenes. Presumimos que siguen en Grecia y han podido dejar atrás parte de aquel pasado tan oprobioso. Si es así, constituiría ese caso uno de los pocos en que sus protagonistas han podido escapar de las garras de la mafia del tráfico de blancas.
Estocolmo, septiembre de 2010

Notas:

[1] La película se llama, en castellano, ‘La desconocida’. En Suecia fue exhibida con el nombre de ‘Dolda identitet’, que significa ‘Identidad oculta’. No es el único film europeo que se refiere a los graves problemas producidos con ocasión del desplome del socialismo real; también lo hizo la película ‘Eastern promises’, también de 2007, que contara con el auspicio de la BBC.
[2]Esta situación nos trae a la memoria el vergonzoso comercio de los bebés de las ejecutadas políticas, efectuado por las Fuerzas Armadas, en Latinoamérica durante las dictaduras de Videla y Pinochet.
[3] No se trataba de cualquier profesión, sino de aquellas que se relacionan con la aplicación de conocimientos técnicos. Las profesiones humanistas no se consideraban; por el contrario, estaban totalmente desvalorizadas.
[4]El precio de la mano de obra que exige la central sindical sueca LO es poco más de cien coronas la hora; sin embargo, los trabajadores inmigrados ganan entre 15 y 20 coronas por hora. Este desnivel pone de manifiesto la extrema explotación de personas que provienen, incluso, de países que integran la Unión Europea, como lo son los países bálticos.
[5] Jamás las mujeres obtuvieron conquistas bajo las reinas de Inglaterra, Suecia, Rusia, Holanda, en fin. Tampoco bajo los gobiernos de líderes como Margaret Thatcher, Indira Gandhi, Eva Perón, Violeta Chamorro, Estela Martínez, etc.
[6] La prostitución oculta se dio en la época de los reyes con la instalación de la institución de ‘la favorita’. Hoy se da con los grandes magnates de la industria, de la banca y del comercio; en la industria cinematográfica, y en los grandes actores de la política mundial. No insistiremos, al respecto.
[7] El proxeneta es lo que en Francia se le denomina ‘souteneur’; en España es el ‘rufián’ o ‘chulo’ y en Chile se le llama ‘cafiche’.
[8] Publicado en El País digital de 30 de junio de 2010.
[9] Contrato de la mafia proxeneta con una joven nigeriana, publicado en El País digital de 26 de agosto de 2010.
[10] No ocurre de manera diferente con el caso de las ‘pateras’ que transitan desde África transportando inmigrantes indocumentados hacia España, Italia o Francia.
[11] Informe de UNICEF contenido en “La voz de Galicia”, periódico digital de 29 de octubre de 2009.
[12] Véase diario El País digital citado en (7).
[13] La embajada de Chile, a poco de asumir la Concertación, ‘importaba’ empleadas domésticas (‘asesoras del hogar’)desde la nación sudamericana para evitar el pago de las remuneraciones a que obliga la ley sueca.
[14] Informe 2007 sobre trata de seres humanos con fines de explotación sexual, informe de la Guardia Civil española publicado en el diario El País digital de 26 de agosto de 2010.
[15] Información tomada de “La voz de Galicia”, periódico digital de 29 de octubre de 2009.
[16] Poco o nada tiene que ver con este análisis, pero parece conveniente tener presente que la situación económica en los países del Este ha creado a partir del derrumbe del socialismo real y de la crisis de 2003/2005 lo que se conoce como ‘euro-huérfanos’, niños que quedan solos en su país mientras sus padres viajan a las naciones ricas en busca de trabajo. En Moldavia se calculaban en 100 mil los niños abandonados por este motivo, en 2010; en Rumania, la cifra supera los 350 mil; en Polonia 500 mil, en Letonia, 100 mil. Un tercio de la población letona ha emigrado del país luego de la crisis antes indicada; la mayoría se ha empleado en el carácter de sirvientas en Suecia, país que ha visto con muy buenos ojos este comercio. En Suecia, se tienen antecedentes que, por lo menos 40 mil polacas se han radicado en el país para servir de aseadoras o empleadas domésticas. Los niños abandonados en África, por razones de trabajo de sus progenitores, superan el millón. ¿Cuántos de ellos terminarán en manos de pederastas? ¿Cuántos se prostituirán para poder vivir?
[17] Id (13).
[18] The Observer, 18 de abril de 2004
[19] Ver sentencia del Tribunal Supremo en diario El País digital de 26 de agosto de 2010.
[20] The Guardian, 18 de abril de 2004.
[21] Informe contenido en el diario digital citado en (13).
[22] Informe contenido en el diario digital citado en (13).

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