La ideología o la comedia de las equivocaciones

Por: Ludovico Silva
Fuente: http://www.correntroig.org (16.05.10)

Caracteriza también a los manuales de marxismo cierta pereza intelectual para tratar uno de los problemas centrales de la teoría social de Marx: la ideología. He tratado este problema largamente en otros libros, a riesgo de parecer pedante. Desde que escribí mis libros La plusvalía ideológica, El estudio literario de Marx y Teoría y práctica de la ideología, mi pensamiento sobre el concepto de ideología no ha variado mucho. Al calor de una infinidad de discusiones, charlas y conferencias he tenido que apretar algunos tornillos flojos, tales como el referente a la posibilidad (teórica y práctica) de una “ideología del proletariado” que implicase una noción positiva de la ideología, y no esa noción negadora, suspicaz y peyorativa que, siguiendo a Marx, he manejado siempre. ¿Es la ideología un fenómeno específico de las zonas no conscientes del psiquismo humano, ligado a fuerzas irracionales y sometido al control social como un muñeco, o bien hay la posibilidad de una ideología consciente, revolucionaria, destinada a luchar contra los valores establecidos por la clase dominante? Tengo muchas dudas acerca de la posibilidad de una “ideología revolucionaria”, aunque haya hablado mil veces de su necesidad. Las dudas provienen de un afán de rigurosidad. Si se usa rigurosamente el vocablo “ideología”, se denotará siempre un campo de acción mental encargado de preservar los valores de la clase opresora; y es un campo que actúa en la mente de los oprimidos como fuente irracional de lealtad hacia el sistema de opresión. ¿Cómo denominar entonces (me lo han preguntado muchas veces) el campo de acción mental de aquellos oprimidos que luchan conscientemente por liberarse de la opresión? Creo que el mejor nombre fue el que le dio Marx: conciencia de clase. Dentro de su manera dialéctica de observar la historia, había dos opuestos antagónicos que él subrayó firmemente y que los manualistas han postergado: “ideología” y “conciencia de clase”. La ideología capitalista ha penetrado tan profundo en nuestros psiquismos, que hemos terminado por declarar necesaria la ideología, y hemos llegado a pensar que la ideología hay que combatirla con ideología, que es lo mismo que combatir el pecado con la vergüenza. En este sentido, dice muy bien el manual de Marta Harnecker que la ideología “se ejerce sobre la conciencia de los explotados para hacerles aceptar como natural su condición de explotados; se ejerce sobre los miembros de la clase dominante para permitirles ejercer como natural su explotación y su dominación”. Pero en otros puntos diferiré de la teoría de la ideología que Marta Harnecker expone, y tendré oportunidad de demostrarlo. La teoría que ella hábilmente maneja no es otra que la de Althusser, como la autora misma confiesa. Tiene las mismas contradicciones que la teoría althusseriana, que dice algunas verdades, pero desfigura otras.

Pero, antes de comentar los pensamientos manualescos será conveniente partir de una definición de ideología. Hay dos maneras de enfrentarse a este problema: definirla en los términos que la concibió Marx, o redefinirla con estos mismo términos, pero añadiéndole datos posteriores a la investigación de Marx. Intenté ambas definiciones en un libro, y las copiaré aquí literalmente. En realidad, más que definiciones, son caracterizaciones de un problema. la primera caracterización dice así:

“En toda la historia humana, las relaciones sociales más elementales y básicas, que son aquellas que los hombres contraen en la producción de sus medios de vida y de su vida misma, engendran en las mentes de los hombres una reproducción o expresión ideal, inmaterial, de aquellas relaciones sociales materiales”. En la historia conocida, que no por azar Marx llamaba prehistoria, desde el momento en que hacen su aparición la división del trabajo (cuya primera manifestación es la división en trabajo físico y espiritual, con lo que surge ‘la primera forma de los ideólogos’ ‘los sacerdotes’), la propiedad privada y, posteriormente, la producción mercantil, aquellas relaciones materiales adquieren el carácter de un antagonismo social entre poseedores y desposeídos, entre propietarios y expropiados: son los factores histórico-genéticos de la alienación. Este antagonismo encuentra también su expresión ideal en las mentes de los hombres: la alienación material adquiere su expresión y su refuerzo justificador en la alienación ideológica. Así como en el plano de las relaciones materiales el antagonismo cristaliza en la formación de una capa social dominante –propietaria de los medios de producción y administradora de la riqueza social según sus intereses- del mismo modo y como expresión de aquel dominio se constituye una ideología dominante. ‘Las ideas dominantes –escribe Marx- no son otra cosa que la expresión ideal (ideelle Ausdruck) de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren el papel dominante a sus ideas’. Se trata así de una formación social específica cuya función, históricamente considerada, ha consistido hasta ahora en justificar y preservar el orden material de las distintas formaciones económico-sociales. Estas segregan, por ejemplo, su propia ideología jurídica, para justificar idealmente, mediante un lenguaje casuístico, fenómenos como la propiedad privada, o los derechos provenientes de la ‘nobleza de sangre’. La propiedad privada, que constituye en sí misma una alienación, es ideológicamente declarada ‘inalienable’. La oposición de la ciencia a la ideología proviene, así, de que si la ideología tiene un papel encubridor y justificador de intereses materiales basados en la desigualdad social, el papel de la ciencia –y así entendió Marx la suya- debe consistir en lo contrario; esto es, en analizar y poner al descubierto la verdadera estructura de las relaciones sociales, el carácter histórico y no ‘natural’ de aquella desigualdad social.

“La estructura de la sociedad es comparable a los cimientos que soportan a un edificio, y la ideología de la sociedad es comparable, a su vez, al edificio mismo, o mejor dicho, a su fachada. El ideólogo, deslumbrado por la fachada social, se olvida de que son los cimientos los que soportan todo ese edificio jurídico, religioso y político, todo ese Estado; es más, declara inexistentes a los cimientos, o en todo caso, invierte las relaciones y dice que es el edificio el que soporta a los cimientos y no los cimientos al edificio; es decir, según el ideólogo, la ideología de una sociedad –su fachada jurídico-política- es la que determina el carácter de la estructura socioeconómica, y no al revés. En suma, piensa que es la conciencia social la que determina al ser social, y juzga a los pueblos por lo que éstos dicen de sí mismos, que es más o menos lo mismo que juzgar un producto comercial por la propaganda que de él se hace. Marx criticaba a la economía clásica – pese a los méritos científicos que le reconocía- el que careciese de una teoría de la explotación y fuese, por tanto, una ciencia ideológicamente fundada, encubridora indirecta de la explotación social. El arma principal del proletariado no es hacerse una ‘ideología’ revolucionaria por el estilo de los socialismos utópicos; por el contrario, su arma fundamental es adquirir conciencia de clase, una conciencia que sustituye a esa falsa conciencia que es la ideología. De ahí que deba nutrirse de ciencia revolucionaria y no de catecismos ideológicos. Marx oponía ‘conciencia de clase’ a ‘ideología’. La ideología no ve más allá de los fenómenos (los viejos phainomena de la filosofía griega, blanco de los dardos de Platónicos) o apariencias sociales; no ve, por ejemplo, por detrás de las ‘ganancias’ capitalistas la estructura económica oculta de la plusvalía; confunde el valor de las mercancías, que es determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesaria para producirlas, con su precio, que es algo determinado por el mercado.

Finalmente, la ideología es un fenómeno histórico y en modo alguno perteneciente a la ‘naturaleza’ o ‘esencia’ del hombre; lo mismo que la alienación –de la cual ella forma parte-, es un fenómeno históricamente superable. En la fase superior de la sociedad comunista, dice la Crítica del Programa de Gotha, cuando sea verdad aquello: ‘De cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades’ habrá desaparecido, en principio (aunque no quizás en modo absoluto) la necesidad de una ideología jurídica para justificar una situación social degradante. Igualmente, desaparecerá el conflicto entre la ideología de la sociedad, que proclama la bondad de esa situación social degradante, y la sociedad misma. Con la desaparición de la explotación vendrá la desaparición de la ideología de la explotación. Al desaparecer ésta, desaparecerá la ideología”. Tal era la caracterización de la ideología en los términos de Marx, como la entendí hace algunos años. Nada tendría que añadir ahora. Tal vez habría que hacer énfasis en que al hablar de esa futura “desaparición de la ideología” concomitante a la desaparición de la sociedad clasista, no estoy formulando una utopía, al menos en el sentido que se daba a esta palabra en el siglo pasado y a comienzos del nuestro (según el sentido del pensamiento utópico –Marcuse, Mannheim, Kolakowsky-, que es un sentido positivo, la teoría de Marx es utópico). No creo que pueda haber jamás una desaparición absoluta de las desigualdades sociales, y por tanto no creo que pueda haber jamás una desaparición absoluta de la ideología. Pero si creo en la posibilidad de un cambio cualitativo de la sociedad, pues la historia nos enseña que eso es posible. Probablemente, los hombres de la sociedad esclavista creían que su ordenamiento era eterno. También hoy los idólatras de la propiedad privada creen que su régimen fue dictado por alguna divinidad que les confirió la condición de inmortales. De igual modo, estamos tan acostumbrados a la existencia de una ideología de la explotación, que tendemos a eternizar tanto la explotación como la ideología que expresa y la justifica. Puede haber un cambio histórico de grandes proporciones. No un cambio absoluto, puesto que la sociedad humana no conoce términos absolutos. Si conociese términos absolutos, no habría todavía esclavos ni siervos. Pero no son la esclavitud ni la servidumbre las relaciones sociales dominantes; nuestro modo de producción es otro, basado en el trabajo asalariado… …Decía antes que era preciso caracterizar la ideología en términos distintos –pero complementarios- de aquellos que Marx empleó. Transcribiré a continuación este segundo modo de ver la ideología, tal como lo pensé hace algunos años. Note el lector cómo la sombra de Marx aparece por todas, y cómo la resulta imposible modernizar la teoría de la ideología sin partir de Marx. “Dando por supuesta la anterior caracterización, una teoría contemporánea de la ideología debe incluir por lo menos los siguientes rasgos definitorios. La ideología es un sistema de valores, creencias y representaciones que autogeneran necesariamente las sociedades en cuya estructura haya relaciones de explotación (es decir, todas las que se han dado en la historia) a fin de justificar idealmente su propia estructura material de explotación, consagrándola en la mente de los hombres como un orden ‘natural’ e inevitable, o, filosóficamente hablando, como una ‘nota esencial’ o quidditas del ser humano. (pp. 93-100)

Teoría del reflejo – Expresión

En cuanto a la deformación que considera a la ideología como un simple “reflejo” de las relaciones materiales básicas, es característico de la inmensa mayoría de los manuales decir que cosas como la “teoría del conocimiento”, el arte, la filosofía, la moral, “etcétera” (este “etcétera es clásico desde los tiempos del mismo Engels, y marcan una imperdonable ambigüedad e inseguridad teórica), son el reflejo de la “realidad” (¡como si la ideología fuese irreal¡). Dice así el Manual de Kuusinen, por ejemplo: “La teoría marxista del conocimiento es la teoría del reflejo. Esto significa que considera el reflejo de la realidad objetiva en el cerebro del hombre”. Por su parte, el Manual de Rosental afirma: “Así como las leyes de la realidad existen independientemente de la conciencia y de la voluntad de la gente, las de la cognición, las leyes lógicas, existen en la conciencia como reflejo de las del mundo objetivo. Las primeras, son leyes del mundo material; las segundas son leyes del reflejo de lo material…”. Este pensamiento manualesco está tan difundido y solidificado que ha llegado a aceptarse por parte de autores tan poco manualescos como Lukács, cuya Estética está basada en la “teoría” del reflejo. “En la base de este libro –escribe el gran marxista- se encuentra la idea general de que el reflejo científico y el reflejo estético reflejan la misma realidad objetiva”. Un agudo filósofo marxista inglés, George Thomson, a quién tampoco se podría acusar de manualesco, nos dice acerca de cierta frase de Heráclito (“Todas las cosas se transforman en fuego y el fuego se cambia en todas, como el oro por mercancías y las mercancías por oro”) que lo allí propuesto no es sino “el reflejo ideológico de una economía basada en la producción de mercancías”, observación que sería mucho más correcta si dijese, como habría dicho Marx, que la frase de Heráclito es expresión ideológica del nacimiento de la producción mercantil, y no su simple y pasivo reflejo. Cualquiera diría que se trata de una mera diferencia terminológica sin importancia; pero, en realidad de verdad, esa “diferencia” tiene consecuencias teóricas gravísimas. En lo teórico, la llamada teoría del reflejo convierte a la ideología en un mero y pasivo epifenómeno de la “verdadera” realidad, la realidad material. En lo práctico, lleva a conductas presuntamente revolucionarias para las cuales basta con cambiar las relaciones materiales para que cambie la conciencia. Ambas cosas han demostrado ser históricamente falsas, y ese pensamiento manualesco ha sido el causante de muchos fracaso en la lucha por la interpretación y la transformación de la sociedad.

2 comentarios

  1. este blog esmuy importante por que me deja claro todo lo de ideologia capitalista

  2. esmuy importante saber esto para la vida

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