Una cosa es la izquierda y otra es el progresismo

Por: Manuel Rodríguez
Fuente: http://www.cronicadigital.cl (13.04.10)

Después de la derrota presidencial de la Concertación e incluso durante la campaña presidencial reciente, el debate en torno al rol y posiciones de la izquierda y del progresismo atravesaron el firmamento político chileno, sin que se hayan adoptado posturas definitorias. Las campañas de Jorge Arrate, Alejandro Navarro, Marco Enriquez Ominami e incluso de Eduardo Frei Ruiz Tagle, dieron cuenta, desde sus propias perspectivas programáticas y sus propias geometrías políticas, de este tópico y bordearon el enfoque progresista.

El tema y el debate sigue abierto. Postulamos aquí que una cosa es la izquierda y otra es el progresismo.

Hay quienes podrían optar por limar las diferencias y hacer aparecer las zonas de coincidencia y los puntos de encuentro que pudieran conectar -en la política real y en la coyuntura inmediata- aquello que los asemeja. Somos en cambio de quienes consideramos que para que las coincidencias se conozcan y reconozcan, la izquierda -en realidad, las izquierdas- deben constantemente poner en evidencia lo que la diferencia, para desde la diversidad construir los caminos y puentes necesarios.

El progresismo, ingente diversidad de lecturas, de ideologías y de abordajes de la realidad política, actores, grupos, tendencias y movimientos de diversa organicidad, parece hoy intentar una y otra vez articularse alrededor de sus propios conceptos y creencias.

La reciente tentativa de reunir a los comandos de Frei, Arrate y Enriquez-Ominami, parece culminar en una nebulosa polémica de descalificaciones y reyertas.

El problema político e ideológico del progresismo, sin embargo, es mucho más de fondo y es mucho más profundo: se trata de una constelación variada de actores que giran en torno a postulados que intentan reformar, modificar, mejorar el sistema de dominación neoliberal, incorporando dosis más o menos intensas de justicia social, de protección social y de políticas públicas con énfasis social.

Estos progresistas aportan el adjetivo “social”, entre medio del sustantivo “economía de mercado”.

El progresismo chileno y latinoamericano es portador del virus neoliberal endulzado con políticas de protección social, pero adhiriendo invariablemente a los fundamentos del sistema de capitalismo neoliberal, mercantil y financiero que conocemos en América Latina.

El Estado de los progresistas -desde Collor de Melo y Cardoso en Brasil, pasando por Menem y Kitchner en Argentina, Lagos y Bachelet en Chile- es el mismo Estado subsidiario sometido y subordinado a las reglas imperativas del mercado, y entregado en última instancia a reglas fiscales estrictas, a una economía abierta a la exportación de materias primas y fragilizada ante los embates de las crisis internacionales.

Los adoradores del mercado (grandes empresarios nacionales y poderosas corporaciones globales e internacionales) nunca habían obtenido tan gigantescas utilidades en tan poco tiempo, como en los gloriosos años del progresismo latinoamericano instalado en el poder político, al mismo tiempo que las diferencias sociales se vuelven más profundas y abismales conduciendo a un mayor enriquecimiento de los más ricos y a un empobrecimiento de las llamadas clases medias, mientras se intentó reducir la pobreza dura.

La izquierda no puede “comulgar con las ruedas de carreta” del progresismo versión sudamericana (copia semi-fiel de la “tercera vía” europea…), simplemente porque la diferencia es una postura abiertamente contraria a la persistencia de este “modelo” de mercado, en tanto en cuanto es portadora de un proyecto político de profundas transformaciones sociales, economicas y politicas estructurales.

El progresismo mostró sus alcances y virtudes, en estos veinte o treinta años transcurridos, rompiendo el círculo de aislamiento en que habían dejado a este continente las dictaduras militares anteriores, abriendo las instituciones políticas a la democracia e instalando originales coaliciones de centro-izquierda para impulsar reformas, pero aparecieron tambien al desnudo sus limitaciones y carencias: el modelo de dominación socio-económico y político se consolidó; la sociedad cambió social y culturalmente, mientras permanecieron las mismas instituciones del pasado; volvieron las viejas prácticas corruptas, mientras aparecieron nuevas oligarquías; la participación ciudadana resultó ser parcial e insuficiente y las desigualdades sociales, económicas y territoriales se agravaron y profundizaron.

Las sucesivas crisis económicas recientes se llevaron los últimos restos de las creencias progresistas: el modelo de “capitalismo de desastre” de Milton Freedman y Friedrick Hayek ha fracasado en América Latina, tal como fue concebido originalmente allá en Estados Unidos. El “modelo” ya no es modelo.

En síntesis, izquierda y progresismo, difieren sustancialmente en el diagnóstico de este modelo de desarrollo, en el tipo de matriz socio-política que postulan para avanzar hacia el desarrollo, en el modo de inserción internacional y de relacionamiento con el resto de América Latina, en el tipo de desarrollo sustentable que pretenden impulsar, en los cambios políticos e institucionales que impulsan y en el modelo de Estado que pretenden construir en la perspectiva del siglo xxi.

El Estado de los progresistas sigue siendo el Estado subsidiario de los neoliberales.

El Estado de la izquierda es un Estado nacional, democrático, representativo y cada vez más participativo, protagonista del desarrollo nacional y de las regiones.

En este proceso hacia los cambios necesarios, mientras el progresismo apunta a la desmovilización social, la izquierda apunta a la movilización social.

La izquierda se aleja del evangelio neoliberal y asume una postura en favor de un modelo de desarrollo en que el Estado adopta un rol activo, promotor y transformador, en que se da prioridad a la mediana y pequeña empresa, se devuelve a la nación las riquezas básicas y los servicios esenciales y se orienta al país a nuevas formas de inserción internacional y de integración regional. Mientras el progresismo se apoya en el mercado dominante y en una democracia de baja intensidad, la izquierda postula la democratización del mercado, la democracia participativa, el fortalecimiento del protagonismo ciudadano en los procesos sociales, políticos y económicos.

No confundamos las cosas entonces.

Manuel Luis Rodríguez U.

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