El PC y los nuevos desafíos de la izquierda

Por: Jorge Franco
Fuente: http://www.generacion80.cl (04.02.10)

Pasada ya la elección presidencial, es evidente que, en ausencia de una clara conciencia política sobre las causas de los problemas que se palpan en el diario vivir, su desenlace se explica fundamentalmente por el cada vez más generalizado hastío que han llegado a suscitar ciertas conductas que han marcado la gestión gubernamental de los partidos de la Concertación tal como ésta logra ser percibida por la mayoría de la población. Extendidas y persistentes prácticas de nepotismo, de corrupción desenfrenada, de tráfico de influencias, alta dosis de improvisación y de trabajo mal hecho, falta de supervisión y control de los fondos que se asignan y de la calidad de las obras que se ejecutan, autoritarismo e insensibilidad frente a muchos de los problemas e inquietudes de la gente, reiterados incumplimientos de los compromisos contraídos con las organizaciones sociales, falta de una mínima voluntad política democratizadora, etc. etc.

Ciertamente los problemas de fondo son otros, pero la mayor parte de la población, expuesta en forma permanente a la incesante y deliberada labor de desinformación y distracción enajenante a que la someten los medios de comunicación, apenas logra intuirlos. En estas condiciones no es sorprendente que la derecha lograra desplegar con éxito una campaña que le permitió capitalizar una parte significativa de ese hastío generalizado. Más aún, cuando las fuerzas políticas que estaban en mejores condiciones de hacerlo, es decir aquellas que se definen de izquierda, declarándose contrarias al rumbo que los gobiernos de la Concertación le han impuesto al país e identificándose con un proyecto histórico anticapitalista, optaron en un caso por suscribir un pacto político-electoral con la propia Concertación, deponiendo o desperfilando completamente su crítica, y en el otro por automarginarse de la batalla electoral.

Ha llegado para la izquierda la hora de hacer un balance de lo obrado que permita clarificar los errores cometidos y trazar las líneas de acción a futuro, proceso que sin duda tomará todavía algún tiempo para que las ideas vayan madurando y decantándose hasta plasmar en una propuesta política suficientemente apropiada y robusta. Uno de los primeros pasos dados a conocer en esa dirección es el de la reunión plenaria realizada a fines de enero por el Comité Central del Partido Comunista. Ante ella fue presentado un informe en el que se hace un análisis de lo ocurrido y se traza a grandes rasgos la línea política que orientará la acción de este partido en el próximo futuro, todo lo cual se ve ratificado por las resoluciones adoptadas. Resultará provechoso para el necesario proceso de gestación de una alternativa política de izquierda examinar en sus aspectos medulares los contenidos de estos documentos. Puesto que las resoluciones –aprobadas, según se ha informado, en forma “unánime”– no hacen más que replicar de manera resumida los contenidos del informe, nos limitaremos a comentar principalmente estas últimas.

En el punto Nº2 de las resoluciones se afirma: “Los comunistas declaramos que la responsabilidad de la derrota de Concertación radica en la propia coalición, que durante largos 20 años no tuvo la voluntad política de hacer los cambios reclamados por el pueblo manteniendo, por el contrario, el predominio de políticas neoliberales en su gestión como gobierno. A la derrota contribuyó también la campaña realizada por ME-O, que generó confusión entre sectores descontentos de la concertación y terminó facilitando el apoyo a la derecha de un alto porcentaje de ellos.” No podemos estar en desacuerdo con la primera afirmación. Sin duda “el predominio de políticas neoliberales” y sus inevitables efectos sobre las condiciones de vida de la población se hallan a la base del desquiciamiento moral y político de la vida social, fuente del descontento popular que, aunque políticamente desorientado, terminó por pasarle la cuenta a la Concertación. El informe al Pleno es aun más claro sobre este punto ya que identifica como causa de la derrota de la Concertación “el descontento social creciente” que impera en el país.

Sin embargo, esto es contradictorio con la afirmación que se hace a continuación sobre el efecto que se atribuye a la campaña de MEO sobre el resultado electoral. Incluso cabe constatar aquí, entre ambas sentencias, un disimulado desplazamiento desde un “ellos” (la Concertación) a un “nosotros” (¿los sectores “progresistas”?), por lo que luego de explicarse el descontento con las políticas de la Concertación se procede a censurar el que ese descontento fuese exteriorizado. Pero, además, la inferencia que se hace es antojadiza: en realidad, sin la candidatura MEO lo más probable es que Piñera hubiese ganado en la primera vuelta, precisamente porque, aparte de MEO, sólo Piñera buscó dar claramente cauce a ese descontento. El PC y el Juntos Podemos, en cambio, privilegiando su pacto electoral con la Concertación, optó por no hacerlo. Prueba de ello es que la crítica al gobierno de la Concertación y su política neoliberal estuvo prácticamente ausente de su campaña, como si éste no fuese ante la ciudadanía precisamente el referente principal de la misma.

En el informe que sirve de base a estas resoluciones se va incluso más lejos sobre este punto: “¿Pero son sólo la concertación y la derecha los co-autores de este camino político que ha llevado a la derecha al gobierno? Para ser claros, no. También el sector que apoyó a Marco, que se abrió camino por momentos en forma brutal, violenta, divisionista y plagada de descalificaciones, es parte del tronco histórico y político de este camino, esto es, el de la “democracia de los acuerdos” entre concertación y derecha. Ellos provienen de ese camino impuesto por décadas. Por eso no es casual que una parte de las fuerzas y los votos que apoyaron a Marco se hayan inclinado a favor de Piñera en segunda vuelta.” Ante afirmaciones de este carácter cabe preguntarse ¿Y cómo estamos por casa? ¿Acaso la responsabilidad de su candidato presidencial, Jorge Arrate, precisamente por esa política, como indiscutido líder de la “renovación socialista” primero y luego como tres veces ministro de gobiernos de la Concertación, no es aún incomparablemente mayor? Parece que definitivamente la coherencia no es el fuerte de este informe. En consecuencia, sólo cabe concluir que la lectura “unánime” que el CC del PC hace de lo ocurrido en la elección presidencial es completamente sesgada.

Y es, además, autocomplaciente. En efecto, en su punto Nº3 la resolución señala: “El CC saluda los esfuerzos desplegados por el conjunto del partido durante la campaña de segunda vuelta. Se continuó desplegando una línea política que se ha revelado en la práctica como exitosa. Los importantes avances registrados, en especial la elección de tres parlamentarios, no deben sin embargo invalidar la necesaria crítica y autocrítica de nuestra propia actuación en el proceso electoral recién pasado.” Es decir, la vara con que el PC mide el “éxito” de su política no es lograr capitalizar el descontento popular frente a las políticas neoliberales aplicadas por la Concertación sino el haberse casi autodisuelto políticamente frente a ella, ofreciéndole un apoyo entusiasta, a cambio de tres puestos en el seudoparlamento que tenemos en Chile, erigido sobre la base del antidemocrático sistema binominal. Como se comprenderá, en este contexto, lo de la “necesaria crítica y autocrítica” no pasa de ser una frase ritual, sin contenido político alguno. ¿De qué habría que “autocriticarse” si se parte de la base de que la línea política desplegada “se ha revelado en la práctica como exitosa?”

Luego, en su punto Nº5, la resolución traza los lineamientos de la acción política futura del PC: “Los comunistas convocamos a las organizaciones y partidos del Juntos Podemos – Frente Amplio y de la Concertación a generar amplias convergencias democráticas, que hagan posible defender las conquistas del pueblo – amenazadas por el gobierno de Piñera – y, al mismo tiempo, a luchar por las transformaciones democráticas necesarias para superar los nefastos efectos de la política neoliberal impulsada en los últimos años.” Más claro imposible: este llamado tiene como destinatarios a las “organizaciones y partidos” de la Concertación, lo que equivale a decir sus cúpulas dirigentes, no a sus bases, continuando la siembra de ilusiones acerca del supuesto “progresismo” de aquellas y su disposición no sólo a “defender las conquistas del pueblo” sino también, por algún milagro que no se produjo en las dos décadas anteriores, a “luchar por las transformaciones democráticas necesarias para superar los nefastos efectos de la política neoliberal impulsada en los últimos años.” Parece que los dirigentes del PC no han escuchado a los líderes de la Concertación decir que se sienten “orgullosos” –y de ninguna manera avergonzados– de lo que han hecho durante sus veinte años de gobierno.

A continuación, la resolución del Pleno invoca los 12 puntos del acuerdo suscrito entre el Juntos Podemos y la Concertación de cara a la segunda vuelta de la elección presidencial como “un pilar fundamental para convergencias políticas y caminos de movilización y lucha social”, más claramente, como “una muy poderosa carta de navegación política para entendimientos, convergencias y alianzas”. Cabe recordar sobre esto que las dos reivindicaciones democráticas más importantes y con mayor potencial movilizador en el Chile actual, a saber la convocatoria a una Asamblea Constituyente y la nacionalización de la gran minería del cobre hoy en manos de las transnacionales, no forman parte de esa “carta de navegación política”. ¿Por qué? Sin duda, porque dichas demandas no son aceptables para la Concertación, precisamente por constituir una reivindicación clara del principio de la soberanía popular que desborda ampliamente los límites de la gobernabilidad seudodemocrática impuesta por la gran burguesía y el imperialismo en el marco de la transición pactada en 1989 entre la Concertación y el pinochetismo.

En consecuencia, lo planteado en el punto Nº7, el último de la resolución en que se consideran las perspectivas políticas que abre el nuevo escenario, tiene un significado que no es posible malinterpretar: “Los comunistas nos planteamos el desafío de crear una nueva mayoría democrática que derrote a la derecha en las próximas elecciones y abra paso a las transformaciones democráticas postergadas durante los gobiernos de la concertación. La derrota de la derecha y la conquista de un gobierno democrático y de justicia social, con un programa democrático, son los elementos que deben ordenar nuestras alianzas para este período.” Esta declaración, en la que se borra completamente toda demarcación de clase, no hace más que ratificar y profundizar la orientación frentepopulista del PC. Nadie puede llamarse a engaño: se trata de una política de clara subordinación a los objetivos de corrientes que, premunidas de una retórica “democrática” y “progresista”, expresan sobre el plano político los intereses de la burguesía y el imperialismo: tal es el significado profundo del llamando del PC a conformar una nueva alianza “democrática” con las cúpulas neoliberales y proimperialistas de la Concertación.

Buscando justificar esta orientación, en el informe se alude a la Unidad Popular y su gobierno como “una nueva versión del Frente Popular de 1938 … cuyo gobierno fue derrocado cruentamente por un golpe militar, respaldado e impulsado por buena parte de quienes ahora son el soporte político de Sebastián Piñera”. Pero esto es una flagrante tergiversación de la historia: precisamente por no tener como base un Frente Popular como el de 1938, sino un referente político y programático más avanzado, que nacionalizó la gran minería del cobre y se planteó “iniciar la construcción del socialismo”, es que el gobierno de Allende debió enfrentar desde el momento mismo de su elección la tenaz y cerrada oposición de la burguesía y el imperialismo y, finalmente, fue derrocado. Los gobiernos de la Concertación, en cambio, sólo han recibido entusiastas elogios de esos mismos sectores. En esta línea de argumentación, los dirigentes del PC pasan deliberadamente por alto que el derrocamiento del gobierno de Allende fue en verdad “respaldado e impulsado” no sólo por “buena parte de quienes ahora son el soporte político de Sebastián Piñera” sino también por “buena parte” de quienes hoy son altos dirigentes de la Concertación.

Finalmente, la orientación política delineada por el PC aparece en el informe enmarcada en el objetivo de llevar a cabo una “revolución democrática” en Chile, lo que, aparentando ser muy avanzado, solo es en realidad una figura retórica ideada para disimular el más desenfrenado oportunismo. Por cierto que es necesario impulsar con fuerza un proceso de democratización profunda en el Chile de hoy, pero esto no configura en modo alguno una suerte de “revolución” o “etapa” histórica cuyos objetivos, una vez alcanzados, sea necesario cautelar por largo tiempo, como base de unidad de las “convergencias amplias” que la harían posible, frente a nuevos posibles avances en el proceso de democratización global que se requiere en el país. Por lo tanto al plantear las cosas de esta manera lo que se está haciendo es adquirir de motu propio y desde la partida un compromiso frente a los eventuales aliados de autolimitar las demandas y las acciones solo a aquellas que sintonicen con el programa de la “revolución democrática”. ¿Y qué programa sería ese? A juzgar por el contenido del informe y las resoluciones, ese programa no sería otro que el de los doce puntos acordados de cara a la segunda vuelta en esta elección presidencial entre la Concertación y el Juntos Podemos.

En consecuencia, toda la reflexión y orientación política que emana del Pleno del PC es expresión de una concepción política clara y consistentemente reformista pero que, por las sensibilidades que toca entre su propia militancia, busca presentarse a sí misma como “revolucionaria”. Se trata de una línea política que, más allá de ciertas resonancias retóricas inderogables procedentes de su pasado, solo conduce a la autodisolución del PC en el escenario de la nueva derecha concertacionista, como le ocurrió al PC francés luego de formar parte del gobierno de Mitterrand. Esto nada tiene que ver con los grandes desafíos y tareas que conciernen al esfuerzo por poner en pie una real alternativa de izquierda en el Chile de hoy. Necesariamente, ese esfuerzo ha de estar clara e inequívocamente encaminado a superar los precarios estados de conciencia hoy prevalecientes en la mayor parte de la población trabajadora, incluida la masa cada vez mayor de los no inscritos, es decir a posibilitar la recreación de una conciencia de clase con la que lleguen a identificarse los más amplios y variados sectores de la población trabajadora. Ello no es posible sin delimitarse clara y tajantemente de la identificación ideológica y política con la burguesía y el imperialismo que forma parte del código genético de la Concertación, interpelándola y desenmascarando el verdadero y limitado alcance de su retórica democratizante, allanándose a impulsar a lo más iniciativas conjuntas sobre el terreno de la acción en el marco de una consistente política de frente único.

Jorge Franco
Santiago, 2 de febrero de 2010

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