Historia de la Medicina en el Estado Moderno o Estado del modelo capitalista.

Fuente: http://www.kaosenlared.net
(30.01.10)

En el sistema liberal o modelo de Estado moderno, también los avances sociales son posibles (y de investigación, conocimiento, tecnológicos…) y permitidos, incluso promocionados, siempre que no ataquen los principios de la producción y el esfuerzo: el individuo ha optimizado su vida, supeditado su salud a un modelo de vida del trabajo, donde el valor principal, central, es el resultado del mismo, antes que la vida, libertad y bienestar del individuo, el cual se convierte en un medio y no en un fin, dentro del sistema. La felicidad (ésta y la sumisión pueden efectivamente coexistir en algunas ocasiones) podría ser tolerada, pero nunca podría desplazar al estado de servidumbre o utilitarismo. ¿Qué papel jugó la medicina y la ciencia en este enfoque?

(Procedo en este artículo a resumir fragmentos de un texto base de la historia de la medicina junto con una interpretación personal y un análisis crítico según mi experiencia en el area de la salud)

A lo largo de la historia el problema de la enfermedad se ha ido superando (a grandes rasgos) de formas parecidas, si bien destaca el paso a la época moderna, donde por necesidades importantes debidas a un cambio inesperadamente brusco en el estilo de vida, muchas sociedades se vieron forzadas a enfrentarlo de una manera más compleja y original. La población sucumbía en masa, la enfermedad se presentaba ahora como un problema acusado y era inaplazable buscar alguna solución para aminorar la morbilidad que hacía estragos.

La primera etapa engloba a las sociedades primitivas, antiguas civilizaciones, y la Edad Media, donde la enfermedad fué considerada un asunto privado y personal. Apenas se desarrolló (su remedio: la medicina), y si lo hizo, fué en forma de actuaciones colectivas frente a problemas puntuales de plagas, infecciones generales, etc. con la finalidad de detener su extensión. Curas mágicas, levantamiento de obras arquitectónicas, o formas de vida que favorecían la buena salud convivían como cultura o hábitos, creando tradiciones. La sabiduría popular (también el clero) se ocupó de despachar este problema más o menos. Notese la corta esperanza de vida de la población durante estas etapas iniciales y el nulo desarrollo de la ciencia médica.

Curiosamente este modelo de valoración y atención de la salud física ha permanecido hasta incluso (aunque ya matizable) mitad del siglo XX, donde nacieron modelos de atención global de la enfermedad., ya que como explicaré, a título personal no considero la atención parcial de la convalecencia una forma avanzada de atención de la salud. (Procedo a clasificarlo como un modo de transición más bien)

Ya en el siglo XVIII empezó a necesitarse un nuevo tipo de actuación-resolución frente a la enfermedad: la población se hacinaba en ciudades, se industrializó, se transformó en una especialista trabajadora u obrera. Hubo una revolución en ese sentido…y en el sentido físico: a la par el cuerpo y la mente pasaron factura, el pueblo enfermó de manera tan rápida y arrasadora, que famosas epidemias mobilizaron a las autoridades del momento a investigar cómo resolver esta situación de alarma y crisis.

Así empezó el individuo a centrar su existencia en el trabajo, así enfermó irremediablemente. Esta correlación es la clave del asunto, de la medicina, del estado, de muchos valores, incluso de este texto. Y curiosamente encierra resulta sarcástico saber cómo una relación causa-efecto tan evidente e indiscutible, ha sido silenciada, minimizada (hasta su desautorización y desaparición) de tal manera que ha sido pasado por alto una y otra vez por la ciencia (especialmente la medicina), por los Estados y por muchos intelectuales especializados en….factores secundarios, menos determinantes de la salud humana.

Me explicaré: con este drástico cambio de modelo de vida en el s XVIII en adelante, se crea o nace lo que llamamos el Estado Moderno, y el utilitarismo. Reincido en que tenemos una clave esencial en el trabajo, en su rentabilidad (y en la medicina como cómplice para hacerlo posible) para crear el estado Moderno, que no es otra cosa que la construcción y diseño de un completo modo de economía, sociedad, costumbres. Un modelo de existencia centrado en el utilitarismo: según este utilitarismo, las personas somos consideradas recursos humanos aprovechables y valiosos. Producimos riqueza (para las oligarquías o las clases altas o el sistema y de rebote para el resto) y bienestar, consumimos….Somos instrumentos, herramientas útiles para contruir cosas. Somos rentables. Servimos para trabajar y es bueno, compensa, cuidar de estos recursos prácticos: en consecuencia desde entonces, se piensa que alargar la vida y cuidar de ella es muy conveniente y necesario. Algunos lo empezaron a llamar moral, la vida era un bien moral. Pero en realidad el término era lo de menos, todo era la misma cosa: lo que antes no era valorado, no era codiciado, no era clasificado ni estudiado, no era nada más que algo que habitaba y vivía, se transformó en un negocio. Ahora sí, lo antes neutro, ahora se honraba, sacralizaba y dignificaba. Me refiero al trabajador y el trabajo. El trabajador era un bien particular, ya que su naturaleza (humana, vital…) requería un cuidado físico a diferencia de cualquier otro medio productivo (o eso, o la rentabilidad dejaba de compensar) Obviamente en aquella época su visión de sí mismos no era la misma que la mía. Supongo que se dejaron fascinar por la revolución coyuntural sin prestarle atención al precio a pagar (la salud) creyendo acceder a algún tipo de mejora que resarciera, y confiando en solucionar el grave “daño colateral” asociado al trabajo y nunca admitido. Probablemente no asociaron demasiado la presencia de tanta epidemia con la fatiga y otras causas sociales. Recordemos que quien mucho trabaja, poco piensa. Pero eso son mis elucubraciones.

Para solventar todas estas plagas insalubres es como se organizó el paquete de medidas que repito, conformaron el Estado Moderno: un conjunto de normas prácticas, un cuerpo de policía encargado de hacerlas cumplir, nacimiento de disciplinas nuevas dentro del conocimiento (y esto también es irónico) como la demografía, estadística, medicina clínica, policía médica, fomento de la higiene pública (vanguardista sistema de alcantarillado) y privada, creación de hospitales y más. La medicina ordenó adoptar nuevas costumbres como una especial atención de la crianza y apoyo a la familia para ello. Este paquete de medidas se tradujo en un aumento de la esperanza de vida. Y todos quedaron contentos, sólo que ahora trabajaban mucho, en malas condiciones y tenían una sociedad mucho más organizada de estructuras-engranaje más complejas. El hombre siempre se había tratado como un competidor, pero por fin lo hacía como un instrumento, si me permiten caricaturizar la escena.

La creación y organización del Estado Moderno por diseño político adquirió así un enfoque utilitarista que hoy conocemos como capitalismo liberal. La medicina y los servicios mencionados no fueron más que meros vehículos de realización de tal proyecto. Un plan que era ironía pura, pues posibilitó una organización que mejoraba la forma de vida mientras iba instrumentalizando al individuo de forma silente y bochornosa como engranaje de un negocio. Esta misma vergüenza que la ciencia médica, epidemiología y tantas disciplinas se encargaron de vaporizar e invisibilizar por una vía llamada “simplificación o reducción” de los factores que causaban enfermedad.

De varias maneras, se equivocó intecionadamente a la población induciéndola a pensar que la enfermedad no estaba íntimamente ligada a la pobreza, la explotación y a un modelo social de vida basado en la idea de que la persona debe trabajar para vivir y hacerlo para vivir bien.

Los Estados neoliberales desarrollaron la parte de la ciencia que estaba orientada a ofrecer explicaciones racionales a las causas de la enfermedad (causas selectivas, cómo no), considerando aquellos factores que no importunaran al modelo político vigente: tal ciencia señaló a la mala higiene, a las causas biológicas y los factores de riesgo asociados a la morbilidad como aquello que afectaba a la salud. Incluso el individuo y su moral o costumbre fué culpabilizado. Se trabajó bien en esa linea. Y hay que reconocer que fué un buen trabajo de investigación y desarrollo entre siglos XVIII a XX el que se hizo, incluso fueron avances muy innovadores en esas épocas. Pero ahí quedó todo. Cuando irremediablemente alguna investigación, alguna corriente, señalaba a la pobreza, a la problemática social y al diseño político como responsables, incluso como causas principales, incluso como desencadenantes de todo el mal diría yo, todo el proyecto se finiquitaba, se dejaba de apoyar. La ciencia ayudó a explicar y paliar la enfermedad, sí, pero siempre ha ocultado la hipocresía de trabajar para un sistema que instruye al ciudadano la idea de que la ciencia médica cura para vivir bien, con dignidad, cuando le está curando para que trabaje más y mejor. La ciencia ofrece, aunque parezca lo opuesto, las menos válidas de las explicaciones de la aparición y presencia de la enfermedad (construyendo para ello un conjunto de complejas ramas teórico-prácticas) y enmascara la principal, la causa social: ¿el trabajo y el modelo político que lo eleva al centro: es una actividad que nos aporta un motivo suficiente, compensatorio a enfermar constantemente o vivir enfermos? ¿nos aporta un bien integral?

Integralmente respondiendo: NO, la ciencia nunca ha sido integral al dejarse fuera aspectos de la enfermedad con carga política sumamente importantes. La ciencia no ha sido neutral, la ciencia ha sido mutilada o dirigida en el aspecto demandado, con un fin manipulatorio. La ciencia ha sido pseudociencia al no ser social, reordenando artificialmente la relevancia de lo que importaba.

Sin una mirada sincera, completa (integral), desinteresada, la ciencia, las instituciones para mantener un país entero al servicio del trabajo se tornan en una excusa para, la producción de bienes y mantenimiento perpetuo del peón al servicio ajeno.Es mantener un sinsentido por la eternidad. Actualmente hemos llegado más lejos y los psicólogos de empresa recalcan que un individuo feliz rinde más. Pero se olvidan de explicar que un individuo destinado a producir, no puede ser feliz. Como mucho, puede ser menos infeliz. No puede vivir sano, no puede ser digno y no puede dejar de ser manipulado. La idea de un empresario de un trabajador feliz llega a sorprender. Las técnicas de recursos humanos (esto es, de los psicólogos) para cambiar la visión del peón sobre su empresa no ve una barrera ética. La ciencia se está portando mal, se está usando (utilitarismo) desde que nació, desde su base.

El obrero no podrá sanar, cuando la medicina que le deba atender entre en conflicto con el bien privado (principio liberal)

El ciudadano no podrá ser digno en un ambiente viciado, tratado como una mercancía, un medio antes que un fin.

Y no podrá ser feliz, si su felicidad entra en conflicto con unos intereses económico-políticos, por encima de su libertad.

No podrá ser nada mejor que lo que el modelo director tolere sin peligrar por ello. La felicidad existe como accidente en el liberalismo, cuya meta sólo es el beneficio del trabajo y el control de sus componentes. (Pero el liberalismo se jacta de formar ciudadanos felices.)

El liberalismo jamás permitirá la libertad de su peón, pero podría permitir algún tipo de sucedáneo de felicidad, siempre controlada.

El modelo capitalista nos presenta la falsa idea de que mejora nuestras vidas y nos acerca la felicidad y el éxito, mientras nos manipula para el servilismo a través de la reducción lingüistica y práctica, de la verdad y de la ciencia, mediante la parcialidad.

Las siguiente etapas en la historia de la medicina han sido omitidas en este artículo por razones de espacio pero pueden consultarse en el artículo base: http://guajiros.udea.edu.co/fnsp/cvsp/La nocion de salud publica.pdf especialmente seleccionado por mí por su contenido social de denuncia, omitido, minimizado en otros textos de historia de la medicina de uso corriente en las facultades españolas.

http://guajiros.udea.edu.co/fnsp/cvsp/

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