El significado fuerte de la ideología (extracto)

Por: Eduardo Jorge Arnoletto
Fuente: http://www.eumed.net/libros

Veamos primero el denominado “significado fuerte”. La evolución posterior a los estudios de Marx puede caracterizarse en grandes rasgos como un olvido de la conexión marxista entre ideología y poder, pero conservando el caracter de falsedad y la determinación social. Luego se enfatiza uno de los dos aspectos y se olvida el otro.

Karl Mannheim (4) (1883-1947) abandona la tesis marxista de la génesis de la ideología ubicada en las relaciones sociales de dominación. Generaliza el principio de la determinación social del pensamiento de todos los grupos y clases sociales; deja de lado el tema de la falsedad y concluye diluyendo la ideología en la sociología del conocimiento.

Mannheim centra su atención en el problema del funcionamiento del pensamiento en las esferas pública y política de la vida social (5). Parte de la tesis marxista que sostiene que son las condiciones de la existencia social las que determinan la conciencia social, y afirma que según la posición que los hombres ocupan en la estructura social tratan de cambiar o de conservar las condiciones de su existencia.

Mannheim rechaza, como Marx, toda separación entre pensamiento y acción. Afirma que su “teoría sociológica del conocimiento” ofrece una guía científica para la acción hacia el cambio social (al que él llamaba “planificación para la libertad”).

Mannheim considera que la “teoría sociológica del conocimiento” puede explicar como se originan las ideas pero no si son verdaderas o falsas. La interpreta como “un típico instrumento moderno de análisis y reflexión”, hecho posible por una era de gran movilidad y comunicación social.

Sostiene Mannheim que los conflictos de intereses y la opresión generan corrientes opuestas de pensamiento. Denomina “ideología” a la justificación de la situación existente y “utopía” a la expresión de la rebeldía de los oprimidos. Ambos están “determinados por la situación”, o sea, por las condiciones de existencia y los intereses de sus portadores.

Mannheim distingue una “concepción particular” y una “concepción total” de la ideología. La primera son ocultamientos parciales de la realidad en aspectos no acordes con los propios intereses. La segunda es la cosmovisión de una época, de un pueblo o de una clase social, como por ejemplo, “el pensamiento conservador”, “la ideología liberal-burguesa”, etc.

El acceso a esa concepción total de la ideología exige un análisis sociológico que se verifica en tres instancias:

– la “formulación especial”, cuando un grupo descubre la “determinación situacional” de las ideas de sus opositores, pero no la de las propias.

– la “formulación general”, cuando también es sometido al análisis ideológico el propio pensamiento, y no sólo el ajeno.

– la “sociología del conocimiento”, cuando se hace de todo ello una investigación no evaluativa completa.

Mannheim sostiene que la verdad no es “relativa” (como suele decirse, en un abuso del perspectivismo situacional, como si “todo diera lo mismo”). Para Mannheim la verdad es “relacional”, aunque no aclara mayormente las implicaciones del relacionismo con la validez y la verdad. Por otra parte siempre reconoció que “..hay un residuo irreductible de evaluación inherente a la estructura de todo pensamiento”.

Resumiendo, pues, los principales enfoques del complejo pensamiento de Mannheim sobre la ideología, diremos que ideología tiene para él dos significados: uno particular, que es psicológico y califica las afirmaciones contrarias como mentirosas; y otro total, que indica solamente el condicionamiento social de todas las afirmaciones. En este nivel se comprende que todos los puntos de vista deben someterse al análisis ideológico; y entonces la concepción total de la ideología se subsume en la sociología del conocimiento. Por otra parte, Mannheim diferencia “ideología” y “utopía”. La primera sustenta y defiende la situación establecida y la segunda tiende a modificar la situación existente por otra más acorde con la meta utópica.

Vilfredo Pareto (1848-1923) plantea un análisis crítico de la ideología, como revisión minuciosa de la falsedad de las teorías sociales y políticas. Pareto descarta la tesis marxista de la génesis social de las ideologías, y la atribuye a “instintos fundamentales de la naturaleza humana”.

Pareto (5) sostiene que la gente necesita que su conducta, la cual en realidad es predominantemente no lógica, parezca lógica. Los hombres, entonces, elaboran explicaciones seudológicas de sus actos, y terminan creyendo que esas explicaciones expresan las causas de su conducta, cuando en realidad son los sentimientos los que la impulsan a la acción.

Esa necesidad de elaboraciones lógicas es lo que en lenguaje paretiano se conoce como “derivación propiamente dicha”, cuya manifestación o producto son “razonamientos de diverso tipo”. Evidentemente estamos cerca de lo que, en otro lenguaje, llamamos ideologías.

Pareto designa como “residuos” a los elementos de la conducta observable que son constantes y permanecen una vez que, por observación y análisis se han separado los elementos variables, anecdóticos. Los “residuos” son manifestaciones de instintos o sentimientos que configuran el trasfondo de toda conducta.

Pareto afirma que “..para inducir a la gente a actuar de determinada manera, es necesario recurrir a las derivaciones, ya que éste es el único lenguaje que llega hasta los sentimientos del ser humano”. Residuos y derivaciones son, en lenguaje paretiano, los fundamentos psicológicos del equilibrio social, que en última instancia se basa en que haya quienes sepan explotar en su beneficio y en beneficio del conjunto social los sentimientos reverenciales de las masas.

Intentando una síntesis de las principales ideas del complejo pensamiento paretiano, diremos que, especialmente en su “Trattato de sociologia generale” (1916) presenta una visión de la humanidad y de la historia en clave psicológica, cuyos factores permanentes spn los sentimientos, instintos e intereses humanos, que se evidencian en los llamados “residuos”; y cuyas opiniones, cosmovisiones y teorías son “derivaciones” originadas en la necesidad humana de fundar racionalmente una conducta que, en realidad, está motivada en sus instintos y deseos.

Con el pensamiento de Pareto entronca la más reciente interpretación neo-positivista, que ve a la ideología como una deformación en las creencias de las personas, producida por sus sentimientos y pulsiones. Estas ideologías disfrazan los juicios subjetivos de valor con la apariencia de juicios objetivos de hecho.

Frente a estas corrientes, Giovanni Sartori (6) expresa bastante bien la postura predominante en la Ciencia Política contemporánea. El relega el significado fuerte de la ideología al campo de la crítica social y de la sociología del conocimiento, considerándolo poco útil para los estudios empíricos de los fenómenos políticos.

Dice Sartori que “..las discusiones sobre ideología caen en dos grandes sectores: la ideología en el conocimiento y/o la ideología en la política”. El primer aspecto implica responder a la pregunta: el conocimiento del hombre, está condicionado o distorsionado ideológicamente? Sartori considera que ideología es lo opuesto al conocimiento válido. El segundo aspecto plantea la pregunta: es la ideología un aspecto esencial de la política? Qué puede explicar? Sartori sostiene que aquí lo importante no es “el valor de verdad” de la ideología sino su “valor funcional”.

Aunque haya disposición a admitir que el significado fuerte de la ideología contiene elementos que se perciben como verdaderos, es bastante problemática su incorporación al estudio empírico de la política.

Para que la Ciencia Política occidental pueda recupera el significado fuerte de la ideología sería preciso reformular en términos empíricamente aceptables el concepto marxista de la ideología como falsa conciencia, y el nexo entre falsedad y función social de la ideología.

Este replanteo presenta numerosas dificultades, que se refieren a la estructura, la génesis y la función de la ideología. Respecto de la estructura, se trata de encontrar un significado preciso y empíricamente operable de la “falsedad” de la creencia ideológica. Respecto de la génesis, se trata de encontrar una relación clara e inequívoca entre los intereses de la clase política y la creencia ideológica. Respecto de la función, se trata del problema de determinar empíricamente la acción de la creencia ideológica en la justificación del poder y en la integración política de la sociedad, tanto en la obediencia como en la dominación.

En lo relacionado con la función social de la ideología, lo más difícil es poder explicarla empíricamente como una máscara de los intereses de los poderosos que opera a la vez como falsa conciencia de los gobernados, En este aspecto, quizás podría proponerse una hipótesis basada en un “cruce de necesidades”: la necesidad de ser creída de la élite “se cruza” con la necesidad de creer de la masa, en el contexto de una socialización política simétrica, por lo que ambas aceptan la misma creencia.

Pero todo este trabajo está aun por hacerse en gran parte, aunque hay algunos principios alentadores (7).

Una forma de definir la falsedad de la ideología es entenderla como una falsa representación: es falsa porque no corresponde a los hechos. En el planteo marxista, las ideologías son falsas representaciones de la realidad porque están determinadas por el proceso real de la vida en el que actúan. En el planteo paretiano, hay que distinguir entre el aspecto objetivo y el aspecto subjetivo de los fenómenos sociales. “Es necesario distinguir siempre -dice Pareto- el fenómeno objetivo concreto de la forma bajo la cual nuestro espíritu lo percibe..”.

A esta forma de entender la falsedad de la ideología pueden oponerse al menos dos objeciones:

– empíricamente, entre la veracidad/falsedad de las representaciones y su eficacia/ineficacia social no hay relaciones significativas: pueden ser veraces e ineficaces, falsas y eficaces, o viceversa.

– las creencias ideológicas son descriptivas de situaciones y prescriptivas de acciones. La falsedad puede sin duda referirse a la primera parte, pero, hasta qué punto puede atribuirse a la segunda? que es la más importante.

Otra forma de definir la falsedad de la ideología es entenderla como una falsa motivación: un encubrimiento de los motivos reales de la dominación y de la obediencia. Este enfoque es el más prometedor para los estudios empíricos de la política.

En nuestra opinión, en toda esta polémica no se ha tenido en cuenta la real complejidad de los factores en juego. Se habla de veracidad o falsedad con la misma vocación totalizadora que evidencian las ideologías mismas, como si se tratara de planteos simples. Sin duda, cada ideología, como conjunto complejo, contiene verdades y mentiras, enteras y a medias, hechos reales mal interpretados y buenas interpretaciones de hechos imaginarios, etc.

Las ideologías (todas las ideologías) no son verdaderas o falsas “en bloque”, sino más bien parciales e insuficientes para abarcar la realidad social en toda su paradojal complejidad. Como una respuesta a las necesidades securitarias de la gente son totalizadoras, afirmativas e impositivas, como intelectuales sabihondos, pero la confrontación con la realidad histórica termina siempre señalando sus carencias.

Algunas, como ciertos enfoques del liberalismo, tienden a negarse a sí mismas como ideologías; como quien dijera: “ideología es lo que creen los demás; lo mío es pragmatismo puro, algo práctico y realista”. Otros, como el marxismo-leninismo clásico, hablan de sí mismos como la “verdadera” ideología, frente a las falsedades que creen los demás…

Como son parciales, insuficientes, incompletas; y como, además, nunca se las aplica tal cual sino en forma sutil o burdamente tergiversada, las ideologías en la práctica histórica producen con gran frecuencia resultados imprevistos, inesperados, indeseables; que sorprenden y frustran a los pueblos, y los impulsan a cambiarlas por otras, con las que ocurre lo mismo. De tal manera, en los procesos políticos de larga duración, todo parece marchar hacia su contrario (la enantiodromia de Heráclito?) es decir, hacia ninguna parte.

Vamos a desarrollar un ejemplo simple para explicar esto: tanto la ideología liberal capitalista como la ideología marxista-leninista se han considerado, cada una a sí misma, como la mejor, la única verdadera, la insuperable, etc., en sus momentos de plenitud. Sin embargo, ambas son deficientes, completamente insuficientes para satisfacer las necesidades humanas; y así lo han demostrado prácticamente en la historia.

Actualmente estamos viviendo un periodo de auge del liberalismo y de repliegue de los socialismos, cuyo parecía el futuro no hace muchos años. Décadas atrás, ocurrió lo mismo pero a la inversa. Por qué ocurren estos vaivenes? Creemos poder afirmar, por experiencia histórica, que el liberalismo es muy eficaz para asegurar la libertad e iniciativa individual, sobre todo de los mejor dotados…y los mejor ubicados, y para crear gran abundancia de bienes materiales. Es muy ineficaz, en cambio, para asegurar un mínimo de igualdad entre los hombres (aun de igualdad de oportunidades) y para hacer una correcta distribución de la riqueza producida. Su dinámica genera, además, periódicas y dolorosas crisis, para las que no se ha encontrado verdadero remedio; y no ofrece protección contra las desventuras y contingencias de la vida.

El marxismo-leninismo, y en general, los socialismos, son eficaces para asegurar cierta igualdad y distribución de la riqueza; operan como una buena técnica de racionamiento y ofrecen protección contra contingencias. Son muy ineficaces, en cambio, para crear condiciones de libertad e iniciativa, y para crear abundancia de bienes.

Por otra parte, ambos tipos de ideologías son muy ineficaces para lograr una buena relación con el medio ambiente natural, una protección del equilibrio ecológico, etc. y para colmo, en su arrogante confrontación, ambos dedicaron buena parte de sus recursos a preparar su mutua destrucción en lugar de atender las reales necesidades humanas.

Los socialismos encontraron un propicio caldo de cultivo en los efectos indeseables del liberalismo: pobreza de las masa, crisis recurrentes, etc. El liberalismo encuentra ahora campo propicio para expandirse debido al fracaso socialista en la creación de abundancia de bienes y de libertad individual.

Si esta hipótesis es cierta, podemos predecir que en las primeras décadas del próximo siglo estaremos transitando el camino de algún “neo-socialismo”, después de haber experimentado los efectos “inesperados” de las promesas liberales… hasta cuando? Las ideologías en nuestra opinión, no son simplemente falsas: son incompletas y arrogantes. De sus dos defectos, el peor es el segundo. Pero son también necesarias; sería muy deseable -eso sí- que la experiencia histórica permitiera mejorar la calidad del material ideológico con el que nos manejamos…

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(4) Karl Mannheim “IDEOLOGIA Y UTOPIA”, Aguilar, Madrid, 1968.

(5) Irving Zeitlin “IDEOLOGIA Y TEORIA SOCIOLOGICA”, Amorrortu ed., Bs.As., 1973.

(6) G. Sartori “POLITICS, IDEOLOGY AND BELIEF SYSTEMS” en American Political Science Review, LXIII, 1969.

(7) W.G. Runciman “SOCIOLOGY IN ITS PLACE”, Cambridge, 1970.

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