La anorexia como evidencia del deseo

Por: Liliana Vazquez
Fuente: http://www.artemisanoticias.com.ar (26.10.09)

En los últimos meses, la anorexia cobró nuevas víctimas en nuestro país y en Latinoamérica, la mayoría pertenecía al mundo de la moda, pero no son la regla: cuatro modelos brasileñas y una uruguaya murieron a causa de la enfermedad, mientras una joven de San Luis sigue peleando por su vida. Este análisis nos acerca la forma en que las presiones culturales moldean el ideal de belleza con las formas delgadas y la confrontación con la propia pérdida del apetito sexual.

Quienes se han acercado al tema de los transtornos alimentarios, conocen la presión que ejerce la cultura con relación al ideal de las formas delgadas, como sinónimo de lo bello, de la capacidad de ejercer atracción y de obtener una notoria delgadez a través de la dieta y ejercicios agotadores; de esta manera “se vuelven deseables”, pero esta “deseabilidad” las confronta con la propia pérdida del apetito sexual.

El adelgazamiento continuo conduce a una pérdida del significado sexual de la atractividad. Todas las formas corporales que tienen significado sexual deben desaparecer: pechos, muslos, nalgas. De esta manera, el adelgazamiento estaría persiguiendo un ideal corporal y una segunda meta, más novedosa: la resolución del conflicto creado por la pérdida del interés sexual.

Eric Laurent se pregunta: ¿qué es hoy una modelo para nuestra sociedad de consumo? Es una anorexia que se “hace los senos”, donde la anorexia de las modelos se instaura como modelo físico e idealización de lo bello.

La anorexia es la evidencia del deseo, no hay nada que pueda colmarla o satisfacerla. La saciedad es el goce. Eso conduce a una construcción fálica del cuerpo que está profundamente ligado a la delgadez.

Un libreto muy similar puede tener otra manera de apertura. Esta variante no empieza con un trauma sexual, sino con la incapacidad para enfrentarse con las demandas sexuales de la pubertad, intentando liberarse de esa carga. Entre las que habían informado rechazo a la sexualidad y a la intimidad aún antes que se declarara la enfermedad. El trauma sexual, luego ocupa el papel central y abre el juego. Desde el cuerpo como “manchado” o “sucio”, las pacientes tienen la motivación explícita de “desexualizar” su cuerpo, algunas veces hasta de “descorporizarse”.

El ideal estético ha cambiado enormemente, especialmente en los últimos treinta años, hacia formas y medidas cada vez más extremas de delgadez, pero los cánones de belleza actual no se aplican sólo a la ropa que cubre el cuerpo sino, y muy especialmente, al cuerpo mismo; más aún, al cuerpo desnudo.

Nunca como en la actualidad el cuerpo de las mujeres fue más expuesto al ojo del otro, y a través de ese otro, mirándose a través de él, a la propia observación. El cuerpo desvestido es el eje de la forma en que la mujer debe ofrecer su cuerpo a la mirada (la mujer en el espectáculo y en la publicidad actual lo reflejan). Las mujeres ya no pueden manipular sólo lo que adorna el cuerpo, la apariencia, pues ésta ya toca su propio ser, la intimidad de su cuerpo. En el escenario público los cuerpos deben adecuarse a la función perfecta y para esto la sociedad ofrece las recetas para lograrlo: gimnasias, cirugías, laxantes, diuréticos, dietas, psicofármacos.

El vacío y la insatisfacción que oferta el culto por el cuerpo se lo rellena con compulsiones alimentarias, en el decir de Levi Strauss: “La cocina de una sociedad es un lenguaje que denuncia inconcientemente su estructura”.

Como se ha dicho con frecuencia, el trastorno alimentario es una especie de punta del iceberg. Muchas de estas pacientes padecen de extrema labilidad yoica lo que las conduce al riesgo de una rápida fragmentación. En este sentido, el trastorno alimentario aparece como un mecanismo de defensa. Las sensaciones emergentes de esta situación consisten en aburrimiento, vacío, debilidad y depresión. Hay poco entusiasmo y alegría de vivir en estas jóvenes. Tales vivencias impactan negativamente cuando estamos en presencia de una amenaza de fragmentación del Yo: aparecen furia, ansiedad, vergüenza. Rechazan exhibirse desnudas ante sus parejas y carecen de la capacidad de obtener placer; pareciera que al evitar ver sus propios cuerpos creyeran que eluden la fragmentación.

Las pacientes con trastornos alimentarios, en especial las bulímicas, pueden buscar parejas promiscuamente para evitar esta fragmentación interna y para hacerse la ilusión de obtener un cuidador omnipo

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