Reivindicando a Nietzsche (III)… «La Gran Política»

Por: hernan Montecinos
(06.10.09)

UNA TEMPRANA CONFUSIÓN

En sus textos Nietzsche nos habla, algunas veces, de la “política”, y otras, de la “Gran Política”, e incluso suele referirse también a la “pequeña política”. Son sus modos de decir de lo que se desprenden, para sus lectores, confusiones y desorientaciones. Confusión comprensible, del momento que el filósofo se ha demostrado despreocupado por fijar los límites entre una categoría y otra, lo que ha derivado a que el tema en sí no haya sido abordado lo suficientemente por sus múltiples hermeneutas.

Por cierto, un tema complejo de abordar, puesto que, respecto del mismo, más que ningún otro, Nietzsche pareciera haber querido confundirnos, dejándolos entrampados en medio de una red de pistas falsas. Así y todo, no debemos desesperar pues, armándonos de un poco de paciencia, lograremos descubrir que el problema en sí encuentra su explicación en el hecho que cuando el filósofo piensa la política, no la piensa estrictamente dentro de una perspectiva partidaria o ideológica, sino aprehendiéndola dentro de una visión mucho más amplia, enraizada en lo más profundo del hondón de su ser. Una política que transforma en Gran Política, entendida ésta dentro de un ámbito inconmensurablemente mucho más amplio, y plantea otras exigencias que la de la política moderna al uso, acostumbrada a una visión inmediatista y trivial.

Entonces, para abreviar, convengamos que cuando se refiere a la pequeña política lo hace para referirse a los modos de la política al uso en la moderna sociedad objeto de su crítica. De modo general recordemos, también, que los valores culturales que se encuentran entronizados en la sociedad moderna a Nietzsche le incomodan y no se aviene bien con ellos. Por eso, las formas políticas al uso de su época (liberalismo, socialismo, socialdemocracia, democracia, nacionalismos, etc.), Nietzsche pretenderá también transvalorarlos, al igual que los valores culturales que sustentan a la filosofía. De allí que, si la pequeña política es referencia hecha respecto de los temas que nosotros acostumbramos a entender como políticos, el punto de arranque para la aprehensión de la Gran Política lo encontramos en unos apuntes tempranos (Guerra), en donde leemos lo siguiente:
“Anhelo la curación de la política. Tiene que haber círculos, como en su día hubo órdenes monacales, sólo que con un más amplio contenido”

Concluimos entonces que, al igual como lo hace en la filosofía, Nietzsche se esforzará por derivarnos a un pensamiento mucho más elevado, orientado en la perspectiva de transvalorar los valores políticos existentes. Así, si en la filosofía la transvaloración a la que apunta, es en contra de los valores implantados por la metafísica y la moral, el meollo de la transvaloración política lo abordará a partir de una crítica y cerrada oposición en contra del igualitarismo promovido, fundamentalmente, a partir de los denominados movimientos democráticos modernos.

Y en lo que es más importante, el meollo central a lo cual apunta su intento de llevar adelante una transvaloración en las categorías políticas al uso, es restituir la desigualdad, aquella condición que siéndole propia a la naturaleza de cada individuo, la política moderna ha terminado por aplastar, transformándola en uniformidad a ultranza. De esto se explica el uso recurrente, por parte de él, de términos, tales como: espíritu de rebaño, masa, populacho, moral del esclavo, etc., referencias hechas respecto de las formas gregarias de convivencia promovidas por el igualitarismo democrático en todas sus modalidades políticas al uso (liberalismo, socialismo, socialdemocracia, nacionalismos, etc.)

Ahora bien, si la transvaloración política se orienta a restituirle al hombre su intrínseca desigualdad, también significará restituir al pueblo a sus condiciones naturales, vale decir, despojándolo de su condición de hombre masa, de espíritu de rebaño, formas gregarias que, justamente, le han hecho perder su condición de tal. Para uno y otro caso, el filósofo impone previamente la necesidad de un gran acto de liberación, requisito indispensable para rescatar al hombre y al pueblo de aquel estado borreguil a que lo han conducido las prácticas gregarias propias de la política moderna. Sólo mediante un acto liberador, tanto individuo como comunidad podrán recuperar su voluntad perdida, puesto que sin la recuperación de la voluntad perdida no podrá haber síntesis práctica, y sin síntesis práctica no podrá haber organización, ni conducción, ni tampoco, individuo ni política, requisitos que Nietzsche impone para la existencia de una auténtica comunidad.

Sólo a partir de estos presupuestos es como Nietzsche nos logrará introducir en el tema de la Gran Política que, en lo sustantivo, no se limitará a los estrechos, tranquilizantes y comprensibles marcos de la política burguesa, contingente y tradicional.

A MODO DE ANUNCIO

La Gran Política será un tema que siempre encontraremos encubiertos en los textos de Nietzsche, cuestión nada inusual en él, del momento que muchas de sus ideas suelen perderse en la espesura de un discurso indefinible que oculta su verdadero significado tras máscaras diversas. De allí que, siendo la Gran Política una idea que no alcanza a madurar bien del todo y, mejor aún, la deja lanzada sólo a modo de anuncio, ello quiere decir que ésta se presentará ante nosotros un tanto difusa y, por tal, nos impedirá dar una opinión que no se encuentre más allá de ser una simple hipótesis conjetural.

Por eso, si la Gran Política no es la política tradicional, aquella que acostumbramos a tratar como tal, entonces, ¿en qué consiste la Gran Política? Difícil pregunta, y más difícil aún su respuesta, por ese empeño de Nietzsche de querer hablarnos casi siempre en clave, en un lenguaje no siempre claro, un lenguaje más bien difuso. No obstante, a pesar de esta limitación, nos será posible adelantar ciertas intenciones a la luz de lo que nos arroja todo el corpus presente en su pensamiento y obra y, también, a la luz de todo el entorno que rodea el anuncio hecho por el propio filósofo sobre la Gran Política.

En lo inmediato, el punto clave para encontrar la posible respuesta a la interrogante que nos preocupa, lo aporta el propio filósofo en el momento que nos entrega un dato que, a su juicio, adquiere una relevancia de suma importancia. La referencia la encontramos cuando anuncia haber hecho un gran descubrimiento; no uno cualquiera, sino el mayor de cuanto jamás antes la humanidad haya podido percibir. ¿Y cuál es este descubrimiento? Tal descubrimiento no es otro que poner al descubierto el verdadero significado que ha tenido para nuestra cultura la “moral cristiana”, la que nos ha impuesto por siglos metafísicamente un mundo falso y del cual después de dos mil años de historia no hemos podido aún salir. Y tan importante es este descubrimiento que nos advierte: “se vive antes de él, y se vive después de él”. Más aún, en lo que parece ser tanto más importante, es que a partir de dicho descubrimiento, se sucede, a la vez, un gran acontecimiento, esto es, que a partir de dicho acontecimiento: “La historia de la humanidad queda partida en dos”:
“¿Se me ha entendido –No he dicho aquí ninguna palabra que no hubiese dicho hace ya cinco años atrás por boca de Zaratustra-. El descubrimiento de la moral cristiana es un descubrimiento que no tiene igual, una verdadera fuerza mayor, un destino –divide en dos partes la historia de la humanidad. Se vive antes de él, se vive después de él. El rayo de la verdad cayó precisamente de lo que más alto se encontraba hasta ahora: quien entiende qué es lo que aquí ha sido aniquilado, examine si todavía le queda algo en las manos (Ecce Homo.8: Por qué soy un destino)

Incluso más, en el mismo Ecce Homo afirmará: “Sólo a partir de mí existe en la tierra la Gran Política”. Se infiere, por tanto, que la Gran Política implica no sólo un gran descubrimiento (moral cristiana) sino que, junto con ello, se produce un gran acontecimiento (parte en dos la historia de la humanidad). La producción de un acontecimiento de tal naturaleza, Nietzsche la deja profusamente anunciada también en distintas cartas del mismo periodo (Finales de 1888), en algunas de las cuales leemos:
“Esta vez, como un viejo soldado, despliego mi artillería gruesa. Temo hacer estallar la historia de la humanidad en dos” (Carta a Overbeck, Octubre 1888)
“Nosotros acabamos de entrar en la Gran Política, y diría en la más grande… y preparo un acontecimiento que, con toda seguridad va a partir la historia en dos trozos, al punto que será menester el empleo de un nuevo calendario, en el cual 1888 seria el año I” (Borrador de carta a Brandes. Diciembre 1888)
“¡Sopese la oportunidad querido Señor! Es un asunto de primer orden. Porque soy lo bastante fuerte como para partir en dos la historia de la humanidad” ( Carta a August Strindberg, Turín, 17, 12, 88)

Ahora bien, para lo que al caso importa, no escapará al ojo del buen observador que las referencias de Ecce Homo, así como en las cartas citadas, vale decir “Partir la historia de la humanidad en dos”, son anuncios hecho en el año previo en que se manifiesta el apagamiento de su lucidez (1888). Y esto es tan así, que a los pocos meses (03.01.89)), su desequilibrio mental se desata cayendo abatido en la plaza Carlos Alberto de Turín abrazado al pescuezo de un caballo. Refrendan su estado de delirio notas y cartas ininteligibles del mismo periodo enviadas a sus amigos, firmando como El Crucificado, Nietzsche César, y otras rutilantes extravagancias.

De lo dicho podríamos pensar que sus anuncios corresponderían a excentricidades a que suelen recurrir algunos intelectuales de renombre, pero dichas ahora en la antesala de su estado de locura y, por tal, no habría que tomarlas muy en serio. A decir verdad, esto último ha sido uno de los argumentos más recurridos por sus críticos para entrar a descalificar no sólo sus notas de finales de 1888, sino también sus últimas obras escritas en dicho año. Concluyen que lo dicho en tal periodo es resultado de su estado de paranoia, queriendo así juzgar su pensamiento filosófico ala luz de los diagnósticos médicos. Sin embargo, un mirar tan reduccionista impide ver en sus textos de dicho periodo, la más alta expresión de su inteligencia y la más cabal exposición de su sistema abierto a interminables perspectivas.

Y aunque a los críticos miopes pudiéramos concederles ciertos grados de razón, en lo que respecta al fundamento con que tratan de invalidar sus últimos juicios, dicho argumento queda invalidado ante el examen objetivo del contenido que nos entrega la fulgurante prosa que encontramos en sus textos de dicho periodo. En efecto, más que creaciones, podríamos decir que nos encontramos ante intuiciones e inspiraciones escritas sólo en días, semanas o unos pocos meses. Nadie mejor que Stefan Zweig para describir el valor y lo prolífico de su creación en tan corto periodo.
“Tal vez nunca en un intervalo de tiempo tan corto un solo genio haya pensado tanto, en forma tan intensiva, continuadora, hiperbólica y radical. Nunca un cerebro terrestre se ha visto igualmente invadido por las imágenes e inundado de música. La historia intelectual de todos los tiempos en su inmensidad, no ofrece ningún otro ejemplo, de tal abundancia, de tal éxtasis de efusiones embriagadoras, de tal furor fanático de creación” (La lucha con el demonio)

Ahora bien, a lo que al caso importa, el argumento que sirve de invalidación a sus últimas notas va a perder pie, en el momento que descubrimos otra carta de fecha muy anterior, en la cual ya se encuentra el germen de su idea consignada en tales notas:
“…¡Cielos! ¡Quién sabe lo que hay encima de mí y qué fuerza necesitaría para soportarme! No sabría decir cómo llegué precisamente a eso –pero es posible que por primera vez me haya sobrevenido el pensamiento que divida en dos la historia de la humanidad
Zaratustra no es más que el prólogo, el preámbulo, el vestíbulo –tuve que darme ánimo a mí mismo, ya que de todas partes recibía desaliento: ¡darme ánimo para cargar con ese pensamiento! Porque todavía estoy lejos de poder pronunciarlo y representarlo. Si es verdadero, o más bien si es considerado verdadero, entonces todas las cosas se modificarán y darán vueltas, y todos los valores que prevalecieron hasta ahora se desvalorizarán” (Carta a Overbeck. Niza, principios de Marzo de 1884)

Esta carta resulta de suma importancia para dilucidar el punto que ha derivado a tanta errada interpretación. En efecto, en ella observamos los mismos conceptos que hemos extraído de “Ecce Homo” y sus cartas de 1888, por lo que podemos concluir, sin lugar a equívocos, que si bien los temas relacionados con la Gran Política y, fundamentalmente, con ello, partir la historia de la humanidad en dos, aparecen como anuncios tardíos, lo cierto es que la idea misma se encuentra ya presente en él, a lo menos, desde el año 1884, periodo de plena lucidez y de plena producción literaria.

Despejada esta duda recién podemos entrar a definir y diferenciar lo que Nietzsche entiende por política y Gran Política ¿Y cuál es la diferencia? Problemas políticos cuando son valores que hay que invertir y, por tanto, objeto de aguda crítica; Gran Política, referencia hecha respecto de aquellos valores nuevos que hay que crear.

LA REVOLUCIÓN

No es un dato menor cuando Nietzsche afirma que la historia de la humanidad ha quedado partida en dos; al contrario, es de la mayor importancia, del momento que dicho anuncio se encuentra referido a que, con tal descubrimiento, queda abierta la posibilidad de un nuevo proceso transformador, pero no de cualquier tipo, ni al modo usual, sino de una transformación que la humanidad jamás nunca antes había logrado conocer; Gran Política como proceso que se propone revolucionar a la humanidad, a un nivel mucho más radical que aquel de los cálculos de la política tradicional.

En efecto, sólo la Gran Política será un verdadero acto revolucionario, pues los intentos anteriores que le han precedido, salvo el de la instauración de la moral cristiana, en la cultura occidental, nunca han logrado así hacerlo. Claro que, en este punto, hay que distinguir que los procesos revolucionarios no sólo se dan en el sentido positivo, sino también en el sentido negativo como lo fue, para Nietzsche, el proceso intelectual y cultural que dio origen a la imposición de la moral cristiana en todas las actividades humanas que se dan en la cultura occidental. Cualquiera sea el juicio que se tenga sobre el valor que se le asigne a la moral cristiana, ya sea a favor o en contra de ella, Nietzsche le asigna una capital importancia hasta el punto de afirmar que dicho hecho o acontecimiento significó ni nada menos que “partir la humanidad en dos”. Y justamente, ese carácter (partir la humanidad en dos), es lo que justifica asignarle el carácter de un acontecimiento verdaderamente revolucionario. Cualquier intento que pretenda ser revolucionario pero que no sea capaz de partir a la humanidad en dos, Nietzsche le niega tal carácter.

En efecto, Nietzsche denuncia que la Revolución Francesa, y todos los intentos revolucionarios afines que le precedieron, no han hecho otra cosa que mantener vivas las formas gregarias de convivencia en la comunidad, hecho político que ha logrado imponer el igualitarismo, en desmedro de las singularidades que le son propias a cada cual. Más aún, tanto la revolución Francesa como los intentos revolucionarios anteriores , y agregaría yo, también los posteriores- no han logrado partir la humanidad en dos, toda vez que han mantenido la moral cristiana en todas sus modalidades.

Entonces, si partir la historia de la humanidad en dos es el hecho revolucionario por excelencia, el que conduce a la materialización del proceso de la Gran Política, ¿cuál es el objetivo mismo hacia lo que apunta este proceso? Aún a título de redundar es importante subrayar, una y otra vez, que la transvaloración de los valores culturales al uso, es el fin último perseguido por la Gran Política. De allí que un proceso transformador que no se proponga transvalorar los valores políticos existentes, nunca podrá llegar a ser un verdadero proceso revolucionario.

Es posible advertir en este punto, que la Gran Política expresa la estrecha relación que suele existir entre filosofía y política, porque siendo la transvaloración la cristalización del pensamiento filosófico de Nietzsche, no se puede soslayar que esta transvaloración deriva también a un fin político, como objetivo mismo y parte integrante del proceso que conducirá a la Gran Política.

Sin embargo, advierte Nietzsche, la Gran política será un largo proceso de adiestramiento y, más aún, un largo y penoso experimento que habrá que desarrollar. Ello, porque para que la Gran Política pueda hacerse efectiva, los sujetos que la han de materializar, tendrán que luchar contra las instituciones destinadas a perpetuar y consolidar la anulación de las diferencias, contra la homogenización de lo jerárquicamente diverso, contra el arraigo de la costumbre metafísica en los modos de pensar, etc. En fin, Gran Política, también, aquella predicada por Zaratustra al oponerse “al más frío de los monstruos fríos”, referencia esta última hecha en relación al Estado.

Por último. Uno de los factores para que los contenidos involucrados en el proceso de la Gran Política puedan ser cumplidos, será el transformar radicalmente los presupuestos que sirven de sostenimiento a la educación. Esto será importante en la medida que, hasta ahora, educar ha significado siempre domesticar. Por lo mismo para que el proceso de la Gran Política no desvirtúe sus posibilidades emancipadoras, sólo un adecuado proceso educativo podrá dar plena garantía de asegurar la continuidad del nuevo orden en un contexto ya transvalorizado.

ADIESTRAMIENTO

Identificado el acontecimiento que define a la Gran Política y los fines que persigue, ¿quiénes van a ser los ejecutores del proyecto transformador por venir? Pregunta obvia, más aún, si se trata del mayor proceso transformador jamás antes realizado.

En este punto Nietzsche se separa radicalmente de los procesos revolucionarios hasta entonces conocidos, en cuanto todos ellos han terminado en el más estrepitoso de los fracasos. En efecto, después de reflexionar sobre el legado dejado por la experiencia histórica de los movimientos con pretensiones revolucionarias, Nietzsche concluye que el factor principal de tale fracasos, tiene su principal causa en el hecho de que los sujetos que tuvieron por misión conducir dichos procesos, no se encontraban lo suficientemente preparados para llevarlos a buen término. La historia revolucionaria que se ha sucedido a través de la humanidad nos da claros ejemplos de ello: los esclavos de la revolución espartaquiana, los campesinos de las revueltas campesinas de los siglos XVI y XVII, los burgueses de la Revolución Francesa y los proletarios de la Comuna de Paris. Más contemporáneamente, y por extensión, tendríamos que deducir lo mismo respecto de la Revolución Bolchevique y la Revolución cubana.

De tales fallidas experiencias, Nietzsche concluirá que, para llevar a efecto el proceso de la Gran Político, vano será recurrir a los sujetos que se tienen a la mano en la comunidad, en tanto estos no se encuentran lo suficientemente preparados para acometer tan trascendental objetivo. Por lo mismo, si no existen, hay que prepararlos, mejor aun, adiestrarlos. Adiestramiento que, para no confundirlo con la domesticación propia del gregarismo de los movimientos democráticos, prefiere remitirlo a un adiestramiento experimental. Experimental, en cuanto proceso que se encamina a la creación artística de un tipo de hombre nuevo que sea propiamente más que un hombre, considerado desde el punto de vista de su autonomía e independencia, respecto de una formación cultural milenaria que se hace necesario dejar atrás. Es decir, una experimentación propia de todo autentico creador, porque como bien lo señala Pierre Klossowski:
«Todo creador es, al mismo tiempo el que tienta a los demás y el que experimenta consigo mismo y con los demás, algo para crear lo que todavía no existe: un conjunto de fuerzas capaces de ejercer una acción y modificar lo que existe»… Rubricara este mismo autor:
«Cualquier creación novedosa debe provocar un estado de inseguridad: la creación deja de ser un juego al margen de la realidad; en lo sucesivo, el creador no re-produce sino que el mismo produce lo real» ( «El circulo vicioso «).

Según Nietzsche, «la mediocridad creciente del ser humano es precisamente la fuerza que nos impulsa a pensar en el adiestramiento de una raza mas fuerte: la que justamente encontrará su excedente en todo lo que la especie mediocre fuese mas débil (voluntad, responsabilidad, seguridad de sí, capacidad para fijarse metas)». Mas aun, si el sentido de toda creación es romper con los hábitos gregarios que dirigen nuestras existencias, hacia fines exclusivamente útiles al régimen opresivo de la mediocridad, en el campo experimental, crear será ejercer la violencia contra todo lo que existe. Así, por tanto, de las experiencias hasta ahora conocidas; todas fallidas, Nietzsche se encuentra convencido de que la propuesta tiene que ser así, porque, hasta entonces, el hombre había sido cultivado exclusivamente con fines gregarios, sin mas objetivo que la conservación y reproducción indefinida de su propia especie. Pero, con tal único fin, el hombre solo ha logrado acrecentar su debilitamiento, en cuanto cada vez más ha ido perdiendo aquello que le es intrínseco, vale decir, su autonomía y su propia libertad. Esto quiere decir que el hombre, sobre todo el moderno, ha sido fácil presa del asfixiante gregarismo vigente, promovido en sus inicios por el cristianismo y, mas contemporáneamente, por los llamados movimientos democráticos modernos.

Por ello es que Nietzsche deja claramente establecido los propósitos de un adiestramiento experimental, para cuyo case nos podemos referir al aforismo siguiente:
«No hay peor confusión qua la qua confunde el adiestramiento y la domesticación… Tal como yo lo entiendo, el adiestramiento es un medio enorme de acumulación de fuerzas de la humanidad. de tal suerte que las generaciones ulteriores puedan proseguir sobre la base del trabajo de las precedentes y crecer a partir de éstas, no solamente de forma exterior, sino interior, orgánica, en lo quo tienen de mas fuerte… Hay un peligro de los más graves en creer que la humanidad ha de continuar creciendo y modificándose en tanto que totalidad, mientras los individuos se apoltronan, se igualan, no superan la media, se hacen mediocres… La humanidad es una abstracción: la meta del adiestramiento, en el caso más particular, no podría ser otra que el hombre más fuerte (el no adiestrado es débil, derrochador, inconstante)» (VP).

Para sus objetivos transformadores, Nietzsche necesitará apelar a los individuos menos contaminados por el asfixiante gregarismo vigente, por cuanto los sujetos para el proceso de la Gran Política tendrán que ser espíritus autónomos y fuertes, mas sobre todo, cuando tendrán quo soportar toda clase de experimentos y sortear todas las desventuras quo tendrán que enfrentar. Lo dicho porque, en un primer momento, tendrán quo alejarse de la comunidad, quedarse solos, a la intemperie, habitando casas provisorias y haciendo del desierto su nuevo hogar. Ciertamente, bajo los presupuestos exigidos por Nietzsche, para llevar a buen termino el proceso de la Gran Política, tiene razón al afirmar que ninguno de los sujetos que se encuentran a la mano podrían servir, del momento que todos ellos se encuentran impregnados por los valores culturales asumidos desde temprana edad (religión, moral, ética, verdad, educación, etc.).

En este punto podemos advertir quo los sujetos adiestrados experimentalmente serán también los “filósofos del porvenir”, en cuanto creadores por antonomasia. Coincidencia dada por el hecho de que estos, en su afán creador siempre experimental tendrán, por una parte, un pensamiento liberado del afán productivo y, en lo que más importa, por otra, liberado de las influencias de todos los sistemas cerrados:
“Los filósofos del porvenir (…) tendrán pleno derecho a ser llamados críticos y serán seguramente hombres consagrados a la experimentación. Por el nombre con que me he atrevido a bautizarlos (escépticos) ya he subrayado claramente la tentativa; esto proviene de que, críticos de cuerpo y alma, se complacen en servirse de la experimentación en un sentido nuevo, quizá más extenso, más peligroso (MBM)

Dice Pierre Klossowski que el riesgo a que se enfrenta toda vida decidida a experimentarse como tal, es el riesgo de la muerte. Esto quiere decir que el adiestramiento experimental sólo podrá ser efectivo en la medida que afronte riesgos y los pueda salvar. De acuerdo a esto, Nietzsche se está refiriendo a una experimentación en el más alto sentido del término, en cuanto no destinada a la búsqueda de nuevas vías para llegar a lo ideal. Al contrario, experimentación en un sentido nuevo, como apertura, como respuesta y entrega al libre acaecer del azar. Experimentación que se realiza no dentro de un saber de antemano conocido, sino como experiencia que no se encuentra segura si el camino por recorrer tendrá necesariamente que fructificar lo que, de no ser así, obligará a recomenzar todo, con todas las variables posibles que permite todo nuevo acto creador.

SUJETOS DE LA GRAN POLÍTICA

Si el adiestramiento que propone Nietzsche tiene que ser experimental, ello implica un largo proceso en el cual no habrá sólo un sujeto que la tenga que realizar. Mejor aún, para el caso, el mismo sujeto, pero transfigurado, en cuanto irá experimentando en su persona sucesivas transformaciones producto de una lenta pero sostenida evolución, justamente, como consecuencia del adiestramiento experimental a que se encontrará sometido.

La transfiguración que irá experimentando este sujeto lo será en un sentido claramente positivo, adquiriendo cada vez una formación cada vez más elevada, que lo irá dejando cada vez más en inmejorables condiciones para su nueva tarea creadora, En esta evolución distinguiremos tres estados, a saber: espíritu libre, filósofo artista y el Superhombre, respectivamente.

Espíritu libre

“… Cuando no encontraba lo que necesitaba, he tenido que procurármelo artificialmente, ya sea falsificando o inventando…Por eso cuando un día lo necesité, inventé, para mi uso particular la expresión “ espíritus libres”, a quienes dedico este libro, fruto a la vez del desaliento y del entusiasmo… Espíritus libres así no los hay ni los ha habido nunca: pero yo precisaba entonces de su compañía para estar de buen humor entre malos humores, como compañeros atrevidos y fantásticos, con los que se bromea, se ríe y se les manda a paseo cuando se ponen pesados, en sustitución de los amigos que me faltaban. Yo seré el último en dudar que un día pueda haber espíritus libres de esta clase, que nuestra Europa cuente entre sus hijos de mañana y de pasado mañana con semejantes compañeros alegres y atrevidos, corporales y tangibles, y no, como en mi caso, a título de espectros y de sombras que vienen a entretener a un anacoreta. Ya les veo llegar lenta, muy lentamente…” (Prefacio E.H)

Siendo éste un anuncio…¿Qué o quién es el espíritu libre? Para Nietzsche el espíritu libre se diferenciará en que pensará de modo diferente a los demás, una vez que se haya alejado de la comunidad que habitaba. Su misión será la de preparar las condiciones primeras para efectuar la primera transfiguración del sujeto, aquel que empezará a dar los primeros pasos para hacer posible el proceso de la Gran Política.

Espíritus libres, en cuanto poseerán voluntades innovadoras a través de las cuales, mediante una acción lenta pero eficaz, irán poniendo a prueba la solidez del edificio social. En lo principal serán los agente generadores del cambio por venir, desconfiando de todo aquello de lo que el hombre hasta ahora se había fiado; recelarán de todo aquello que le comunidad le había comunicado y educado; con su mirada penetrante será capaz de penetrar en los trasfondos más vitales de todos los ideales hasta entonces instituidos. Según Eugenio Fink, el espíritu libre es ”más bien la metamorfosis del santo, del artista y del sabio. Pues, estos tres son, ciertamente, el hombre en el modo de ser de la grandeza pero auto alienado (…). El espíritu libre es la conciencia
de sí, del santo, del artista y del filósofo metafísico; el rescate de aquellas figuras alienadas, su re-conversión”

Ciertamente, el espíritu libre, para ser tal, tendrá que tomar distanciamiento de lo social, porque sólo en la soledad podrá descubrirse a sí mismo para poder tomar conciencia de sus posibilidades y de su poder. En las nuevas condiciones podrá encontrarse en situación de crear, de arrancar las verdades desnudas a una naturaleza que fluye inocentemente, ajena a todas las invenciones y artificialidades hasta entonces creadas (moral, causa, verdad, etc.). De este modo, ser libre será contradictorio con un plegarse a valores presuntamente trascendentes, puesto que sólo en su condición libre y autónomo podrá verse como un auténtico creador y dictador de valores; más aún, como un individuo capaz de invertir los valores existentes, aquellos valores que los demás veneran.

En definitiva, el espíritu libre representa la liberación del hombre para alcanzar la soberanía de sí, la toma de posición de sí mismo. Liberación realizada mediante un proceso de profunda reflexión, sobre el hecho de que la cosa en sí, la trascendencia de lo bueno, lo bello y lo santo –según el mismo Fink- , “no es más que una trascendencia aparente, una trascendencia proyectada por el hombre, pero olvidada como tal”.

Estos nuevos espíritus, si bien son sencillos y desprecian todos los honores, no por ello dejarán de tener conciencia de que se encuentran por encima del hombre común, ya que son capaces de descubrir todos los disfraces con los que se cubren. Y, sobre todo, los invadirá una sed de conocimientos, pero no tanto por la objetividad y utilidad que reportan, sino por las actitudes y hábitos que generan en quienes se dedican a ello. Un espíritu libre que se convierta en apátrida, viajero pertinaz que no se refugia en ningún albergue y, por tal, necesita ser nómade; un alejarse cada vez más de la comunidad.

Filósofo artista

Nietzsche marca la diferencia entre espíritu libre y filósofo artista del siguiente modo:

“ Después de todo esto, ¿he de decir expresamente que esos filósofos del futuro serán también espíritus muy libres, tan seguro como que no serán espíritus libres simplemente, sino algo más elevado, mayor y radicalmente más distinto, que no quiere que se le interprete ni se le confunda” (44, MB).

Efectivamente, al referirse al filósofo artista, tiene cuidado en advertir que no se le confunda con el espíritu libre. Ello, porque siendo el filósofo artista también un espíritu libre, se diferencia de este último en que él, además, es el creador de los nuevos valores en sentido estricto.

Es en “Humano demasiado humano”, que Nietzsche ve aparecer en el horizonte una nueva especie de filósofo. Estos son los filósofos del futuro, los filósofos artistas, verdaderos creadores, Y, si bien, como todos los filósofos amarán también su verdad, lo que no harán respecto de sus verdades será ser dogmáticos como los anteriores filósofos. Dirán, por tanto, “mi juicio es mío: difícilmente habrá otro que tenga derecho a él” (43, MBM).

Este filósofo artista, para haber llegado a estado tal, ha tenido que pasar por todos los estados anteriores. Es en este sentido que Nietzsche lo representará en los siguientes términos:

“Ha tenido el mismo que ser crítico y escéptico, dogmático e historiador, además de poeta, compilador, viajero, descifrador de enigmas, moralista, vidente, espíritu libre; en suma, casi todo, para recorrer así el círculo completo de los valores y las estimaciones valorativas del hombre y poder mirar con múltiples ojos y conciencias, desde lo alto hacia todo lo lejano, desde lo profundo hacia todo lo alto, desde lo angosto hacia todo lo amplio”. (211, MBM)
“Sin duda alguna: nadie menos que esos filósofos del futuro pueden prescindir de las características serias y no exentas de peligro que distinguen al crítico del escéptico. Me refiero a la seguridad en los criterios de valor, Al uso constante de un único método, a la valentía vigilante, a la soledad y al sentido de la responsabilidad”. (210, MBM)

El Superhombre

Muchas veces suele prestarse a confusión la idea que se tiene del espíritu libre, el filósofo artista y la del Superhombre, en cuanto a que serían la misma cosa o algo muy parecido. Sin embargo, es sólo el Superhombre el que posee todos los estados a la vez, además de conquistar su plena autonomía y conseguir su auto liberación (espíritu libre), y llegar a ser creador de nuevos valores (filósofo artista), él es el único que llegará a ser el sentido de la tierra.

En efecto, el espíritu libre, siendo una constante interrogación, alcanzará a preguntarse… “¿No cabría invertir todos los valores?” Pero eso sólo queda en estado de pregunta, hasta mientras tanto no surjan los filósofos artistas, los que deberán ser los materializadores de todos los auténticos actos de creación. Sólo después de éstos vendrá el Superhombre, como sentido de la tierra, es decir, ya no aquel que justifica su existencia mirando hacia el cielo y las estrellas, ni más allá de este mundo, sino el que se manifiesta con sus vivencias, con sus sentidos, con su cuerpo; en fin, Superhombre como “ser viviente y no un mero aparato de abstracción”. Superhombre que surgirá por sobre las ruinas del hombre viejo y decadente, esto es, manifestándose en una conducta creadora y espontánea, frente al comportamiento reactivo e impotente del hombre débil. Superhombre, en fin, como aquel que permanecerá fiel a la tierra, haciendo realidad aquella súplica invocada por Zaratustra.

“¡Hermanos míos, permaneced fieles a la tierra, con toda la fuerza de vuestro amor! Que vuestro pródigo amor y vuestro conocimiento concuerden con el sentido de la tierra. Yo os lo suplico y os conjuro a ello”

“¡No dejéis a vuestra virtud volar lejos de las cosas terrestres y aletear contra muros externos! ¡Ay, hubo siempre tanta virtud extraviada!

“¡Como yo, traed de nuevo hacia la Tierra a la virtud extraviada; sí, hacia la carne y hacia la vida, a fin de que dé su sentido a la tierra, un sentido humano!”

Siendo el Superhombre de Nietzsche el que volverá a encontrarse con las raíces de la tierra, lugar desde donde todo proviene, se podrá entender su temprana comunión con el poeta Holderlin. Recordemos el juicio de este último en el cual queda en evidencia esta clara comunión:

“Y abiertamente consagré mi corazón a la tierra grave y doliente, y con frecuencia, en la noche sagrada, le prometí que la amaría fielmente hasta la muerte, sin temor, con su pesada carga de fatalidad, y que no despreciaría ninguno de sus enigmas. Así me ligué a ella con un lazo mortal” (“La muerte de Empédocles”)

Y más allá de la fidelidad del Superhombre con la tierra, éste surgirá también como producto de un contra-movimiento en contra de “un consumo cada vez más económico del ser humano y de la humanidad, ante una maquinaria de intereses y producciones cada vez más estrechamente embrollados”. En oposición a la disminución y adaptación de los seres humanos a una determinada especialidad tanto económica como científica, será necesario “un movimiento inverso, la creación del ser humano que sintetice, totalice y justifique, aquel para quien esa mecanización de la humanidad constituya la condición previa a su existencia como agente sobre el que pueda inventar su forma superior de ser”.

Más aún, el gran lema del Superhombre no será el tú debes de Kant y los cristianos o el tú debes que dicta la Razón de la Ilustración, ni tampoco el yo quiero o el yo soy de los dioses griegos. Muy por el contrario, no estará supeditado a deberes de esa naturaleza, puesto que representará el último escalón del hombre, ya que a partir de él no habrá más metas, sino pura aceptación. Como bien lo señala Klossowski, el Superhombre no es un individuo, sino un estado, ya que cierto es que: “Nunca ha existido todavía el Superhombre. He visto desnudo a los dos, al hombre más grande y al hombre más pequeño: se parecen demasiado todavía” (Z).

Superhombre, en fin, como aquel que dominará la tierra, pero no un dominio al estilo del control gubernamental en el sentido estatista habitual a que hemos estado sometidos por siglos. No se trata nada de eso, se trata de producir “una raza de señores cuya tarea no se agotase en gobernar, sino una raza que tuviese su propia esfera de vida, un excedente de fuerza para la belleza, el coraje, la cultura, refinamientos hasta en lo que hay de más espiritual…”

Entonces, el Superhombre, importante es enfatizarlo, representa el estado final del sujeto de la Gran Política, su último estado de cristalización. Superhombre entendido como aspiración, como proyecto, pero no en el habitual sentido de postergación de la vida presente por amor hacia una vida futura, sino como auténtica creación de un valor nuevo y mucho más alto que todos los anteriormente creados. Un ser que sabemos que todavía no existe, pero que indica la meta de su existencia, la expresión final de un pensamiento filosófico que sólo arribará a su materialización mediante la acción de la Gran Política

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