Individuo, individualismo y política

Por: Javier Méndez-Vigo
Fuente: http://www.kaosenlared.net (26.09.09)

Si volvemos la mirada hacia la ideología(neo)liberal, nos damos cuenta que desde la misma se fetichiza al individuo y que se defiende al extremo, frente a todo aquello que represente la colectividad.Nos encontramos con que a pesar que se sientan herederos del liberalismo político, realmente se defiende una concepción antropológica muy distinta a la representada por Locke. Lo que propugna el(neo)liberalismo es una actualización de la concepción antropológica de Hobbes. Una propuesta que no es otra que la basada en egoísmo racional. Propuesta que desarrolla la sociología positivista y neoliberal al pensar la sociedad partiendo de presupuestos como son el dilema del prisionero y, el presupuesto de la elección racional. Hasta tal punto ha sido su influencia que han servido de cimiento para el desarrollo de lo que se ha venido a denominar el “marxismo analítico”.

Hommo Aeconomicus

En Leviatán Hobbes nos describe como se forma el Estado partiendo de la necesidad de que los seres humanos vivamos juntos. Pero sucede que los individuos se mueven por apetitos que intentan servirse para sí mismos:“Y aún cuando haya una gran multitud de hombres, si sus acciones no están dirigidas por los juicios y apetitos particulares de cada uno, no podrán esperar de ello defensa alguna, ni protección,… Pues al emplear sus energías en disputas concernientes a cómo habrán de hacer mejor uso y aplicación de su fuerza, no se ayudan mutuamente, sino que se entorpecen el uno al otro.”

El capitalismo introduce el concepto de hommo aeconomicus que define como “aquel individuo dotado de preferencias subjetivas”. Sobre dicha definición se monta toda una estructura económica, ya que todos los individuos vamos a la conquista de dichas preferencias que disminuyen a medida que la riqueza de cada individuo aumenta. Toda esta teoría triunfa a medida que se desarrolla el capitalismo y será fundamentalmente con la teoría económica y filosófica del siglo XVIII que se afianza. Según Tony Andreani ha sido necesario que se den unas condiciones históricas para su triunfo, destacando tres: a) el éxito de las relaciones mercantiles; 2) una ética de acumulación; y 3) la propagación del espíritu científico

Ya la Fábula de las Abejas de Mandeville nos explicaba de los vícios pueden salir las virtudes. Luchando por nuestro propio interés podemos llegar a un bien común, conseguir la virtud. ¿y si se producían desigüaldades? Para eso estaba la“mano invisible” que conseguia el equilibrio. El individuo es alguien que se encuentra en las mismas condiciones -lo que en la realidad es falso-; es una monada libre y autónoma.

Después de más de treinta años de hegemonía [neo]liberal las relaciones sociales se han individualizado y predomina lo impersonal. Mientras en la práctica se producido un sometimiento de la clase obrera y se ha conseguido una nueva disciplina laboral. No es el momento de hablar sobre el nuevo modelo productivo, tan solo diremos que gracias a esta nueva disciplina se ha conseguido una flexibilidad tanto interna como externa. Por otra parte este tipo de capitalismo “mundilizado” ha introducido la competitividad entre los mismos trabajadores.

Si siguiendo la teoría de la elección racional, todos nos movemos por nuestros propios intereses, qué mejor que acturar como hacen los individuos en juego del “dilema del prisionero”. Y si en última instancia el capitalismo mundializado utiliza algo que parecía ya olvidado para algunos: como es el ejército de reserva, nos encontraremos con un modelo etnicizado.

Como bien defienden algunos [Alain Bihr, La novlangue neólibérale] este capitalismo ha conseguido el sometimiento de los individuos en el seno de las relaciones capitalistas. Todos somos “libre e iguales”; al mneos eso dicen todas las constituciones burguesas. Pero la realidad es muy distinta, como bien dice Alain Bihr:“Todas las relaciones sociales se presentan siempre, tal es al menos su apariencia inmediata bajo la forma de relaciones personales, las relaciones de los individuos con individuos. Pero no son precisamente las relaciones sociales que en tanto que los individuos que se encuentran así comprometidos representan otra cosa que ellos mismos, que figuran como la personificación de determinaciones sociales que los sobrepasan. Así ocurre principalmente en el capitalismo. Las relaciones de dominación que la constituyen no se presentan siempre más que como la forma inmediata de relaciones sociales de dependencia. Pero en estas mismas relaciones personales, la dominación reposa ella misma sobre otra cosa que los individuos puestos en relación: en la ocurrencia de sus posiciones y funciones respectivas en el seno de los sistemas de relaciones impersonales de dominación que definen el capitalismo en propio, que mediatizan las relaciones personales y constituyen en definitiva la condición misma de su posibilidad”.

El capitalismo necesita reducir las relaciones sociales de producción a relaciones individuales. Jurídicamente todos somos iguales ante la ley y esto se aplica contractualmente, ya que en el mercado se produce una relación entre individuos: capital/trabajo. Pero dicha relación que es un contrato jurídico realiza una abstracción de la realidad. En aquella se da una contractualidad central (Estado), una contractualidad interindividual (en la que se produce el contrato entre capital y trabajo) y una contractualidad asociativa (los capitalistas se asocian, pero también los trabajadores). En esta triple contractualidad que J. Bidet denomina metaestructura es donde se desarrolla las relaciones sociales de producción. Por consiguiente la contractualidad interindividual supone la contractualidad central; produciéndose una dialéctica conflictiva entre ambas. Y para que se reduzca todo simplemente a la contractualidad interindividual es necesario que antes se halla producido una fetichización del Estado. La reducción del Estado al Estado mínima. Pero como algo correlativo también es necesario que se produzca el sometimiento de los individuos.

El capitalismo separa al individuo en cuatro tipos de sujetos: el sujeto económico un propietario (aunque sólo lo sea de su cuerpo) que participa en el sistema generalizado de cambio que es el mercado capitalista. En este terreno actúa “libremente” frente a otros sujetos económicos que como él intenta cambiar. El sujeto jurídico, provisto de derechos que hace valer en las relaciones contractuales con otros sujetos. El sujeto ético que es la persona moral y que debe un respeto incondicional. Por último, el sujeto político, el ciudadano que tiene el derecho de competir en igualdad jurídica con los demás sujetos políticos en la formación del Estado. El capitalismo abstrae cada una de estas figuras fetichizando unas sobre otras y quitando valor a unas frente a otras.

Individuo e historia

Trasladar todo el aparato conceptual de la “elección racional” o del “individualismo metodológico” a la historia conduce a errores y en última instancia a rechazar la “lucha de clases”. Para esta burguesía senil y en decadencia hay que hacer olvidar la historia, hay que reducirla a episodios individuales y , en última instancia reducir la lucha de clases a un juego de “suma cero”, lo que lleva a esconder las víctimas.

Sin embargo, el marxismo no niega el papel del individuo. Lo que defiende el marxismo es que la Historia es la historia de la lucha de clases, que se produce una relación dialéctica entre Individuo e historia. Tan sólo recomiendo los escritos del dirigente Alan Woods para entender lo que estamos diciendo. ¿Se pueden dar similitudes entre personajes históricos? Si ya que “situaciones similares producen situaciones similares” y esto indica que la “repetición constante de los mismos patrones (y a veces incluso los mismos tipos de personalidades) indica que la historia no es arbitraria, sino que detrás de la apariencia del caos, hay leyes definidas en el trabajo, que estas leyes se afirman en medio del caos aparente” [La lucha de clases en la República Romana]. Y todavía más adelante afirma que“el Marxismo rechaza la visisón de que la historia es una cadena de acontecimientos incomprensibles y sin sentido. El materialismo histórico afirma que la historia de la sociedad human tiene sus propias leyes, y que pueden ser analizados y comprendidos”. Podríamos continuar con citas, pero en otro escrito Alan Woods nos introduce más a fondo en lo que significa el materialismo histórico y en el papel de las clases sociales; en particular el de la clase obrera [ver, El marxismo y el Estado]

Quisiera, a la vez, remitirme a uno de los hechos fundamentales de la historia moderna (cuando la burguesía era “revolucionaria”, y no le importaba utilizar la violencia para conquistar el poder). Me estoy refiriendo a la Revolución Inglesa cuando lospuritanos cuestionaron el régimen antiguo. ¿Actuaba sólo Crommwell? ¿A quién representaba? Crommwell aparece en el momento oportuno, pero representa a la revolución, no podía actuar sólo. Es más para triunfar “se vio obligado a volverse contra su ala izquierda, suprimiendo a la fuerza a los levellrs, persiguiendo una política que favorecía a la burguesía y el reforzamiento de las relaciones capitalistas en Inglaterra. Al final, Crommwell disolvió el parlamento y gobernó como dictador hasta su muerte, cuando la burguesía inglesa, temerosa de que la revolución hubiera ido demasiado lejos y de que pudiera suponer una amenaza para la propiedad, devolvió la corona a los Estuardo. Una vez más, el gobierno de la burguesía se estableció, no de acuerdo a un plan preconcebido, sino como resultado de las condiciones objetivas de producción y las relaciones de clase que surgía de estas” [Alan Woods, Reformismo y Revolución].

Podíamos poner varios ejemplos, pero para terminar prefiero poner un ejemplo sobre la Revolución de 1905. Como por una simple manifestación que pedía más pan al“padrecito Nicolás” se desata la revolución. Citemos a Trotsky: “La histórica manifestación del 9 de enero se presentó bajo un aspecto que nadie, lógicamente, hubiera podido prever. El sacerdote a quien la historia había puesto a la cabeza de la masa obrera, durante algunos días, de manera tan inesperada, marcó los acontecimientos con el sello de su personalidad, de sus opiniones, de su dignidad eclesiástica… Pero la significación esencia del 9 de enero no reside en el cortejo simbólico que avanzó hacia el Palacio de Invierno. La sotana de Gapón fue algo accesorio.El verdadero actor fueel proletariado. Comienza por una huelga, se unifica, formula exigencias políticas, baja a la calle, atrae hacia sí todas las simpatías, todo el entusiasmo de la población, choca con la fuerza armada y abre la revolución rusa” [1905]

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