Ideología y marxismo contemporáneo

Por: Gabriel Vargas Lozano
Fuente: http://www.correntroig.org (04.09.09)

La temática de la ideología ha mostrado ser hoy una de las más ricas, complejas y vastas. L’a ideología impregna la totalidad de la realidad y se cuela a través de los intersticios de todas las actividades humanas. Se relaciona con Ja ciencia natural, con la ciencia social (economía, sociología, psicología, política, estética1, comunicación, semiótica, etc.) con la filosofía y con la vida cotidiana. Se manifiesta con el plano teórico y práctico. Está presente en el condicionamiento social del conocimiento, en la finalidad de las investigaciones científicas, en los aparatos de hegemonía del Estado, en las creencias populares y en las estructuras económicas y políticas.

Esta dimensión universal y totalizante así como el origen relativamente nuevo de su explicación consciente son los factoresque, a mi juicio, han dificultado hasta ahora la sistematización de las principales vertientes de la investigación científica y filosófica en torno a este problema.

¿Empero, cuáles son estas grandes vertientes de la investigación de la ideología en la actualidad?

En primer lugar, una concepción que podríamos llamar analítica y que incluye a todos aquellos ‘autores que consideran a la ideología como un sistema de creencias injustificadas teóricamente
y que como tal se opondría a la ciencia y a la filosofía. Paira ellos, la objetividad del conocimiento se lograría al liberarse de la influencia de la ideología. Es la wtrtfreiheit de Weber, la oposición entre visión y análisis de Schumpeter, la oposición entre ideología y verdad en Geiger.

En segundo lugar, la corriente sociológica que comprende a todos aquellos autores para los cuales, la ciencia, la filosofía) el arte o la literatura son comprensibles en su ubicación social sólo a partir de la ideología. El fundador de esta concepción es Mannheim pero le siguen Merton, Horowitz, Lukács, Lenk, etc .

En tercer lugar, aquellos que analizan el fenómeno de la ideología a través de la concepción semiológica. Este planteamiento es tan nuevo como la disciplina (El Curso de lingüística general, d)e Ferdinand de Saussure fue publicado por sus alumnos hasta 1915) y comprende a autores como Eco, Kristeva1, Apel, Voloshinov, Lotman, Jakobson, Herbert, Elíseo Verón, etcétera. Para Elíseo Verón “la ideología es un sistema de reglas semánticas para generar mensajes”.1

En cuarto lugar, la ontológica y que implica a1 todos aquellos autores que entienden a la ideología como un sistema de concepciones del mundo que acompaña a la totalidad social y que l’a vuelven opaca ante los ojos de los hombres. Es la opacidad de que habla Althusser, la pseudoconcreción de Kosik, la enajenación y fetichización de Meszíaros, la alienación de Schaff, la vida cotidiana de Heller y Lefebvre.

En quinto lugar, la concepción política y que interesa a todos aquellos autores que observan a la ideología cumpliendo una función de hegemonía en la lucha de clases de la sociedad, encarnada en estructuras, aparatos o instituciones y ejerciendo una función de poder. En esta óptica se encuentran Lenin y Gramsci, pero también Althusser, Poulantzas, Foucault, Bell, Colletti, Bobbio, Gerroni.

Y, finalmente, en sexto lugar, tendríamos los que observan la ideología desde el ámbito de la psicología como el propio Freud, Deleuze, Guattari, Séve, la corriente antisiquiátrica y l’a psicología
social, que estudia el problema a partir del concepto de actitud (Fishbein, Allport, etcétera), en relación con el concepto de creencia.

A las anteriores concepciones se podrían agregar muchas más pero l’as mencionadas bastan para mostrar que el problema dista mucho de haber logrado un consenso entre los estudiosos o haberse agotado, por el contrario, la temática se encuentra en pleno estado de discusión e investigación.

Ahora bien ¿cuál es la aportación del marxismo en el terreno de la! ideología? ¿cuáles son sus corrientes principales? ¿cuáles son sus descubrimientos fundamentales? ¿cuáles sus problemas más agudos? ¿cuáles son sus contradicciones básicas y cuáles son las causas de ellas? ¿cuáles son sus problemas abiertos? y, por último, ¿cuál es su lugar en el universo de los diversos paradigmas
que abordan el tema de la ideología)?

Tal vez valdría empezar por la última pregunta y dar una primera respuesta. La problemática de la ideología fue planteada por primera vez en su sentido moderno por Marx y Engels y en su obra encontramos las bases para una explicación teórica de este fenómeno. Pero a la vez deberíamos agregar que en las obras de Marx y de Engels no existe una teoría sistematizada de la ideología y sólo quedaron plasmados (en ella una serie de problemas no resueltos pero que definen, en cierta medida, el campo semántico en el que se debate la concepción de la ideología en el marxismo contemporáneo.

¿Cómo podría resumirse la aportación de Marx a la teoría de las ideologías?

Trataré de resumir los aspectos principales ya que este asunto lo he abordado en otra ocasión.2 A mi juicio, en la obra de Marx existe una evolución semántica del concepto de ideología. En su aparición explícita, este concepto puede ser localizado en: a) La Ideología Alemana (1845-1846) en donde significa “conciencia invertida de la realidad”, alude al hegelianismo y define lo opuesto al materialismo histórico. En esta etapa se analizan las causas de la aparición de la ideología y se ubican en la contradicción entre trabajo manual e intelectual; la lucha de clases y la legitimación del poder del Estado; b) En el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, de 1859, esboza la famosa imagen de la relación base-superestructura y se habla de la ideología como “formas de conciencia” que acompañan al todo social. El arte, la religión, la filosofía serían estas formas.

Mientras en el primer momento se conserva el carácter negativo de la ideología, carácter que toma Marx de la célebre crítica de Napoleón a Destut de Tracy y su grupo; en el segundo se acentúa el carácter de reflejo de las contradicciones sociales. El tercer momento (c), sería el formado por El capital y los Grundnssé* en que se habla de la1 función social que cumple la ideología, ya no en el sentido de reflejo sino en el de constituyente. Aparece el concepto de dominación junto al de determinación.

El problema es que en Marx el concepto de ideología no pierde sus características negativas, y en cambio, utiliza otros conceptos que hoy entendemos como referidos a la ideología pero que en su concepción no adquieren ese carácter. Este juego de conceptos son los de enajenación (Entfremdting), fetichismo (Fetichismus), cosificación (Versachlichimg) y reificación (Verdinglichung), Pero también los contraconceptos de crítica, conciencia de clase e interés.

Marx abrió una serie de problemas en torno a la cuestión de la ideología que podríamos enlistar así: el problema de la definición de la ideología; el tema de la forma en que se ínterrelacionan la base económica de la sociedad y las superestructuras política e ideológica; la forma1 en que se relacionan ideología, ciencia, filosofía y política en su propia obra; las características de la estructura ideológica de la sociedad capitalista; la relación entre ideología y filosofía1; la relación entre ideología y enajenación; la relación entre la ideología y el ‘arte, y la literatura y las demás creaciones de la cultura; el condicionamiento social de la ciencia y el carácter ideológico del conocimiento científico-social. La cantidad de cuestiones abiertas hacen que a partir de su obra se desarrollen, por lo menos, cinco corrientes que por acentuación de alguno de sus rasgos podríamos denominar: a) científica (primer Althusser, Schaff, Della Volpe, Golletti); b) filosófica (Lukács, Kosik, Lefebvre, Segundo Althusser, Markovic); c) política (Lenin, Gramsci, Cerroni, Poulantzas, Althusser, Lenk); d) semiológico (Rossi-Landi, Schaff, Herbert y Miller) y, e) sociológica
(Marcuse, Wright, Milis, Goldmann, Therborn).

El primer problema que surge en el marxismo contemporáneo es el de las diversas definiciones de la ideología utilizadas por los autores, y que invariablemente pretenden encontrar su fundamentación en la obra de los clásicos. Un ejemplo puede ser el siguiente: Para Engels, “la ideología es un proceso que se opera por el llamado pensador conscientemente, en efecto, pero con una conciencia falsa. Las verdaderas fuerzas propulsoras que lo mueven, permanecen ignoradas por él, de otro modo, no sería tal proceso ideológico”.3

Para Althusser, las ideologías son sistemas de representación difundidos en todo el cuerpo social, divisibles en dominios distintos, que se manifiestan en formas inconscientes o altamente sistematizadas;, que están destinadas a asegurar l’a dominación de una clase sobre otras, que son necesariamente falsos (aunque después modifica este rasgo en su “Nota sobre los aparatos ideológicos de Estado (AIE)”,4 que representan la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones de existencia, que tienen una existencia material y por tanto se muestran a través de ritos, signos, gestos o aparatos, que son constituyentes de la práctica y que existen por y para sujetos.

Para Schaff son “los puntos de vista basados en un sistema de valores relativos a los problemas planteados por el objetivo deseado del desarrollo social; puntos que determinan las actitudes de
los hombres, o sea, su disposición para adoptar algunos comportamientos en situaciones determinadas y su comportamiento efectivo en las cuestiones sociales. También se puede dar una formulación genético-funcional a esta definición: yo entiendo por ideología, las ideas sobre los problemas planteados por el objetivo deseado del desarrollo social, que se forman sobre la base de determinados intereses de clase y sirven para defenderlos”.6

Para Sánchez Vázquez “la ideología es: a) un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que; b) responde a intereses, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto social dado y que; c) guía, y justifica un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones o ideales”.6

Para Antonio Gramsci, la ideología es “una concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida individual y colectiva”.7

Para Maurice Dobb “cuando se utiliza la palabra “ideología” ella debe referirse al total de un sistema de pensamiento o conjunto coordinado de opiniones e ideas —que forman un armazón—
o a un grupo de un nivel más alto de conceptos conexos destinados a lograr nociones más específicas y particulares, análisis, aplicaciones y conclusiones”,8 Para Dobb, dicho término está relacionado tanto con la política como un punto de vista filosófico. La ideología está relacionada con los juicios de valor y con la relatividad histórica de las ideas.

Como se desprende de estas definiciones que hemos mencionado a título de ejemplo, dentro de la misma corriente existen discrepancias fundamentales y muchas veces irreductibles.

Estas discrepancias no sólo tocan a la definición del término sino también a las formas de entender sus relaciones con la ciencia, la filosofía y la política en la orientación abierta por Marx.

D)e las definiciones se desprenden también otros problemas: el tema de la falsa conciencia; la ideología como visión del mundo; la intervención de la ideología en el conocimiento (a través del establecimiento de relaciones entre la ciencia y la estructura social en sus diversas fases como a través de la intervención de los juicios de valor en las ciencias sociales); las relaciones entre ideología y filosofía y las relaciones entre ideología y ‘aparatos de hegemonía, es decir, sus relaciones con la política y el poder.

UNA PROPUESTA DE DEFINICIÓN

Para poder definir a la ideología en esta perspectiva es necesario especificar:

Primero, el tipo de ideología que se trate por su relación con la filosofía, la ciencia, la política, el derecho, l’a religión, el arte, etc.

Segundo^ la forma de interrelación específica que asuma cada ideología ya que, en la práctica, cada una contiene elementos de otras ideologías, de conocimientos, de nociones filosóficas, ideas
culturales, etc. Esto resulta claro cuando pensamos en ideologías políticas como el liberalismo, el populismo, el nazismo o el socialismo.

Tercero, en toda ideología es necesario distinguir su génesis (el caso de las llamadas por Canguilhem ideologías teóricas como la alquimia, es distinto al de una ideología política que surge de la lucha de clases.

Cuarto, en toda ideología es importante analizar la forma en que está constituida. Las ideologías son sistemas de representaciones y creencias integradas por diversos datos gnoseológicos, filosóficos y valorativos. En el análisis de cada ideología conoceremos cuáles tienen un mayor peso específico. Un ejemplo: el liberalismo es una ideología que se expresa a través de la economía, la
política, la filosofía, la historia. El modelo liberal propone un tipo de sociedad que tiene que cumplir con ciertos rasgos; una organización del Estado, una forma de ejercer la justicia, un respeto a la libre manifestación de la cultura, una regulación de la economía, una preocupación por proteger los derechos del individuo, una forma de entender las relaciones entre los que detentan el poder y los ciudadanos. En todos estos rasgos se pueden determinar algunas propuestas que derivan de un conocimiento científico y otras que expresan enunciados valorativos que son formalmente justos. Sin embargo, sabemos que el liberalismo es, entre otras, la ideología que contribuye a la constitución del capitalismo. El problema radica en distinguir cuáles son los diversos elementos que integran dicha ideología y establecer su peso específico en relación al sistema visto en su totalidad.

Quinto, las ideologías se manifiestan por medio de actitudes, signos, gestos, ritos y como señaló acertadamente Gramsci, por medio de aparatos de hegemonía. La sociedad está integrada por diversas estructuras en las cuales la ideología interviene de diversa manera. La ideología está presente en la estructura económica coadyuvando o contrarrestando la dominación de clase; está presente en la estructura jurídico-política y en otras estructuras como lo son la familiar, el aparato educativo, los medios de información, etc. La difundida noción de aparatos ideológicos de Estado
es ambigua y equívoca por las siguientes razones: porque tiende a identificar hegelíanamente al Estado con la sociedad; porque concentra el carácter de los aparatos en su función ideológica cuando pueden cumplir también otras funciones y porque reduce a la ideología a un lugar de la estructura social cuando ésta se encuentra difundida en la totalidad. Esto no quiere decir que no existan aparatos que sean por excelencia ideológicos.

Sexto, fes ideologías están presentes en forma señalada en el sistema de comportamientos y, por tanto, en la vida cotidiana. En el sistema capitalista la ideología está presente a través de múltiples
form’as: la práctica enajenante, la estructura de derechos que convierte al individuo en sujeto; las formas de sentido común. la mitología, el folklore, los ritos civiles del sistema, los ritos religiosos, las ideologías políticas, las expresiones de poder en todos los niveles, etc.

Séptimo, las ideologías varían históricamente en su naturaleza, contenido y función, de acuerdo a un tiempo propio que el análisis debe determinar y de acuerdo a la acción de toda la estructura social cuyas claves son el modo de producción, la estructura política y la práctica concreta de los hombres en el marco de una sociedad específica. La ideología participa de la historia social y tiene una historia diferencial.

¿Qué es lo que se desprende de estos criterios de definición de las ideologías?

Una tradición marxista, pero también una no marxista, ha centrado su definición de la ideología en tres criterios: la falsa conciencia, su carácter de legitimación de la dominación de clase y su ceguera frente al condicionamiento social de las ideas y específicamente, a la llamada determinación en última instancia de la superestructura por la base económica de la sociedad.

Examinemos estos tres aspectos.

En efecto, existe toda una vertiente del marxismo que arranca de los propios Marx y Engels y que considera a la ideología como conciencia falsa o invertida de la realidad. Existen inclusive estudios
detallados sobre los alcances de esta falsa conciencia; en la idea que los individuos se hacen a si mismos, las concepciones falaces que sostienen las clases de si mismas e inclusive las falsas ideas que crean los sistemas dominantes para hacer creer a toda una sociedad que tiene una misión “civilizadora” que cumplir frente a otras sociedades. En éste último caso sobresalen las “visiones heroicas” que tienen las sociedades imperialistas respecto de su intervención en otros pueblos.

En el mismo sentido, el filósofo alemán Enrich Hahn ha considerado, al estudiar el concepto de falsa conciencia, que en la obra de Marx, este carácter de la ideología es producido por los fenómenos que ocurren en el interior de la sociedad Capitalista: la producción, distribución e intercambio mercantil; la apropiación privada de los medios de la producción, la cosificación de la mediación social y la forma aparencial de equivalencia, que surge del establecimiento de pactos sociales que aparentemente se fundan en la igualdad ante la ley.9

Podemos coincidir con Hahn que en la obra de Marx existe esta formulación que me parece válida pero como hemos señalado, también existen otros aspectos derivados de su obra que hoy están incluidos en una teoría de la ideología y que no forzosamente tienen el carácter de falsa conciencia. Por otro lado, cuando Marx habla de que es necesario construir un nuevo tipo de sociedad está proponiendo a la clase obrera una nueva ideología. Hay, sin embargo, otros argumentos como el de que las concepciones falsas se interrelacionan con otros elementos no necesariamente erróneos en el interior de las ideologías y que puede haber ideologías que surgen de concepciones científicas. Pero el argumento que me parece más obvio es que un concepto no puede definirse sólo por una de sus notas características.

A la tesis de que las ideologías siempre buscan la legitimación de la dominación podemos oponer la tesis de que este carácter puede ser asumido de acuerdo a la función social y política que cumplan. El populismo, el liberalismo y el socialismo surgieron en sus inicios como ideologías críticas aunque después se convirtieron en ideologías de legitimación.

Finalmente, a raíz de los estudios más recientes, la tesis de la determinación en última instancia de la superestructura por la infraestructura, ha resultado ser insuficiente por diversas causas:
La primera de ellas es que en la obra de Marx no se estudia ampliamente todo el sistema de mediaciones que van de lo económico a lo ideológico. Estas mediaciones fueron descubiertas por Gramsci cuando habla de aparatos de hegemonía, la función de los intelectuales, la división entre la sociedad política y la sociedad civil (con todo y que esta división sea discutible) y la función de coerción y consenso ejercidas por el Estado. Por otro lado, en Marx están planteados los temas de determinación y dominación. Marx dice explícitamente en El capital que no sostiene un determinismo económico y que es necesario estudiar las causas por las cuales en Roma domina la política y en la Edad Media, la religión.

A este respecto, Maurice Godelier nos propone en su libro Infraestructura, sociedad e historia 10 la siguiente hipótesis de trabajo: Para que una actividad social —y con ella las ideas, las instituciones que le corresponden y ía organizan— desempeñe un papel dominante en el funcionamiento y la evolución de una sociedad, por lo tanto en el pensamiento y la acción de los grupos y los individuos que componen esta sociedad, no basta que asuma varias funciones: hace falta necesariamente que asuma además de su finalidad y de sus funciones explícitas, directamente y desde el interior, la función de producción”.

Para Godelier no se puede separar sin más, lo económico, lo político y lo ideológico. Por el contrario, en el mismo seno de lo económico, es decir, del modo de producción, intervienen elementos políticos e ideológicos. En lo económico intervienen los medios materiales e intelectuales, el pensamiento, el lenguaje, las relaciones de parentesco y la religión, entre otros. Esto depende del tipo de sociedad examinada.

Desde mi punto de vista considero que en obras como El capital o los Grundrisse se puede fundar una concepción más dialéctica del sistema social que la que se desprende del Prólogo de 1859. Un ejemplo de ello es el fragmento de la Introducción general de 1857 en ía que muestra todo el juego de relaciones que se da entre la producción, distribución, intercambio y consumo de mercancías. Ahí se habla de que podemos establecer múltiples y complejas relaciones entre estos elementos pero existiría uno, la producción, que a pesar de estar sujeto a la acción de los demás procesos es la que trasciende. De la misma forma, en la sociedad existe un núcleo estructurante que es lo económico pero que se encuentra en relaciones de acción recíproca con lo político y lo ideológico.

La ideología no es pues simplemente falsa conciencia y tampoco es producida, sin más, por el modo de producción para la legitimación de la dominación de clase. A su vez, estos elementos tomados en forma aislada no nos sirven para construir una definición adecuada de la ideología.

Pero faltaría un aspecto más que se desprende de los anteriores criterios de definición mencionados. Si bien es cierto que no todas las ideologías dependen exclusivamente de lo político, si parece ser una condición indispensable en la construcción de una teoría explicativa. Aquí nos encontramos con una sensible ausencia en la obra de Marx que parece que empieza a ser subsanada por el marxismo, aunque lo haya hecho tardíamente: falta una teoría del Estado capitalista que permita definir los contornos del sistema y fundamentar una teoría de la ideología.
En otros términos, una teoría de la ideología no puede ser construida sin una teoría de la superestructura jurídico-política en sus múltiples relaciones con Tas otras estructuras que conforman el todo social.

Las ideologías son pues sistemas de representaciones y creencias que se encuentran difundidas en el todo social, que penetran profundamente tanto en la psicología de los hombres como en las relaciones sociales, que se manifiestan a través de ritos, prácticas, sistemas sígnicos y aparatos de hegemonía. Las ideologías pueden ser de múltiples tipos pero encuentran su origen y forma de organización en las estructuras económica y política de la sociedad. En este sentido, las ideologías experimentan y contribuyen a las luchas que se establecen entre las clases e influyen
en los productos culturales.

IDEOLOGÍA, CONOCIMIENTO SOCIAL Y FILOSOFÍA

En el marxismo contemporáneo se han debatido también dos problemas importantes: las relaciones entre ideología y ciencia y las relaciones entre ideología y filosofía.

Los dos temas se encuentran interrelacionados y sufren las consecuencias tanto de la forma paradójica en que son abordados en Marx como de los criterios utilizados por diversos autores para saber en qué medida el aporte teórico del autor de El capital es científico.

En relación al primer problema, resulta ilustrativa la confrontación entre Adam Schaff y Louis Althusser. Para Althusser, al menos en su planteamiento original, la ideología es una representación necesariamente deformante y, por tanto, opuesta a la ciencia. Para Schaff, la ideología es un sistema de ideas, sobre la base de un sistema de valores que determina actitudes y modos de conducta que se orientan hacia los fines de la sociedad o un grupo social. Para él, la ideología influye en la ciencia y particularmente en la ciencia social. Como es sabido, Schaff realiza un análisis detallado de cómo influiría la ideología en la interpretación histórica, ‘a través del factor subjetivo, en su libro Historia y verdad.11

Las principales críticas de Schaff a Althusser son: 1) no realiza una tipología d’e la ideología en el sentido de distinguir ideologías que se basan en supuestos científicos o anticientíficos; 2) absolutiza la ideología y no especifica el carácter del condicionamiento del conocimiento por la clase social de que se trate; 3) no establece la relación entre ciencia y las condiciones sociales en las que &e definiría no sólo que el pasado de la ciencia es ideológico, como dice Althusser, sino también que la ideología está presente en el reconocimiento presente de la ciencia (Kuhn) y en su futuro.

En relación a ías definiciones que hacen uno u otro autores, ya podemos decir que se quedan en el señalamiento de sólo algunos aspectos de la ideología, frente a las muy complejas y ricas investigaciones de la actualidad.

Schaff sostiene una concepción dicotómica de las ideologías sin advertir que en realidad encontramos sistemas interrelacionados entre sí y no siempre adjudicables a “una clase”, como si ésta también fuera un conjunto uniforme.

Y, por otro lado, Althusser habla de la ideología como la opacidad eterna de la sociedad cuando en realidad esta opacidad varía históricamente, como lo ha expresado Sánchez Vázquez en su libro Ciencia y revolución. El marxismo de Althusser.12

Schaff tiene razón al advertir que Althusser y sus continuadores no toman en cuenta los condicionamientos sociales de la teoría. Habría, sin embargo, una cuestión de enfoque que, a mi
juicio, no debe ser omitida: Althusser habla de la ciencia pensando preferentemente en una estructuración lógica y semánticamente terminada. Schaff nos habla particularmente de la explicación del hecho histórico. De esta manera, ambos autores han escogido momentos de la explicación científica diferentes y sujetos de diversa forma a la influencia de la ideología o de los múltiples condicionamientos sociales.

A mi juicio, la ciencia está condicionada socialmente, lo que ocurre es que pueden existir en su interior, ciertos núcleos relativamente neutrales a la influencia de la ideología. El problema es entonces saber cuáles son las características de Cada fase y cuál es el grado de incidencia de los factores económicos, políticos, culturales, sociales e ideológicos en cada una de las etapas, señalaré un ejemplo: una cosa es la estructura lógica de El capital, estudiada por Zeleny o Uienkov y otra cosa es El capital mismo como obra de un autor en donde se expresa no sólo el momento histórico en que se gesta esta obra, sino su propio estilo de conocimiento personal (en términos de Polanyi),13 su cultura y su filosofía.

Empero, uno de los problemas de fondo de la discrepancia entre Althusser y Schaff es su forma de entender la teoría del conocimiento. Para Althusser se trata de saber cómo es producido un conocimiento a partir de los datos y de un instrumental conceptual y metodológico. Para Schaff el conocimiento se basa en la relación dialéctica entre sujeto y objeto, en donde el sujeto es el portador del elemento ideológico. En Althusser se trata de eliminar al sujeto y con ello la ideología y el condicionamiento social de las ideas. En Schaff se trata de afirmar el sujeto en su intervención en el conocimiento. Por mi lado, considero que el propio Marx nos ofrece en la Introducción del 57 y en El capital una forma distinta de entender el conocimiento como relación entre lo concreto real y lo concreto pensado y como un modelo estructural genético sujeto a condicionamientos sociales. Cuando se habla de relación sujeto-objeto se reduce excesivamente el conocimiento a dos términos; se busca explicar la intervención de la valoración en el individuo que realiza la explicación científica cuando l’a ideología adquiere un carácter supraindividual y objetivo y se quiere entender al condicionamiento social por medio de una interpretación bipolar de la relación entre infra y supraestructura, cuando hemos visto que esto implica diversas mediaciones.

El otro problema que está presente en las polémicas contemporáneas es el de las relaciones entre ideología y filosofía. Para una interpretación analítica clásica como la que se origina en los textos de Sclick, la única relación que guardaría la filosofía con la ideología es la de explicarla en su significación conceptual. En el marxismo, el tema de la filosofía está relacionado intensamente con el de la ideología. Para Lukács, por ejemplo, la filosofía marxista sería la concepción del mundo de una clase social y que se expresa a través de la conciencia de clase. Los intelectuales tendrían la función de atribuir a la clase obrera dicha filosofía. Para Lenin, la filosofía es la ideología científica del proletariado. Para Gramsci, la filosofía sería la expresión más sistematizada de la ideología, es decir, de la concepción del mundo que tendrá que implantarse a través de la hegemonía y, por tanto, a través de los intelectuales orgánicos de las clases, para poder transformar la sociedad. Como se recordará, para Gramsci, los intelectuales son los “funcionarios de la superestructura”, los que están encargados de buscar el consenso y de crear y recrear nuevas formas para el funcionamiento del sistema.

Una idea interesante expresada por Althusser en uno de sus últimos textos es la de que la filosofía es “el laboratorio teórico de la ideología”.14

Ya Althusser en otros textos como los de Lenin y la filosofía. Elementos de autocrítica y La filosofía como arma de la revolución, había establecido las tesis de que la filosofía es la teoría de las prácticas teóricas que tiene por función el trazar líneas de demarcación entre lo ideológico y lo científico; y que la filosofía representa la lucha de clases en la ciencia y la cientificidad en la política. La filosofía es, dice en Respuesta a J. Lezvis, en última instancia, la lucha de clases en la teoría. En su primera acepción la filosofía cumple la función de explicación teórica de lo que es la ciencia oponiéndola a la ideología. En la segunda, en cambio, parece ser la portadora de l’a ideología política que tiene la función de establecer la relación entre la ciencia y la práctica.

En la última acepción, la filosofía se convierte en un lugar en donde se trabajan elementos económicos, políticos, sociales, científicos, etc., para construir una concepción del mundo como lo
sería el racionalismo ilustrado, el liberalismo y el propio marxismo. La filosofía tendría la función de producir ideologías para el sistema social.

Desde mi punto de vista, esta concepción es acertada1 pero sólo para definir una de las funciones de la filosofía y en el caso de la filosofía marxista, sólo uno de los elementos que la constituyen junto al contenido gnoseológico y otros ingredientes provenientes de la cultura y la política.

Desembocamos aquí de nuevo a las dos grandes vertientes y los dos grandes extremos de la ideología: por un lado, una variante de la ideología cuya característica sería la de ser, entre otras cosas, una concepción falaz de la realidad; y por otro, la definición de la ideología como concepción del mundo que enlaza con la filosofía como el producto enlaza con su productor.

OBSTÁCULOS Y PERSPECTIVAS EN LA TEORÍA DE LAS IDEOLOGÍAS

¿Cuáles son los principales obstáculos que ha tenido el desarrollo de la ideología dentro del paradigma marxista y cuáles son las perspectivas?

La primera parte de la pregunta ya ha sido contestada en gran medida: el carácter paradójico con que se presenta el problema en la obra de Marx; la ausencia de una teoría sistematizada; la falta de desarrollo de una teoría del Estado; la forma esquemática con que se consideraron las relaciones entre base, superestructura e ideología; la dificultad de interrelacionar a la ideología con lo que Marx llama crítica; el predominio del sociologismo y el ideologismo cuyo ejemplo típico es Lisenko y, finalmente, la transformación del marxismo en una ideología de legitimación de los
estados socialistas.

Lo más importante es esbozar cuáles son los rumbos por los que ha caminado la teoría de las ideologías desde esta perspectiva:

En primer lugar, tenemos toda esta problemática abierta por Gramsci sobre los aparatos de hegemonía y la función de los intelectuales. Esta temática ha sido continuada y criticada por autores como Poulantzas y Therborn. Poulantzas en su último libro titulado Estado^ poder y socialismo^ desarrolla interesantes análisis en torno a la teoría del Estado y entre otras cosas, reformula la definición de modo de producción al considerarlo como unidad de determinaciones económicas, políticas e ideológicas. En la misma vía de Godelier, busca definir al papel del Estado en la organización de las relaciones ideológicas y de la ideología dominante.

Poulantzas, recusa también, la distinción gramscíana entre aparatos represivos y aparatos ideológicos, porque se basa en una concepción jurídicista del Estado que deja a lo económico jugando un papel exterior. Poulantzas dice que esta concepción supone que la eficacia del Estado reside en que “prohibe, excluye, impide, impone; o también que engaña, miente, oculta, esconde
o hace creer”1’6 pero ignora el hecho de que el Estado también crea, transforma, produce realidades y tiene una intervención ‘activa en lo económico. Poulantzas acepta la distinción a título
puramente descriptivo y provisional.

En segundo lugar, toda esta problemática que surge del análisis de la enajenación no sólo en el sistema capitalista sino también en el sistema socialista. Tanto en los Manuscritos económicofilosófico de 1844 como con los Grundrisse, se plantean con insistencia los temas de la alienación subjetiva y la alienación objetiva. Y en este marco, las relaciones entre la enajenación, la objetivación, la cosificación y el fetichismo.

El tema de la enajenación en el socialismo ha sido planteado con fuerza por Adam Schaff en su libro ha alienación como fenómeno social?-1 En ese trabajo, el autor polaco considera que en el socialismo ha surgido un nuevo fenómeno que es el de la burocracia y que constituye una nueva fuente de alienación. Por otro lado, también plantea el problema del fin de la enajenación en los textos de Marx y Engels.

Y finalmente, encontramos otra línea de desarrollo en las interpretaciones semiológicas de la ideología que partiendo de una concepción marxista de la sociedad buscan integrar su análisis a esta perspectiva. Uno de los planteamientos que se han hecho en este sentido es el de Rossi Landi, quien en su libro titulado Ideología^ dice que a partir de la reproducción social, Categoría matriz de la sociedad, se pueden distinguir: 1) las modalidades de la producción; 2) los sistemas sígnicos; y 3 la superestructura. Para Rossi-Landi, las ideologías actúan en los tres niveles. Ahora bien, entre la ideología y el lenguaje existe una unidad dialéctica que se expresa en los siguientes puntos: la lengua es fuente de la ideología y no existe separada del habla; la lengua y el habla individuales son alimentadas por el habla común; la producción lingüística es parte de la reproducción social; la sintáctica y la semántica no están separadas; así como el lenguaje no existe separado de otros sistemas sígnicos tampoco la ideología; h’ay una relación estrecha entre pensamiento y lenguaje; la ideología necesita del lenguaje aunque no agota su uso y también a las inversa.

No quiero decir con lo anterior que esos sean los únicos problemas abiertos en la actualidad pero creo que si son los más significativos. El paradigma marxista tiene todavía mucho que hacer en torno a este problema pero considero que los análisis futuros deben cumplir, por lo menos3 tres requisitos: primero, no quedarse en el examen filológico de los textos de los clásicos y avanzar en un análisis creativo; segundo, iniciar un profundo diálogo con otras concepciones de la ideología y tercero, beneficiarse de los análisis concretos que se realicen por los investigadores de diversos campos del conocimiento ya que el tema es necesariamente interdisciplinario.

NOTAS

1 Varios, El proceso ideológico. Ed. Tiempo Contemporáneo. B. Aires, 1971, p. 253

2 Véase mí ensayo titulado “Los sentidos de la ideología en Marx”, en G. Vargas (ed.) Ideología, teoría y política en el pensamiento de Marx. Ed. UAP, México, 1980, Col. Filosófica

3 Carta de F. Engels a F. Mehring. 14 de julio de 1893, Obras escogidas de Marx y Engels, V. 2, p. 88. Véase también las cartas de Engels a Schmidt (5 de agosto y 27 de octubre de 1890); a Bloch (21-22 de septiembre de 1890); a Starkenburg (25 de enero de 1894).

4 Diciembre de 1976, en Nuevos escritos. Ed. Laia. Barcelona 1978.

5 A. Schaff. Historia y verdad. Ed. Grijalbo. México, 1974, pp. 209 y 33.

6 Adolfo Sánchez Vázquez, “La ideología de la neutralidad ideológica en las ciencias sociales” en La filosofía y las ciencias sociales Ed. Grijalbo, México, 1976, p. 293.

7 A. Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de B. Groce. Ed. Lautaro, B. Aires, 1958, p. 16.

8 M. Dobb, Teoría del valor y de la distribución desde Adam Smitk. Siglo XXI edits. Buenos Aires, 1975, pp. 13-14.

9 Enrich Hahn, “Contribución a la crítica de la conciencia burguesa” en K. Lenk, El concepto de ideología. Ed. Amorrortu, B. Aires, 1975.

10 Un resumen en castellano de las principales tesis del libro ha aparecido en la Revista Cuicuílco, Núm. 2.

11 A. Schaff, Historia y verdad, Ed. Grijalbo, México, 1968. Véase también, Estructuralismo y marxismo, Ed. Grijalbo, México.

12 Adolfo Sánchez Vázquez, Ciencia y revolución, El marxismo de Althusser, Alianza Editorial. Madrid, 1978.

13 Polanyi M. Personal Knowledge towards a post-critical pküasophy. Routledge, 1978.

14 “La transformación de la filosofía” en Althusser y otros, Filosofía y lucha de clases. Ed. Akal, Barcelona, 1979.

1 5 N. Poulantzas, Estado, poder y socialismo. Siglo XXI Edits. Madrid, 1979.

16 Op. ciu, p. 29.

17 W A. Schaff, La alienación como fenómeno social. Ed. Crítica, Barcelona,
1979.

18 M Ferruccio Rossi-Landi, Ideología. Ed. Labor. Barcelona, 1980.

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