«Nuestro hijo de puta»

Por: Fernando Ravsberg | 2009-07-16, 12:5
Fuente: carta desde Cuba, especial para http://www.hernanmontecinos.com (16.07.09)

Vnder equipos médicos a Cuba es un pecado que debe ser sancionado con una multa de US$128.750. Esa fue la pena que la administración del presidente Barack Obama le impuso a Philips, la empresa que cometió el grave delito.

Es un forma muy peculiar de iniciar el camino hacia ese «nuevo comienzo con Cuba», que prometió el inquilino de la Casa Blanca en su encuentro con los líderes latinoamericanos, en la Cumbre de las Américas este año.

Es que realmente suena muy mal eso de impedir que las empresas vendan equipos para la salud pública cubana. Ni siquiera se me ocurre cómo defender tal posición, aunque seguro que habrá quienes la valoren positivamente.

A mí me cuesta entenderlo, ni siquiera dos países en guerra sabotean el funcionamiento de los servicios médicos para la población. De hecho las ambulancias y el personal sanitario deben ser respetados en los conflictos armados.

Mi razonamiento a lo mejor no es todo lo «político» que debería ser para entender estas estrategias. Porque lo cierto es que impedir que se compren equipos médicos sólo afecta al cubano de a pie, al que apoya la revolución y también al disidente.

No parece muy ético promover la democracia utilizando medidas coercitivas contra la población. Si el pueblo cubano apoya a la revolución, como afirman algunos, nadie debería bloquearle la salud para hacerlo cambiar de opinión.

Si por el contrario, como dicen otros, se trata de una dictadura que oprime a la ciudadanía, la crueldad sería aun mayor. En otras palabras, encima de tener que soportar el totalitarismo, EE.UU. los castiga negándoles equipos médicos.

Pero Philips no es la única penalizada, en lo que va del año las multas por comerciar con Cuba llegan a representar el 30% del total del dinero recaudado por la OFAC , organismo oficial norteamericano dedicado a perseguir las infracciones comerciales.

El gobierno cubano afirma que la OFAC invierte más dinero y personal en perseguir los negocios de Cuba por el mundo que en investigar las redes económicas que financian a la organización Al Qaeda , su archienemigo.

Las leyes del embargo económico contra Cuba son tan impopulares internacionalmente que el presidente Obama se ha visto obligado a no aplicar algunos de los epígrafes que afectan a terceros países, según lo acaba de anunciar al Congreso.

El mandatario suspenderá por 6 meses la aplicación de la Sección III de la Ley Helms-Burton , en la que se castiga a las empresas no estadounidenses que inviertan en la isla. La medida no es nueva, tanto Clinton como Bush ya lo habían hecho antes.

Así, el camino transitado por la actual administración se parece cada vez más al de sus antecesores. Ahora Hilary Clinton condiciona el dialogo político a que Raúl Castro cambie el sistema, realice elecciones pluripartidistas y libere a los presos.

Dice un sabio proverbio que no se puede tirar piedras para arriba cuando se tiene el techo de cristal y la paradoja es que el mayor número de presos políticos que hay en Cuba están en Guantánamo, dentro de la base militar estadounidense.

Personas apresadas desde hace años, arrancados de sus países sin órdenes de extradición, a las cuales no se les celebró juicio, no se les dio la posibilidad de una defensa legal y se les mantiene aislados del resto del mundo.

El hecho de que algunos de ellos fueran liberados recientemente sin el menor cargo en su contra, demuestra que por lo menos una parte de los que están allí no cometieron ningún delito, a pesar de lo cual pasaron varios años en la prisión.

Además es curioso que Washington cuestione el sistema político de Cuba, cuando varios de los aliados de EE.UU. son dictaduras, prohíben la oposición, tienen presos políticos en sus cárceles o violan los derechos de las mujeres y de los homosexuales.

Washington mantiene estrechas relaciones con la monarquía autocrática de Arabia Saudita, protege a Israel cuando viola las resoluciones de la ONU , apoya a Pakistán aunque se asesinen líderes políticos, mantiene un comercio preferencial con China sin exigir elecciones pluripartidistas y promueve el «diálogo» con los golpistas hondureños.

Al parecer, hoy como ayer, para EE.UU. siguen existiendo diferentes tipos de dictaduras. En épocas de mayor sinceridad, el Presidente Roosevelt defendía al dictador Somoza afirmando: «sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta».

Esto es ño que escribio un blogger

. A las 04:59 PM del 17 Jul 2009, honor Escribió:

La New Economics Foundation (NEF), con sede en Londres, ha presentado el 4 de julio el denominado Indice del Planeta Feliz (IPF), un indicador del bienestar humano alternativo a los tradicionales cánones desarrollistas. El estudio se basa en datos de 143 países que representan el 99 por ciento de la población mundial. Para realizar la
clasificación recurre a tres parámetros: la esperanza de vida, la satisfacción vital que expresan los ciudadanos de cada país y la huella ecológica que dejan para obtener el nivel de vida que consideran necesario para ser felices.

Y es que, según destacan los analistas, ningún país mencionado en el informe logra los tres objetivos, pero las diferencias entre las naciones muestran que es posible vivir vidas prolongadas y felices con huellas ecológicas mucho más pequeñas que las de las naciones con mayor consumo. Para muchos en occidente, la lucha por incrementar nuestros ingresos se ha dado a expensas de nuestro capital social y de nuestra salud mental. El desafío para occidente, dice el informe, no es el de no continuar aumentando nuestros ingresos monetarios sino
asegurar vidas significativas y fuertes lazos sociales. A menudo, lograr estos propósitos significa reducir el enfoque en el consumo y dedicar más tiempo a otros intereses. El IPF muestra que de verdad es posible tener buenas vidas que no cuesten un mundo.

El estudio pretende dar base científica a una muy antigua sospecha: “el dinero no trae la felicidad”, menos aún si está desigualmente repartido. Los países ricos no son los más felices, así vemos que América Latina es la región más feliz y ecológica del mundo. Un vistazo al ranking nos descubre muchas más sorpresas. Una de ellas es
que Estados Unidos se encuentra en el puesto 114, mientras que Cuba alcanza el 7.

Quizás el modo de entender la vida explica la abismal distancia entre el alto índice de felicidad detectado en Cuba y el bajo aparecido en Estados Unidos. Las comparaciones muestran que se pueden lograr vidas largas y felices con niveles mucho más bajos de consumo de recursos. Por ejemplo, los habitantes de los Países Bajos vive en promedio un año más que los de Estados Unidos y tienen niveles similares de bienestar pero su huella ecológica per cápita es menos de la mitad ( 4.4 hectáreas globales frente a 9.4 hectáreas globales). Los Países Bajos son ecológicamente dos veces más eficientes en lograr buenas vidas que los Estados Unidos. Igualmente, los costarricenses también viven un poco más tiempo que los norteamericanos, reportan niveles de bienestar mucho más altos y aún así tienen una huella de menos de un cuarto.

No faltará quien plantee la siguiente pregunta: ¿Si tan felices son los cubanos, por qué tantos desean a emigrar a Estados Unidos y no sucede el interés contrario? Ahora seré yo quien intente dar respuesta a ello. En primer lugar, no es verdad que la mayoría de los cubanos deseen ir a vivir a Estados Unidos, se trata de un patrón informativo explotado desde el norte. Evidentemente el estudio londinense no dice que todos los cubanos sean felices y ninguno quiera emigrar a otro país, pero una consulta del francés Salim Lamrani a la Oficina Estadística de Inmigración de Estados Unidos demostró que era antes de la revolución cuando más cubanos emigraban al país del norte y que en la actualidad, países como Canadá, México, Jamaica o El Salvador generan más emigración a Estados Unidos que Cuba.

Existen también razones de mentalidad entre la ciudadanía estadounidense que les hacen pensar que, aunque no sean felices, podrán serlo alguna vez gracias a la magnífica operación de conformación ideológica del modo de vida americano. El mensaje dominante en esa sociedad hacia las clases bajas es que ellas también podrán alguna vez ser ricas y opulentas, que viven en el país de las oportunidades aunque las estadísticas muestren que los ciudadanos suelen terminar sus días perteneciendo a la misma clase social de la que procedían sus padres. Todo ello les paraliza, no solamente para intentar subvertir el orden establecido, sino también para pensar en buscar un futuro en otra sociedad con otros valores.

Como ha señalado Nic Marks, fundador del centro para el bienestar de New Economics Foundation: “Mientras el mundo enfrenta la triple dificultad de una profunda crisis financiera, la aceleración del cambio climático y el tope inminente en la producción de petróleo necesitamos desesperadamente una nueva brújula que nos guíe. El hecho de dejarnos conquistar por la melodía del crecimiento económico sólo ha producido beneficios marginales para los más pobres del mundo, no ha mejorado notablemente el bienestar de aquellos que ya eran ricos y ni siquiera produjo estabilidad económica. Ahora tenemos que usar el Índice del Planeta Feliz para romper el encanto y trazar un nuevo camino hacia una economía de alto bienestar con bajas emisiones de carbono, antes de que nuestros estilos de vida de alto consumo nos arrojen en el caos de un cambio climático irreversible “.

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