Encuestas

Por: Alvaro Cuadra
Fuente: http://www.g80.cl (07.06.09)

Sostener que las encuestas de opinión son un reflejo de la realidad política de un momento es, por lo menos, una ingenuidad. Las encuestas de opinión se han convertido desde hace mucho en un arma en la disputa política. Sea que se trate de la popularidad de un personaje, o bien, de las preferencias por algún candidato en una próximas elecciones, las encuestas logran poner en evidencia, con dificultad y falta de precisión, las grandes tendencias. Sin embargo, su papel principal es, precisamente, modificar en un sentido u otro las tendencias del universo social. La encuesta de opinión es un punto del ahora que nos muestra los contornos del cono temporal que contiene los futuros posibles, y entre ellos, aquellos más probables. En este sentido, más que una fotografía de algún presente, la encuesta es una herramienta prospectiva en que a partir de determinadas condiciones actuales se proyecta un mundo posible con una alta probabilidad y un margen de error. Si el futuro es de suyo incierto, sólo nos es posible escudriñar ese mañana de manera probabilística.

Desde el punto de vista de los medios de comunicación, la encuesta se convierte en una realidad tangible en un aquí y ahora. No hay encuesta inocente. En medio de un proceso eleccionario, la encuesta se convierte en noticia y en tanto tal es capaz de incidir en el estado de opinión generalizado. El impacto de una encuesta dependerá del grado de prestigio asociado a la institución que la realiza, pues el prestigio va de la mano con la “cientificidad” que se le atribuye a esta herramienta. Son los datos, son las cifras, es la realidad misma. La encuesta esconde su verdadera naturaleza política detrás de una máscara de “objetividad”.

En una sociedad de masas, como el Chile de hoy, la encuesta se convierte en la voz del oráculo en que nos medimos como sociedad. La encuesta política orienta la opinión, transformándola en creencia indiscutible, un “verosímil”. Las encuestas transforman el estado anímico de la población en cifras, es decir, en ciencia exacta. En el mundo actual, el número se traduce en “confianza”: confiamos en las encuestas porque ellas nos entregan datos de la realidad, ellas convierten en ciencia el aparente caos de la muchedumbre. En suma, las encuestas son los insumos “científicos” que los medios de comunicación convierten en “sentido común”.

Una encuesta puede ser confiable desde el punto de vista matemático, pero ninguna encuesta es confiable desde el punto de vista político. Aún en el caso de una encuesta seria y prestigiada que se aproxime a algo parecido a una “verdad”, lo cierto es que en última instancia “manipula”, precisamente, aquella verdad que quiere representar. Finalmente, las tendencias que delata una encuesta no son independientes de la encuesta misma que resulta ser un ladrillo más en la construcción de tal o cual tendencia en la población. La profunda perversión de las encuestas radica en su capacidad para “hacer creer”, escamoteando de paso, aquel otro bien tan escaso que es el “hacer pensar”. En un mundo en que prima la “latría cuantofrénica” del “marketing” y el “rating” político electoral, se confunde con facilidad lo político con las encuestas.

Álvaro Cuadra
Investigador y Docente de la Escuala Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

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