Profetas anarquistas

Por: Fesal Chaín
Fuente: http://www.g80.cl (26.05.09)

Frente a los terribles hechos acaecidos hace pocos días en nuestro país, y me refiero a la muerte de Mauricio Morales Duarte de 27 años, estudiante de Historia y víctima del estallido de un explosivo de fabricación artesanal, que el mismo trasladaba por el sector Avenida Matta, he leído distintas reacciones, que tienen que ver, obviamente con los intereses sociales y políticos de los distintos grupos que se han referido a estos hechos.

Por una parte la tan típica reacción del poder institucionalizado y de los medios de comunicación adscritos a él y defensores a ultranza de lo oficial. No es muy novedoso el lenguaje, “el terrorista”, “el sujeto”, “hechos tan fuera de nuestra realidad como país”, etc., etc. El subsecretario del Interior, hablo incluso en radio Bio Bio en una entrevista realizada por el periodista Nibaldo Fabrizio Mosciatti de grupos satánicos o negadores de la fe católica.

Por otra, (y que me perdonen a los que analizo, puesto que en su angustia de ser verdaderos marginados de los medios, sobreactúan sus afirmaciones y agitan frases durísimas, justamente para hacer notar lo absurdo del discurso oficialista y romper el cerco informativo), están aquellos que han llamado héroe de la lucha social anticapitalista al joven Morales.

El Anarquismo en sus distintas vertientes a lo largo de la historia del mundo, es un fenómeno ideológico y político bien reconocido. Simplificando, podemos decir que es una vertiente de la izquierda revolucionaria, de carácter libertario, decididamente antiestatista y antidictaduras, que asume una lucha frontal contra el capitalismo y también en su momento contra el leninismo y el trotskismo y contra el estalinismo soviético y sus manifestaciones en los países de Europa y América. El Anarquismo y el marxismo revolucionario de carácter bolchevique y reformista estalinista fueron en la mayor parte de la historia en los distintos países, adversarios y enemigos. La matanza de Kronstadt por parte del Ejército Rojo o los fusilamientos de anarquistas por parte de los comunistas españoles durante la Guerra Civil, son hechos indesmentibles y de alguna manera causaron una crisis terminal del Anarquismo como propuesta hegemónica.

Frente a los sucesos de Avenida Matta y reconociendo que Marcelo Morales Duarte era parte efectiva de alguna vertiente del movimiento anarquista en Chile, ligada según las informaciones a los grupos Okupa y a otros grupos de trabajo social y cultural comunitario, escudriñé en el libro del reconocido intelectual argentino anarquista pacifista Osvaldo Bayer “Los Anarquistas Expropiadores, Simón Radowitzky, y otros ensayos”[1], como también en los artículos de León Trotsky sobre el Anarquismo y su disputa con los Bolcheviques, especialmente en el artículo “La Posición Marxista Acerca del Terrorismo Individual”[2].

Ambos textos son muy lúcidos, muy reveladores de la realidad espiritual e ideológica del Anarquismo. El Anarquismo a la luz de estos textos y de otros que he leído y también en algunas conversaciones con jóvenes anarquistas chilenos, es evidentemente una reacción a ultranza, casi desesperada, de carácter liberal individualista contra el capitalismo y contra el régimen democrático burgués. Desarrolla distintos tipos de lucha, desde la lucha cultural y local hasta los atentados y el terror individual. Es un fenómeno político, ligado a sectores de la juventud obrera, la más golpeada espiritual y económicamente por el sistema capitalista modernizado.

Es también a mi juicio, una reacción de la juventud obrera urbana chilena a un sistema por todos lados cerrado y paranoico en su conformación. Un sistema que a todas luces desea y desarrolla un Estado capitalista, con fuertes instituciones civiles y armadas y con dispositivos de seguridad y vigilancia frente a todos quienes puedan disentir de manera ilegal al sistema, y que no ha desarrollado cauces de participación popular, o como se afirma en la moderna historiografía post marxista, no ha construido país desde abajo, desde la realidad de los distintos grupos dominados y mayoritarios, sino que ha construido Nación desde la mente de los dominadores: empresarios, militares, curas y clase política. Esta es una explicación propiamente sociológica, pero muy general.

En mi libro “La Sociología Como Arma de la Resistencia” escrito en el año 2006, ya proyecto este tipo de reacciones y manifestaciones políticas de violencia política popular militar en los jóvenes universitarios y en distintos grupos refractarios. Y lo explico como una reacción propiamente política e histórica al sistema de dominación democrático burgués. Después de escrito el libro, en los años posteriores, los distintos grupos políticos que son parte de las minorías étnicas y la conforman y los jóvenes obreros y estudiantes urbanos han desarrollado crecientemente tácticas y estrategias muy ligadas a la violencia política militar popular.

A mi juicio y lo digo responsablemente, el fenómeno social de la violencia política militar popular, aunque sea minoritaria y fragmentada, es un hecho y no como ha afirmado ciegamente el subsecretario del Interior “fuera de nuestra realidad” o como ha dicho la Presidenta recientemente en Holanda, un mero hecho delictual, al afirmar que quemar casas es un delito como cualquier otro. Falsa analogía puesto que la quema por parte de grupos mapuche, de predios y casas en la Araucanía y en la región del Bio Bio, no es lo mismo que quemar la casa del vecino en una comuna de Santiago, como tampoco y a propósito de las palabras demonizadoras del subsecretario, pertenecer a sectas satánicas es lo mismo que pertenecer a las corrientes anarquistas históricas.

Frente a los trágicos sucesos acaecidos, pero también ineficientes e ineficaces con los que respecta al lucha y derrumbe del entramado del sistema de dominación, por mi parte, coincido con Trotsky en que “el desorden que produce el atentado terrorista en las filas de la clase obrera es mucho más profundo. Si para alcanzar los objetivos basta armarse con una pistola, ¿para qué sirve esforzarse en la lucha de clases? Si una medida de pólvora y un trocito de plomo bastan para perforar la cabeza del enemigo, ¿qué necesidad hay de organizar a la clase? Si tiene sentido aterrorizar a los altos funcionarios con el rugido de las explosiones, ¿qué necesidad hay de un partido?…” Y también coincido en su afirmación que: “La revolución no es una simple suma de medios mecánicos. La revolución sólo puede surgir de la agudización de la lucha de clases, su victoria la garantiza sólo la función social del proletariado. La huelga política de masas, la insurrección armada, la conquista del poder estatal; todo está determinado por el grado de desarrollo de la producción, la alineación de las fuerzas de clase, el peso social del proletariado y, por último, por la composición social del ejército, puesto que son las fuerzas armadas el factor que decide el problema del poder en el momento de la revolución”.

[1] Buenos Aires: Editorial Galerna, 1975.
[2] Austria; Der Kampf, 1911.

Fesal Chain
Poeta, narrador y sociólogo
fesalchain@live.cl

Una respuesta

  1. buena tus oalabras comparto mucho tus afirmaciones
    necesitp contactarme con anarkista aca en coronel chile

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