Visibilidad y lesbianismo

Por Aldarte.org *
Fuente: http://www.rompiendoelsilencio.cl (Diciembre del 2007)

“El lesbianismo es menos conocido, menos estudiado y se le sigue dando menos importancia que a la homosexualidad masculina. Este hecho lleva en muchos casos a pensar que es más fácil ser lesbiana que gay, porque de alguna manera lo que no se conoce, no existe y pasa más desapercibido; sin embargo, por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays”

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la mujer lesbiana, es el de su no existencia como tal. El ocultamiento y la no existencia son pautas que han marcado el mundo homoerótico femenino a lo largo de la historia Hasta donde somos capaces de entrar en la historia, ésta revela que ha existido un espeso silencio en torno al lesbianismo: es complicado y difícil encontrar datos y casos historiados sobre relaciones amorosas entre mujeres.

Históricamente, costó mucho admitir que las mujeres pudieran sentirse realmente atraídas por otras mujeres. Lo normal era considerar que nada en una mujer podría despertar los deseos sexuales de otra. Y así, tanto en el derecho, como en la medicina y en la opinión pública en general, se ignoraron las relaciones sexuales entre mujeres, algo que no ocurrió con las relaciones sexuales entre hombres. Por citar un ejemplo: entre los cientos de casos de homosexualidad juzgados por tribunales laicos y eclesiásticos en la Edad media y en la Modernidad no se encuentran casi ninguno concerniente a relaciones sexuales entre mujeres. Como cuentan algunas historiadoras, no deja de ser curioso que se borrara de la conciencia colectiva un aspecto significativo de la sexualidad femenina.

Entienden que no fue una cuestión de ignorancia, de falta de conocimiento de la existencia de mujeres lesbianas, sino que se trató, sobretodo, de una cuestión a la que no se quería dar crédito. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que históricamente la sociedad occidental haya construido una barrera impenetrable alrededor del lesbianismo? Para contestar a esta cuestión, hay que hacer referencia a una serie de concepciones acerca de la mujer como tal, la sexualidad en su conjunto y la femenina en particular, que han impedido que durante siglos se hable o se debata abiertamente sobre lesbianismo. ¿A qué ideas nos referimos?:

1. La mujer es de naturaleza inferior al hombre: hoy día puede que este pensamiento no se exprese de manera tan cruda, pero eso no quita el que haya provocado estructuras sociales y mentales que relegan a la mujer a un segundo plano respecto al hombre o que consideran que lo femenino no tiene la trascendencia de lo masculino. Así, lo que ocurre entre las mujeres o en su mundo tiene menos importancia y no se concibe como algo serio. En consecuencia, el lesbianismo ha carecido del reconocimiento que ha tenido la homosexualidad masculina. En las raras ocasiones en las que el lesbianismo se nombra en la historia de occidente, era considerado como un aprendijaze, una emulación de la sexualidad masculina, una frivolidad de jóvenes viudas y su práctica se consideraba un acto menos corrupto o grave que los actos homosexuales masculinos por lo que también estaba menos penalizado

2. La sexualidad debe seguir un modelo heterosexual, imponiéndose que sólo es normal que un chico esté con una chica y viceversa. Otras combinaciones como chica con chica o chico con chico serán vistas como anormales.

3. La sexualidad gira en torno al hombre (androcentrismo), el único con derecho a la búsqueda del placer. La capacidad sexual autónoma de la mujer está tan constantemente puesta en entredicho que llega incluso a ser negada. La sexualidad femenina giraría alrededor de la del hombre lo que hace casi impensable la existencia del lesbianismo, ¿cómo una mujer puede sentirse atraída por otra?

4. El pene es lo importante. La famosa frase “¿qué hacen dos lesbianas juntas?” aparte de transmitir un claro prejuicio, resume a la perfección el pensamiento de muchos y muchas: si la relación entre dos mujeres carece de lo importante (el pene), entonces el lesbianismo no es una sexualidad completa; será como mucho el prolegómeno de algo hasta que lo importante aparezca. En menor medida que hace algunos años, todavía hoy estas ideas se combinan para relegar al lesbianismo a la invisibilidad. En la medida en que socialmente no se ha roto con la idea de la sexualidad heterosexual y androcéntrica, las mujeres lesbianas cuando buscan referentes, modelos, todavía se tienen que enfrentar a una imagen excesivamente masculina de la homosexualidad.

El lesbianismo es menos conocido, menos estudiado y se le sigue dando menos importancia que a la homosexualidad masculina Este hecho lleva en muchos casos a pensar que es más fácil ser lesbiana que gay, porque de alguna manera lo que no se conoce, no existe y pasa más desapercibido; sin embargo, por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays.

Fortalecer la autoestima

Todas las personas construimos nuestra sexualidad como respuesta a las definiciones culturales que nos rodean. Las mujeres lesbianas también. La autoestima es el aprecio, la consideración que una persona siente por si misma, condicionada por un conjunto de experiencias y prácticas de vida y está constituida por: Las creencias acerca de una misma. Los pensamientos y los conocimientos. Las dudas y las intuiciones. La interpretación de lo que nos ocurre y lo que hacemos que suceda. Las emociones, los afectos y los deseos. Todavía persisten mecanismos sociales que enfrentan a las mujeres lesbianas a una subvaloración inicial como mujer con los obstáculos que esto acarrea: sentimientos de culpabilidad y deseo de legitimarse. Vivir con un secreto que excluye y provoca soledad. Tener mayores dificultades que los y las demás para hacer de su experiencia sexual algo positivo Estos problemas, junto con el estigma y los prejuicios que rodean al lesbianismo, son la causa de que las mujeres lesbianas tengan que hacer un ejercicio muy laborioso para lograr una autoestima equilibrada. Las consecuencias de una baja autoestima son: Limitación de la capacidad de abrirse a los y las demás y por tanto, reducción de la expresión de los deseos en general y de los sexuales en particular. Igualmente, una baja autoestima no propicia la habilidad necesaria para resolver los conflictos cotidianos sin ansiedad, sin actitudes defensivas y sin esos miedos que se van presentado por el hecho de tener una orientación homosexual no del todo asumida. Conformadas como seres “para otros”, las mujeres depositan la autoestima en “los otros” y en menor medida en sus capacidades. No es raro, por tanto, encontrar a muchas lesbianas con una baja estima de sí mismas. ¿Cómo se fortalece la autoestima? Al concretar los deseos y hacerlos posibles en libertad. Cuando se promueve el bienestar y se impulsa y mantiene el desarrollo personal. Al transformar las estructuras sociales, familiares e institucionales que tengan presente la diversidad de deseos sexuales y hagan posible desarrollarlos en igualdad de condiciones.

* Artículo publicado en Ciudad de Mujeres http://www.ciudaddemujeres.com

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