Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas.

Por: Orlando Cruz Capote
Fuente: Kaos en la Red  (17.12.08)

Hace unos meses, en julio de este año, escribí un artículo acerca de la ética y los debates ideopolíticos, teóricos y de opinión que se suceden entre las izquierdas, titulado: “Los principios éticos de una polémica desde la izquierda”, difundido a través de algunos medios alternativos digitales. (1) La intención de aquel trabajo, aunque tenía el propósito directo de defender a la Revolución Cubana y al Compañero Fidel Castro de una interpretación mal encaminada de un miembro inteligente de la izquierda norteamericana, era precisar sin subterfugios que cualquier diferencia puede ser discutible en un escenario privado (o público), en el tiempo oportuno, realizándose siempre con una ejemplaridad y moral individual consecuente con los principios revolucionarios. Y que existen principios político-éticos duros esenciales por lo cuales nos debemos regir para no dejarnos engañar por aquellos que todo lo relativizan o absolutizan, al suponer que las interrelaciones y los nexos reales entre las objetividades, subjetividades e intersubjetividades han desaparecido misteriosamente de algunas miradas menos preparadas, y otras quizás muy manipuladoras que al parecer no saben recepcionar y reflexionar sobre la realidad material y espiritual que nos circunda. ¿Acaso el capital y sus representantes, las clases, grupos y sectores burgueses dominantes y hegemónicos, no promueven -mejor sería decir que lo hacen de manera natural por la lógica reproductora del capitalismo- el “fetichismo” y la “cosificación” de todo lo existente, convirtiéndolos en vulgares mercancías, que se producen, reproducen y se venden -entre ellos los objetos y los sujetos, las ideas y las culturas presentes en la sociedad-, y que provocan la enajenación y alienación en los individuos y los colectivos humanos en esta época transicional de la humanidad, colmada de virtualismos, juegos de lenguajes y marketing en la política, la información y la cultura?;  ¿y no es cierto que de esa realidad, hoy mercantilmente globalizada, no escapan ni siquiera los países, naciones y pueblos que poseen un sistema político y socioeconómico diferente, o sea los que transitan hacia el comunismo en su etapa socialista, porque están inmersos en el sistema-mundo capitalista o en el también llamado sistema de dominación múltiple del capital, a través de la economía-comercio, las finanzas, la informática, las comunicaciones, las migraciones y la poderosa cultura capitalista transnacionalizada, desde hace tres décadas además neoliberal?

Ningún mérito histórico y político, individual o colectivo, puede considerarse válido para denigrar al oponente en la controversia desde y entre las izquierdas. Tampoco debe limitarse el debate, al ámbito circunscrito de los intelectuales y académicos de las diversas disciplinas y saberes científicos creyéndose estos la conciencia crítica de la sociedad por auto-nombramiento; por el contrario,  esa discusión incumbe además a los grupos de avanzada del cuerpo societal, a todos los decisores políticos, incluyendo al  poder popular u otra denominación que asuma,  así como a la vanguardia política -no la autoproclamada sino la que gana cada día en la vida común y trascendente- y que, paralelamente, es necesario expandir esa polémica crítica-constructiva hasta al ciudadano común, aunque este último no fuera un dechado de virtudes, desde el ángulo conductual y en cuanto a su actitud activista positiva en la política diaria pero, repetimos, con una ética patriótica y ciudadana -y socialista si fuera posible- a la hora de plantear problemáticas serias y de saber escuchar los demás pareceres en curso. La complejidad del asunto no se beneficia con reduccionismos, pero puede contar con simples opiniones, muchas de ellas espontáneas y extraídas de la observación y la experimentación cotidianas aunque fueran de estas de índole fenoménicas. No obstante, si nos detenemos en ese nivel empírico del análisis es de un riesgo muy poco saludable para la política que se ejerza en los niveles micro y macro de la sociedad histórico-concreta que se trate, mucho más si se refiere a esta cada vez mayor mundialización transnacionalizada capitalista que nos impacta a todos de forma asimétrica. Es incuestionablemente necesario entonces reflexionar desde conocimientos y saberes, cosmovisiones y cosmogonías, que nos permitan ordenar, jerarquizar, cohesionar, criticar y sistematizar todo ese conglomerado de ideas y prácticas con el fin de transformar la realidad hacia el socialismo o el comunismo.

Cualquier porfía en las ideas, aunque sea obstinada, nos obliga ante todo a ser críticos sanos, constructivos y sopesados, y cualquier diálogo entre camaradas de lucha debe ser concienzudo y éticamente respetuoso, procedimiento que nos enriquece a todos por igual. En esa oportunidad expresé que “(…) Las discrepancias, contradicciones y hasta antagonismos entre los revolucionarios deben poseer, sin embargo, principios éticos inviolables. (…) porque el respeto hacia el pensamiento ajeno, el no imponer criterios desde una autoridad que no todos reconocen o tienen que reconocer como infalible, el intercambio de ideas provechoso aunque no se esté de acuerdo con el otro, el no inmiscuirse intrusamente en los asuntos internos de otras fuerzas revolucionarias, el deber de indicar al amigo o camarada de lucha sobre errores cometidos, insuficiencias y deficiencias sin extralimitarse y sobre la base de una crítica realmente constructiva son el pilar de una militancia y tolerancia proletaria y socialista, de izquierda y comunista, honesta y sincera. Cuando una de estas reglas elementales se violan o se distorsionan surgen serios problemas en la unidad del movimiento revolucionario. Nadie debe enjuiciar a otro revolucionario, a no ser que este haya perdido su condición de tal, porque una personalidad o una organización no puede ser juez supremo de las ideas y de las acciones de las otras”.

En otro trabajo, escrito en dos partes, al que titulé “La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en sus sistemas socialista”, (2) enuncié otros problemas si aceptábamos o no como debatible todo aquello que se nos propone desde fuera y dentro de Cuba, porque percibí egocentrías y deseos de protagonismos extremos en algunos de los hipercríticos de la Revolución, principalmente contra sus dirigentes, las políticas enunciadas y aplicadas, acertadas o no. Estos críticos desde dentro del escenario nacional -aunque lo dudo porque algunos de los intercambios y “tira-encoge” de sus miembros denotan que trabajan o viven en el exterior y que solo están en la Isla por lapsos muy breves- han presentado presuntuosamente ante-proyectos de programas al Partido Comunista de Cuba (PCC), incluso reformas a los articulados de la Constitución de la República, promoviendo visiones comparadas y, muchas veces, (a)-críticas y (e in)-moldeables acerca de los caminos-modelos económicos chinos, soviéticos, venezolanos, bolivianos, etc, con o hacia Cuba, sin un núcleo duro de principios. Aduciendo, muchos de estos autores, que son viejos ex-funcionarios o ex (y) miembros del partido comunista que no han sido escuchados, menos atendidos y no respondidas sus inquietudes por las instancias correspondientes de la vanguardia política. Pero la pregunta que me hago constantemente es la siguiente ¿no poseen un núcleo, un comité del partido, un nivel municipal y provincial de la organización al que hayan dirigido sus quejas y sugerencias?; ¿han agotado esos canales de comunicación e interrelación con esos y otros niveles de dirección?; ¿dónde se encuentran esos “disciplinados” y exhibicionistas auto-revolucionarios que escapan una y otra vez al centralismo democrático, que son las esencias de un partido comunista marxista-leninista y martiano?; ¿se han preguntado por qué no reciben contestación?; ¿por qué hacen ideología y política desde fuera, es decir, en medios de publicación alternativos y, como conozco, en otros países?; ¿se han cuestionado, por qué algunos amigos de Cuba se sorprenden de que se hagan tales planteamientos, y otros los aplaudan asumiendo amistades efímeras y tal vez inexistentes, mostrando simpatías sospechosas? Pudieran responder algunos de ellos, los “revolucionarios auténticos”, que la burocracia intermediaria, tan dañina para todos en Cuba, no les ha permitido llevar sus críticas y planteamientos a la mesa de discusión de la máxima dirección del país y el partido, o podrían contestar que, si bien existe en Cuba un partido único históricamente condicionado -aunque tienen que reconocer que el mismo es muy plural en su interior- no poseen los espacios democráticos suficientes para expresar sus inconformidades y proposiciones. ¿Pero hacia adonde conducirá ese debate que en ocasiones adquiere ribetes dramáticos y que tanto ruido provoca en el exterior y en el interior, buscando admiradores por doquier, pues asumen que su discurso es supuestamente subversivo, light  y no oficialista?

A esta altura de la polémica y luego de leerme casi todo lo que han escrito y propuesto, he arribado a una conclusión: lo han realizado de forma ecléctica, como una sumatoria de calamidades y errores, yuxtapuesta, hipercrítica y generando un verdadero caos de opiniones, por lo que no me asombra que el silencio haya sido una forma de responderles, o que se hayan utilizado alusiones indirectas desarrolladas por otros articulistas serios y militantes, intelectuales orgánico-comprometidos que, sin desconocer las sombras, revelan con mayor fuerza las luces de una Revolución ejemplar. Estos “nuevos revolucionarios” están haciendo mucho daño en los momentos precisos en que el socialismo cubano se prepara para el VIII Congreso de su Partido Comunista, en los instantes en que existe una gran voluntad política por introducir cambios en lo realizado hasta hoy, en medio de un intenso debate partidista y popular interesante y trascendente, así como en el tiempo histórico en que concurre la plena convicción de casi todos de superar viejas deficiencias e insuficiencias, de rediseñar ese modelo socialista sin copias y borrar los viejos mimetismos, sin perder ni extraviar los principios. Estamos, sin embargo, conscientes de que no podemos seguir equivocándonos en lo que ya nos equivocamos, aunque en el largo camino de tránsito hacia el socialismo y el comunismo sea preciso vivir en el eterno terreno teórico y práctico de cometer errores y alcanzar éxitos, y rectificar los primeros de forma permanente. La Revolución es una subversión constante, pero hay que cuidar su unidad interna ante los enemigos que quieren destruirla y provocar su reversibilidad. No podemos olvidar que una crisis de inestabilidad e ingobernabilidad política en nuestro país puede desencadenar una agresión militar abierta por parte de los EE.UU. contra Cuba. La idea de que ese ataque directo no está en la agenda de política exterior del Imperio del Potomac es, y siempre será, una ceguera ideopolítica y una ingenuidad que puede pagarse de forma muy cara. Las susodichas agendas de prioridad en los círculos de poder de Washington nunca han descartado, por muy deslizantes, vigilantes y presionantes que sean, una intromisión bélica en los asuntos internos cubanos.

Algunos de estos críticos han caído en el vacío ideológico y político de hacerles el mal-juego a todas las escuelas de pensamiento críticas y marxistas, así como a las tendencias y las corrientes anarquistas, las anarcosindicalistas, las socialistas utópicas, las reformistas -porque no manejan bien ese dúo dialéctico entre revolución-reforma-, las trotskistas y las socialdemócratas; las prosoviéticas de la era de Josef Stalin -aunque a éste no lo mencionen-, de la “época del deshielo” de Jruschov, del “estancamiento” brezhnenianismo y de la perestroika, la glasnost y el nuevo pensamiento gorbachiano. Incluso, aunque tampoco hagan fe de ello, se remiten al maoísmo y el denxiaopingnismo chino. Algunos de estos autores, en su largo recorrido histórico teórico-empírico, toman prestado algunas de las ideas de cuerpos teóricos más coherentes y las reciclan, incluyendo hasta el marxismo occidental (estructuralistas, neomarxistas, funcionalistas, construccionistas, evolucionistas, y sus (im)-pares des, etc.); de los diversas conceptualizaciones post; de interpretaciones de la teología de la liberación; del denominado “guevarismo” -que no es lo mismo que el pensamiento original, auténtico y creativo de Ernesto Che Guevara- y de otras tantas vertientes de la izquierda latinoamericana y  mundial. Como se imaginan  muy bien dotados en la teoría y los métodos, las metodologías y las epistemologías de todos los tiempos intentan y re-interpretan a José Martí, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Aníbal Ponce, Jose Carlos Mariátegui, Antonio Gramsci, Georges Luckas, también Karl Korsh, Rosa Luxemburgo, etc , y otros tantos pensadores del marxismo, el leninismo y del comunismo internacional. Incluso, tales escritores realizan diletantes “paseos” por las tradiciones históricas de la nación cubana, reinterpretando ese devenir con anunciadas nuevas “miradas marxistas”. Pero al final, en muchos casos sus lenguajes están atrapados en los términos que desean denunciar, renunciar y rechazar, porque la relectura e interpretación que han realizado ha sido puramente ecléctica y no selectiva-crítica.

Sin embargo, es muy perjudicial para un Estado-Nación Popular y Socialista como el cubano, que se encuentra a sólo 90 millas de los Estados Unidos de América, su más hostil y agresivo adversario, propiciar escisiones y divisiones virtuales que pueden llegar a ser reales, brindando imágenes de desunión y quiebras en el consenso nacional, socioclasista y dentro de la heterogeneidad existente en nuestro cuerpo societal (uniétnico, multirracial y pluricultural), que aunque tensional, conflictivo y dinámico no es antagónico como para mostrar desacuerdos que pueden conllevar a visiones fracticidas. Porque, además, estos autores, de adentro y afuera, confeccionan una agenda política propia y de grupos -a veces de sumas de individuos- a través de las redes de Internet, sin consultar nada con el partido que rectorea el proceso revolucionario y que contienen decálogos (a veces suman más de 20 las intenciones “teóricas”) de premisas y propuestas de nuevos catecismos antidogmáticos que devienen inevitablemente en dogmas, que pretenden brindarles soluciones a todos los problemas, dando por inacabado o ya agotado, sin embargo, todo lo que existe y está vigente. La reelaboración de tales propuestas que se construyen como maneras de revisar supuestas políticas erradas y de proporcionar el conocimiento de contenidos y formas, muchas de ellas apresuradas y muy poco rigurosas, de programas políticos seudo-novedosos son parte de la búsqueda de respuestas, casi siempre no bien pensadas y sin contrapeso de unas con otras, por lo que pueden anularse entre sí o provocar más problemáticas que soluciones. Por eso, antes de arribar a conclusiones más decisorias, prudentes y profundas que sirvan para un intercambio provechoso, tienen que tener en cuenta o valorar como un todo único al escenario nacional, regional e internacional. Nadie puede sentirse con el derecho, aunque sea un grupito de 10 ó 15 personas (y si son más peor), de imponer líneas directrices y normativas a una organización política (que posee cerca de medio millón de miembros, la mayoría muy críticos y autocríticos pero al interior de su organización, que no es socialdemócrata), sólo porque piensen que los ritmos de ellos son los más adecuados y sus recetas las más acertadas y perfectas. Esos grupos de “iluminados” caen en el vicio de que pretenden combatir, la “iluminación” de los que están criticando y que, para sus puntos de vista, lo hacen mal, porque no están acorde con las cadencias de la marcha de la historia, los acontecimientos y los complejos-tensionales procesos contemporáneos.

La superación dialéctica esta constituida por la continuidad y la ruptura, incluyendo momentos de zigzaguees y retrocesos, y debe ser demostrada en la práctica, como uno de los momentos de aproximación a la verdad, o las múltiples verdades coexistentes. O ser extraídos de la práctica como criterio de la verdad, pero no a niveles micros, o encuestas de opinión que abordan a una mínima parte de una localidad, porque nunca llegan a una valoración nacional. Y muchas veces tales enunciados hipotéticos no se confirman en un hecho, sino casi siempre son verificables en procesos de corta, mediana y larga duración de dudosa conformación ideopolítica y teórica. Nadie tiene la verdad absoluta, porque no existe. Y ser conscientes y cercanamente científicos -que no es lo mismo que ser cientificista y convertirnos en la última y única conciencia- nos brindará un análisis más terminado de lo que sucedió, acontece y, además, el poder poseer una mirada de futuro apropiadamente estratégica-abarcadora, con sus variables tácticas ante las distintas coyunturas que atravesamos y podremos encontrar en ese camino incesante de búsqueda. Si Carlos Marx ante la pregunta de cómo sería el la sociedad futura del socialismo, contestó con esa gigantesca dialéctica y humildad que lo caracterizó, que él no era un profeta, nadie puede asumir ese papel, aunque haya escrito 10 libros, aunque este no es el caso que nos ocupa.

Y nos estamos refiriendo, en estos momentos, a todas las izquierdas con ese amplio espectro ideopolítico que siempre las ha caracterizado y las ha escindido y dividido, y que, luego de una batalla de más de veinte años frente a la hegemónica derecha neoconservadora capitalista internacional, ahora transnacionalmente más visible, desde las décadas de los 80 y los 90 de la pasada centuria y principios del actual siglo XXI, reconocemos que muchas de ellas, especialmente en Nuestra América, estaban y están resistiendo heroica y firmemente esos embates, y otras resurgen con inusitada fuerza y comienzan paulatinamente a ganar terreno, a pesar de tantas confusiones, olvidos e ignorancias. Pero ser de izquierda no es solo estar a la izquierda, porque necesariamente hay que contextualizar en que situaciones históricas están incidiendo y accionando en la vida real, mucho más rica que las más complejas teorizaciones. La retórica antiimperialista y contra la globalización capitalista neoliberal son posiciones a la izquierda, pero no significa que tal enfoque sea totalmente de una izquierda que esté apostando por el cambio social radical de eliminar el sistema-mundo capitalista, la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre a nivel planetario, regional y nacional-local, así como tampoco constituye una consigna variable o estática que sirva para perfeccionar el socialismo donde este ya triunfó y continúa construyéndose, contra viento y marea.

Aunque, no debemos subestimar ni subalterizar estos posicionamientos y visiones tan efectivas en instantes de in crescendo batallares socioclasistas, de género, indigenistas, raciales, antibélicos, antitratados de libre comercio, antideuda externa, feministas, barriales o comunitarios, gays, antipatriarcales, piqueteros, religiosos revolucionarios, guerrilleros, etc., como se dan actualmente en los disimiles y heterogéneos movimientos sociales y políticos latinoamericano-caribeños. Y aunque todos no sean antisistemicos, deben ser valorados como agrupaciones, movimientos y partidos de acumulación revolucionaria, en vías de construir al sujeto histórico-político del cambio socialista dentro del sistema capitalista mundial, que ahora no solo se reduce al proletariado, sino que puede ser un sujeto sociopolítico múltiple. Ese es el único discurso y construcción post que será la solución definitiva al problema económico, político, social cultural y ambiental del mundo de hoy y del provenir: la derrota del modo de producción capitalista y su dominación-hegemonía unilateral y única. Esa es la alternativa estratégica, aunque vayan junto a ella, alternativas tácticas variadas, todas válidas.

Igualmente, el ecumenismo ideológico y político extralimitado no nos permitiría trazar pautas, no para imponer jerarquías autoproclamadas, sino para comprender a los agentes del cambio, los aliados, los compromisos y relanzar hacia delante la lucha de forma permanente, rectificando las desviaciones a la brújula, que muchas veces se pierde consciente e inconscientemente. El análisis socioclasista e historicista, las clases, la lucha de clases, el capitalismo-imperialista, las crisis cíclicas y estructurales del capitalismo, la colonialidad y la dependencia neocolonial no han perdido ninguna vigencia y sería ingenuo o de una miopía política extraordinaria perder ese enfoque o ángulo del problema actual que parece tener la misma edad del capitalismo y de los análisis marxistas y leninistas del siglo decimonónico y del XX y el XXI, este último recién comenzado. La impaciencia revolucionaria no debe influenciar para que lancemos por la borda todo el arsenal histórico, político, teórico y práctico heredado y el que constantemente (re)-construimos desde las redes horizontales, desde el poder, antes de asumir el poder y desde la oposición al poder burgués y que hagamos espontaneísmos anárquicos y caotizadores que no nos permitan volver al orden, siempre efímero pero necesario.

En estos días, revisando con detenimiento los trabajos de muchos de los integrantes regionales e internacionales, hasta de los nacionales, de las heterogéneas izquierdas, volví a percibir ese gran mosaico multicolor de escuelas, tendencias y corrientes que están presentes y que, en algunos momentos, se muestran difusas, ambiguas y que toman incluso, como parte de sus construcciones conceptuales, elementos, términos y tesis de la derecha burguesa (que también son plurales), inclusive la (neo)-conservadora, la liberal, y las doctrinas sociales de las iglesias. Asimismo, en otros instantes, muestran una firmeza lindante con la vieja manía de poseer toda la verdad, y exteriorizar que todas las demás posiciones no concordantes con sus puntos de vista no están en lo cierto. Ese es el verdadero panorama de las disputas teóricas, ideológicas y políticas que intentan imponerse como realidades prácticas solucionadoras de los múltiples conflictos existentes.

Si estamos intentando construir una alternativa teórica para una alternativa práctica social-transformadora del sistema capitalista, o sea de izquierda revolucionaria y comunista -el socialismo sólo constituye una etapa de tránsito, evidentemente muy larga en el tiempo, hacia el comunismo-, no resulta errónea la idea de releer y revisar todo lo acontecido y producido en el campo material y espiritual de la historia revolucionaria y progresista de la humanidad. Desde volver a repensar a los clásicos del marxismo, a sus antecesores -las llamadas principales fuentes nutricias que, lamentablemente, quedaron reducidas a unos cuantos pensadores y hacedores, pero que fueron muchos más según las citas y las lecturas de los propios creadores-, así como a aquellos que prosiguieron estas indagaciones e hicieron aportes, mayores o menores, en su enriquecimiento humanista y científico. ¿Acaso los grandes adelantos en las denominadas ciencias naturales, puras o duras y las aplicadas no fueron objeto de atención por parte de los filósofos, politólogos, sociólogos, economistas, psicólogos y otras científicos sociales y humanistas marxistas de todos los tiempos?; ¿no es parte de esa herencia que tal división y subdivisión, artificialmente fundada, entre las ciencias sociales, las humanísticas y las ciencias naturales, no debió realizarse con un racionalismo puro que perjudicó tanto a unos como otros saberes y disciplinas científicas? Por ello, Carlos Marx afirmaba que la “(…) La naturaleza que se hace historia humana -la génesis de la sociedad humana- es la verdadera naturaleza del hombre…”, por lo que es concluyente de que solo cuando la ciencia procede de la naturaleza es verdadera ciencia.

Pero como el marxismo se desarrolló, y continúa haciéndolo, en lucha dialogadora, contradictoria y hasta antagónica con otros representantes de los diferentes comunidades académicas e ideopolíticas, tampoco es equívoca la pretensión de tomar lo más positivo de esos que pugnaron y contradijeron, y contradicen a este desde cualquier posición, siempre que no sean problemas que afecten los núcleos duros y de principio de nuestra concepción materialista de la historia, de la dialéctica materialista y de la cosmovisión filosófica e histórica de la teoría de la praxis. Aunque al final, inevitablemente, debe producirse la síntesis de tales estudios, investigaciones y prácticas, no como mezclas y yuxtaposiciones, porque si no se realiza esa articulación-superadora no serán más que meros “pastiches e instalaciones”, que en el arte son admisibles, pero que en la política, el pensamiento y en el saber científico y cotidiano requieren transformarlas en verdaderas reflexiones y prácticas innovadoras-creativas y originales. Aunque no toda creación tiene que representar algo nuevo, como extraído de la nada, sino que puede adoptar una adecuación renovada y acertada de lo pensado y ensayado en la praxis anterior. Lo preliminar no se niega negativamente -a no ser en la negación dialéctica-, sino que se retoma constructivamente, y si son elementos muy nocivos y, por lo tanto perniciosamente duraderos, debe precisarse del tiempo y de los espacios concretos y generales -la dialéctica de lo singular, lo particular, lo general y lo universal- en la lucha por superarlos con la persuasión, la concientización y la propia práctica revolucionaria, así como en el combate directo para eliminarlo-transformarlo de las mentes de las personas. Y esa es una misión de largo plazo.

Pero lo más peligroso de las polémicas en las izquierdas es cuando terminan en querellas, altercados y trifulcas incluidas. Porque alimentan y conducen al final, a divisiones y escisiones -rasgos también característicos de las izquierdas a nivel mundial, y bien acrecentados en Latinoamérica y el Caribe- que quiebran la necesaria articulación-unidad e integración de todos los que se enfrentan al capitalismo-imperialista transnacional e interno. Estas divisiones y cismas tienen una larga historia de sectarismos, fracciones, micro-fracciones y desprendimientos al interior de las organizaciones, partidos y movimientos, que conllevan a revisionismos -ahora este término lo utilizamos con su carga peyorativa- y separaciones-deslindes con respecto a los programas y líneas trazados por las agrupaciones dentro de las cuales pertenecen y militan que, al final, dejan de hacerlo, paulatina o abruptamente, deviniendo en la refundación de otras organizaciones “más democráticas”, con “rostro humano”, los denominados “socialismos democráticos, participativos y protagónicos”, “socialismos con derechos humanos”, “socialismos de masas” y cuantas adjetivizaciones puedan aportar anti-creativamente. Apartándose, según los protagonistas de tales fraccionamientos, de los tipos de “socialismos de Estado”, “socialismos autoritarios”, “socialismos neo-estalinistas”, “socialismos prosoviéticos”, “socialismos chinos tropicalizados”, etcétera, etcétera y etcétera.

En ese momento, se deja de conversar, dialogar y corregir las contradicciones, tensiones y dinámicas internas y se traspasan los límites del centralismo democrático y del pluralismo admisible -que no dependen de cómo se nombren, sino del contenido y la forma que asuman en la realidad práctica- transformándose en oposiciones comunistas, disidentes de izquierdas, nuevos comunistas de dudosa intencionalidad y otros grupos que, como la historia ha demostrado, caen en los brazos del liberalismo capitalista y de otras corrientes y escuelas burguesas. A pesar de que se sigan denominando de izquierdas ya no lo serán jamás. La conversión y el travestismo ideopolítico se convierte en un camino sin retorno.

Como ese decursar no es nuevo en la historia del movimiento socialista, comunista y de las izquierdas, sabemos hacia adonde conducen tales desmembraciones: a las desuniones de los pueblos y sus proyectos emancipatorios nacionales, regionales e internacionales y de lucha por la justicia social, la equidad y la igualdad -también la libertad-, a las disgregaciones fatales de las masas populares, las clases y agentes o sujetos histórico-políticos del cambio revolucionario, y a producir grandes confusiones que, casi siempre, son muy bien aprovechadas por el enemigo de clase burgués capitalista, ahora transnacionalizado y con un gran poder mediático-cultural capaz de absorber y cooptar a esos sectores que se escinden en nombre de una denominación contestataria y disidente. Y los líderes de tales fragmentaciones -ultraizquierdistas de confesión, reformistas “perfeccionadores” del socialismo y, lamentablemente, presentes y futuros oportunistas- pueden ser cooptados por el capital, siempre tan generoso con los secesionistas y todo lo que parezca a una división dentro del gran conglomerado movimiento revolucionario.

No estamos hablando de una historia en abstracto, sino de enseñanzas y experiencias sufridas en el campo revolucionario nacional, regional e internacional, y a todo los niveles sociohistóricos concretos desde hace más de dos siglos. Desde las divisiones y desvíos en la primera, segunda y terceras Internacionales, consecuencias teórica-prácticas de los prouhdonistas, los bakuninistas, los lassalleanos, entre otros; de los revisionistas de centro, derecha e izquierda, los Kautsky, Bernstein y Trotsky; las traiciones de sectores de la socialdemocracia antes de la primera conflagración mundial, etc.; de las mistificaciones del movimiento comunista en las sovietizaciones-rusificaciones absurdas -que Lenin advirtió como muy nocivas- en oposiciones de izquierda, derecha y de centro; del aprismo (1925-35…) (3) y el browderismo (1942-1947) (4) latinoamericano y norteamericano, respectivamente; la confrontación soviético-yugoslava de 1948-1948; (5) la chino-soviética (1960-1989); (6) el eurocomunismo (1977-1990), (7) llegando hasta el trans-revisionismo de la Perestroika, la glasnost (transparencia informativa) y el nuevo pensamiento en las relaciones internacionales (1986-1991). (8) Esos fenómenos que fueron y continúan siendo esencialmente destructivos, se volverían a mostrar en toda su magnitud y consecuencia sumamente negativa si no ponemos cotos a esas querellas inmovilizadoras, confucionistas y divisorias.

Y esa historia no merece ser repetida. Seria un craso error mostrar desavenencias, puntos de vista diferentes y realizarlo con manipulaciones mediáticas, aprovechándose de páginas alternativas digitales, sin realizar un aporte dentro de los principios comunistas o por lo menos dentro de una militancia anticapitalista consecuente. No podemos ser apocalípticos y mucho menos catastróficos, pero se puede vaticinar que los caminos escogidos por esos liberalistas, izquierdistas a ultranza y disconformes con todo lo que sucede dentro de la Cuba revolucionaria y socialista, puede llegar a una meta (in)-deseada por ellos mismos. Si ya se atreven a denominarse disidentes de izquierda, poco falta para que queden fuera del proyecto patriótico-nacional, emancipador y de justicia social de la Revolución Cubana. Entonces la historia se repetiría como un círculo, y no como en la espiral marxista, la cabeza de la serpiente se mordería su propia cola, o lo más inconveniente, la extrema izquierda se toparía con las posiciones de la derecha burguesa conservadora, trasmutándose la una en la otra. Esa gran tragedia ya ha sido vivida y no es provechoso que suceda en este momento de auge revolucionario, pero en medio también de una crisis alimentaria, energética, ambiental y económica-financiera del capitalismo de insospechadas consecuencias, y cuando peligra como nunca antes la existencia de la propia especie humana.

 

Notas bibliográficas y referencias: 

(1) Orlando Cruz Capote “Los principios éticos de una polémica desde la izquierda”, Cubacoraje.cu, Lapolillacubana.cu, Kaosenlared (…), y otros medios alternativos digitalizados de izquierda, La Habana, julio de 2008.

(2) _________________ “La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en sus sistemas socialista”, Cubacoraje.cu, Lapolillacubana.cu, Kaosenlared (…), y otros medios alternativos digitalizados de izquierda, La Habana, agosto de 2008

(3) La Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), creada y dirigida por Víctor Raúl Haya de la Torre. Y quien desde la tercera década del siglo XX, aparece en la escena latinoamericana, como una alternativa ante los comunistas y marxista-leninistas del continente. Fue considerado el APRA como el “Koumintang” hemisférico. Pero su primera obra, en forma de libro, fue escrita en 1935 de forma oficial, aunque su actividad divulgativa y teórica fue de mayor aliento. Entre sus textos podemos citar: “El antiimperialismo y el APRA”; “Construyendo el Aprismo”, “Espacio-Tiempo Histórico”, “30 Años de Aprismo”, etc.

(4) Eroch Browder fue Secretario General del Partido Comunista de los Estados Unidos de América, y ya en mitad de la década del 30 del siglo XX, fue Vice-presidente de la Internacional Comunista. Es enjuiciado en su país, a inicios de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y estando en prisión escribe un libro donde desarrolla la idea de la convivencia -lo que luego se llamó convergencia- entre los dos sistemas políticos antagónicos: el socialismo y el capitalismo. Esa idea reformista y revisionista, denominada el “browderismo” es denunciada en 1947, por el comunista francés Jean Duclòs, iniciándose una lucha ideopolítica contra la misma, pero ya se había extendido entre algunos partidos comunistas de la región latinoamericana-caribeña.

(5) Esta confrontación se sucede en realidad entre el Buró de Información o el COMINFORN, surgido el 9 de septiembre de 1947, en Varsovia, Polonia, y constituido por los partidos comunistas de 9 países: URSS, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Francia e Italia y tuvo, en un inicio, como función ser un órgano de consultas y coordinación de acciones. Se disolvió el 14 de abril de 1956. Entre 1948-1949 sostuvo una fuerte e irrespetuosa polémica con la Liga de los Comunistas de Yugoslavia que conllevó a la expulsión de esta organización del movimiento comunista internacional. La disolución del COMINFORN tuvo mucho que ver con la entrada de las tropas soviéticas en Hungría (1956-1957) con el pretexto de ayudar a sofocar la contrarrevolución en ese país. Ver: Declaraciones. Conferencias de los partidos comunistas y obreros, Editora política, La Habana, 1984.

(6) La división entre la dirigencia china y soviética se pone de manifiesto públicamente en 1960, cuando el Partido Comunista de China lanza su folleto “¡Viva el Leninismo!”. En 1969, se produce un enfrentamiento bélico en la frontera siberiana de Manchurria entre los ejércitos de las dos naciones. La confrontación ideológica y política, económica y cultural entre el maoísmo y la línea marxista-leninista soviética abrió una pugna y división muy profunda en el seno del movimiento comunista y revolucionario mundial que perdura hasta nuestros días, que constituyó un elemento muy perjudicial para el desarrollo de la unidad revolucionaria en todo el planeta.

(7) En diciembre de 1977, los partidos comunistas de Francia, España e Italia, luego se sumarían otras organizaciones, principalmente, europeas, adoptan una línea diferente a la trazada por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Las estructuras funcionales de estos partidos fueron denominadas de “masas” y primó en su ideología un antisovietismo abierto y encubierto que dañó la unidad dentro del movimiento comunista. Tales “partidos de masas” que llegaron a ser las fuerzas de izquierda más votadas en las elecciones europeas se vieron fracturadas por divisiones internas y externas, sucumbiendo mucho antes del desmontaje del socialismo de las democracias populares este-europeas y del comienzo y desarrollo de la Perestroika de Mijail S. Gorbachov y su grupo de seguidores, aunque estos procesos reformadores del mal llamado socialismo real le dieron el “tiro de gracia”.

(8) Se pueden consultar, entre la amplia bibliografía existente a: Mijail S. Gorbachov La Perestroika y la nueva mentalidad para nuestro país y para el mundo entero, Editora Política, La Habana, 1993; Vitali Vorotznikov Mi Verdad, Editora Abril, La Habana, 1995; Helio Gallardo La crisis del socialismo histórico. Ideología y desafíos, Editorial DEI, Costa Rica, 1991; Colectivo de Autores Cubanos El Derrumbe del Socialismo en Europa del Este. Causas y Consecuencias, Dirección política de las FAR, La Habana, 1992; Colectivo de Autores Cubanos El derrumbe del modelo eurosoviético: una visión desde Cuba, Editorial Félix Varela, La Habana, 1994; Camilo Valqui Desde Cuba: el derrumbe del socialismo eurosoviético, Editorial Feijoo, Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1998; Ariel Dacal Díaz y Francisco Brown Infante Rusia. Del socialismo real al capitalismo real, Editorial de Ciencias Sociales y el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, JR, La Habana, 2006; Orlando Cruz Capote Unas  notas  y  dos  visiones  sobre  la  Perestroika  y  sus  consecuencias, Revista Cubana de Ciencias Sociales, No.36-37, Instituto de  Filosofía,  La  Habana,  2006,  pp. 108-126;  del mismo autor “Apuntes para un estudio del impacto ideopolítico de la Perestroika en Cuba. 1985-1991”, (Inédito), 2004.

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