Marx, socialismo y humanismo

Por: Hugo Murialdo
Fuente: http://www.elclarin.cl (10.12.08)

Es curioso constatar que los personeros del Partido Socialista, incluso miembros de la comisión política que están en una posición crítica del papel que ha venido cumpliendo ese partido, tengan tanto temor de mencionar la palabra “socialismo”. Ni qué hablar del pánico que les invade si los obligan a nombrar al fundador del socialismo científico: Carlos Marx.

Si ya les resulta sumamente comprometedor hablar de “progresismo”, ¿cómo podemos pensar siquiera en demandarles un pequeño grado de consecuencia con los principios del partido o, en última instancia, con el nombre con el que fue fundado y que por puritita inercia conserva todavía?

¿Qué describe el concepto “progresismo”? Para no ser latoso sólo me remitiré al diccionario Larousse Ilustrado: Ideas y doctrinas progresistas. Esto nos lleva a saber qué dice este mismo texto sobre la palabra “progresista”: aplícase a un partido liberal de España que tenía por fin el más rápido desenvolvimiento de las libertades públicas. || Relativo a ese partido: senador progresista. ||Hoy, persona de ideas políticas y sociales avanzadas.

Sin embargo, la palabra avanzada no describe absolutamente nada, pues el neoliberalismo correspondería a una idea “avanzada” respecto del liberalismo (aunque sea cronológicamente hablando). Por lo demás, de acuerdo con el mismo diccionario, avanzada es una partida de soldados que se adelanta para observar de cerca al enemigo. ¡Vaya, qué idea más avanzada!

Volviendo al “socialismo”, existen otros personajes tanto en nuestro país como en otras comarcas de la región, que son bastante más osados y que se atreven a mencionar esta odiosa palabra, no sin antes acompañarla con el concepto “humanismo”. Responden (para que su pecado sea sólo venial) “soy partidario de un socialismo con rostro humano”.

Y ¿quién les informó a estos “socialistas” que el socialismo no era humanista?

Claro está que socialistas de pacotilla han existido desde hace bastante tiempo. Erich Fromm en el primer capítulo de su obra Marx y su concepto del hombre,(*) escrita a fines de los ’50, se lamentaba en estos términos por el poco conocimiento que existía sobre la obra de Marx, incluso en los que se decían marxistas: “Una de las ironías peculiares de la historia es que no haya límites para el malentendimiento y la deformación de las teorías, aun en una época donde hay acceso ilimitado a las fuentes; no hay un ejemplo más definitivo de este fenómeno que lo que ha sucedido con la teoría de Kart Marx en las últimas décadas. Se hacen continuas referencias a Marx y al marxismo, en la prensa, los discursos políticos, los libros y los artículos escritos por estudiosos de las ciencias sociales y filósofos respetables; no obstante con pocas excepciones, parece que los políticos y periodistas jamás han echado siquiera una mirada a una línea escrita por Marx y que los estudiosos de las ciencias sociales se contentan con un conocimiento mínimo de Marx…”

Y más adelante prosigue Fromm: “Entre los malentendimientos que circulan no hay quizás otro más difundido que la idea del “materialismo” de Marx. Se supone que Marx creía que la principal motivación psicológica del hombre es su deseo de ganancias y de bienestar económico y que su busca de las utilidades máximas constituye el principal incentivo de su vida personal y de la vida de la especie humana. Como complemento de esta idea existe el supuesto, igualmente difundido, de que Marx descuidó la importancia del individuo; de que no tenía respeto ni comprensión por las necesidades espirituales del hombre y que su “ideal” era la persona bien alimentada y bien vestida pero “sin alma”…”

Continúa el autor: “El fin de Marx era la emancipación espiritual del hombre, su liberación de las cadenas del determinismo económico, su restitución a su totalidad humana, el encuentro de una unidad y armonía con sus semejantes y con la naturaleza”.

Por su parte, Mark Mitin en la obra colectiva El concepto del hombre (**), explica que “El marxismo tomó como punto de partida de su filosofía del hombre a una persona concreta, viva y laboriosa, en un medio histórico definido, y no a un individuo abstracto, imaginario, aislado de la sociedad y de la vida”.

En seguida prosigue Mitin: “No puede negarse el hecho de que fue el marxismo el que, en un momento de la historia de la filosofía y la sociología, aportó una explicación científica de la naturaleza y la esencia del hombre y reveló el verdadero significado del aspecto espiritual de la actividad del hombre como el de un ser que, conscientemente y con un propósito, está transformando el mundo”.
“Marx y Engels enseñaron que “la esencia humana no es una abstracción inherente a cada individuo aislado. En su realidad, es el conjunto de las relaciones sociales”.

Post scriptum. En las universidades europeas se ha profundizado el estudio del marxismo. Digo profundizado, pues nunca dejó de enseñarse, incluso en carreras no vinculadas a las ciencias sociales. Es más, en algunas universidades de América Latina tampoco se ha dejado de estudiar a Marx, como es el caso de la Universidad Católica de Bolivia (mucho antes de que Evo Morales llegara al gobierno). En nuestra alicaída Universidad de Chile, la Facultad de Filosofía imparte la cátedra Hegel-Marx, misma que desarrolla una gran actividad, organizando seminarios y charlas que, pienso, debieran tener una mayor difusión.

(*) Erich Fromm: Marx y su concepto del hombre, Fondo de Cultura Económica, México, 1971.

(**) S. Radhakrishnan y P. T. Raju (compiladores), El concepto del hombre, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.

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