«¡Váyase, señor Borbón!»

Por: Coronel Amadeo Martínez Inglés
Fuente. www.insurgente.com (03.11.08) 

Carta abierta del coronel Amadeo Martínez Inglés al ciudadano Borbón

         Señor don Juan Carlos de Borbón:
         La Zarzuela  s/n
         Madrid.

Hace treinta y tres años, el 30 de octubre de 1975, asumió usted la jefatura del Estado español con carácter interino ante la enfermedad irreversible del general Franco. Unas semanas más tarde, concretamente el 22 de noviembre, sería proclamado rey de España con arreglo a los deseos expresados en su día por el dictador fallecido. Ante la acumulación de días  tan señalados en su currículum personal que por estas fechas cumplen aniversario (muy pronto también vamos a “celebrar” el trigésimo aniversario de la Constitución/trampa que usted nos regaló a los españoles con la colaboración necesaria de altos prebostes del franquismo, algunos de ellos con las manos manchadas de sangre), me dirijo a usted, señor Borbón, con el respeto que me merece, para manifestarle lo siguiente:

1º.-  Usted no es, ni lo ha sido todos estos años, señor Borbón, un jefe de Estado legítimo porque el que le nombró para tan alto puesto tampoco lo era. Era sólo un militar golpista y traidor que lo ocupó tras una rebelión militar contra el poder legalmente constituido y después de una guerra civil que costó medio millón de vidas humanas.

2º.- Usted no es, ni lo ha sido todos estos años, un rey legítimo, señor Borbón, porque quien le otorgó tamaño título no estaba legitimado para hacerlo. Era sólo un genocida contumaz, advenedizo y cruel, enquistado por la fuerza de las armas en la cúspide del Estado. Y no me venga con el argumento, tejido por sus cortesanos durante años, de que la monarquía por usted representada fue aceptada mayoritariamente por el pueblo español al ratificar la Constitución en diciembre de 1978. Ya que en esa ocasión los ciudadanos españoles, engañados como siempre por el poder de turno,  fueron llamados a pronunciarse, en una especie de perverso juego de “lo tomas o lo dejas”, sobre un texto legal que nadie había leído, que había sido elaborado por su entorno franquista y en el que, entre voluntarismos y promesas de libertad y democracia, se había colado de rondón su despreciada figura. Y encima, blindada y divinizada para los restos.

3º.-  Usted sí que es, sin embargo, señor Borbón, un homicida confeso (admitió ante su propia familia haber matado a su hermano Alfonso de un disparo en la cabeza, el 29 de marzo de 1956) y un presunto asesino (existen abundantes indicios racionales que así lo señalan), que se negó a testificar en su momento ante la policía y los jueces portugueses y huyó del lugar del crimen sin asumir sus responsabilidades.

4º.-  Usted sí que es, también, un presunto golpista (lo de “presunto”, señor Borbón, no deja de ser un brindis al Estado de derecho en que teóricamente nos desenvolvemos los ciudadanos de este país; excepto usted, claro, que está constitucionalmente por encima del bien y del mal) que autorizó a su camarilla de militares cortesanos a planificar y ejecutar una chapucera maniobra político-militar (popularmente conocida luego como la intentona del 23-F) que salvara su corona de las iras franquistas.

5º.- Usted es (obvio ya lo de “presunto”) un terrorista de Estado por omisión ya que, varios meses antes de que los criminales de los GAL empezaran a matar, en 1983, fue alertado por los servicios secretos militares del siniestro operativo que iba a ponerse en marcha, planificado y financiado por los ministerios de Defensa y del Interior. Y no movió un solo dedo para pararlo.

6º.-  Usted es, señor Borbón, un malversador de fondos públicos, porque se dejó querer (nunca mejor dicho) cuando Presidencia del Gobierno, CESID, Defensa e Interior, todos al alimón, perdieron el culo para pagar sustanciosas dádivas económicas, provenientes de sus respectivos fondos reservados, a una bella vedette del espectáculo español que, dada de baja abruptamente en la nómina de su “harén” particular, amenazaba con sacar a la luz pública unas peliculillas porno de su propiedad en las que usted desempeñaba el fogoso papel de protagonista absoluto.

7º.-  Usted, ciudadano Borbón, engañó miserablemente al pueblo español cuando apareció en televisión, vestido con el uniforme de capitán general, en la madrugada del 24-F, diciéndoles a los crédulos ciudadanos de este país que rechazaba y condenaba la “intentona militar” que se estaba desarrollando en España desde las 18,23 horas del día anterior. Cuando en realidad usted era el máximo responsable de la misma, de la que se había desmarcado oficiosamente horas antes por la impresentable actuación de Tejero en el Congreso de los Diputados, y de la que finalmente renegó públicamente con esa tardía presencia ante las cámaras, una vez que el peligro para su amada corona había pasado.

 O sea, señor Borbón, de “salvador de la democracia” y “garante de las libertades de todos los españoles”, nada de nada. Usted, de lo que verdaderamente ejerció los días 23 y 24 de febrero de 1981 fue de golpista puro y duro. Pero de golpista falaz, felón y traicionero porque, una vez que por su propia defección fracasó la chapucera maniobra planificada por sus fieles (los generales Armada y Milans), no se cortó un pelo en enviarlos a  prisión militar con treinta años de condena, mientras usted rentabilizaba al máximo su aventura ante el pueblo español haciéndose pasar por “salvador de la democracia” y “garante de las libertades” de todos los españoles.

No le quepa la menor duda, señor Borbón: usted ha sido, en realidad todavía lo es hasta que lo echemos a patadas los ciudadanos de este país, republicanos o no, el golpista con más caradura de la historia de España. Espadones con tanto pedigrí como Primo de Rivera, Sanjurjo, Mola, Queipo de Llano e, incluso, Franco, por no remontarnos mucho en el tiempo, no le llegan ni a la suela de los zapatos y, desde luego, ninguno de ellos hubiera sido capaz de tejer en la sombra algo tan maquiavélico como lo que usted planificó para cambiar el Gobierno de la nación en beneficio de sus intereses personales y enviar luego a galeras a sus principales subordinados.

 8º.-  Usted ha mangoneado este país a su antojo, señor Borbón, como un pequeño dictadorzuelo en la sombra (en contra de lo que creen muchos ingenuos ciudadanos de este país que lo ven como una simple figura decorativa ¡qué poco lo conocen!) valiéndose de las prerrogativas que le concede la Constitución que usted mismo elaboró (inviolabilidad, no sujeción a ninguna responsabilidad…) y sobre todo usando y abusando de su papel como Jefe Supremo de las FAS y, por ende, de la amplia e importantísima información privilegiada que recibía, y recibe, de sus servicios secretos.

9º.- Usted ha ejercido todos estos años como “gran corrupto”, recibiendo y aceptando toda clase de regalos y donaciones millonarias tanto del interior como del exterior. También tendrá que explicar algún día a los españoles como ha amasado la ingente fortuna que medios especializados extranjeros le atribuyen, y que usted no se ha molestado hasta el momento en negar.

10º.- Usted cometió un delito de Alta Traición a España en Noviembre de 1975 cuando, desempeñando la jefatura del Estado con carácter interino, pactó en secreto con la Secretaría de Estado norteamericana, la CIA y el rey de Marruecos, la entrega del Sahara español (270.000 kilómetros cuadrados) a este último país, desoyendo las resoluciones de la ONU, ignorando al pueblo español y entregando indefensos a los saharauis.

11º.-  Usted cometió, asimismo, en esas fechas, un delito de “cobardía ante el enemigo” como comandante en jefe de las FAS españolas, al abandonar ante un Ejército invasor el campo de batalla sin disparar un solo tiro, entregándole acuartelamientos, armas y bagajes y un territorio casi la mitad de España, rico en fosfatos, hierro, gas y petróleo.

12º.- Usted es también responsable del genocidio cometido por Marruecos contra el pueblo saharaui (más de cuatro mil víctimas), en grado de colaborador necesario, pues lo traicionó y lo entregó desarmado a su invasor.

 
         Podría seguir, señor Borbón, pero conviene dar tiempo al tiempo que la historia no se acaba en un solo día y no es bueno ser exhaustivo. Pero por de pronto, ya de entrada, como ciudadano español conocedor de la reciente historia de España y de todas sus fechorías, de las que, por cierto, ya he dado puntual conocimiento al Congreso de los Diputados, al Gobierno de la nación y a todas las altas instituciones del Estado, le exijo que se vaya

 

¡Váyase señor Borbón!

 

         Su ciclo histórico ha terminado. Muy poca gente en este país, afortunadamente, se cree ya sus supuestas heroicidades en defensa de las libertades, la democracia y los derechos de todos los españoles. Usted es más bien, en estos momentos, una lacra para este país, que aspira a entrar de una vez en el siglo XXI, disfrutar de una verdadera democracia y olvidarse definitivamente del franquismo y de todos sus símbolos. De los que el más principal y representativo es usted.

 

¡Váyase señor Borbón!

 

         Y llévese con usted a toda su parentela política y familiar. Todavía está a tiempo, pero no se demore mucho. En estos momentos bastantes ciudadanos españoles estarían dispuestos a tenderle un puente plata con tal de perderle de vista, pero quizá dentro de muy poco, cuando la mayoría de ellos tenga puntual conocimiento de su pésima catadura moral y de los desaguisados políticos que ha cometido todos estos años, le obliguen a enfilar el camino del exilio pasando previamente por el juzgado de guardia.

Un saludo republicano, señor Borbón, pues según su delfín socialista actual, el señor Zapatero, usted también lo es.

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