Reina conservadora y sociedad cortesana

Por Marcos Roitman Rosenmann    
Fuente: www.elclarin.cl (01.11.08)
 
Es aleccionador para los súbditos del reino de España   saber de que pasta están hechos sus monarcas. Del rey ya lo sabíamos, basta recurrir a sus declaraciones sobre el papel benefactor de Franco durante cuarenta años, pero de la reina nos vamos enterando gracias a un libro autorizado por la Casa Real, escrito por la periodista del Opus Dei Pilar Urbano, quien se arrodilló ante Juan Pablo II pidiendo  bendecir su pluma para escribir solo las verdades emanadas  de Dios.

En esta su última biografía autorizada, antes lo fue la del juez Garzón en 2003,  doña Sofía, su amiga personal, se despacha a gusto en  más de diez sesiones  de  cuatro horas. En ellas destacan  sus particulares opiniones acerca  de los  homosexuales, el aborto, la eutanasia y la familia, entre otros temas de interés. Para ella, los primeros son gentes respetables,  pero cuyas formas de existencia son contra natura. Bajo este principio no pueden tener el mismo lugar en la sociedad, formar una familia ni ser matrimonio.  Bajo su consideración, no son gente “normal”. Por arte de birlibirloque les concede el derecho a la existencia de manera “regia”. No se debe nunca olvidar su  recta moral católica  como factor clave para comprender su raciocinio.   Lo que Dios construyó con tanta pasión y delicadeza no lo puede destruir el hombre con su nihilismo materialista. Tan lucida concepción  le pone los pelos de punta a cualquier ciudadano del siglo XXI.

Sin embargo, para callar bocas, sus acólitos y la sociedad cortesana, defiende dichas propuestas, señalando que son muchos los españoles que piensan como ella y que no se debe considerar un exabrupto o una extemporaneidad expresar dichos comentarios. Sino que es un acto de valentía en tiempos de pusilanimidad cuando la moral esta por los suelos.  No importa que rompa protocolos, que se salte los criterios constitucionales de ser la monarquía una institución “neutral”. En este caso se le conciente  ya que la España profunda coincide con su opinión. No importa que las cortes generales, el parlamento, expresión de la soberanía popular,  aprobasen leyes a favor del aborto y el matrimonio homosexual. Cuestión que esta dama no tiene en consideración cuando lanza estas diatribas.  Personalmente me importa poco cuales sean sus  bajezas o sus grandezas en la alcoba. Si llama “carlitos” o “pichurri”  a su marido en la intimidad. Menos aún sus opiniones sobre el mundo contemporáneo.   Sin embargo, cuando emite declaraciones en el ámbito de lo público, lo hace a título  institucional y las responsabilidades  deben ser solventadas en el espacio de lo político. ¿Alguien pide la dimisión?  Cualquier cargo electo se hubiese visto en la obligación. Pero, al igual que su esposo, ella esta exenta de responsabilidades. En esta sin razón, su  estrecha mirada  del mundo se fundamenta  en la propuesta de la creación inteligente donde es más fácil creer en  el diluvio universal y  Arca de Noé  que  asumir la  diabólica teoría de la evolución de Charles Darwin y Walace. 

Así, es un placer despertarse y descubrir ser vasallo de una reina cuyo  talante continúa  la saga de los Borbones. Su rechazo del orden democrático  como forma de gobierno se verifica en sus formas cotidianas de vida. Baste ver la educación que  brindó a sus hijos  hoy fiel reflejo de su padre y madre. Ellos prefieren la educación privada, autoritaria y elitista. Y no puede ser de otra forma, sus cosmovisiones responden a un anquilosado sistema de representaciones en los cuales, ellos,  se consideran los elegidos,  nacidos   para mandar,  y  los españolitos de a pie  obligados a obedecerles. En sus  mentes  el despotismo, y los privilegios adquiridos  por razón de sangre, herencia, guerra y fuerza prevalen ante la democracia y  la justicia social. Levantan atalayas de cortesanos para protegerles   del bajo nivel de popularidad y del   rechazo social  que viven. Cualquier acto de repudio hacia la Corona supone lanzar toda la parafernalia aduladora. Los díscolos sufren la represión, tanto como se generaliza  un control  sobre la población.

La casa real  no se conforma con disfrutar de castillos y organizar fiestas   palaciegas bajo el control de secreto de Estado. El miedo existente entre periodistas, algunos intelectuales o artistas a ejercer la crítica  acaba en autocensura.   La inquisición funciona y ser excomulgado supone  quedar excluido de  “tertulias”,  programas de radio,  periódicos y  cadenas de televisión.   Verter  opiniones contrarias hacia la monarquía es saber que tarde o temprano  caerá sobre uno  el peso de la ley bajo la formula  de injurias  a la corona.  Así,  los Borbones se sienten  amparados por una política  urdida en estos treinta  años de régimen monárquico constitucional de economía de mercado. Los representantes de la Casa real, se han dado a la ardua labor de conceder títulos nobiliarios, así se hace monarquía. Igual que sucediera  a principios del siglo XX, son  centenares los que se han otorgado.  Como sucediera en la época de Alfonso XIII, se produce una inflación de lo nobiliario.  Doscientos catorce marqueses, ciento sesenta y siete condes, diez vizcondes y veintiocho varones. Es una pena que en España haga falta que se produzcan declaraciones reaccionarias de una reina cuya familia fue derrocada en Grecia para  verificar como viven y piensan los miembros de la realeza y sus cortesanos.
 
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