La vigencia de Andre Breton

Por: Pepe Gutiérrez-Álvarez
Fuente: Para Kaos en la Red (17.10.08)
 
Pocos artistas e intelectuales de nuestro tiempo han tenido tanta influencia cultural, y han resultado tan incómodos al orden establecido como Andre Breton, cabeza controvertida, pero indiscutible, del movimiento surrealista y militante revolucionario –siempre a su manera- insobornable. Omnipresente en todos los grandes momentos del surrealismo, Breton supo tomar un camino propio y coherente –el de la subversión permanente del espíritu crítico e imaginativo-, en oposición a los que trataron de preservar el carácter apolítico de su tendencia (Rigault, Artaud), y de los que se integraron de rodillas en el partido comunista (Louis Aragon, Paul Eluard). Por no hablar de los que, como Dalí, traicionaron todo lo traicionable.           

      Bretón trató de aplicar a la política el conjunto de sus criterios sobre el arte, y trató de Comprender el arte como algo con vida propia, pero que no podía ser ajeno a la realidad insoslayable de la política. Poseía una clara idea de las diferencias pero también de las convergencias que había entre ambos dominios y vivió los dos desde su grandiosa concepción de contestación al orden establecido, aunque este orden  -copio en la URSS- se revistiera con la legitimidad de la revolución. Unió todo su pensamiento sobre esta cuestión en la osmósis entre el deseo de cambiar la vida, de Arthur Rimbaud, con la voluntad de transformar el mundo, de Karl Marx.

        Poeta vocacional, médico por imposición familiar, Bretón fue -siempre, sin tener conciencia política, un rebelde instintivo, adversario de todo lo que podía simbolizar a las fuerzas de la opresión En “Arcane” cuenta como sintió su primera reacción ante una manifestación obrera: “La bandera roja, pura de marcas e insignias, siempre recuperaré hacia ella la mirada que tenía a los diecisiete años, Cuando, durante una manifestación popular, poco antes de la otra guerra, la vi desplegarse a millares sobre el cielo bajo del Pré-Saint Gervais. Y sin embargo -y siento que por la razón no puedo evitarlo- seguiré estremeciéndome más aún al evocar el momento en que aquel mar llanamente, en lugares poco numerosos bien delimitados, se vio perforado por el vuelo de las banderas negras “. (1)

      Pero más allá de esta sensibilidad, Breton y sus amigos han sido testigos y Partícipes de la gran guerra, y sentía por los responsables de aquella inaudita matanza -debidamente olvidaba hoy en el debe de la civilización burguesa- un rencor y un asco muy profundo, aunque no dedujo de ello ninguna lectura política precisa. Sin embargo, en la raíz de su repudio del sistema subyace muy vivamente una conciencia de lo que aquella guerra significó, y así lo explica cuando dice ‘‘Conferencia’ sobre el estado de ánimo de los surrealistas al principio-• “Por encima de todo éramos presa rabiosa de un rechazo sistemático encarnizado hacia las condiciones en las que se nos obligaba a vivir en una edad semejante»  

      Enfrentados con la sociedad, los surrealistas no prestaron en sus principios atención a la revolución rusa, a la que un atrevido Aragón comparó -en la escala del espíritu- con una vaga crisis ministerial…

    No obstante, su desafío no tardó mucho en encontrarse con la lucha política, sobre todo cuando en medio de la guerra colonial contra los nacionalistas marroquíes se lanzaron a provocar a la intelligentzia domesticada, y gritaron sin empacho ¡abajo Francia! por lo que fueron vapuleados y encerrados, y se encontraron con la gente que se Oponía al colonialismo defendiendo a las huestes de Abd-el Krim: el Partido Comunista francés anterior al estalinismo.

      Este encuentro tiene en el caso de Breton una dimensión literaria: pasa por su lectura apasionada del “Lenin” escrito por Trotsky. Estas notas escritas en diversos periodos, ofrecen un retrato del dirigente revolucionario muy superior al que habían ofrecido escritores de la talla de H.G. Wells y Máximo Gorki, a los que, por cierto, Trotsky somete a una crítica implacable (2). No se trata solamente del retrato de un político que dirigió lo que el propio Bretón llamó mucho más tarde “una empresa grandiosa” se trata de la descripción de otro tipo de ser humano: «Desprendido de cualquier oculta intención política, se nos entrega en su plena humanidad; se dirigen a nosotros, ya no como impasibles ejecutores de una voluntad que no será nunca superada, sino como hombres llegados a la cumbre de su destino, del destino que de pronto se encuentran, y que nos hablan, y que se interrogan”.

        Esta lectura, efectuada en 1925, coloca a Breton, y con él a la mayor parte de los surrealistas franceses, en las puertas del PCF, en el que esperan encontrar una comprensión y un aliado para su propia actuación revolucionaria en el terreno del arte y la estética. Pero no va a ser así y Bretón va a conocer una dura prueba en la célula del gas, donde el hermano de muy cuadrado Andre Marty, Michel, le viene a decir que después de haber reconocido el marxismo, ¿para qué necesitan el surrealismo?, Para demostrarle un poco qué es lo que se espera de un intelectual de su talla, Marty pide que Bretón escriba un informe sobre la situación económica en Italia en el que no se permite ni una migaja de ideología…

        Los enfrentamientos prosiguen dentro y fuera -de 1926 a 1928- del PCF. Bretón no puede disimular el disgusto que le provoca al humanismo de pocos vuelos de Henri Barbusse, a la sazón al frente de L ‘Humanité, ni la actitud del partido que le niega su condición de poeta. Pero no por ello dejará de luchar, está persuadido de dos argumentos fundamentales:

 
—1. Que ser poeta no significa necesariamente ser un soñador encerrado en una torre de marfil, todo lo contrario, los poetas deben de estar dispuestos a luchar por ensanchar la conciencia, por el cambio…

—2. Que los revolucionarios están equivocados en el terreno del arte y la cultura, que hay una contradicción entre su entrega militante y sus inclinaciones por lo general conserva doras, y por lo tanto hay que convencerlos…

      Y hay otro punto con el que su ruptura con el PCF va a ser inevitable, y es que Bretón Considera que Octubre fue sólo el comienzo, y por lo tanto su enfrentamiento con el “Termidor” Soviético no tardará en llegar.

      Entre 1928 y 1935, Bretón va a trabajar como un compañero de ruta -en el mejor sentido, desde la libertad de conciencia-, que va manteniendo discrepancias dentro de una actitud de respeto y lealtad. Pero habrá dos acontecimientos claves que darán lugar a la ruptura definitiva El primero es interno, y es que Bretón y sus amigos rechazan de plano el pacto Laval-Stalin, desprecian el patriotismo galo y critican al Frente Popular que lo encuentran como un medio muy blando para luchar contra el fascismo, lucha a la que él será uno de los primeros en hacer un llamamiento. El segundo serán los “procesos de Moscú” que le causaron un verdadero trauma.

        Entre 1936 y 1938, Breton será un activo denunciador del estalinismo, y un amigo de la revolución española, del POUM y de Nin. En 1938 consigue marchar a México, y allí tiene su célebre entrevista con Trotsky. Este encuentro, no desprovisto de tensiones y discrepancias como corresponde a dos personalidades tan recias y poco sectarias, culminará con el “Manifiesto por un arte independiente» sin duda el documento político más avanzado que se ha producido hasta el momento sobre la dimensión revolucionaria del arte.

      Tras el estallido de la II Guerra mundial, tuvo que exiliarse a Norteamérica. Perplejo por todo lo que significaba el estalinismo, Breton se alejó del marxismo al final de su vida y colaboró en revistas anarquistas. Pero mantuvo su adhesión a la persona de Trotsky y un profundo respeto hacia todo lo que éste significaba.  

NOTAS:
— (1). Aunque Bretón sintió una profunda fascinación por el marxismo y por su versión bolchevique, y nunca abjuró de Octubre -lo que sí hicieron algunos amigos suyos como Octavio Paz que ha convertido en no hechos todas las hecatombes provocadas por la civilización burguesa-, tenía una poderosa Inclinación libertaria que, como se demostró en su encuentro con Trotsky, no estaba reñida con la tradición marxista. Luego, al final de su vida, y en medio de una cierta crisis política, Bretón rechazó el marxismo -por cansancio dijo- y se acercó al anarquismo, en cuya prensa colaboró

—(2). Este libro está publicado por la Editorial Ariel (Barcelona, 1970), y contiene el famoso artículo de Bretón. Su lectura es hoy en día muy apropiada para comprobar toda la miseria del actual discurso sobre el “síndrome Lenin” tan manido en la intelligentzia europea instalada.  

(*)  Este artículo apareció en la revista de la LCR,  Combate (17-12-1988).

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