El buho de Minerva

Por: Rodrigo De Los Reyes Recabarren
Fuente: www.g80.cl (11.10.08)

En un alto del tráfago diario leo la prensa nacional. El diario de mi ciudad natal titula “La Ciudad de Curicó celebró 265 años de su Fundación” Luego el periodista escribe y reproduzco textual: “En una emotiva ceremonia realizada ayer en el salón de reuniones del Municipio, el Concejo Municipal invistió como Hijo Ilustre, al investigador histórico Patricio De Los Reyes Ibarra, quien se ha destacado en su vida por resaltar las costumbres y tradiciones de Curicó y sus instituciones.” Continúa la noticia señalando que el homenajeado “recibió la Medalla Municipal de Oro, la máxima distinción entregada a personalidades que han hecho de sus vidas un ejemplo de valores para jóvenes y adultos.”

A más de mil kilómetros de distancia, en el extremo del Sur chileno, la Patria Verde cuya estrella es un ñirre amaranto, guardo silencio y me alegro por el reconocimiento, que por unanimidad el Concejo Municipal, integrado por militantes de la Alianza por Chile y la Concertación, le rindió a mi padre. En esta hora de paz, en que escribo estas líneas, regreso a una fría noche de invierno de 1974. Diez agentes del Estado allanaron nuestra casa familiar y se llevaron detenido a mi padre. Lo recuerdo bien, porque fue en Julio, a pocos días de mi cumpleaños. Me encontraba en cama y enfermo. Al día siguiente vino el peregrinar de nuestra familia para saber a donde fue conducido mi padre. Primero al Cuartel de Investigaciones –el antiguo- con sus lúgubres y luctuosas instalaciones, después al Regimiento de Telecomunicaciones y por último a la Cárcel Pública. En medio de ese vía crucis mi padre se las ingenió para hacerme llegar una pequeña carta de saludo de cumpleaños. Un gesto de amor en la intensidad de su injusta y torpe privación de libertad. Sobreponiéndose a los cobardes maltratos y torturas de sus carceleros, no olvidó mi cumpleaños de niño asombrado por lo que ocurría en el Curicó agrario del Chile de aquellos años. Cuando creíamos que se iniciaría un juicio justo por lo absurdo y ridículo de los cargos, una tarde un comando de la siniestra CNI –y algunos civiles- secuestró a mi padre y todo indica que fue llevado a la Hacienda Comalle, que funcionó como un clandestino Centro de Torturas. Casi desfalleciente lo devolvieron a la cárcel Pública, donde lo podíamos visitar los días martes, jueves y domingos. Recuerdo que un día con mi madre viajamos en tren a Talca, con la esperanza que la I. Corte de Apelaciones del Maule, liberara al “prisionero de Guerra” Patricio De Los Reyes Ibarra (la irracionalidad del poder absoluto lo calificó como tal) Fue dejado en libertad. Mi padre no quiso aceptar el asilo que le ofreció Holanda por medio de la Cruz Roja Internacional y prefirió vivir el exilio en su Patria. Creo que hizo bien. De lo contrario, yo, el día de hoy estaría escribiendo en flamenco en algún diario de Europa o figuraría en el panteón glorioso de los que cayeron junto a Paine, en esa aventura loca que se llamó Neltume. 

Mi padre, como cualquier padre cariñoso, juguetón y tal vez un poquito aprensivo con los permisos, al salir de la cárcel, con esfuerzo, nos compró una moto –con mi hermano Roberto ya entrábamos en la adolescencia- tal vez por una innecesaria compensación por el tiempo en que no estuvimos juntos. Al principio fue súper estricto para dejarnos usarla. Un día probando la motocicleta se dio un costalazo que le peló las rodillas y seguramente le recordó la dureza de la dictadura. De ahí ya no puso más restricciones. Todavía le gusta escuchar las noticias por la radio y escribir en los diarios locales. Con alma de periodista reportea las noticias curicanas tan bien como prepara la plateada al palo. Es un voraz lector, sobre todo de libros que traten sobre el periodo de La Colonia en América. Tiene una especial preferencia por El Quijote, del cuál tiene diversas ediciones. Destaca en él un amor incondicional por su Curicó natal, cuya historia la tiene escrita en varios tomos próximos a ingresar a la imprenta, y que sin duda servirán a las nuevas generaciones.

Cuando supe de este homenaje que le han hecho al historiador de hoy, al ex preso político de ayer, que ha tenido la grandeza y bondad para perdonar a sus pretéritos verdugos –sin renunciar a sus convicciones ideológicas- me conmueve y alegra por él, por mi madre, por sus compañeros y amigos. Homenaje que llega como el búho de Minerva, que vuela al atardecer. Así mismo siento, que de alguna manera este homenaje, es una pequeña e insuficiente reparación al jardín de mi infancia, aquel de parrones, naranjos y duraznos, prematuramente enlutado. 

A cientos de kilómetros, con el alma convertida en bandera, en esta Patria Verde cuya estrella es un ñirre amaranto, donde mis hijos crecen felices en  praderas rodeadas de montañas nevadas y aprenden a escuchar la voz de ríos aún no intervenidos, padre querido, hijo Ilustre de tu amado Curicó, ¡felicitaciones! y como dijo Neruda “ganaremos, los más sencillos ganaremos”

Rodrigo De Los Reyes Recabarren
rodrigodlr@patagoniachile.cl

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