La sexualidad como herramienta

Por:  Trece Rosas
Fuente: www.lahaine.org (11.10.08)

La falsa liberación que nos proporciona el Estado no es más que otro modo de abastecerse a costa nuestra, pero esta vez utilizando el sexo como producto. 

La sexualidad es muchas veces convertida en herramienta o mercancía. Uno de los ejemplos evidentes es el uso de ella para conseguir beneficios fácilmente, que de otra forma sería complicado obtener; o enfocado desde la otra persona, abusar de un cierto poder ofreciendo algo deseado a cambio de ser satisfecha/o sexualmente. Es un recurso habitual en el ámbito laboral con el objetivo de ascender de puesto, conseguir mejores salarios o mejorar ciertas condiciones; pero también dentro del mundo antifascista tiene cabida este triste fenómeno: utilizarlo para conocer a personas con sobre-nombre, a personas con reputación (real o no), personas que son “importantes” dentro del movimiento; en definitiva, personas de las que queda bien hablar a pesar de que seamos todxs compañerxs y nuestra situación se base en la igualdad y no en el liderazgo de algunxs.

Esta actitud la adoptan tanto hombres como mujeres, ya que todo ser humano sabe dar y recibir satisfacción sexual; pero debido a que es el hombre quien suele ostentar la posición dominante, la de poder, y la mujer la que patriarcalmente ha sido reducida a objeto sexual, son las mujeres las que más mano echan de este recurso. Son restricciones que el sistema capitalista y patriarcal nos impone educándonos en los roles de tipo sexual, según cual sea nuestro sexo; ¿las mujeres deben ser sumisas y quedarse en casa limpiando y cuidando de los hijxs? Esto era antes, ahora está vigente una falsa liberación ‘feminista’ que consiste en convertirlas en objetos sexuales, haciéndolas creerse libres y dueñas de su cuerpo mientras el Capital no hace más que incrementar el mercado del sexo, con el que gana miles de millones de euros (ya sea con las mafias de la prostitución, con la distribución de películas pornográficas ,etc.) y del mismo modo las tiene calladas y contentas con su supuesta sexualidad liberada, mientras los hombres deben ser los dominantes: el sexo fuerte que tenga sometida a la mujer. Esto llega a causar reacciones tan violentas como el gran número de violaciones cada año: a los hombres se les inculcan valores de superioridad frente a las mujeres y, a veces al ver dicha superioridad frustrada, al no sentirse dominantes frente al sexo femenino psicológicamente (la superioridad es un concepto de la mente ya que todxs los seres humanos somos iguales) u otras veces por simple convicción machista, reaccionan agrediendo sexualmente a mujeres para poder así saciar los roles que se les ha impuesto desde arriba y sentirse ellxs realizados (al haber afirmado de este modo su teórica superioridad).

Las mujeres de este modo saben que mediante el sexo (ansiado por la mayoría de los hombres de manera exhaustiva y no de manera racional, como debiera ser) podrán conseguir gran parte de las metas que se propongan y es dicha actitud la que combatimos, ya que una actitud que parte de los roles sexistas que criminalizan a los hombres sensibles o a las mujeres independientes no forman parte de nuestra lucha, no forman parte del Antifascismo. Así mismo tienen igual de culpa los hombres (o mujeres, pero mayoritariamente hombres remitiéndonos a los roles sexistas) que consienten que esto ocurra, otorgando cualquier cosa que se les pida solamente por pagarles con sexo.

Estas actitudes se dan en ámbitos de trabajo (clásico caso de la secretaria que sirve a su jefe sexualmente para ser mejor remunerada) pero como todxs bien sabemos también se dan en nuestro Movimiento, y es este el motivo que nos hace levantarnos y alzar la voz en contra de estos problemas. Nos preguntamos por qué ocurren: cómo unos roles que provienen del Capital son capaces de manipular a personas teóricamente antifascistas, supuestamente antisexistas, y la respuesta la podemos encontrar en la tribu urbana que alberga a algunxs “pseudo-antifascistas”: No debemos tolerar este apogeo del capitalismo en nuestras filas, debemos eliminarlo para tener antifascistas coherentes con su ideología y que sepan ser fieles a sus ideales. Debemos erradicar estos comportamientos de nuestra lucha anticapitalista (y de la sociedad, a largo plazo) antes de que se conviertan en rutina y el Capital nos erradique a nosotrxs. El antifascismo no es una tribu urbana; un antifascista es realmente consciente de sus ideales y actúa conforme a ellos por mera convicción y no por el ”status” que éstos puedan brindarle, por lo que las personas que no estén dispuestas a actuar con coherencia que no se etiqueten como tales.

Trece Rosas estamos en contra del mercado del sexo en todas sus facetas, defendemos la liberación sexual siempre y cuando esta liberación sea real y surja desde el respeto. La falsa liberación que nos proporciona el Estado no es más que otro modo de abastecerse a costa nuestra, pero esta vez utilizando el sexo como producto: No dejes que esto ocurra.

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