Por Carlos Yuste
Fuente: http://www.venezuelavinos.com (13.08.08)
El vino ha estado consustanciado con el hombre desde tiempos remotos y se podría aseverar que hoy por hoy se ha convertido en una característica indispensable de la cultura en occidente. Su historia está entretejida de leyendas y mitos los cuales ha enriquecido nuestro acervo. Una leyenda griega le atribuye a Dionisos ser el primero en cultivar la uva y extraer de ella su exquisito jugo. Otra historia relata que su descubridor fue el pastor Estafilo quien por azar encontró a una de sus cabras comiendo los frutos de una planta. Este recolectó los frutos y se los llevó a su señor Oinos, quién al vaciarlos en un recipiente les extrajo el jugo y al beberlo se percató que mientras más bebía más se alegraba su espíritu. El gran poeta persa Omar Khayyam escribió: “Los sabios no podrán enseñarte nunca nada, / mas la caricia de unas negras pestañas de mujer te revelará la felicidad./ No olvides que tus días sobre la tierra están contados, / y que bien pronto volverás al polvo. /Trae vino, busca un lugar al abrigo de inoportunos, y deja que la vid te consuele.”
Otra leyenda persa relata que de las semillas que un ave dejó caer a los pies del rey Djemchid nacieron plantas que dieron abundantes frutos y que al beber su esposa favorita, quien estaba triste y abatida por la perdida de un hijo, el oscuro jugo fermentado de éstos frutos se durmió profundamente y al despertar se sintió curada y feliz. Entonces el rey nombró al vino Darou é Shah («el remedio del rey»).
El libro del Génesis de la Biblia refiere que Noé, una vez terminado el diluvio, planta vides y bebe vino haciendo coincidir el renacimiento de la humanidad con el nacimiento del vino.
Hoy a la luz de ciencia se sabe con certeza que la vid silvestre se encontraba presente en la Era Terciaria. Hojas y semillas se han encontrado en asentamientos prehistóricos, en tumbas, pirámides y en pequeñas ánforas en las ruinas de muchas ciudades. Todo esto sólo atestigua lo antiguo que el fruto de la vid.
Los romanos atribuían a Saturno sus viñedos famosos y obtenían vinos que debido a su método de elaboración durante el cual le agregaban miel, alquitrán y otras sustancias para conservarlos, no serían agradables a nuestro paladar.
Tras la conquista romana el cultivo de la vid se generalizó en todo el territorio del Imperio y la fabricación de vinos se convirtió en una fuente de riqueza especialmente en la Galia Narbonnaise (sur de Francia), en el Gaillac, en el Este francés y en el Hermitage, sobre el Ródano, convirtiéndose las Galias en el centro del intercambio y la venta de vinos hacia todas las zonas europeas.
Durante la Edad Media se diseña el nuevo mapa vitivinícola de Europa bajo la impronta del prestigio de los vinos regionales y de las creencias religiosas, cristianas e islámicas. En el renacimiento comienza una nueva etapa en la historia del vino, porque en los siglos XV y XVI cuando se mejoran los sistemas de vinificación y los vinos de Borgoña, Champaña y Burdeos, en Francia, comienzan a adquirir la fama que los hará célebres. Sin olvidar a Don Perignon que descubre el modo de preparar el champaña espumoso.
La tradición de los vinos franceses llegó a América con los españoles, que transportaban durante la Conquista las especies vegetales más importantes para ellos: la higuera, el olivo y la vid.
Filed under: F4.- Libre opinión |
Deja un comentario