Qué es violencia

Por: Periódico Anarquista “En la calle”
Fuente: http://www.lahaine.org (24.07.08)

Editorial

Tiene 16, es varón y gallina, hincha del rock and roll de Rasputín. Un pibe del conurbano [afueras de Buenos Aires]. Toma un vino en cajita que por 30 centavos le da vueltas al mundo. Piensa que sus padres son un par de estúpidos. Aburrido, casi no lee, le da terrible fiaca. El colegio es un lugar por el que transitar al pedo, pero bien, bien al pedo. Le molesta la injusticia y el país se le hace absurdo. Es probable que en los ‘80 su percepción del orden social lo hubiera acercado al movimientismo del MAS, o a alguna variante de punk nihilista.

Pero hoy no encuentra más lugar para su rebeldía que cagarse a piñas con los pibes de la otra escuela, de la otra calle, del otro club. Todos iguales, todos curriquis de barrio. Experimentan el mismo odio al mundo ridículo que le muestran los maestros, los padres, los dirigentes políticos, los empresarios exitosos, los curas, pero se cagan a piñas entre sí. La policía de provincia tiene una bala con el nombre de cada uno de ellos en espera en la recamara de la esquina.

La ciudad de Buenos Aires les es tan lejana que en ella se sienten extranjeros. A veces, es necesario irse para llegar. Por eso, ese día mientras caminaba por calle Corrientes pensaba que toda esa violencia que lo rodea es al ñudo y estéril. Y, mientras caminaba mascullando ideas y sueños reparó en otro pibe que revolvía un tacho de basura. Y vio que al lado estacionaba un Mercedes. El tipo que bajó le espetó al chico que le june [vigile] el auto y me pareció que eso era violencia.

Que un sorete así refriegue impunemente los excesos depredadores del capitalismo argentino ante las carencias del condenado al cirujeo [el que vende residuos] es violencia. Que además nos use de cadetes, indigna.

Si alguna vez en la historia las propuestas anarquistas engendraron una identidad popular fue porque se hicieron carne en un sujeto que luchó por la transformación social. Porque fueron ideas de su tiempo y no de fechas de almanaque. Porque no renegaron de su herencia pero no se contentaron con entonar el himno de una leyenda enseñada por los nonos. Al fin y al cabo a las nuevas generaciones les corresponde la desconfianza al canto de sirenas de batallas vencidas.

Nuestra propuesta se inscribe en una tradición libertaria. Los burgueses concentran sus fuerzas y a pesar de sus contradicciones hacen un cuerpo a la hora de sacarnos el jugo. Sin embargo los y las libertarios somos semillas que no se deciden a hacer bosque.

A veces creemos que la mejor propuesta es una buena pregunta. Y en muchas ocasiones sólo nos llenamos de grandes preguntas. Sobre todo como carajos reconstruimos esa identidad nueva que viene de lejos en el reloj de la riña para que tanta rebeldía se encuentre antes con el mundo nuevo que con una bala perdida de gatillo fácil.

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