Italia: el fin de una fase histórica

Por:  Guillermo Almeyra    
Fuente: Diario “El Clarín de Chile” (20.04.08)

NOTA DE LA REDACCIÓN. – No solamente los comunistas italianos, sino también los comunistas españoles se han reducido a la expresión de casi cero. Ambos comunismos pagaron sus cuentas por haber formado parte de coaliciones de gobierno socialdemócratas, e incapaces de presentar, desarrollar y avanzar con un proyecto propio transformador de verdadera izquierda. Al Partido Comunista Francés, aunque en menor grado, le ha sucedido lo mismo.

¿Qué dice el Partido Comunista chileno, que quiere embarcarse en una aventura similar , al de los comunistas europeos, mil veces fracasada, y que se  que se fueron al despeñadero?… ¿Se les entró el habla?

HERNÁN MONTECINOS
Administrador-editor
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Transcripción del artículo:

Con la aplastante victoria electoral del bloque clerical-fascista dirigido por Silvio Berlusconi se cierra la fase histórica abierta con las sublevaciones obreras y la guerra de guerrillas de la resistencia antifascista al fin de la Segunda Guerra Mundial y se crean las bases para el fin de la República y de la Constitución nacidas de esa relación de fuerzas entre las clases.

Desde finales de los 1940 hasta finales de los 1980 comunistas y socialistas representaban la mitad del electorado: ahora sus 100 parlamentarios –al igual que los de los ambientalistas y los laicos– acaban de ser borrados del Parlamento y esos partidos han perdido, con ellos, su fuente de ingreso principal y su posibilidad de acceso a los medios televisivos. Francisco I, derrotado y prisionero, exclamó “todo se ha perdido, menos el honor”. No es el caso de esta izquierda, que con sus posiciones perdió también su ideología y sus principios junto con su credibilidad. En efecto, al igual que el Partido Comunista Italiano de Togliatti y de sus seguidores y epígonos, esa izquierda que pretendía refundar el comunismo en Italia tenía una idea del partido verticalista, decisionista, antidemocrática y se consideraba vanguardia obrera por definición. Y tal como el viejo PCI, era estrechamente nacional y nacionalista y creía que el campo de la política estaba constituido por las instituciones estatales y que la lucha política consistía principalmente en maniobrar y negociar en el Parlamento, aceptando totalmente el marco de lo “posible”, o sea, el del capitalismo al cual, a lo sumo, se debía retocar sus “excesos”. Para Bertinotti, el líder de Rifondazione Comunista, por ejemplo, y para sus aliados y seguidores, la lucha se daba en el Parlamento y en la televisión, acompañándola cada tanto con una manifestación espectacular, para presionar un poco más. Los obreros, ya conquistados, seguirían…

Este abandono de los principios y del terreno real de la lucha de clases impidió una salida por la izquierda de la crisis del capitalismo en Italia y allanó el camino a una revolución conservadora, lo contrario de una revolución. La izquierda eligió el palacio y dejó así la plaza, las calles, al fascismo, a los xenófobos racistas. Pasó la idea de que existía una “clase política”, de que todos los políticos eran iguales, eran zánganos que vivían a costa de los trabajadores. El abandono durante décadas de la educación en una visión de clase llevó a una buena parte de los obreros, que antes votaban con voto rojo, a ver como su enemigo no al patrón capitalista sino al emigrante que vive junto a ellos, en el territorio, y que supuestamente amenaza su trabajo. La izquierda perdió 3 millones de sufragios con respecto a las elecciones de hace dos años y esos votos pasaron o a los neoliberales del Partido Democrático, a la abstención o a la Liga Norte, xenófoba y separatista. La idea estalinista de que había que unirse con la “burguesía democrática” (Prodi) para impedir el triunfo de Berlusconi y tener ministros “socialistas” en el gabinete burgués, para conseguir algunas mejoras sociales, llevó a esos ministros a aplicar medidas burguesas reaccionarias y condujo al desprestigio del gobierno Prodi y al triunfo aplastante de Berlusconi, ya sin una izquierda que lo contrarrestase apoyándose en las luchas sociales. Porque, si la izquierda aplicaba la política de Prodi, ¿por qué votarla? Y si era igual al Partido Democrático, que tiene a Bill Clinton como modelo, ¿por qué no votar directamente a éste? Así desaparecieron del Parlamento los socialistas y los comunistas, pero sin conservar sus bases en los movimientos y en la sociedad. Algunos de los mariscales que prepararon y dirigieron esta derrota histórica hablan ahora de refundar la refundación del comunismo. Pero ni son capaces de hacerlo (lo habrían hecho antes, si hubiesen sido revolucionarios) ni tienen edad para esa tarea, ni tienen, sobre todo, credibilidad, porque para volver a las puertas de las fábricas hay que tener un público obrero al menos interesado, mientras que ahora los trabajadores votan por la Liga y no creen en ellos; es más, los desprecian y los consideran oportunistas que tratan de reconquistar desde el llano las posiciones privilegiadas que perdieron por haberse olvidado de lo esencial: el Parlamento sólo sirve para ayudar a cambiar la relación de fuerzas en lo social y para organizar las fuerzas y el pensamiento socialista, y no es el centro de la vida política ni la palanca para el cambio social.

Berlusconi, representante del sector aventurero y mafioso del capital, un lumpenburgués, ha formado un bloque con el Vaticano dirigido por un Papa que fue miembro de la juventud hitlerista, pero también con los fascistas, que aprovechan la protesta reaccionaria de la pequeñoburguesía urbana, y con la Liga del Norte, que tiene una fuerte base obrera y campesina atrasada pero que le puede crear problemas. Esa alianza entre sectores plebeyos y capitalistas tiene grietas potenciales.

Para hacer resucitar de sus cenizas una izquierda creíble, en un momento en que la crisis mundial y la pasividad de los trabajadores chinos ante la construcción de una potencia capitalista a cualquier costo amenazan con nuevas desgracias a los trabajadores italianos y de los demás países industrializados, lo primero sería una autocrítica, que ninguno ha hecho. Después, explicar cuál es la fase actual mundial y a qué habrá que enfrentarse. Al mismo tiempo, asumir la defensa y la organización, en el territorio, en las fábricas, en los centros de estudio, de los trabajadores sin contrato, precarios, de los maestros y trabajadores técnicos mal pagados, de los emigrantes, enfrentando el egoísmo, el racismo e incluso el corporativismo de los sindicatos que, al haber perdido con la izquierda sus interlocutores en el aparato estatal, recurrirán a los neoliberales. Desaparecida en la televisión y en el aparato del Estado, la izquierda debe reaparecer en la sociedad, so pena de desaparecer definitivamente.

 

 

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