Economía Política Marxista: Una aproximación

Por: Jutta  Schmitt
Fuente: Kaos en la red (14.04.08)

Esto es una síntesis del taller ‘Introducción a la economía política marxista y su significado para la práxis y teoría revolucionaria’, dictado por Jutta Schmitt y Franz J. T. Lee en el marco de las actividades desarrolladas por la Universidad Socialista del Pueblo, Mérida, en colaboración con la dirección estadal de Moral y Luces

Los Salarios en el capitalismo

Recordemos que unos de los puntos claves en el capitalismo es que la fuerza de trabajo haya sido convertida en mercancía, con lo que su valor de cambio está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla (o reproducirla en este caso), expresada en mercancías. El valor de cambio de la fuerza de trabajo equivale entonces al valor de todas las mercancías que el trabajador necesite consumir para restituir su fuerza de trabajo y poder seguir vendiéndola en el mercado.

Ahora bien, hay algo que distingue el valor de cambio de la mercancía: ‘fuerza de trabajo’ del valor de cambio de todas las demás mercancías. Lo específico del valor de cambio de la mercancía: ‘fuerza de trabajo’ es que consiste de dos elementos, uno fijo y uno variable. Por un lado, el elemento fijo es aquél componente que se refiere al valor del conjunto de las mercancías absolutamente necesarias para mantener vivo la fuerza física del trabajo; a este componente se le denomina ‘mínimo físico’. Por otro lado, el elemento variable, también denominado ‘histórico-ético’ es aquél componente que se refiere al valor de aquellas mercancías que, dentro del estándar de vida normal en una determinada época histórica, se ubican ‘por encima’ del mínimo físico, es decir, son de alguna manera ‘prescindibles’. Este componente está siendo determinado por el desarrollo histórico de la constelación de fuerzas entre capital y trabajo, en otras palabras, por la lucha de clases.

El salario es el precio de mercado de la fuerza de trabajo. Como todo precio de mercado, oscila alrededor del valor de cambio de las mercancías. A su vez, las oscilaciones de los salarios son determinados por las fluctuaciones que se dan en lo que Marx llama el ‘ejercito de reserva industrial’. Por ejemplo, en tiempos de crisis prolongada, cuando hay un desempleo constante y masivo, los salarios suelen permanecer por debajo del nivel del valor de cambio de la fuerza de trabajo, acercándose al mínimo físico. Sin embargo y al final de un período largo de desempleo generalizado, bien sea por razones de un proceso de industrialización o debido a una emigración de una parte de la población hacia otros países, los salarios pueden subir y ubicarse por encima del valor de la fuerza de trabajo. Esto sucede también como resultado de intensas luchas laborales con fines de subir el nivel de vida socialmente reconocido. En su totalidad, las fluctuaciones del ‘ejercito de reserva industrial’ dependen de la propia lógica de la acumulación del capital, esto es, de los ciclos económicos y de la sustitución progresiva del trabajo físico, vivo, por máquinas o ‘trabajo muerto’.

Dado que el crecimiento de los salarios nunca corresponde al crecimiento de la productividad del trabajo y de la capacidad productiva en general, se abre una brecha cada vez más grande entre las necesidades inmensamente ampliadas (‘artificiales’) generadas por la creciente productividad del trabajo, y la posibilidad de que los trabajadores puedan satisfacerlas con los salarios que devengan. Es en este contexto que la economía política marxista habla de la pauperización relativa de la clase trabajadora. Sin embargo, existe una parte de la población en la sociedad capitalista que ha sido expulsada del proceso de producción por la misma lógica capitalista y que sufre, en su condición de desempleados permanentes, ancianos, veteranos de guerra, minusválidos, enfermos, etc., una pauperización absoluta.

Leyes de desarrollo del capitalismo

La economía política marxista nos señala que debido a las peculiaridades del funcionamiento de la economía capitalista, esta se desenvuelve en su dinámica según determinadas ‘leyes’ de movimiento o desarrollo. Estas leyes de movimiento son la concentración y centralización del capital, la progresiva proletarización de la población trabajadora, el crecimiento de la composición orgánica del capital, la caída tendencial de la tasa promedia de ganancia y la socialización objetiva de la producción.

En cuanto a la concentración y centralización del capital, destaca que la competencia conduce a que solamente las más grandes de las empresas competidoras sobrevivan, esto es, las que dispongan de la mayor cantidad de capital, de tecnología de punta, etc. Las grandes empresas devoran a las  pequeñas y el tamaño promedio de las grandes empresas crece continuamente, lo que equivale a la concentración del capital. Aquellas empresas que han sido destruidas por sus competidores a menudos desaparecen en la fusión hostil con estos, lo que corresponde con la centralización del capital. La concentración y centralización del capital significa, al mismo tiempo, la reducción, en cantidad, de las empresas de la pequeña y mediana industria o la desaparición progresiva de los ‘pequeños’ propietarios de capital. Esto significa a su vez que aquella parte de la población que está obligada de vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir, crece constantemente. Independientemente de que los salarios sean magros o abundantes, nunca dejan de tener la sola función de satisfacer las necesidades diarias y a lo mejor cubrir algunos bienes de consumo duraderos de los asalariados. Los salarios nunca permitirán al trabajador acumular una fortuna, ni mucho menos fundar una empresa que sea competitiva en el mercado capitalista global. En este contexto la economía política marxista habla de la proletarización progresiva de la población trabajadora.

En cuanto a la tercera ley de movimiento, el crecimiento de la composición orgánica del capital, cabe recordar que el capital está compuesto de dos partes, el capital constante (invertido en forma de máquinas, edificios, materias primas, etc.) cuyo valor permanece constante dentro del proceso de producción y está siendo conservado por la fuerza de trabajo, que transfiere una parte del mismo al valor del producto final. La otra parte es el capital variable o la fuerza de trabajo viva, humana.

La relación entre el capital constante y el capital variable es de doble carácter: consiste, por un lado, en una relación técnica en cuanto que las máquinas necesitan procesar materias primas y tienen que ser operadas por trabajadores. Por otro lado, tiene carácter de una relación de valor referente a la cantidad necesaria de trabajadores para operar una determinada cantidad de máquinas, etc. Esta relación de doble carácter se llama la composición orgánica del capital. Ahora bien, sucede, que con el desarrollo del capitalismo industrial la composición orgánica del capital tiende a ‘crecer’, quiere decir, el capital constante – máquinas, edificios, materia prima – crece relativo a la parte variable, que es la fuerza de trabajo viva. Es así como el ‘trabajo muerto’ – la máquina – sustituye al trabajo vivo, y con ello la única fuente de la plusvalía, ya que solo el capital variable o la fuerza de trabajo viva, humana, genera ganancia mediante el plus trabajo. 

El resultado de la creciente composición orgánica del capital es la caída tendencial de la tasa promedia de ganancia. La ganancia tiene la tendencia de caer en relación a la masa total del capital, ya que sólo el capital variable produce plusvalía, aunque hay que señalar que existen tendencias contrarias que reviertan o suavizan temporalmente la caída tendencial de la tasa promedia de ganancia, como por ejemplo la explotación intensificada de los trabajadores por los métodos anteriormente mencionados.

Finalmente, la economía política marxista considera como lado potencialmente positivo de la acumulación del capital, la socialización objetiva de la producción, lo que quiere decir que por primera vez en la historia humana existe efectivamente una infraestructura económica y tecnológica entrelazada a escala mundial, que puede servir a la humanidad como fundamento de una posible, futura sociedad socialista basada en la cooperación, en la solidaridad y la planificación consciente de la producción a escala mundial.

Las contradicciones internas más resaltantes del modo de producción capitalista son, primero, la organización cada vez más planificada y consciente de la producción dentro de las empresas capitalistas particulares, frente a la anarquía de la producción capitalista en general; segundo, la socialización objetiva de la producción frente a la propiedad privada de los medios sociales de producción y la apropiación privada de la ganancia producida; tercero, la constante ampliación de las fuerzas de producción frente a la limitación salarial y del consumo de las grandes masas laborales; cuarto, el potencial liberador del progreso de la ciencia y tecnología frente a su transformación en fuerzas destructivas en forma de tecnología bélica al servicio de la acumulación del capital y quinto, las crisis recurrentes y luchas de clases inevitables que socavan las condiciones de una acumulación ‘normal’ o ‘pacífica’ del capital.

Crisis periódicas de sobreproducción

Quizás el fenómeno más perverso que se da de una manera inevitable en el modo de producción capitalista es el de las crisis periódicas de sobreproducción. Las crisis en el pasado, en las sociedades precapitalistas, solían ser interrupciones de la producción social por razones de escasez causada por catástrofes naturales o sociales como cosechas insuficientes, epidemias, enfermedades, guerras, etc.  

En la sociedad capitalista las crisis o interrupciones de la producción social se dan por razones de abundancia o sobreproducción cuando las mercancías no encuentran quienes las compren. Entre las causas de las crisis periódicas de sobreproducción en el capitalismo figuran, el desarrollo principalmente ilimitado de las fuerzas productivas frente a un poder de compra principalmente limitado de la masa de consumidores; la caída de la tasa de ganancia y la anarquía de la producción capitalista en general. Las crisis de sobreproducción conducen a una especie de reacción en cadena en la que a la caída de precios le sigue la bancarrota de empresas, la pérdida de valor del capital y el desempleo. Perversamente, las crisis económicas en el capitalismo que acarrean desempleo y miseria y que desvelan de un solo golpe la inmensa cantidad de trabajo o producción social desperdiciada, tienen una función de ‘ajuste’ que se efectúa sobre las ruinas y miserias: la misma depresión en la que el ‘ejército de reserva industrial’ engrosa sus filas por millones de personas que han perdido su trabajo, es aprovechada por el capital para explotar al máximo a la fuerza de trabajo, lo que conduce a un nuevo auge de la tasa de ganancia y de la acumulación del capital.

El movimiento cíclico de la producción capitalista con sus etapas consecutivas: recuperación, auge, alta coyuntura, crisis, depresión, constituye una característica singular del modo de producción capitalista; ningún otro modo de producción en la historia humana la ha conocido. Sin embargo, hay un elemento positivo en relación a las crisis económicas en el capitalismo: pueden conducir, y efectivamente conducen, una y otra vez, a unas crisis sociales y políticas de proporciones explosivas, ya que   demuestran la inviabilidad y lo absurdo del sistema capitalista y, con ello, la necesidad imperativa de su pronta superación.
        
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[1] Ernest Mandel, en su  Introducción al Marxismo, hace referencia a la antropóloga Margaret Mead, quien señala los costumbres del pueblo Arapech en Papua-Nueva  Guinea, según los que el excedente social es apropiado por todos los miembros de la comunidad mediante una gran fiesta que dura hasta que se haya consumido el plus-producto entero. Con ello se pretende -de una manera muy simpática por cierto – evitar el acaparamiento de riquezas en manos de unos pocos y con ello la aparición de una casta o clase social dominante. 
[2] Aquí  hay que destacar que la división natural del trabajo según género y edad ni significa, ni fundamenta, ni justifica discriminación social alguna, como lo quieren hacer ver quienes propagan, por ejemplo, la  tesis de la ‘superioridad biológica’ del hombre ante la mujer.

[3] En  el texto original, Marx opera con el término ‘cantidad-valor’ (Wertgroesse) ara denominar el valor de cambio de una mercancía.

           
Notas

(1) K. Marx, Kapital I, MEW 23, 58, nuestra traducción.
(2) Karl Marx,  Kapital I, MEW 23, 193, nuestra traducción.
(3) K. Marx,  Kapital I, MEW 23, 333; nuestra traducción.
(4) K. Marx,   Kapital I, MEW 23, 333., nuestra traducción
(5) K. Marx, Theorien über den Mehrwert I, MEW 26.1, 19, nuestra                     traducción.
(6) K. Marx,  Deutsche Ideologie, MEW 3, 21f., nuestra traducción.
(7) K. Marx,  Kapital I, MEW 23, 53, nuestra traducción.
(8) K. Marx, Kapital I, MEW 23, 54, nuestra traducción.
(9) K. Marx,  Kapital I, MEW 23, 54, nuestra traducción.
(10) K. Marx, Kapital I, MEW 23,   55, nuestra traducción.
                   
                   

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