Posmodernismo, contemporaneidad y valores

Por: Dr. Pedro Luis Sotolongo Codina.*
Fuente: http://www.nodo50.org/cubasigloXXI

* Instituto de Filosofía, La Habana.

El Pos-modernismo es un fenómeno cultural variopinto y complejo de la contemporaneidad. Por lo mismo no requiere de juicios globales apologéticos ni tampoco satanizantes; ni de juicios moralizantes de un signo o de otro.

Requiere, por el contrario, de análisis diferenciados y ponderados, que partan de un conocimiento de primera mano de las producciones culturales de ese Posmodernismo.

El Pos-modernismo constituye, todo al mismo tiempo:

! Una reacción generacional pos-Mayo del 68, que abarca -y une- a todas sus variadas manifestaciones.

! Un posicionamiento estético relativo a lo denominado “vanguardia” y al llamado “alto Modernismo” (al arte del periodo inmediato pre-Mayo 68), especialmente en lo relacionado a su absorción por los cánones estéticos institucionalizados del establishment.! Un corrimiento con relación a la tradicional distinción entre arte culto y la llamada `cultura de masas´.

! Una toma de posición con relación al reconocimiento de las diferencias estructurales de la sociedad de consumo capitalista comparada con las etapas previas del sistema.

! Un nuevo sentido de `lo urbano´ en las condiciones creadas por la introducción, ya apreciable en los países desarrollados, de muchos logros de la revolución científico-técnica de mediados de siglo en la vida cotidiana citadina.

! Un desbordamiento de esos posicionamientos hacia una visión específica –a veces más subyacente que explícita- de la historia y de la valoración social de la contemporaneidad. (Más explícita en sus pensadores sociales y filosóficos) Es decir, el Pos-modernismo implica toda una gama de posicionamientos – con un fuerte componente de lo estético- que se funden en una específica sensibilidad, un nuevo talante intelectual y un nuevo sentido común generacional (es decir, como diría Foucault, que hunden sus raíces en la positividad de un régimen de visibilidades y enunciaciones específico) que eclosiona en el periodo pos-Mayo del 68, condicionado por lo sucedido entonces.

Si nos atenemos a su dimensión política, muchas veces más implícita que explícita, se constata también una compleja trama de circunstancias, de manifestación en manifestación que lo caracterizan y/o de pensador a pensador suyo. Lo que torna especialmente inadecuadas las valoraciones políticas `de un plumazo´ -ya sean positivas o negativas (y que tanto abundan)- con relación al Pos-modernismo. Todo lo que puede decirse `de un plumazo´ con relación al posicionamiento político del Pos-modernismo sin temor a errar, sería que coexisten dos vertientes en él: una de afirmación del status quo social contemporáneo y otra contestataria del mismo.

¿Cuál es esa específica manera `de ver´ y `de decir´ que es `hija del Mayo del 68´ y que caracteriza valorativamente al Pos-modernismo?

Es un `mirar´y un `enunciar´ con una aguzada percepción y discurso, entre otros aspectos:

# hacia todo lo que ponga de manifiesto las diversas modalidades a través de la cuáles el arte puede entrar en complicidad –y ser cooptado- por los establishments y sus élites de poder; # hacia todo lo que implique la reducción del hombre a las grandes estructuras sociales institucionales1 establecidas (de clase, estatales, educacionales, salubristas, de étnia, de género, del uso de su sexualidad, y otras); 1 `Institucionalizadas´ en el sentido de todo ámbito social en el que se han establecido simultáneamente uno u otro régimen `de prohibiciones´y `de permisividades´ sociales.

# hacia todo lo que conlleve prácticas y enfoques autoritarios y jerárquizadores hacia los otros; # hacia todo lo que implique la absolutización o el exclusivismo de la razón, de una conciencia intencional transparente a sí misma, del progreso tecnológico y/o histórico, de los determinismos globales; # hacia todo lo que conlleve la conformación de identidades construidas dicotómicamente,

# hacia todo lo que oculte o manipule los efectos de poder de los discursos hegemónicos, incluyendo los del discurso académico disciplinar (las formas de Saber-Poder), tras un pretendido status `de verdad establecida´ (ocultando su `voluntad de verdad´ particular)

# hacia todo lo que evidencie los excesos y catástrofes –ecológicas, genocidios militares o de cualquier otra índole- frutos del culto ciego de la racionalidad instrumental moderna; Esta suerte de `paquete pos-modernista´ de criterios, a pesar de lo reciente de su emergencia histórica (el último tercio del siglo XX), ha incidido ya manifiestamente, pésele a quién le pese, en el ámbito cultural contemporáneo de fines de siglo, comenzando por Europa occidental, Europa central y brincando el océano, extendiéndose después a E.U. y a Latinoamérica; siendo los escenarios principales París, Berlín, Praga, Berkeley, Columbia, Ciudad Méjico, pero permeando gradualmente también a otros ámbitos geográfico-culturales.

Algunas de las principales contribuciones suyas han sido, entre otras, las de:

ayudar a liberar a los sujetos contemporáneos de las exageraciones y excesos de los discursos `avasalladores´ de diverso orígen, aportando una estrategia del reconocimiento de `la diferencia´,

$ poner de manifiesto las identidades de género, étnicas, raciales y clasistas que quedaban obturadas por la retórica ortodoxa de un pretendido humanismo liberal o de un falso colectivismo reductor de dichas identidades, $ revelar las intenciones de Poder –y la oculta voluntad particular de verdad- de los discursos hegemónicos académicos y extra-académicos,$ exponer las estrategias de una racionalidad instrumentalizada, característica de la Modernidad y conducente a depredaciones ecológicas y genocidios humanos,

$ problematizar los cánones artísticos que llevan a las élites estéticas institucionalizadas a apoderarse o a co-optar los valores de un arte alternativo, $ reivindicar la dimensión del Deseo en la subjetividad humana, intentando emanciparla de su tratamineto peyorativo tradicional como perteneciente a `lo irracional´ en el ser humano, estas contribuciones del Pos-modernismo nada tienen de objetable, por el contrario, son portadoras de un significativo potencial emancipador de los excesos y exclusivismos del racionalismo y del logocentrismo de la Modernidad.

Para que ese potencial emancipador se plasme efectivamente, se requiere la búsqueda y la defensa de determinadas nuevas formas de verdad, de subjetividad, de cánones estéticos, de eticidad, de historicidad, de progreso, de racionalidad, de principios del accionar político; nuevas formas enriquecedoras del ser humano individual y colectivo y, al mismo tiempo, alternativas a las de la Modernidad. Esa búsqueda y esa defensa han sido y son aún, de hecho, llevadas a cabo por diversos representantes del Pos- Modernismo a través de la creación en las diversas manifestaciones del arte – comenzando cronológicamente por la Arquitectura y avanzando sucesivamente hacia la danza, el teatro, la pintura, el cine, la música y otras- en la Estética y en la Crítica Literaria (por lo que no es para nada casual, sino enteramente natural, que sean los jóvenes creadores en el arte los más proclives a acercarse interesados a los enfoques pos-modernistas) y sólo posteriormente en los enfoques en Ciencias Sociales y filosóficos.

Esas nuevas formas han sido en ocasiones formuladas por determinados representantes del Pos-modernismo de modo particularmente llamativo y radical: como `la muerte del sujeto´, `el fin de la historia´, èl fin de la metafísica´ , `la crisis de la razón´, etc. Hay que decir que no siempre –ni por todos los que han formulado tales sentencias- las mismas han sido necesariamente portadoras de la carga aniquiladora y peyorativa hacia toda subjetividad, hacia toda historia, hacia todo filosofar , hacia toda racionalidad, etc. que una critica demasiado fácil y demasisdo ansiosa –pero muy efectista- (hay que decirlo también) les ha atribuido. Tales formulaciones con frecuencia–en nombre de y enarbolando tales `muertes´ y/o `finales´- no han hecho otra cosa que oponerse a la absolutización (por la Modernidad) de un tipo determinado –y exclusivo- de sujeto (el sujeto de razón transparente, centrado en sí mismo, con sus ideas claras y distintas, etc.), un tipo de historia (la historia lineal y teleológica), un tipo de progreso (el progreso ininterumpido, siempre ascendente, que hace a toda època posterior algo superior a la precedente), un tipo de filosofar (el filosofar a partir de principios metafísicos gnoseológicos y/o fenomenológicos) , un tipo de racionalidad (la racionalidad instrumental y estratégica). Y, disgústele a quién le disguste, en todo ello llevan la razón, aunque un tipo de crítica proveniente de cierta parte de la izquierda política no reconozca matices ni diferenciaciones y se empeñe en “construir” un Pos-modernismo globalmente satanizado que existe sólo en las cabezas de tales críticos…………….

No obstante -y es en eso en lo que sí acierta esa crítica ya mencionada- uno u otro de esos planteamietos pueden conducir, manipulados de cierta manera, a proclamar la eliminación de toda forma de verdad, de subjetividad, de racionalidad, de eticidad, de historia, de progreso, de filosofar y de posicionamiento político emancipador (el `todo vale´). Y tal manipulación también ha ocurrido. Y es merecedora, efectivamente, de denuncia y de crítica. Pero de una crítica y denuncia que no `tiren a la criatura junto al agua sucia del baño´, sino analítica, distinguidora entre obras (por leídas esas obras) del Pos-modernismo contestatario del statu quo con relación al afirmativo del mismo; reconocedora de diferencias de intenciones, matices y actitudes entre sus autores (por serles familiares los mismos).

Cuando tales lectura de obras y familiarización autoral no existen, queda el camino fácil de valoraciones globales –y ya, sin remedio, de segunda mano- acerca del Pos-modernismo como un todo. Camino casi seguro a la equivocación y a la injusticia crítica.

Ello es demasiado frecuente, lamentablemente, en esa crítica de una parte de la izquierda que en ocasiones se muestra demasiado ansiosa por ver enemigos ideológicos dónde los hay, pero también dónde no los hay. Y termina entonces fabricándolos artificialmente. Esto, a nuestro juicio, está volviendo a ocurrirle a esa cierta izquierda con relación a algunas manifestaciones y a algunos de los representantes del Pos-modernismo. Con lo que se ratifica aquéllo de que `el hombre es el único animal que tropieza dos veces – y en ocasiones, muchas más- con la misma piedra´…..

Los caminos alternativos que hemos mencionado en relación con la búsqueda de las nuevas formas pos-modernistas conducen, en lo tocante a los enfoques políticos del Pos-modernismo, como no es difícil de colegir, a las dos vertientes ya aludidas -la afirmativa y la contestataria del status quo social actual- en dicha corriente de creación y pensamiento. No hacer las diferenciaciones y distinciones mencionadas conduce, por lo tanto, como también es fácil concluir, a ¨meter erróneamente a todo el Pos-modernismo y a los pos-modernistas en un mismo saco ¨ (ya sea el de los elogios o el de los ataques). Ello es, también lamentablemente, lo más frecuente.

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