Los intelectuales y el desarrollo social

Por:  Carlos Parraguez
Fuente: Revista “Alternativa Latinoamericana” N° 57, Diciembre del 2003

Ciudad de Alberta, Canadá

A pesar de la importancia de las categorías y funciones intelectuales en el desarrollo social y político, el tema de los intelectuales es muchas veces no bien entendido. El activista y filósofo político Antonio Gramsci (1891-1937) analizó el papel del intelectual en la sociedad y dice en Cuadernos de la cárcel: Los intelectuales y la organización de la cultura, (1930): “todos los hombres son intelectuales pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales…”.

Cuando Gramsci se refiere a las categorías intelectuales y no-intelectuales se refiere a la función social mas inmediata que desempeñan los individuos en la sociedad y no a sus estudios y títulos. Aunque la función de los intelectuales en la sociedad es compleja, Gramsci observó que la producción de intelectuales está relacionada con procesos históricos concretos y sus grupos sociales. Por ejemplo, la burguesía rural producía más funcionarios estatales y profesionales liberales, mientras que la burguesía industrial producía más profesionales y técnicos para la industria. Sus convicciones políticas lo llevan a buscar la función intelectual en la dinámica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

Para clasificar a los intelectuales, Gramsci hace primero una clara distinción entre clasificaciones que buscan la distinción intrínseca de las actividades intelectuales y aquellas que ven al intelectual como producto de las relaciones que estas actividades tienen en la sociedad y con los grupos que representan.

Una clasificación de intelectual basada en la función que éste desempeña en la sociedad le permite a Gramsci separar a los intelectuales en dos grandes grupos: el intelectual tradicional compuesto principalmente de profesores, eclesiásticos y administradores, y el intelectual orgánico enfrentado directamente a las clases y a la producción. Por su prestigio y función social la categoría eclesiásticos de los intelectuales tradicionales fue muy importante hasta la época feudal porque estuvo ligada orgánicamente a la aristocracia terrateniente y al poder. Por su preparación escolástica, los eclesiásticos ejercían un monopolio sobre el control de la superestructura (la administración y las leyes) y compartían con la aristocracia terrateniente el ejercicio de la propiedad feudal y el uso de los privilegios estatales. El intelectual orgánico, por otra parte, se desarrolla en la sociedad industrial y aparece insertado en el mundo de la producción y las relaciones de producción. Gramsci pone en perspectiva la sociedad civil formada por el conjunto de individuos y organismos privados y la sociedad política, o estado, que corresponde a la función de hegemonía del grupo dominante con dominio directo a través del aparato jurídico. La posición estratégica de los intelectuales orgánicos en la sociedad y en la producción los ubica al centro de la dinámica de los cambios sociales a través de
la superestructura de la que ellos son sus arquitectos, especialistas y funcionarios.

Esta visión del intelectual orgánico corresponde a la idea gramsciana del intelectual que se arraiga en la América Latina de la segunda mitad del siglo pasado.

EL SURGIMIENTO DEL NUEVO INTELECTUAL

Los grandes cambios sociales y económicos del siglo recién pasado han visto la lenta y progresiva desaparición del hábitat (como diría un naturalista) del intelectual público tradicional. Russell Jacoby en Los últimos intelectuales (1987), muestra el ocaso de los grandes pensadores sociales individuales (el pensador único), su lenta extinción y la aparición de un nuevo tipo de intelectual especializado.

Después de la segunda guerra mundial, se crearon en los países beligerantes centros de discusión, investigación y asesoría para llenar un vacío de inteligencia que se observaba entre la academia y los gobiernos. Estos centros fueron principalmente de inteligencia político-militar que proliferaron al calor de la guerra fría y por sus objetivos y carácter se conocieron como los thinktanks.

Después del colapso del sistema socialista en Europa y el subsiguiente reflujo de la izquierda a nivel mundial, se produjo un gran desequilibrio de poder y un gran vacío intelectual de izquierda. La extensa e intensa difusión de la supremacía de la economía de mercado sobre la socialista llenó todos los espacios y fue acompañada del rápido avance de la globalización. Se llegó a decir que era el fin de la historia y que la democracia liberal era la única aspiración política coherente (Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man, 1992).

José Luis Orosco en Estado Pragmático (1996) es más preciso en la caracterización del nuevo intelectual, lo llama el intelectual corporativo. El intelectual corporativo no está directamente relacionado con el proceso de producción pero en su calidad de experto y asesor tiene una gran influencia en la superestructura. Se estima que hoy en día existen en EEUU alrededor de 1200 thinktanks, de los cuales hay 100 en Washington D.C. Estos centros atraen a profesionales y académicos a investigaciones sobre temas de interés político, social y económico. Allí se concentra la inteligencia de expertos encargados de analizar, formular y reformular corrientes del pensamiento político a nivel nacional e internacional. La RAND (Reasearch & Development) Corporation, financiada por el Departamento de Defensa de EEUU, el think-tank más grande e influyente, tiene como su razón de ser (Mission Statement) la investigación al más alto nivel en materia de seguridad nacional. Sus funciones incluyen la asistencia a los funcionarios públicos en la toma de decisiones administrativas y políticas, la asistencia a los lideres empresariales del sector privado en decisiones económicas y estratégicas y ahora ofrece un Doctorado en Análisis Político (David Ricci, The Transformation of American Politics: The New Washington and the Rise of Think-Tanks, 1993).

La hegemonía de EEUU en esta materia ha convertido a estos centros, que ahora llenan la brecha que existía entre la academia y el gobierno, en la industria del conocimiento político mundial apoyados por una extensa red de difusión y mercadotecnia. Estos centros avanzados de investigaciones políticas y sociales junto a los innumerables institutos y fundaciones agregadas, tienen una influencia definitiva en la vida intelectual a nivel nacional e internacional.

Si volvemos a preguntarnos por la importancia de las categorías y funciones intelectuales en el desarrollo social y político vemos como el intelectual corporativo en su categoría de experto y asesor llega cada vez más alto en la jerarquía dominante aunque sus trabajos se reducen cada vez más a un círculo de expertos y son cada vez menos accesibles al público en general. Como consultor de las grandes corporaciones y del gobierno, este intelectual tiene una gran influencia en las decisiones estratégicas y políticas no sólo de las grandes empresas sino también del sistema económico y político.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

Se dice que el nuevo intelectual corporativo vive en un mundo donde la investigación social esta sujeta a la lógica del rigor científico en el estudio del comportamiento del mundo como es (real) y no al estudio del comportamiento de un mundo como quisiéramos que fuese (normativo). Esta realidad social que vivimos, sin embargo, es una realidad relativa porque es la realidad de un sistema político y social donde la razón de estado es la razón de mercado (José Luis Orosco, Razón de Estado, Razón de Mercado, 1992) y donde el empresario ha reemplazado al hombre histórico como sujeto y objeto de la historia (Tomas Moulian, En la brecha, 2002). Los datos de las investigaciones sociales y políticas de estos nuevos intelectuales están condicionados al sistema de donde fueron extraídos.

Concluir que al estudiar el mundo social y su comportamiento real estamos frente a una ciencia verdadera y por lo tanto racional es silenciar el hecho que cada sistema social tiene su propia ciencia la que es consistente y verdadera dentro del sistema en que es formulada. Que la realidad en las circunstancias presentes sea esta, es innegable, no se debe confundir la realidad con la fantasía, pero hay otros mundos posibles, con otras realidades, otras verdades y otras racionalidades, donde la lógica interna de cada una será necesariamente diferente.

Hay grandes desafíos históricos para el ser humano del presente lo que debe ser más bien un motivo de optimismo que pesimismo. No es el fin de la historia como proclamó Fukuyama en 1992 (citado mas arriba), quien fue consultor de la RAND Corporation en Washington, D.C. y Director de Planificación Política del Departamento de Estado de EEUU. El ser humano hace su propia historia y su tarea moral es rescatar su función histórica de manos del empresario y llegar a ser el sujeto y objeto de su propio destino. La tarea no es simple pero la realidad social es socialmente construida y serán las grandes mayorías con sus propios intelectuales las que finalmente decidirán el mundo que quieren.

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