La historiografía en el siglo XX *

Por: Carlos Antonio Aguirre Rojas
Fuente: La Insignia. México, abril del 2005.

Introducción

Abordar el complejo tema de la historia de la historiografía del siglo XX, vista como una unidad global, y analizada desde un punto de vista genuinamente crítico, implica asumir con plena conciencia tanto los desafíos importantes que esta empresa conlleva, como también los necesarios límites a los que deberá someterse dicho abordaje crítico. Porque si de lo que se trata es de intentar mirar de manera totalizante y abarcativa lo que ha sido el periplo completo de esta historiografía del siglo XX, es claro que dicha mirada y análisis sólo serán posibles a partir de ese emplazamiento determinado que, hace ya casi medio siglo, fue definido por Fernand Braudel como la perspectiva analítica de la larga duración histórica.

Es decir que para ser capaces de aprehender realmente lo que han sido los itinerarios esenciales de esta curva general recorrida por los estudios históricos del siglo XX, habrá que mirar estos procesos de una manera vasta y amplia, que sea capaz de ubicar, en primer lugar, lo que esta historiografía del siglo XX ha representado, en relación a la curva más general de lo que ha sido la propia historia de la disciplina histórica, e incluso del campo del saber que ha sido ocupado por las muy diversas formas de conocimiento que, a lo largo de los siglos y milenios se han designado con ese mismo término de ‘historia’. Y en consecuencia, que sea capaz de explicarnos el salto específico y la modalidad singular que representa la historiografía más contemporánea respecto de esas formas anteriores de ejercicio de la propia práctica histórica.

Porque en contra de la idea simplista de muchos manuales al uso, lo que hoy entendemos por historia es algo muy distinto de lo que Herodoto, Tucídides, San Agustín o aún Vico comprendían bajo este mismo término. E igualmente ha cambiado de un modo radical, tanto el estatuto de nuestra disciplina dentro del universo global de los saberes humanos actuales, o la definición misma del objeto general de estudio de nuestra ciencia, como los modelos globales de explicación, las teorías, los conceptos, los métodos, los paradigmas, y hasta las técnicas y herramientas más elementales de nuestro oficio. Lo que entonces, nos remite justamente a esa explicación del rol particular que esta misma historiografía del siglo XX ha jugado y juega, dentro de dicha historia global de ese saber humano que desde tiempos lejanos fue bautizado con el nombre de ‘historia’.

Pero también, si hablamos de la historia de la historiografía del ‘siglo XX’ tenemos que comenzar por asumir muy claramente que dicho siglo XX no coincide ni mucho menos con el simple y elemental siglo XX cronológico, que corre desde 1901 hasta el año 2000, sino que se refiere al verdadero siglo XX histórico, es decir a ese siglo que, como todos los siglos de los historiadores, define su temporalidad específica a partir de los procesos esenciales que dentro de su seno se han desplegado. Lo que, para el caso particular de dicha historia de la historiografía, nos entrega claramente una temporalidad que comienza aproximadamente hacia 1848, con el nacimiento del proyecto crítico del marxismo original y con los profundos efectos revolucionarios que dicho proyecto implica para el entero universo de los estudios históricos de aquella época, para cerrarse sólo en una fecha que aún no ha acontecido, en virtud de que el conjunto de líneas evolutivas y de procesos esenciales que comenzaron con ese mismo vuelco radical provocado por el marxismo dentro de la historiografía, siguen todavía desplegando, hasta el mismo día de hoy, sus diferentes efectos y expresiones de vigencia fundamentales.

Abarcando entonces un lapso temporal que ahora cubre ya mas de 150 años, esa historiografía del siglo XX que aquí pretendemos investigar, quizá concluya hacia el año de 2025 o hasta de 2050, constituyéndose claramente como un evidente largo siglo XX historiográfico, cuyas estructuras y perfiles esenciales son los que definen ahora mismo el paisaje general de lo que es la historiografía mundial más actual. Razón adicional por la cual, resulta importante acometer este esfuerzo de reconstrucción de esa misma historia general de la historiografía de dicho largo siglo XX historiográfico.

Lo que nos introduce de lleno dentro de esa rama fundamental de los estudios históricos que es la rama de la historia de la historiografía. Una rama que, a lo largo y ancho del planeta se cultiva de una manera muy desigual y con también muy diferentes resultados. Pues mientras que hay países como Italia, que cuentan con una ya larga tradición de trabajos y de reflexiones importantes en torno a este campo de estudios, existen también otros en los que dicha historia de la historiografía, si bien presente, ocupa no obstante un rol mucho más secundario o marginal, junto a naciones que simplemente ignoran en general la existencia de esta área de la historia, y otras que ha desarrollado versiones muy limitadamente descriptivas y sólo monográficas de esta rama de los estudios históricos actuales.

Porque no es extraño encontrar a veces, en México, en España, en América Latina o en Francia, trabajos que pretenden insertarse dentro de esta rama de la historia de la historiografía, y que en verdad constituyen solamente simples enumeraciones puramente descriptivas de autores, de trabajos, de artículos o de supuestas corrientes, grupos, o tendencias historiográficas que se limitan a darnos unos cuantos magros datos biográficos del autor supuestamente estudiado, o también algunas fechas de la edición de un libro o de un ensayo importante, o una supuesta lista de los ‘representantes’ o miembros de dicha corriente o tendencia historiográfica, pero sin reconstruir para nosotros, de manera creativa e inteligente, los múltiples contextos específicos, sociales, culturales, políticos, económicos y generales que enmarcan la producción de esas obras o ensayos, lo mismo que los diversos itinerarios intelectuales de esos autores analizados.

Lo que quiere decir que también en el seno de esta rama de los estudios históricos que es la historia de la historiografía, se ha desarrollado ampliamente una versión positivista de la misma, que temerosa de interpretar audazmente su propio objeto de estudio, se limita en cambio a solo inventariarlo y describirlo de manera monográfica y empobrecida. Y con ello, a darnos esos recuentos aburridos de autores, obras o tendencias, que además de no agregar absolutamente nada a nuestro previo conocimiento de ese fundamental acervo de la historiografía que nos ha antecedido, banalizan frecuentemente la caracterización de los distintos autores y de sus obras mas importantes, al reducirlas a etiquetas desgastadas y poco explicativas, y a clasificaciones simplistas y esquemáticas de los en verdad complejos periplos historiográficos recorridos por las distintas historiografías nacionales de todo el mundo.

Muy lejos de esta versión positivista, este libro intenta en cambio partir de una concepción mucho más compleja y elaborada de lo que debe ser esa historia de la historiografía, agregando no solamente su necesaria dimensión crítica, sino también los diversos aportes que la misma historiografía del siglo XX ha desarrollado respecto del modo de estudiar e interpretar cualquier libro u obra impresa, junto a la sofisticación y teorización en torno al género de la biografía en general y de la biografía intelectual en particular, pero también a partir de las contribuciones de la historia literaria respecto a, por ejemplo, la misma noción de ‘autor’. Pero igualmente, a partir de los desarrollos de la lingüística respecto de los distintos niveles de mensaje contenidos en cada estrato o elemento del habla, o los de la historia cultural en torno a la relación de las culturas hegemónicas y las culturas subalternas, o los de la filosofía relativos a los ‘epistemes’ subyacentes a la producción cultural de toda una época, o los de la sociología de los grupos y de las redes de sociabilidad intelectual, o los de la historia de las ciencias y de los saberes en general, con su énfasis en los problemas de la transmisión intelectual y la generación de los nuevos paradigmas, desde el seno mismo de las tradiciones a las que niegan o subvierten, por mencionar solo algunos pocos ejemplos posibles, de este vasto universo de coordenadas que sobredeterminan y definen ahora a esta empresa de los estudios actuales de la historia de la historiografía. Es decir, a partir de todas las herramientas intelectuales que el mismo siglo XX ha desarrollado, no solo dentro de la historia, sino también de todas las ciencias sociales en general. Una concepción de la historia de la historiografía, que bien podría partir de la definición que hace ya casi cien años fue dada por Benedetto Croce, al afirmar que esta historia de la historiografía era precisamente el análisis crítico de la evolución del pensamiento histórico, es decir el estudio comprehensivo de la manera en que se van transformando las concepciones, los horizontes, las perspectivas, los métodos y también los resultados historiográficos de los propios historiadores. Definición acertada aunque parcial, a la que ahora podemos agregar que dicha investigación de esos cambios y permanencias que ha sufrido el pensamiento y la obra de los seguidores de la Musa Clío, debería también ir acompañada de un estudio mas detenido que ubique dichas obras y aportes de los historiadores en sus diferentes y correspondientes contextos historiográficos, intelectuales, sociales, políticos y generales, con el objetivo de establecer periodizaciones referenciales de la curva de la historiografía que se estudia, a la vez que determina una clasificación comprehensiva que establezca de modo claro y coherente las diversas tendencias, escuelas y corrientes de esa historiografía, junto a aquellos autores originales e inclasificables que componen a ese universo historiográfico bajo examen. Y que también sea capaz de reconstruir, cuidadosa y pacientemente, las principales líneas de encuentro, las filiaciones, las influencias, los préstamos, y las redes de circulación y de funcionamiento que caracterizan y determinan a las diversas dinámicas de los sucesivos periplos recorridos por esa historiografía analizada.

Una historia de la historiografía diferente, que lejos de limitarse a la simple enunciación y mal resumen de autores y de obras, intente en cambio proponer audaces y novedosas periodizaciones de las curvas particulares de cada historiografía, a la vez que acomete la tarea de establecer clasificaciones comprehensivas, que nos expliquen de manera adecuada y convincente las filiaciones intelectuales de los diversos autores dentro de una determinada tendencia o corriente, junto a las raíces internas y externas de sus diferentes obras, además de los procesos de intercambio, aclimatación o transferencia culturales de perspectivas y horizontes que impactan a estas mismas filiaciones y adscripciones diversas.

Tratando entonces de explicar, como proponía Walter Benjamin, la época a través de la obra y del individuo autor de esa obra, pero también a ese individuo y su obra como expresiones complejas y mediadas de su época, esta idea de lo que debe ser una verdadera historia crítica de la historiografía trata de reconstruir las sucesivas coyunturas intelectuales que atraviesa la biografía de cada historiador o autor, y también el destino a lo largo del tiempo de la recepción cultural de cada obra, los que naturalmente cambian de sentido, a veces incluso radicalmente, a partir de un giro importante que nos lleva de una coyuntura intelectual determinada a la subsecuente. Y es por eso que obras que han podido pasar inadvertidas en un cierto momento o clima cultural, van en cambio a tener un impacto profundo veinte, o treinta, o cien años después, como lo ilustran por ejemplo los trabajos juveniles escritos por Carlos Marx, o también el bello libro de Norbert Elías sobre El proceso de la civilización.

Una historia entonces que, además de ser capaz de situar de manera creativa y sistemática a estas obras, a estos autores, y a estas corrientes o tendencias de historiadores, dentro de los múltiples y complejos contextos en que ellas se despliegan, pueda igualmente establecer con cuidado y precisión los vínculos sutiles de mediación que conectan a estos varios elementos. Y que también este en posibilidad de identificar y discernir a aquellos autores inclasificables o excepcionales de esta historiografía, como por ejemplo Michel Foucault, autores que si bien han recibido una multiplicidad enorme de influencias y de impactos culturales específicos, resultan imposibles de encuadrar dentro de las ‘escuelas’ o corrientes mas generales del pensamiento historiográfico de su tiempo. Autores que separándose entonces de los paradigmas dominantes o de las grandes líneas de fuerza de la evolución cultural del momento en el que viven y escriben, se convierten así en los verdaderos fundadores de un nuevo sistema de pensamiento y de una cosmovisión que siendo al principio totalmente personales, pueden en ocasiones transformarse después en un horizonte o perspectiva mas sociales y colectivas.

Lo que quiere decir que es todavía amplio el camino por recorrer, dentro de este sendero particular de la construcción de una historia realmente crítica de la historiografía, de una historia que sea esa reconstrucción crítica, comprehensiva y clasificatoria de los varios y complejos itinerarios que han seguido los estudios históricos en el mundo, o en China, o en Francia, México, España o Argentina, por mencionar algunos ejemplos posibles. Una renovada historia de la historiografía, ni positivista ni puramente enunciativa y monográfica, que sea capaz de elaborar los diversos modelos explicativos que requiere el abordaje de este complejo campo de investigación de lo que ha sido la historiografía de las distintas partes del mundo en los diferentes periodos a considerar.

Una historiografía novedosa y diferente de los itinerarios del pensamiento de los historiadores y de sus principales obras, durante el largo siglo veinte historiográfico todavía en curso, que enmarcada desde la perspectiva braudeliana de la larga duración histórica, y sostenida en todos los aportes mencionados de los desarrollos de las ciencias sociales de los últimos 150 años transcurridos, intenta proponer un diagnóstico realmente crítico de la contribución que ha sido generada en estas últimas quince décadas por aquellos que, en el esfuerzo de entender el presente, para poder participar en la construcción de un futuro mejor y diferente, han decidido acudir también al estudio del pasado, autobautizándose precisamente con el noble término de historiadores.
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: