Por: Ing. Orlando Ospina Lopez
Fuente: ilustrados.com
Propósito del Ensayo: Dar una interpretación aproximada de la primera parte de la obra de Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra. Obra cumbre, modelo de muchos filósofos y escritores en general, polémica y de difícil interpretación. Él mismo argumenta: “Un libro para todos y para nadie.”
La Universidad es pensar, la Universidad es actuar, la Universidad es devenir y cambios, transformación de la mente del individuo para un mejor desarrollo y actuar dentro de la sociedad. Con esto y más factores, es interesante poner en conocimiento del estudiante esta obra, modelo del pensar y del quehacer humano, de difícil interpretación pero de lectura amena. Nosotros los pesimistas, los ignorantes -hablo en primera persona-, que no sabemos leer, y mucho menos interpretar lo que leemos, gozamos de digerir entero lo que difícil sería pasar con pequeñas gotas de conocimiento.
He considerado, que para escribir, hay que leer y para leer y escribir se debe invertir todo el tiempo del mundo. Empezando con que hay que saber utilizar los términos adecuados y, para encontrar esas palabras, se debe tener una riqueza en el lenguaje y adicionalmente un diccionario. Se puede ser rico en expresiones, pero para escribir bien, hay que entender lo que se está diciendo; debe existir la actitud de hacerse entender, o sea, de traducir a un lenguaje sencillo, pero a la vez preciso. Se trata no de descrestar al lector con la superioridad del escritor, ni con el lenguaje especializado de la profesión. Debe ser un lenguaje directo y franco, sin artimañas.
No ha habido un pensador que haya hecho una ruptura mayor a nivel del estilo que Nietzsche, fundamentalmente porque no sabe, y de ahí viene uno de los grandes debates que se han hecho, si lo que él está haciendo es filosofía, literatura o poesía. Esto se debe al siguiente motivo, que ha sido muy recalcado por los interpretes de Nietzsche y, es que la filosofía siempre trabaja con el concepto, mientras que la literatura trabaja con las sensaciones, intuiciones, es decir, la obra literaria quiere alterar al lector, quiere hacerlo sentir, hacerlo creer de un mundo, quiere como llevarlo a cierto nivel de catarsis, cierto nivel de juego con su cuerpo, las sensaciones, su pensamiento, su problemática, su psicología, su individualidad; mientras que la filosofía solo trabaja a nivel del concepto.
Nietzsche, en su última obra, Ecce Homo, habló de que la génesis de Zaratustra, no fué algo que se elaborara, sino algo que irrumpió en él, por ello exclama: “Entre mis escritos ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él, he hecho a la humanidad el regalo más grande, que hasta ahora, ésta ha recibido. Este libro, dotado de una voz que atraviesa milenios, no es sólo el libro más elevado que existe, el auténtico libro del aire de alturas –todo el hecho hombre yace a enorme distancia por debajo de él-, es también, el libro más profundo, nacido de la riqueza más íntima de la verdad, un pozo inagotable al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y de bondad….. Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad.
Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo.” Por eso, él la llama obra de diez días. La obra se publicó completamente en 1885, o sea, dos años después. Está dividida en cuatro partes. En un sentido estructural, es una fábula muy débil, acompañada por lo más importante, que son los discursos de Zaratustra. Discursos simbólicos, en el sentido cristiano: parábolas. Zaratustra a los 30 años, es decir, la edad de cristo, se retira a las montañas, así como Cristo se retira a los 30 años al desierto. La llanura no tiene variaciones, la montaña es abrupta, variada, por eso irá allí. Se dedica a pensar, la condición para pensar es la soledad. Después de los 10 años baja a dar su mensaje.
Zaratustra, antes de ser oralidad es palabra, que es una tradición occidental típica. Nosotros no tenemos cuerpo, nadie sabe si tiene cuerpo, nadie lo siente. Creemos que el cuerpo nace en la cabeza y termina en ella. En ese sentido todas las figuras del baile, de la danza, de la corporeidad son reiteradas desde las primeras páginas de la obra de Nietzsche. El estilo de Nietzsche quiere bombardear el concepto y bombardear las sensaciones. El lector de Zaratustra no solamente piensa, también siente, es el proyecto que él se propone. El hombre es pensar, padecer, sufrir, llorar, etc. Será lo primero a nivel del estilo.
En la primera parte, los que son sometidos al mensaje de Zaratustra, son grupos, plazas, masas. En la segunda parte, domina el objeto del discurso, hacia los individuos. Hasta tal punto que se habla de discípulos y termina con la necesidad de Zaratustra de volverse a replegar hacia sí mismo, que es el tema de la parte tres: va a los hombres en grupo, va a los hombres como singularidad y su mensaje no es oído. La cuarta parte, es nuevamente, un regreso hacia los hombres, pero no a cualquiera de los hombres, sino a los hombres superiores, es decir, a los sabios, a los hombres considerados superiores dentro de los mismos hombres. Zaratustra se desengaña de los hombres superiores también y, decide, después de la última cena que ellos tampoco pueden escucharlo, porque no están preparados par su mensaje.
Ahora, de donde viene el nombre de Zaratustra, pues bien, este nombre que ha dado a muchos pensadores, para quedarse en la fábula de Zaratustra, es un personaje legendario que existió en los Persas. El dios persa Zoroastro. Nietzsche escogió el nombre de Zaratustra porque es la interpretación más simple, del fenómeno que Zoroastro representa, al mismo tiempo el bien y el mal, es decir, no es un dios monolítico como el Dios de los cristianos, que es solo bien. No, este es bueno y malo a la vez. Nietzsche en el Ecce Homo lo dice:
No se me ha preguntado, pero se me debía haber preguntado que significa cabalmente en mi boca, en boca del primer inmoralista, el nombre de Zaratustra. Pues lo que constituye la inmensa singularidad de este persa de la historia, es justo lo contrario de eso, Zaratustra fue el primero en advertir que la auténtica rueda que hace mover las cosas es la lucha entre el bien y el mal”
La historia ha sido la rueda de un conflicto entre el bien y el mal, es decir, lo que Zaratustra reconoció. Los que hablan de un Dios, suma bondad, suma perfección, le temen a la verdad de la historia. Descubrió el origen del peor error de todos, la moral. Se presenta la doble interpretación: Calificar a la moral como un grave error, explicaría desde otro punto de vista que la moral debe extinguirse, porque es un error.
Lo que más le gusta a Nietzsche de Zaratustra, es su amor a la veracidad, amor a la verdad, su valentía. El hombre que asume la verdad a costa de todo, a costa de todas las desventajas que tiene la verdad. Por eso es que el epígrafe de la obra es: «Un libro para todos y para nadie», o sea, la provocación de que los hombres no están preparados ni capacitados para hacer lo que es Zaratustra, ser capaces frente a frente de enfrentar la verdad, la verdad es lo más doloroso que hay.
Otro de los temas constantes de Zaratustra, va a ser las transformaciones, es decir, que los sujetos se pueden transformar. Esos 10 años que Zaratustra gozó de su soledad y, de su espíritu, lo llevó a una transformación. Zaratustra le habla al sol y una interpretación del sol, es que, Zaratustra es igual al sol, el sol es sobreabundante, riquísimo y está contento consigo mismo, no mira a los demás con envidia, lo contrario, quiere dar lo que él quiere. Es tal la riqueza que tiene el sol, como es tal el nivel de riqueza que tiene Zaratustra, su condición es entregar regalos a los hombres. Solamente entrega y da regalos el que es rico. El que está rico, y sobre abundante, da muchas cosas. Zaratustra está lleno, está riquísimo, es casi el sol y el sol no mira con envidia. El que mira con envidia es porque no está libre. Llegar a vivir sin envidia, sin resentimiento, es transformar la historia de la humanidad, lo que está atrás ahora, es resentimiento.
El tema de las transformaciones, también, lo vemos en la transformación en niño. Lo que guía el actuar del niño nunca es el resentimiento, el odio, lo que el niño menos posee es rencor. El niño actúa espontáneamente, en él prima la ausencia de rencor. Por eso dice el anciano: “En su boca no produce náusea alguna..». En la palabra del niño, el hecho de que no exista rencor, hace que no exista náusea. La náusea es vomitiva y cuando Nietzsche habla de la moral de los sacerdotes, dice que es la moral más nauseabunda de todas, porque lo típico de la náusea es que es producida por algo exterior que cae mal. Así, el arrepentimiento, que es algo típico de la moral, algo que viene del exterior, mira siempre a los otros con odio, envidia, competencia. El niño está abierto a la vida, no tiene envidia, y por eso tiene capacidad de aprobar la vida más que otros.
Otro aparte es el primer encuentro de Zaratustra es con un anciano, cuyo elemento es la dimensión de la soledad. Así como Zaratustra es un hombre que ha encontrado la soledad; el Eremita, también, es un hombre que ha encontrado la soledad, amó a los hombres, pero que se hastió de los hombres y, en cierto sentido, encontró el sentido de la vida en el amor a Dios y en la soledad. No hay algo más doloroso, para el hombre actual, que estar en la soledad, así como estar con la muerte. El anciano ha recurrido a la soledad, Zaratustra ha recurrido a la soledad. Hay dos temas paranoides en el hombre actual, que es la soledad y la muerte.
Evita la muerte y evita la soledad. Nunca puede hablar con la muerte, como hablan los personajes de la edad media.
Las tres transformaciones. Es una alegoría a lo que es la historia de la humanidad y la historia individual. Lo importante a señalar, es que Nietzsche, cuando habla de las transformaciones, utiliza la categoría espíritu con tres categorías. La palabra espíritu es una noción que se sigue utilizando en los tiempos modernos. No es una palabra que establezca, como han creído muchos, en contraposición a lo espiritual, lo natural. Porque en todo el dualismo, de la historia de la humanidad, se dice espíritu-materia; y hoy en día, en la etapa del materialismo despojamos la categoría espíritu. Es una categoría que se seguirá utilizando, el problema es como se utiliza esa categoría. Cuando uno habla de espíritu, esa categoría, está barnizada de una colectividad. Así: nosotros hablamos de espíritu de una época, de un pueblo. Marx y Engels cuando hablan o utilizan la categoría espíritu, hacen alusión a todo ese conjunto de construcciones humanas: el arte, la filosofía, la religión; que son de carácter espiritual. Porque son típicas de humanos. No se presentan en otros seres. Cuando Nietzsche utiliza esta categoría, hará referencia a la actitud que tiene el hombre ante la vida.
Las tres transformaciones son: camello, león, niño. Son transformaciones supermetamórficas. Lo primero es el tránsito de la animalidad a la infancia. La infancia será un nuevo comienzo, la infancia no es la adultez del genero humano sino que es el nuevo punto de partida.
El camello es la primacía de una norma moral y es, el TU DEBES. El Tu debes es el espíritu que recibe todo lo que hay que hacer y que guía su conducta, no en forma autónoma. Primero la consigna de la resignación. El camello recibe toda la carga que sea y se pregunta: Que es pesado? se pregunta que es pesado porque él está dispuesto a recibir todas las cargas, es decir, es capaz pacientemente de recibir todo lo que la sociedad le exige. Renuncia a su soledad y prima el espíritu del rebaño, el espíritu de la comunidad. Para que todo marche bien se comporta como «debe ser”, lo que debe ser, es lo que la comunidad dice que hay que hacer. La metáfora que caracteriza al camello es esa renunciación del «Sí mismo”. El «Tu debes» renuncia siempre al «Yo quiero», y lo típico en la transformación en camello, para convertirse en León, es el tránsito del «Tu debes» al «Yo quiero».
Lo típico del León es la rebeldía contra el “Tu debes”, es decir, la ruptura, la oposición al establecimiento, la oposición a la moral imperante. Aquí Nietzsche compara la moral con un camello. Lo más difícil de transformar es la moral. El “Tu debes”, es el comportamiento resignado, a plena aceptación de la moral que se contrapone al “Yo quiero”. Para Nietzsche el “Yo quiero” es el que debe decidir y no el “Tu debes”. El Yo quiero no es un acto arbitrario, no es un acto voluntarista. No es lo que se me de la gana, es una conciencia de las consecuencias y condiciones que tienen un actuar y todo actuar está condicionado. Es una rebelión, o sea, no es creadora, porque tiene un limitante, depende mucho del objeto que promovió la rebelión. La única forma que esta rebelión tenga creatividad, es el transito hacia el niño. El león es rebeldía, pero continua en el desierto porque no puede crear nuevos valores.
La rebelión del león todavía está cargada de resentimientos, porque tiene demasiado en cuenta el motivo de la rebelión. Para hacer realmente creativo hay que abandonar el resentimiento. Una rebelión que solo se mueve por el resentimiento es inevitablemente frustrada. El niño es entonces, ese actuar que no esta guiado por ese resentimiento que ya abandonó, es pura creación. La obra de arte tiene valor por ella misma, no por la intención del autor. El peor arte es el que es guiado por la intención. Si el actuar es un actuar que no ha olvidado, entonces esta totalmente preacondicionado a la rebelión. Es un nuevo comienzo y es un juego, el juego no busca recompensas, la aptitud lúdica, la aptitud de juego es tal vez la más creadora de todas. Entre el arte y el juego hay un vínculo, el arte casi es como una forma de juego, el artista se entrega a su obra en forma tan creadora que no quiere recompensas. La buena obra de arte es esa, que sale del drama. No busca resentimientos ni rebeliones sino creaciones.
Olvidar en un sentido Nietzscheano es no dejarse determinar por el pasado, el resentimiento. La actitud del niño es el Yo quiero, conciente, libre, pero al mismo tiempo es el Yo quiero que no actúa. Por un puro comienzo. La última trasformación será esa voluntad de creación de poder. Lo que guía el deber no es el “Tu exterior”, sino la decisión consciente y libre.
Bibliografía
NIETZSCHE, Friedrich. Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza Editorial, 1980. ….. Ecce homo. Madrid: Alianza Editorial, 1980
JIMENEZ Moreno, Luis. Nietzsche. Barcelona: Editorial Labor, 1972
MANN, Golo., Jaramillo Rubén, otros autores. Nietzsche: 100 años del zaratustra. Bogotá: Editorial Crear Arte, 1983
PEREZ Mantilla, Ramón. Nietzsche: 125 años. Bogotá: Editorial Temis, 1977
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