Por: Carlos Parraguez
Fuente: Revista “Alternativa Latinoamericana”, N° 61, Mayo del 2004
Ciudad de Alberta, Canadá
En el principio no había mercados, entonces el hombre creó el trueque. Se vió que el trueque era bueno pero dejaba mucho que desear. Sólo se podían hacer intercambios cuando había doble coincidencia de necesidades, además de las inconveniencias de acarrear los objetos de intercambio, entonces el hombre creó el dinero. A partir de entonces, la historia del dinero es una historia de miserias humanas y crisis sociales para llenar libros. El concepto de valor en forma de dinero y el de dinero en forma de monedas fue concebido en tiempos inmemoriales aunque el debate filosófico entre valor y precio continúa hasta el día de hoy. Las primeras monedas fueron artesanales pero con el descubrimiento del electrum en 800 AC (aleación natural de oro y plata), empezó el acuñamiento. A comienzos de la era cristiana era una industria establecida; el Imperio Romano acuñaba el Aureus de oro, el Denarius de plata con la imagen del César y monedas de bronce y cobre que circulaban a lo largo y ancho del imperio.
Las monarquías feudales que se formaron después del Imperio Romano implantaron sus propios sistemas monetarios que garantizaban a sus monedas el peso, el contenido de fino (ley) y un valor oficial de cambio. Durante el medievo, la condición social y económica de siervos y vasallos era precaria. Las pestes, las enfermedades y la miseria hacían estragos en la gente y tan pronto las monedas salían a circulación empezaba su degradación. La gente le raspaba los bordes robándole peso. En corto tiempo las monedas en circulación no tenían ni el peso ni el fino correspondiente aunque mantenían su valor de cambio. Cerca del milenio DC, los centros poblados habían crecido significativamente y con ello el comercio y el consumo. La demanda de dinero incentivó el préstamo y aunque la iglesia prohibía la usura, ésta se practicaba públicamente. La usura dió origen a una gran acumulación de dinero en manos de prestamistas y especuladores y entre los siglos XIII y XV la Revolución Comercial mostró una burguesía floreciente y con grandes riquezas.
La degradación de la moneda, que en un principio sólo era un negocio de siervos y vasallos, pasó también a ser un negocio del rey. Enrique VIII de Inglaterra, empezó encubiertamente a quitarle peso a las monedas acuñadas y a sustituirlas por aleaciones con menos ley.
Así como de cinco mujeres hacia una, de cuatro monedas hacia cinco, dejándose en el ejercicio un generoso margen de ganancia. Este período, conocido como la Gran Degradación, dejó un flagelo social hasta entonces desconocido, la inflación. La moneda de menor valor intrínseco dejaba fuera de circulación a la de mayor valor (ley de Gresham). La gente circulaba la mala moneda, que mantenía su valor
oficial de cambio, pero atesoraba la buena que tenía mayor valor intrínseco. Se vió que las enfermedades sociales de la moneda no eran sus únicas fuentes de degradación, también lo eran los cambios de precio entre el oro y la plata debidos a variaciones en la oferta y la demanda, un fenómeno poco conocido en la época que causaba desajustes en el intercambio de una moneda por la otra y daba margen a la especulación. Con el descubrimiento del nuevo mundo surgió una forma colonialista paralela de dinero, la sal. Con sal se pagaba a los indígenas por sus productos, lo que ha dejado hasta hoy la triste herencia de la palabra salario.
Como el desarrollo mercantil estaba limitado por el marco feudal de servidumbre humana y altos impuestos, la burguesía ahora próspera y poderosa complotó para derrocarla. En una cruenta revolución que duró 20 años (Revolución Francesa 1779-1799), el sistema feudal fue derribado y el nuevo orden social pasó a ser gobernado por la burguesía triunfante. Este ejemplo de liberación es seguido en las colonias por las burguesías locales para liberarse también del impuesto real. El mercantilismo se intensificó pero los intentos de mantener un cambio fijo entre el oro y la plata continuaron sin éxito. Debido a los frecuentes reajustes en la conversión nace otro personaje histórico, el financista emergente, que en esos tiempos tenía el feo nombre de especulador y que empieza a hacer su propia historia. Este personaje aprovechaba las diferencias de conversión y se beneficiaba al margen del trabajo. En un período de diferencias en la conversión entre Francia e Inglaterra, los especuladores compraban oro con plata en Inglaterra a razón de 10 a 1 y lo vendían en Francia, que lo había fijado a una razón de 11 a 1. En el corto tiempo que les tomaba cruzar el canal de la Mancha para hacer las transacciones, ganaban el 10% en cada operación que repetían febrilmente hasta que terminaba la bonanza. Se cuenta que el peor caso conocido de diferencias de cambio ocurrió a mediados del siglo XIX en Japón, donde en una complicada conversión con otras monedas, Japón terminó valorando su oro a 1/3 del valor mundial. En el corto período que duró el error, los grandes especuladores y comerciantes de la época ya habían hecho su festín extrayendo el oro de las arcas japonesas a precio de huevo. Este tipo de problemas, que aquejaba a todas las economías de la época, vino a corregirse en parte con la adopción del cambio flotante.
Las limitaciones y riesgos en el uso de monedas de oro y plata durante las transacciones comerciales incentivó a Francia, a comienzos del siglo XVIII, a hacer experimentos bancarios con papel moneda respaldada con el oro y la plata de los depósitos. Esto redujo el riesgo de andar con grandes riquezas a cuestas, facilitó el comercio al introducir el concepto de crédito y le quitó presión a la demanda de dinero metálico. A fines del siglo XVIII, tanto la revolución francesa como la guerra de la independencia en EEUU se financiaron con papel moneda. La demanda de oro y plata para satisfacer las necesidades crecientes de dinero para la producción y el consumo aumentó y fomentó la exploración y explotación de yacimientos mineros. Se vio, sin embargo, que el descubrimiento producía un efecto contrario al esperado. El descubrimiento de oro en California bajó su precio a nivel mundial con un efecto inflacionario. Las riquezas de los yacimientos de plata de Chañarcillo en Chile terminaron en la primera inconvertibilidad de su billete de Banco en 1865. El descubrimiento posterior del rico mineral de plata de Caracoles, que en un comienzo llevó a Chile a una gran expansión del crédito, terminó con la caída del precio de la plata a nivel mundial y lo llevó a una segunda inconvertibilidad en 1878.
A mediados del siglo XIX se empezaron a establecer los Bancos en todos los países del mundo donde los pagos de dinero se hacían en notas bancarias o en cheques girados contra depósitos bancarios, ambos emitidos por el Banco y pagaderos en oro o plata a la vista. Más adelante la función de emitir papel moneda fue tomada por los respectivos gobiernos y en Canadá esta función fue suplantada en 1950.
La adhesión al estándar del oro y la plata permaneció en vigencia en muchos países hasta avanzado el siglo XX. La gran depresión de 1929 fue el primer síntoma del colapso del orden monetario mundial. El llamado ‘bloc de oro’ europeo quebró antes de la segunda guerra mundial y los países que se alinearon con el sistema inglés (Stirling área) dieron sus últimos suspiros después de los infructuosos intentos de mantener cambios fijos en la moneda entre Inglaterra y EEUU, los que fueron abandonados definitivamente en 1971. La imposibilidad de respaldar con oro y plata el inmenso volumen comercial y las complicaciones del intercambio nacional e internacional, obligaron a la inconvertibilidad permanente del papel moneda. Las glorias del oro y la plata pasaron a la historia y estos dos metales pasaron a ser mercancías como cualquier otra.
El desarrollo del sistema bancario y la inconvertibilidad del papel moneda, caracterizan un período diferente en la historia del dinero. El papel moneda perdió el respaldo del oro y la plata y el sistema bancario sólo quedó respaldado por la actividad económica nacional y por la confianza puesta en ellos por los depositantes. Este equilibrio, sin embargo, es inestable. Una situación de desconfianza social como una crisis de mercado, una alza inminente de precios o una devaluación inminente del papel moneda, puede llevar a los clientes a retirar sus fondos de un día para otro. A los Bancos se le permite tener un líquido del orden del 20% de los depósitos, promedio de los giros y transacciones normales que hacen los clientes, y el 80% restante lo pueden invertir. Un Banco no está preparado en el corto plazo para enfrentar pagos mas allá de ese límite. El sistema bancario protege a sus miembros frente a estos eventos pero si un Banco no logra en un par de días encontrar respaldo para cumplir sus compromisos, está obligado a declararse en quiebra. Con los avances de la tecnología electrónica, hoy tenemos dos nuevos medios de cambio: el casi-dinero y los sustitutos, entre ellos las tarjetas de crédito.
Como estos nuevos medios de cambio son familiares para todos, daremos aquí por terminada esta breve historia del dinero.
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