Las raíces del ateismo

Por: Crespo
Fuente: La Haine.org


 

Una vasta mayoría de la gente cree en dios. Si no es en dios es en algo superior no visible y comprobable pero existente, un supramundo paralelo y, al a vez, relacionado con éste. Mucha gente se declara no católica pero si creyente y muchas personas cercanas al Movimiento de Resistencia Global (mal llamado Antiglobalización) se declaran cristianas-creyentes. Incluso mucha gente se autodenomina Agnóstica, ese “nolose” constante que duda. Agnosticismo y Ateismo no es lo mismo. El agnosticismo le otorga a dios el beneficio de la duda. Pero, por lo que sabemos ¿Se le puede otorgar tal beneficio? Vamos a recapitular.

La imagen naturalista del ser humano, que rechaza la exisistencia de dios, es tan antigua como el modelo aristetotélico que desembocó en la tradición cristiana. Esta concepción tiende a rechazar, desde la base, la existencia en el ser humano de toda entidad de corte espiritual. Nos podemos remontar a autores destacados de la filosofía griega como Demócrito y Epicuro defensores de la imagen de un ser humano totalmente explicable en función de parámetros materiales y fuertes críticos de la creencia en el “más allá”

Así mismo los autores materialistas fueron consolidando estas explicaciones antiguas atribuyendo todos los actos mentales a propiedades de la materia cerebral y la actividad mecánica del cuerpo, no a dioses superiores. La ciencia fue la encargada de confirmar estas creencias históricas consideradas como herejías que muchas veces eran pagadas con la muerte. La ciencia superó los límites explicativos que ponían en peligro estas teorías. El darwinismo, sostenía (y demostraba empíricamente) que toda variedad de formas de vida y el origen de sus finalidades eran resultado de la causalidad y de sucesos meramente mecánicos. Excluía definitivamente la intervención de una causa final que señalara previamente la dirección que debía tomar el proceso de vida e incluía plenamente al ser humano, cuerpo y mente, como parte de un lógico proceso evolutivo. Este avance científico confeccionó de manera global las iniciales teorías naturalistas y materialistas extendiéndose a otros campos tales como los problemas sociales y económicos de la época.

Los autores biologicistas continuaron investigando y profundizando en el darwinismo dando una explicación física al origen de la vida. Así, E. Haeckel, un destacado materialista evolucionista, concebía el origen de la vida en la materia carbónica que había surgido previamente de la materia infinita. El ser humano no se diferencia sustancialmente del resto de los animales. Su mayor capacidad es fruto de una evolución eslabonada que le ha llevado a ser un “accidente de lenguaje y símbolos”. Una lógica evolución físico-química que se ha ido sucediendo a lo largo de millones de años.

Hace ya más de un siglo que es posible desmentir la existencia de dios mediante la investigación científica. ¿Cómo es posible que algo no físico genere efectos físicos sin violar las leyes de la masa, la energía y el movimiento?

Todo, absolutamente todo, se puede demostrar científicamente. La realidad que nos rodea es producto de un continuo proceso que tiene su origen y evolución lógica. La explicación de la vida es fruto de aspectos causales que son palpables y demostrables.

Es cierto que quedan muchas preguntas sin resolver y que a la ciencia le queda mucho camino por andar. Pero todo suceso real tiene su etiología en una lógica científica demostrable aunque en la actualidad no lo esté. A día de hoy la investigación científica está al servicio de la maquinaria del capital y la guerra. Por poner dos ejemplos, Internet fue un invento de la investigación militar, y las medicinas de los militares son más buenas y potentes que los fármacos habituales. La financiación en materia de investigación científica esta al servicio de la fabricación de armas cada vez más sosfisiticadas, entendida aquí la sofisticación como la capacidad de matar más en menos tiempo. En un mundo menos enfermo, la ciencia habría resuelto muchos enigmas filosóficos.

Creer en dios, a ojos de la ciencia, es una mera superstición. Viene a ser como creer en el horóscopo o que el día martes-13 da mala suerte. La inexistencia de dios está desde hace mucho tiempo sobradamente demostrada aunque mucha gente se resista a creerlo. Afirmar lo contrario es como negar realidades tan contundentes como la ley de la gravedad.

Si esto fuera una democracia real, y occidente fuera esa panacea de derechos que nos quieren vender, un negocio como el de la iglesia basado enteramente en la mentira estaría derruido, pero no tiene pinta de ir por ahí la cosa…

Por cierto, dios lo he puesto siempre con minúscula. Miles de palabras que existen se escriben con minúscula, así pues, una que hace referencia a algo que no existe no tiene mucho sentido que se ponga con mayúscula. Esa D, identificación de una autoridad suprema, extremadamente buena que nos juzga y controla, esa otra vida. Una quimera.
 

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