¿Por qué la gente tiene religión?

Por: Pablo David Flores
Fuente: icalquinta.cl

Creencia popular sobre la fe

Comencemos por lo que el hombre común piensa sobre la religión. Después de inquirir algo, he concluido que, para la mayoría, creer es una necesidad psicológica (aunque la gente generalmente no lo expresa en esos términos). Es como si algo en la mente o alma de una persona (lo que sea que signifique eso) requiriese que existieran algunas cosas fuera de nuestro control. La necesidad de existenia usualmente lleva unida la necesidad de que estas fuerzas sobrenaturales estén, por lo menos, conscientes de la existencia de seres humanos, y si es posible, que sean receptivas ante sus plegarias, preguntas y ritos de apaciguamiento o invocación de diferentes clases. (Debo notar que éste no siempre es el caso; alguna gente cree en el destino, la suerte, o los inescrutables caminos de Dios, como existentes y poderosas pero bastante indiferentes a los actos humanos.)

Así pues, la gente dice que necesita creer. Esto se verifica de forma que puedan pedir cosas a la entidad más alta, o al menos hablar con Ella y contarLe sus problemas. En realidad, la meditación y la oración se consideran generalmente terapéuticas, aunque la mayoría de las personas religiosas que conozco no aplicarían esta palabra a sus oraciones, porque se rehúsan a verlas como ejercicios de autoconvencimiento — mantienen que la fuerza o paz que puedan ganar con la plegaria viene de afuera, de Dios.

Ahora, examinemos las dos premisas: primero, que la gente necesita creer (y he escuchado personas que dicen que creen porque necesitan); segundo, que creer en una entidad les permite conectarse a Ella y obtener algo. Esto es lo que la gente dice, no yo. Lo que he encontrado es que estas dos premisas están tan entrelazadas que no pueden separarse, aun cuando son casi contradictorias. Aun la menos religiosa de las personas religiosas que conozco se horrorizaría al oírme decir que no creo en (su) Dios, porque su creencia le hace pensar que uno no puede tener paz o fuerza de espíritu (o una escala moral) si no las obtiene de una fuerza sobrenatural externa. Probablemente busque una causa de este descreimiento mío, y asuma que es simple rechazo voluntario. Pero no consideran la alternativa, que no creo porque no lo necesito. Esta alternativa significaría (ya que todos somos humanos y nuestras mentes se parecen en muchas cosas) que ellos podrían no necesitarlo tampoco.

Debo investigar un poco más sobre esto (lo cual es verdaderamente difícil e incómodo, como el lector podrá adivinar), pero estoy bastante seguro de que este es un caso de creencia que «aborrece el vacío» — algo que puede parecer obvio e indisputable, pero de hecho no lo es, y probadamente.

La creencia oficial

Aquí debo ser menos general, ya que no tengo acceso fácil a otras religiones excepto el cristianismo, y en particular sólo tengo un documento oficial sobre la fe, que es el Catecismo de la Iglesia Católica. Si generalizo demasiado, por favor corríjanme.

El Catecismo dice que la fe no es una cualidad totalmente humana, sino que debe venir de Dios. Sin embargo, el hombre es necesario también, para recibir la inspiración; debe dar la bienvenida a Dios y recurrer a Él para mantener viva su fe.[1] Esto, para nuestra discusión, desplaza convenientemente el origen de la fe a la entidad en la que se supone que debemos tener fe; tales argumentos circulares son bastante comunes en el discurso de los apologistas religiosos. Tiene una consecuencia más profunda: que si no tenemos fe y no la recibimos con beneplácito de una fuente exterior, nos quedamos sin ella por toda la eternidad. La fe es un don de Dios, dice el Catecismo. Dios da la fe (o más bien la ofrece) a todos, pero sólo la aceptan aquéllos que estén escuchando y dispuestos.

El Catecismo es cuidadosa y deliberadamente oscuro sobre los detalles. Evita dar la impresión de que Dios aplica la coerción, pero enfatiza la constante «llamada» que recibimos de Él, y ofrece la idea de que la fe puede ser fortalecida por la razón, al presenciar las maravillas que ella (la fe) ha logrado en el mundo visible [ver Católicos: Credibilidad]. Por otro lado, afirma explícitamente que la fe es superior a la razón; y emplea otro argumento circular común: la fe ilumina a la razón para que la razón acepte la fe (o se someta a ella).

Notemos que la doctrina oficial (de la Iglesia Católica, al menos) contradice la creencia popular, ya que reemplaza la idea única de la necesidad psicológica por un par de ideas, la inspiración divina y la aceptación/responsabilidad humana. La doctrina popular (la de las homilías) percibe el desacuerdo y trata de unificar estos conceptos explicando que la necesidad humana de Dios es causada precisamente por la inspiración divina, como si Dios susurrara continuamente en nuestros oídos. La alternativa, la hipótesis del reclamo psicológico, se descarta sin mención.

Cómo se adquiere la fe

Esta sección es intencionalmente personal y puede ofender a alguien, así que invito al lector a pasarla por alto si es propenso a sufrir un autocuestionamiento. Estoy tratando de descubrir las circunstancias bajo las cuales la gente adquiere su religión y su fe, sea profunda o superficial. Sin estadísticas, esto sólo puede ser un tanteo, pero voy a tratar de mencionar algunos escenarios e invito (no, desafío) a la gente religiosa que lea esto a escribirme y decirme que sus motivos no están en la lista.

Afirmo que la fe (incluida en una religión de algún tipo) es causada por una o más de las siguientes:

Ser criado en una familia religiosa. Ser criado en una familia no religiosa infeliz, violenta o indiferente.[2] Atravesar una crisis emocional o material de cualquier clase, especialmente cuando no se puede recurrir a otras personas, y encontrar consuelo o fuerza en una creencia sobrenatural. Ser atraído por la consistencia externa aparente de una creencia religiosa, o la simetría o belleza de su dogma, etc. Deseo de imitar a una persona modelo de comportamiento que pertenece a una religión, o un personaje religioso histórico o mítico.

Estar de acuerdo con y propugnar algunos puntos doctrinales de una religión, como amarnos unos a los otros, perdonar a nuestros enemigos, o considerar crímenes la homosexualidad, el aborto o la eutanasia (y posiblemente pasando por alto otros puntos). En pocas palabras: adquirir la fe a través de la educación o el ambiente, a través de un shock emocional o estético, o a través de ideales y valores morales. De éstos, los dos últimos de la lista (llamémoslos Modelos y Valores) son los que más se acercan a lo que llamaríamos «buenas razones». Los otros tres (Ambiente, Crisis y Atracción) no son cosas que podamos elegir, sino cosas que nos suceden (aunque se puede argumentar que algunas creencias del último punto, y la definición de un modelo de comportamiento, pueden ser y usualmente son adquiridas a través de la educación y la experiencia). Estos son, creo, los motivos que prefieren tener los conversos recientes si tienen necesidad de defender su fe, y los que generalmente afirman tener, aunque también podemos encontrar Atracción, y la Crisis es probablemente un antecedente común. Nótese que no quiero decir que la gente comienza a creer cuando las cosas van mal y necesitan algo a qué aferrarse, aunque ésa es una causa bastante común e incluso reconocida por la autoridad religiosa. Pero la crisis puede ser la misma conversión, o una experiencia mística o pseudomística que la precede, o darse cuenta de pronto de cosas que uno no había pensado o visto bajo una luz particular.

En cuanto a Modelos y Valores, las cosas que podemos elegir (más o menos): ¿cuál es la falla? El problema de abrazar una fe determinada por deseo de emulación tiene varias alternativas:

La perfección del modelo de conducta puede ser inalcanzable. Esto no es tan serio, porque podemos tratar con más fuerza y acercarnos a nuestro objetivo. Pero un modelo demasiado perfecto puede volverse una obsesión, o un peligro para nuestra salud y nuestra razón. El personaje que estamos imitando puede ser una invención, un mito con poco o ningún elemento de verdad. De nuevo, no es tan serio, pero descubrir este pequeño detalle puede destrozarnos si estábamos realmente comprometidos. Nuestro modelo puede tener fallas de carácter no inmediatamente obvias.

Nuestro modelo puede no ser lo único que hay que seguir en la religión o movimiento a que nos hemos unido. Pueden haber otras cosas que desaprobemos. (Por ejemplo, queremos imitar a Jesús, pero no podemos creer en nada más que las enseñanzas que impartió de viva voz, en sus propias palabras. Esto puede causar problemas…) Críticas similares pueden aplicarse a los Valores. Las reglas que queremos seguir y soportar pueden ser imposibles de seguir, o ambiguas, o contradictorias en algunas ocasiones; pueden ser arbitrarias y absurdas sin que nos demos cuenta; pueden ser un serio problema para otras personas (por ejemplo, no aprobamos el uso de preservativos, así que nos unimos a un movimiento que hace lobby o manifiesta en contra; como resultado, algunas ONGs en África se ven forzadas a dejar de repartirlos, y la población y el SIDA explotan en todo el continente, condenando a millones al hambre y la muerte — suena conocido, ¿no?). Las religiones tienen un conjunto cerrado de valores morales; podemos tomarlos todos o dejarlos a todos (o bien seleccionar lo que preferimos y cubrir las apariencias — pero eso es hipocresía, y estábamos asumiendo un cierto grado de honestidad).

La mayor parte del mundo no tiene siquiera una oportunidad de emplear de estas razones. La fuente de su fe es su ambiente, y para la mayoría de la humanidad su ambiente será siempre el mismo no importa lo que hagan.[3] La religión perdura a través de la falta de oportunidades.

Notas

[1] Haciendo un aparte, creo que ésta es una típica definición occidental de la fe como una entidad dependiente, un concepto que se adquiere y se guarda en vez de una relación, que se forma por mutuo consentimiento. En una visión relacional, uno esperaría que la fe fuese la relación misma, en vez de los varios dogmas en los que uno debe creer y ritos que debe realizar para producir la conexión. La religión cristiana valora más la aceptación que el consenso y la comprensión; la Virgen María es especialmente venerada debido a su asentimiento incondicional, y el apóstol Tomás, quien necesitó ver las heridas de Jesús antes de creer, es el paradigma del «hombre de poca fe» porque hizo lo que cualquier persona cuerda haría si un hombre supuestamente muerto apareciera ante ella. Hasta donde sé, Dios no discute, argumenta o llega a acuerdos con los mortales; ofrece una verdad y espera que le demos aceptación incondicional — y puede reaccionar ante una negativa produciendo un desastre natural, o una muestra de indulgencia.

[2] El lector atento notará que no puse condiciones a la familia religiosa como lo hice en la no religiosa. Dadas algunas características de la religión, una familia religiosa tanto feliz como infeliz podría servir; unos padres cristianos felices y amorosas probablemente inspiren a sus hijos a ser y permanecer cristianos, pero padres cristianos violentos y represivos pueden de hecho funcionar mejor, ya que sus hijos estarán más condicionados a creer y más asustados de abandonar la fe, y/o pueden interpretar la violencia que reciben como una prueba de resistencia. Por supuesto, el resultado puede ser también un ateísmo violento, pero este tipo especial de ateísmo es prácticamente tan dogmático como cualquier otra religión — mantiene el dogma de que las otras religiones son completa e irremisiblemente dañinas. (¡Que los lectores ateos que razonan y piensan libremente no se ofendan!)

[3] Mis lectores de los países desarrollados pueden estar acostumbrados a pensar que con mucho trabajo, algo de suerte y una cierta dosis de ingenio, se puede lograr casi cualquier cosa que uno se proponga. Esta impresión es otra cosa que tomamos de nuestro ambiente, lleno de películas y dramas «documentales» televisivos sobre Gente Que Lo Logró. Olvídense de eso. Es patético, y dolorosamente falso para dos tercios de la población mundial.
 

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