De los prólogos y la poesía

Por: Pedro Avendaño
Fuente: poetas.com

Párrafo Nº 1

He aquí la interminable, infinita, agotadora técnica del prólogo. Pequeña inocencia de la guerra poética, pequeña y aguda espina clavada al inicio del libro, que viajará atravesando de abajo-arriba, de inicio-a fin, los versos claramente ordenados para no ser confundidos con prosa larga-corta.

Cuando cerré parcialmente la puerta de mi intranquila oficina universitaria, el primer sentimiento que me invadió, fue la liberación de los prólogos, de las explicaciones anticipadas, de la pantalla protectora para justificar, explicar, encontrar lógica a los sustantivos, a los artículos, a los verbos, a los pronombres, a las interjecciones, a veces unidas sólo con la magia del momento y destruidas para siempre con los prólogos. Erza Paund, Paul Eluard, Aragon (que descansa-intranquilo), Verlen, Rimbaud, Baudelaire, Fitzgerald y tantos otros, llegaron a nosotros por ausencia de prologo; una poesía que va desde la tapa del libro hasta la última palabra de la contratapa. Tiendo a pensar que nos liberaron de los comentarios previos y nos dejaron el milagro de una arquitectura hecha de palabras capaces de explicarse a sí mismas. Algunos dicen que eso es la técnica superior de la palabra, por el contrario, yo tiendo a pensar, que el lenguaje es una acto esencialmente imaginativo, de carácter especulativo; un vehículo esencialmente artificial e intangible, que siendo el único medio para nominar “el espacio de la realidad”, no obedece en su lógica a los parámetros explicativos con que intentamos explicarnos el fenómenos poético. Posiblemente cuando se lo pueda explicar, yo ya no leeré poesía. Estoy un poco viejo y no entiendo las frases prologantes como: “lógica recursiva y dialéctica”; “lógica casual a la lineal”…”que bien pueden dar cuenta de la atmósfera que se respira al interior de los mismos”; “la poética”…”el tono del discurso estético”, “el realismo psicológico se centraliza”… posiblemente mi torpeza me impide ver la grandeza de las explicaciones y las profundas significaciones y sin embargo, Oh sorpresa para mí mismo, una vez que he atravesado las pantanosas aguas del prólogo, ya navego tranquilo por los versos. Nos expresamos para llegar a los demás, no para explicarnos a nosotros mismos (gran problema de los intelectuales de la izquierda) porque para eso no es necesar! io ajusticiar a otros con un libro. Lo hacemos para salir de nuestra soledad. Es un gesto inherente a la vida que no se hace por la utilidad y que transciende a toda posibilidad funcional. De este modo, proclamo desde mi universo la muerte a los prólogos, a los prologistas y a toda clases de explicaciones que nos consideran idiotas y nos fabrican un camino para entender lo inentendible, que es más maravilloso que la certeza de la línea recta. Párrafo Nº 2: He aquí, vuelto a mi oficio de escribiente, incapaz de rechazar una alusión a la literatura, rescatando mi viaja pelea con la poesía y con los poetas. A media noche, inclinado sobre la máquina mágica, pensando que mi prólogo al libre malo-bueno de Mella debería desaparecer, no porque contiene palabrería, porque todos los prólogos del mundo no son más ni menos que eso, sino por mi impropia intromisión en el terreno de la fantasía. Tal vez el único instante con derecho a soledad completa.

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