Comunidades utópicas Walden

Por: Manuel Porcel Medina
Fuente: El Catoblepas, Número 17, julio 2003

Se pretende llevar a cabo un análisis filosófico de las comunidades utópicas psicológicas tipo «Walden», que intente superar el mero análisis psicológico o cientificista para lograr un acercamiento más cabal a la imposible aplicación práctica de la teoría psicológica en el campo antropológico

Introducción

Vamos a utilizar el pretexto filológico para encarar, con más o menos fortuna, un proyecto mucho más ambicioso, a saber, la roturación filosófica de los términos, relaciones y operaciones implicados en la génesis, estructura y funciones de las comunidades utópicas «marca» Walden. Queremos, por tanto, hacer verdadera filosofía y no filosofía verdadera (análisis filológico de determinadas ideas).

Y hablamos de filología porque nos proponemos triturar, para comprender, los diseños utópicos que han tenido como denominador común su etiqueta, su «marca».

Nos referimos a los diseños utópicos tipo Walden. En concreto vamos a tratar con cuatro de ellos. Tres editados experimentalmente o en fase de proyecto y uno de ellos inédito. La primera referencia sobre la marca Walden viene de la mano de H. D. Thoreau, que tituló así su experiencia personal utópica por haberse llevado a cabo esta a orillas del lago «Walden», en Estados Unidos de Norteamérica. La segunda referencia nos la ofrece el psicólogo estadounidense B. F. Skinner que titula Walden Dos su novela utópica de 1948. Novela con pretensiones de proyecto real utópico en donde resuelve aplicar los principios o reglas extraídas del Análisis Experimental de la Conducta de palomas y ratas a una comunidad humana de dos o tres mil individuos. La tercera referencia sigue el proyecto utópico de Skinner y su marchamo de calidad, esto es, los principios psicológicos del análisis experimental de la conducta (y del conductismo como filosofía) en lo que fuera un plan mucho más ambicioso. Su idea era el diseño de una comunidad tipo Walden que abarcase todo un país. Esta tercera marca utópica se la debemos al psicólogo colombiano R. Ardila. Por último, la cuarta referencia es aquella que indicábamos arriba como inédita. No existe ni en negro sobre blanco, ni sobre la tierra. La hemos llamado Walden Cuatro, como posibilidad de una comunidad utópica que abarcase todo el orbe. Algo así como la Ciudad de Dios en la tierra.

Por tanto, aunque etimológicamente la palabra utopía significa no-lugar, considero que este no es el sentido que tiene, al menos en su origen. Baste comprobar que, de hecho, tienen lugar en el papel o en las conversaciones de aquellos que las plantearon y plantean. La utopía es un proyecto en potencia cuya génesis tiene que ver con la confrontación conflictiva de numerosos actos, léanse condiciones sociales, que sugieren un arreglo o cuando menos una armonización. Lo que queremos decir, en definitiva, es que la utopía surge como un intento de armonizar o arreglar una heterogeneidad que está dándose en el entramado social del utópico. Este intento armonizador suele presentarse bajo dos versiones diferentes: como un experimento cerrado, absoluto o por el contrario como algo abierto y en continuo hacerse. De la primera posibilidad surgen normalmente los extremos, es decir, comunismo o fascismo, pero un comunismo o fascismo ingenuos, que bien podría enclasarse en el llamado Socialismo Utópico (que por otro lado, está tomando fuerzas en escritores y profesores cubanos{1}). De la segunda opción puede surgir una concepción utópica mucho más útil, por cuanto que, se la está concibiendo como una continua resolución de conflictos, en este caso sociales, y por tanto como un ideal haciéndose en un hacerse ideal.

Por otro lado, podemos constatar la existencia de dos grandes elementos de dirección y justificación de toda utopía, a saber: la religión y la ciencia. Nosotros, los psicólogos, nos hemos abonado a la segunda, en lo que llamamos la, ¿ciencia de la conducta? Dentro de éstas últimas utopías científico-psicológicas, ha existido una que considero como reducción al absurdo de las utopías sociales que no es otra que la utopía individual, tipo Maslow, en tanto resaltaba la interioridad individual como medio para la consecución de una utopía: la autorrealización. Diríamos que este tipo de utopías buscaban un autocontrol personal, mientras que el resto de utopías buscaban un autocontrol social.

No obstante, convendría no olvidar la utilidad que las ciencias podrían tener de cara a desarrollar una utopía terrestre, real. No serían tanto las Ciencias Naturales sino las Ciencias Sociales, propuesta de José María Laso Prieto.{2} Y más que las ciencias diríamos la Filosofía como saber de segundo grado que trata de criticar (cribar, discernir) entre las diferentes ideas pretéritas, presentes y utópicas, en la medida en que la utopía no se considere como un ideal, al margen, metaméricamente de los cursos socio-políticos, sino como un ideal, una idea que brota, diaméricamente de las partes de ese todo socio-político.{3}

Resta exponer el eje sintáctico que vertebrará nuestra argumentación en torno a los resultados personales que toda utopía puede generar, a saber: el escapista, el aldeano, el ciudadano terrestre y el ciudadano celeste.

1. Walden: el «individuo flotante»

Thoreau fue un señor que, defraudado con su gobierno decidió escapar a dicho lago, en donde vivió por varios meses, automarginado del Estado y de los derechos y obligaciones que su gobierno tenía a bien establecer en aquellos momentos. Firmemente convencido de que el gobierno de su país había perdido todo rumbo político por la guerra que mantenía con México y por la legalidad de la esclavitud, cargo sus armas retóricas y se dispuso a llevar a cabo una crítica, que podríamos considerar como sincera, honesta, integra, por cuanto que, de forma empírica y no como una mera disquisición utópicamente pensada, tomo partido real y vivió bajo las normas que consideraba únicas guías para la vida de cualquier individuo: su propia bondad y racionalidad. Es en este contexto de aparición de Walden en donde vamos a situarnos para, de forma discursiva, intentar llegar hasta las máximas consecuencias –más bien habría que decir aspiraciones– hasta Walden Cuatro.

Tomaremos prestado un concepto de la filosofía materialista de Gustavo Bueno para que, montados sobre él podamos recorrer con un mínimo de garantía comprensiva el campo que acoge a los diferentes modos de pensar Walden. Se trata del concepto de «individuo flotante»{4} que define como aquel individuo que situado en un entramado normativo complejo en donde antes que una anomia o ausencia de normas, lo que se nos ofrece es un conflicto normativo que deriva en una des-integración o des-conexión normativa, lleva a dicho individuo a obturarse, perderse en dicha marea normativa. En otras palabras, los fines de semejantes individuos chocan frontalmente con los planes y programas colectivos, de tal manera que, estos individuos antes que tomar partido e intentar solucionar el conflicto normativo en el que se ven envueltos, optan por derivar, flotar indefinidamente por el sustrato que, aunque conflictivo, recoge a todos los individuos, a saber, el suelo normativo. Diríamos que los individuos flotantes se caracterizan por tener el entramado normativo como fondo y la desconexión normativa como figura. La figura contraria sería la persona humana, aquella que se encuentra en clases de equivalencia, y que mantiene este enclasamiento de manera relativamente armónica. En este caso diríamos que la persona tiene el entramado normativo como figura y la irresolución de la desconexión normativa como fondo. Ambos elementos, figura y fondo pueden alternarse, o bien incluso, permanecer en equilibrio precario, lo que recogería toda la fenomenología de los trastornos de personalidad; pero esto ya es otro tema. De forma breve, cuando se da el conflicto normativo anteriormente analizado, nos aparecería una suerte de puzzle de infinitas piezas que habría que com-poner. Los individuos antes que tener dicho conflicto resuelto, son más bien presas del mismo, de manera que, ahora que los diferentes sujetos no están precisamente sujetos los unos a los otros y todos ellos al mundo de una manera firme, sino que cabría decir que un finísimo hilo los coordina o cementa, es donde aparece la figura que comentábamos arriba; se nos presentan un tipo de relaciones que, en vez de estar objetivadas y fundadas en las normas, se encuentran en un terreno movedizo e inestable, en donde no son las normas las que conducen a todos y cada uno de los individuos sino que son los diferentes fragmentos normativos que, de hecho existen,-las diferentes piezas del puzzle- los que, tomados por los individuos como una suerte de ropajes de cambio fácil, controlan a otros individuos haciéndoles centrar la atención hacia ese fragmento que se le presenta y disociándolo de otras alternativas o rutas normativas que puedan estar funcionando a la par.

Centrándonos ya en nuestro análisis a lo que la alternativa Walden pueda suponer como salida a la crisis que según el propio Thoreau se estaba dando en su país y valiéndonos de todos los conceptos hasta ahora presentados, no queda otra resolución que decir que el propio Thoreau podría ser el ejemplar por excelencia de lo que aquí hemos señalado con la figura del individuo flotante. Efectivamente se trata de un sujeto que, antes que intentar resolucionar o reencauzar su vida en el entramado complejo que tuvo por sustrato, tomó la -falsa- solución de escapar tanto del espacio normativo complejo que se le ofrecía como de la resolución del mismo. Es por ello que arriba apuntábamos el análisis falso que de las propuestas de Thoreau pudiera hacerse en el momento en que se tomaran como alternativa política o moral al conflicto del cual huía. Deja de ser una alternativa política en cuanto que no es siquiera una alternativa. Es un vaciado total que de la idea de política se pueda tener, esto es, proceso mediante el cual se establecen las condiciones y los medios para armonizar constantemente el conflicto de intereses –léase de espacios normativos– que los diferentes grupos de individuos tengan en cada momento.

Así que la conclusión no puede ser otra que la dibujada, esto es, que estamos ante un caso de individuo flotante, un individuo que cree supersticiosamente que está enfrentándose a unas condiciones desfavorables o insoportables, pero que analizando la situación en detalle llegamos a la conclusión de que antes que ofrecer una alternativa política a la política que, según él no está funcionando, opta por escapar, por medios psicológicos diríamos, a una situación política cuya resolución solo puede ser, otra vez, política.{5} El error ha sido el tomar su postura como una alternativa viable a semejantes situaciones, lo que constituye una suerte de encapsulamiento subjetivo al obviar que lo que hay que arreglar o reconstruir es el medio político defectuoso y no una personalidad que, precisamente es tal por haberse creado en un medio político.

Diremos también que se nos plantea una paradoja que nos acompañará a lo largo de nuestro recorrido por los diferentes experimentos Walden, a saber, que el modo de vida que llevó Thoreau durante algún tiempo fue precisamente la venta de dicho modo de vida, es decir, su modo de vida fue la obtención de beneficios por vender un modo de vida.

De acuerdo a nuestro eje sintáctico, comprobamos que Walden Uno y su producto personal, esto es, Thoreau encaja perfectamente en la categoría de escapista.

Ya por último diremos que, el Walden de Thoreau se nos presenta como un caso de reducción al absurdo de Walden Dos en su polo de la cantidad mínima -la sociedad de uno mismo o mejor dicho la soledad de uno mismo-junto al otro tipo de reducción al absurdo, esta vez por su polo de la cantidad máxima, que no es otro que Walden Cuatro, al que dedicaremos nuestra atención un poco más abajo.

2. Walden Dos: terreno comunitario

Walden Dos fue la novela de Skinner que trataba sobre el diseño de una comunidad basada en los principios tecnológicos de la Ciencia de la Conducta. Se relataba el modo de vida, o mejor, el diseño del modo de vida que compartían un grupo de dos o tres mil individuos coherentemente unidos o cimentados por la filosofía del conductismo radical. Fue de Thoreau de donde Skinner tomó el nombre para su novela.

Nos encontramos ya en terreno comunitario que viene respaldado por una ciencia y una filosofía. La ciencia no es otra que la ciencia de la conducta y su filosofía la del conductismo radical. Antes que nada habría que hacerse la siguiente pregunta: ¿es la psicología una ciencia como pueda serlo la física o la matemática? Mi respuesta es que no. Concebimos la psicología, como una técnica fenomenológica, que no esencial, de control de conductas, derivada no de un cuerpo axiomático o demostrativo sino, antes bien, de la constatación de una serie de recurrencias a nivel fenoménico-operatorio que, ya de entrada establece diferencias no solo a nivel cuantitativo sino también y sobre todo a nivel ontológico entre el ámbito zoológico y el antropológico. Considerar a la psicología como la ciencia capaz de dar fe del desarrollo histórico es un vaciado ontológico que de la idea de hombre se pueda tener. El conductismo como método gnoseológico de estudio de la conducta y la técnica del análisis funcional de la conducta –por cierto muy potente– como derivación práctica del mismo solo puede determinarnos los CÓMOS pero no los QUÉS. Tomando como ejemplo algunos de los usos normativos que se pueden desarrollar en una comunidad, ¿serían ustedes capaces, armados con la pretendida ciencia de la conducta, de elegir entre diferentes modos de educar a los niños o de establecer un tipo de relación familiar? Lo mejor o lo más óptimo vendrá determinado por el orden estructural interno y lógico que recorre cada práctica, sea ésta una práctica educativa o una técnica para colocar ladrillos –y por ende la que ahorre tiempo, dinero, esfuerzo, &c.–. Espero que un ejemplo les ilustre la situación que trato de presentarles. Piénsese en una técnica de pesca. Se trata de una técnica muy eficaz y que ha demostrado sus buenos resultados. Sin embargo dicha técnica de pesca es ciega a los conflictos pesqueros que puedan estar englobando a todos y cada uno de los que utilizan la técnica de pesca. ¿Cómo resolver con dicha técnica los conflictos de pesca entre dos países? La respuesta de muchos de ustedes podría ser algo así, a saber, que son las contingencias de reforzamiento que, en cada caso estén actuando, las que darán fe de lo que ocurra en cada momento. Pero el concepto contingencias de reforzamiento es muy general y explica, o lo pretende, muchas y muy variadas cosas por él mismo, mas ¿no ocurre lo mismo con la conexión entre neuronas? ¿No se pierde la legalidad psicológica cuando bajamos al nivel fisiológico? De hecho, puede estar ocurriendo el mismo proceso cuando, dando un salto del nivel antropológico, bajamos a nivel psicológico; ¿no estaremos perdiendo perspectiva y comprensión de numerosos procesos socioculturales?

Si como hemos visto, el modo de vida que se establece en una comunidad no está respaldado por ninguna ciencia o modelo sino que consiste en la selección de diferentes usos normativos alternativos a otros que, a la par, se están desechando, cabría la posibilidad de ver a la formación de una comunidad y a su conjugado, la expansión, como teniendo elementos mafiosos. Me explico. Una de las características de la mafia es la de crear necesidades artificiales y sacar provecho de tal estado de cosas. Pues bien, aparece ante nosotros la posibilidad de que una comunidad tipo Walden Dos pueda ser, en cierto sentido, una mafia, por cuanto que, está creando la falsa necesidad de llevar un modo de vida determinado auspiciado, según ellos en una ciencia que aportaría la cobertura necesaria para el mantenimiento de tal necesidad. Veremos más abajo como esta cobertura cientificista llevada a sus últimas consecuencias lógicas, esto es, Walden Cuatro, pasa a convertirse en una alternativa espiritual o religiosa. Constatamos aquí la paradoja de la que hablamos arriba, a saber, que el modo de vida que se ejercita en una comunidad tipo Walden Dos puede estar vertebrado sino esencialmente si oblicuamente por la venta de dicho modo de vida, es decir, por la difusión, presentación y posibilidad de experienciar el referido modo de vida. Pero es que esta situación paradójica plantea una situación ultra paradójica que no es otra que la siguiente: la difusión ecuménica o expansionista de dicho modo de vida puede hacer que el mismo deje de ser un producto de valor, ya que al ser ejercitado por muchas personas pierde su capacidad de venta. Sería algo así como «morir de éxito». Es cierto que aunque las pretendidas tácticas proporcionadas por la ciencia de la conducta no sean tácticas efectivas para cambiar el mundo sino una suerte de encapsulamiento subjetivo grupalmente conseguido –con lo que se podría sugerir siquiera la posibilidad de estar ante una comunidad, toda ella flotante–, la formación de una comunidad de este tipo puede cumplir una serie de funciones de vital importancia que analizaremos en las conclusiones de esta comunicación. Bajo este último punto de vista, sugiero que la única manera de mantener la comunidad como un producto diferente de cualquier grupo humano que pueda ya estar funcionando, de hecho, en nuestra sociedad actual, póngase por caso una ONG o una comunidad religiosa, es siendo ésta pequeña en sus dimensiones y hermética en su funcionamiento. Apuntaremos, por último, que el resultado personal de las comunidades tipo Walden Dos, según nuestro eje sintáctico no es otro que el aldeano o individuo que vive en una sociedad de tipo cerrado en cuanto a la normativa que lo coordina y que precisamente es ese hermetismo el que permite la alta cohesión normativa que sujeta a los individuos de tales comunidades.

En este contexto cabría preguntarnos, ¿por qué abandona la gente este tipo de comunidades si como creemos son ideales en cuanto a sus modos de vida? La respuesta creo que está apuntada. El abandono se produce porque el fondo personal del individuo que convive en una de tales comunidades toma figura y siente la necesidad de expandir sus clases de equivalencia, cosa que solo es posible en un mundo cruzado de culturas normativas diferentes y enfrentadas (la civilización).

3. Walden Tres: la utopía mundana

Walden tres es un experimento mucho más pretencioso. Se trata de coser con los principios conductuales a un numerosísimo grupo de personas, una gran ciudad o tal vez, un país entero. Este proyecto en «negro sobre blanco» que llevó a cabo el psicólogo Rubén Ardila, no se origina como divertimento ocioso, sino como intento de resolución de su Colombia natal, tan necesitada de Utopías Científicas, que no cientificistas.

La única utopía que cabe en la organización de un país es el deseo de utopía conjugado con las miserias de dicho país. Me explico. Un país recoge un determinado número de ciudades, y la característica principal de la ciudad es el cruce normativo fruto de la eclosión de los diferentes grupos humanos que forman dicha ciudad. Brevemente, una ciudad es un campo abierto de posibilidades de acción o rutas normativas que crean asimetrías entre sus ciudadanos. Una ciudad no es una aldea cerrada en cuanto a funcionamiento normalizado. Una ciudad alberga conflictos de intereses entre las diferentes clases y grupos que en ella habitan.

De manera que, la utopía de grandes dimensiones, es aquella que continuamente ejercitamos en la vida cotidiana, mundana diríamos, y que no sería más que la proyección armonizada de las miserias terrestres.

Si no nos alejamos de planteamientos simplistas del tipo «horror de la guerra», «paz perpetua», como formas posmodernas de utopía ética (contemplando al mundo como un todo distributivo, de partes homogéneas y conmensurables) y no caemos en la sociedad del crédito económico, psicológico y social (la utopía capitalista de la necesidad constante de «ir de compras»), podemos encarar la utopía como una constante revisión filosófica y política de nuestra sociedad (por tanto desde la visión distributiva, pero también y sobre todo, sin perder de vista el radio de acción que permite lo moral sobre lo ético).

Según nuestro eje sintáctico, hallaríamos en Walden Tres, más bien habría que decir, en su pretensión, al «ciudadano terrestre» que somos cada uno de nosotros.

4. Walden Cuatro. La utopía vertical:

la caja de Skinner como Ciudad de Dios

Nos hallamos ahora ante la segunda reducción al absurdo que puede albergar la proyección lógica de Walden Dos en su polo de la cantidad máxima. De la caja de Skinner se puede salir, del mundo, hasta ahora, no. De manera que ¿por qué no hacer del mundo una gran caja de Skinner?, ¿por qué no diseñar un mundo tal, en donde reine la paz, la armonía, la felicidad, donde cuidemos nuestro medio ambiente, nuestros animales y donde cuidemos de nosotros mismos? Pensar siquiera en dicha posibilidad es un formateado o vaciado ontológico de la Historia, el Hombre y la Cultura. ¿Cómo formatear la historia de los conflictos entre Japón y EEUU o entre Guinea, España y Francia?, ¿cómo obviar los conflictos entre los católicos y los protestantes? Definitivamente la historia no es un cúmulo de acontecimientos situados en la memoria a largo plazo del mundo, sino que es la propia historia la génesis de lo que somos en el presente. Un vaciado tal, supone concebir al ser humano desprovisto, incluso de su cuerpo biológico, de manera que exista una equivalencia total entre todos y cada uno de los habitantes de semejante utopía. La posibilidad de una utopía tal solo puede tener sentido en la Ciudad de Dios. Efectivamente es en ésta ciudad en donde las diferencias desaparecen, en donde cada parte –cada uno de los ciudadanos celestes– tiende a identificarse con todas las demás, en donde cada parte tiende a insertarse en el Todo –la Ciudad de Dios– y en donde el todo tiende a hacerse presente íntegramente en cada parte.

Como queda señalado, estamos ante la última figura de nuestro eje sintáctico: el «ciudadano celeste».

5. Conclusiones

Ha sido mi intención recorrer comprehensivamente toda la familia de diseños Walden, tanto los registrados como la proyección lógica e inédita.

Llegamos a la conclusión de que el resultado del primer diseño Walden era, precisamente, una falta de resultado, esto es, el individuo flotante, que no solo no resuelve los conflictos de los que huye, sino que se haya fuera de todo conflicto, como suspendido, de espaldas a la política, al estado y por tanto, de espaldas a sí mismo (en lo que tiene de ser social, aunque solo sea biográficamente).

El diseño Walden Tres demostró ser el reverso conjugado del anverso o materialidad cotidiana de la civilización. Concluimos que era la aspiración, más que la posibilidad, de cada uno de nosotros cuando nos enfrentamos a los conflictos que, efectivamente, caracterizan la actual vida civilizada.

A este respecto conviene señalar la proliferación espectacular que tienen hoy en día las intervenciones psicológicas y psiquiátricas (intervenciones «psi») en lo que antaño eran meros problemas de la vida o fricciones del «hacer y el decir». Es la «locura de la psicología que todo lo-cura». Walden Cuatro fue la utopía que por apurar la proyección hasta sus últimas consecuencias, nos situaba ante las puertas de la Ciudad de Dios. Diríamos, parafraseando a Marx, que la utopía, en este sentido, es el opio del pueblo.

Si Walden uno, dos y tres se mantenían en el eje circular y radial del espacio antropológico Buenista, Walden Cuatro quiere ubicarse en el eje angular.{6} Aunque habría que preguntarse si la ciencia no hace las veces de númenes del siglo XX.

Resta discernir algo sobre Walden Dos, al menos, siquiera, porque existen proyectos efectivos, a día de hoy, de comunidades diseñadas según los principios conductuales derivados del análisis de la conducta de Skinner y llevados a la utopía literaria en su libro. Se trata, por ejemplo de la comunidad tipo Walden Dos de «Los Horcones», en México. Comunidad constituida, como no podía ser de otra forma, principalmente por psicólogos.{7} Como dijimos arriba, el diseño Walden Dos podría cumplir una serie de funciones que, en el presente, serían de extremada urgencia. Un diseño Walden Dos podría aparecernos como una reserva humana –un zoológico en el campo animal– que intentaría preservar los elementos basales o fundamentales de la civilización, conservar los antiguos y cortocircuitar los arcaicos –o aquellos que han quedado descontextualizados–. Una reserva moral justificada éticamente, esto es, unos modos de vida que estarían respaldados por la importante función ética que supone preservar aquellos valores que están en peligro de extinción, como pueden ser: la cooperación, el trato sincero y sin doblez, &c., y es aquí donde cabría hablar de un experimento Walden Dos, no como una mafia que crea necesidades artificiales, sino como un grupo social que, para mantenerse requiere acogerse a principios mafiosos, necesita vender sus modos de vida y la visita al lugar donde se ejercitan dichos modos de vida –el zoológico humano, más correctamente el antropológico–. En definitiva esta reserva humana tiene la importante función de cerrar el paso, por medios, en principio bárbaros, al resurgir de la barbarie.

Notas

{1} Véanse a este respecto los artículos de Enrique Ubieta Gómez (nº 6 de El Catoblepas) y Yohanka León del Río (nº 7 de El Catoblepas).

{2} José María Laso Prieto, «¿Retorno al Socialismo Utópico?», revista El Catoblepas, nº 8.

{3} Para una aproximación más elegante y lúcida de lo apuntado véase el artículo de Gustavo Bueno en El Independiente de 21 de Enero de 1990, «¿Qué pasa en el Este?»

{4} Gustavo Bueno, «Psicoanálisis y epicúreos. Ensayo de introducción del concepto antropológico de ‘heterías soteriológicas’», El Basilisco, nº 13 (junio 1982), págs. 12-39.

{5} David Teira Serrano, «Sobre el deber de la desobediencia civil (H.D. Thoreau)», El Basilisco, segunda época, nº 20 (1996), pág. 93.

{6} Gustavo Bueno, «Sobre el concepto de Espacio Antropológico», El Basilisco, nº 5 (1978), págs. 57-69.

{7} Visitar la página web www.loshorcones.org.mx para hacerse una idea de tan u-tópico proyecto de sociedad. Se autodescriben como una comunidad científicamente constituida, en donde la Ciencia de la Conducta (Psicología Conductista) da sentido y posibilidad al proyecto, cuando, en nuestra opinión, solo es un modo de vida comunitario en donde se ensalzan ideales de tipo ecologista-humanista. De manera que los ejes circular (humanista) y radial (ecologista) están engarzados por el pretendido eje angular (la ciencia de la conducta), sin reparar en que la conducta de la ciencia de la conducta no puede ser segregada de la misma, con lo que nos movemos en un terreno meramente fenoménico (no por ello peyorativo, pero sí contextualizado, contingente y no universal y necesario).
 

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