La esencia inhumana del neoliberalismo

Por: Juan Alvarez
Fuente: Biblioteca Enciclopedia de los Espejos, (Diciembre 1999)

“Fuera del neoliberalismo no hay salvación. Hemos llegado al final de la historia. No hay otra posibilidad, no hay otra salida más que el neoliberalismo. Todas las demás ideologías fracasaron. Lo que sirvió en las décadas pasadas fue un sueño que no soluciona nada. El capitalismo neoliberal es el único sistema capaz de producir riqueza, trabajo y bienestar social”

(Fukuyama, El fin de la historia)
Estas palabras de Fukuyama expresan el común sentir de la inmensa mayoría de los ideólogos, economistas y políticos del mundo. Por tanto, el neoliberalismo aparece no sólo como la nueva ideología del sistema global sino también como la única real. Las demás son sueños y fantasías.

En el contexto de la globalización imperialista, neoliberalismo (en Europa, aparece bajo el nombre más discreto de “tercera vía” o “nuevo centro”) y pensamiento único constituyen los soportes fundamentales del nuevo orden mundial tras la desaparición del bloque estalinista.

Como vimos en la anterior tertulia sobre el fascismo, el capitalismo dispone de diversos modelos de dominación política -“democracia”, dictadura o bonapartismo y fascismo-. De igual forma también dispone de diversos modelos de gestión económica: keynesianismo, liberalismo, etc.

Como la propia palabra indica, neoliberalismo significa etimológicamente “nuevo liberalismo”. El termino se comenzó a usar en círculos liberales para designar una doctrina que intenta «modernizar» los postulados del viejo liberalismo, aunque manteniendo en vigencia sus principios básicos. Por tanto, sería necesario entender que es el liberalismo, en primer lugar.

La génesis del liberalismo

Tras las revoluciones burguesas inglesas del siglo XVII, la francesa del S. XVIII y de la independencia norteamericana, se implantó en todos los países civilizados de la época un sistema que fue denominado liberalismo.

El liberalismo se basó en las libertades políticas y económicas. En este orden postuló el libre mercado, basado en el libre juego de la oferta y la demanda, como único regulador de las relaciones económicas entre las personas. Puso en vigencia la política del «dejar hacer, dejar pasar», que institucionalizó el mercado autorregulado y el estado como custodio de la propiedad privada.

La falta de preocupación por las condiciones de los trabajadores que demostraron los liberales burgueses y que determino prolongadas jornadas laborales de trabajo sin ningún control de los menores de edad y las mujeres, condiciones deplorables en los establecimientos industriales y bajos salarios, llevó a los obreros a crear organizaciones sindicales y a fundar partidos socialistas, que iniciaron una persistente defensa de los derechos de los trabajadores.

Los partidos socialistas pusieron énfasis en la necesidad de hacer realidad las abstractas libertades políticas y económicas enunciadas por la burguesía liberal, a las que sumaron su lucha por una mayor igualdad y confraternidad entre las personas. Es así como el movimiento socialista hace suyas las consignas de la Revolución francesa, en lo referente a las libertades políticas. A la lucha de los socialistas, se debe la conquista del sufragio universal, que era un privilegio solo para los propietarios de fabricas, comercios y tierras.

Además las luchas de los trabajadores y de los socialistas, lograron conquistas como la reducción de las jornadas de trabajo a ocho horas, y señaló los inconvenientes que «la ley de la selva» sancionada por los liberales en lo económico, ocasionaba al bienestar de las grandes mayorías constituidas por la clase laboriosa de la sociedad.

El fin del liberalismo

La crisis económica de 1929, que produjo la quiebra de la Bolsa de Nueva York, puso al desnudo las imperfecciones del liberalismo económico. Los monopolios habían concentrado excesivamente las riquezas, la superproducción desvalorizaba los productos industriales y agropecuarios, cayeron los valores de las bolsas, las empresas cerraban sus puertas y la desocupación crecía como consecuencia de la gran depresión.

Esta crisis hizo necesaria la intervención del Estado que mediante la utilización del gasto publico logra para la economía. A esta política se conoce con el nombre de keynesianismo.

Keynes fue un economista británico que planteó precisamente esta política como forma de evitar o al menos reducir los efectos de las crisis cíclicas del capitalismo. Por eso también se conoce a las políticas keynesianas como políticas anticíclicas o políticas inflacionistas -ya que a la larga produce una inflación descontrolada-.

La primera vez que se puso en práctica semejante política fue durante el período del “New Deal” (Nuevo pacto) de Roosevelt que redujo notablemente los efectos dañinos de la gran depresión.

Durante la posguerra, las políticas keynesianas se generalizaron a todo el mundo, coincidiendo con el llamado boom de la posguerra, un período de crecimiento ininterrumpido del capitalismo que duró aproximadamente unos 30 años (1945-1975).

La guerra mundial, por paradójico que parezca, sacó al mundo de la crisis. La destrucción causada por la guerra provocó una gran demanda de bienes y servicios. Al mismo tiempo, las políticas keynesianas inyectaron millones y millones de dólares en las economías de los países desbastadas por la guerra, a través del Plan Marshal. Se produjeron los llamados «milagros económicos europeos»: como el alemán, el italiano y comenzó a gestarse el japonés.

Las políticas keynesianas aplicadas por la burguesía de los países imperialistas buscaban salvaguardar al sistema capitalista.

El surgimiento del neoliberalismo

Con el final del boom de la posguerra (recesión del 74-75), el capitalismo se encontró con un grave problema. A los efectos negativos de una típica crisis de sobreproducción (desempleo, cierres de empresas, etc) se le sumaron las consecuencias de 30 años de políticas keynesianas: una inflación galopante.

Asimismo, la aplicación de nuevas tecnologías -robótica, microelectrónica, informática, telecomunicaciones, etc- abría nuevas oportunidades para el mercado global que exigía un mecanismo financiero y productivo común, perdiendo peso los estados nacionales en la gestión de sus respectivas economías cada vez más interrelacionadas.

Los grandes capitales del mundo necesitaban la implantación de medidas neoliberales de desarme arancelario y desregulación laboral.

Los ideólogos del neoliberalismo existían desde hacía décadas. Tras la 2ª Guerra Mundial, conocidos economistas y profesionales se opusieron a la creación del Estado del bienestar. Entre ellos estaban: Milton Friedman, Karl Popper, Ludwig von Mieses, Walter Lippman y Salvador de Madariaga. Este grupo existe hasta hoy y se reúne cada dos años para discutir las estrategias para implantar el neoliberalismo en todo el mundo. Se trata de un grupo de conspiradores que se amplía cada año con nuevos miembros como el economista neoliberal Gary Becker y escritores propagandistas del neoliberalismo como Vargas Llosa.

Cuando en 1962 Milton Friedman con su libro “Capitalism and Freedom” en cierto modo fundó la escuela del neoliberalismo en Chicago, el público casi no tomó nota de su intento para revitalizar el liberalismo económico radical. Un hecho que también Friedrich Hayek y algunos de sus colegas de la London School of Economics padecieron cuando combatieron al Estado benefactor.

Pero, el éxito de los “Chicago boys” en el llamado “milagro económico chileno” y la aplicación de estas políticas de austeridad durante la llamada “revolución conservadora” (Reagan en USA y Tatcher en Gran Bretaña) hizo que el neoliberalismo y sus políticas estuvieran de nuevo en la vanguardia de los paquetes de medidas aplicados por los gobiernos occidentales.

La caída del estalinismo fue el empujón final. El neoliberalismo en los 70 y 80 estaba pensado para expoliar a los países del III Mundo con mecanismos como la deuda externa, el FMI y el comercio exterior. Al desaparecer la URSS, lo que está en juego es el planeta entero.

Los principios del neoliberalismo

Los principios ideológicos del neoliberalismo reúnen los antiguos principios del liberalismo económico y político del siglo pasado con características propias como el pensamiento único, sucesor del postmodernismo filosófico y valedor principal de los llamados “pensamientos débiles” en contraposición con aquellas “doctrinas totalizadoras” -como el marxismo- que intenta encontrar una explicación general a la existencia humana.

Sus principios fundamentales son:

1.- Propiedad privada

El liberalismo defiende la propiedad privada sin límites. Esto conlleva necesariamente la concentración de riqueza en una pequeña minoría privilegiada que actúa a nivel planetario.

«El liberalismo fruto del desarrollo de la burguesía capitalista antes que nada fue y en ello puso su mayor énfasis un sistema económico que amplió el mercado en una dimensión mundial». (Manifiesto Comunista, Marx y Engels)

2.- Libertad

La libertad como valor absoluto, pero en manos de esa minoría. Libertad, fundamentalmente, de los mercados de capitales para decidir el sentido de la opinión pública; para comprar, vender o competir sin trabas burocráticas ni fronteras; para adquirir los máximos beneficios e invertirlos donde plazca. Lo que lleva a imponer los intereses de esta minoría privilegiada “caiga quién caiga” por encima de las necesidades de la mayoría de la sociedad y de la voluntad de los estados nacionales.

«La libertad es una gran palabra; pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más rapaces, y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha expoliado a los trabajadores».

(Que hacer, Lenin)

3.- Predominio del mercado

Se defiende la no intervención del estado en la economía, desmontando el Estado del bienestar y las políticas de protección social. Se quiere evitar que el estado fije los precios y de subsidios. Esto debe estar regulado por las propias leyes del mercado. Sin embargo, si se requiere al estado como salvavidas de los capitalistas que mediante mecanismos como la deuda pública se forran. Además, se exigen ayudas de todo tipo y garantías a las inversiones de las empresas. Por tanto, más mercado y menos estado, pero para los pobres.

4.- Orden

Se exige a los gobiernos mantener una situación que no entorpezca los negocios ni la vida económica. Se considera alteradores del orden público y subversivos a todos aquellos que exijan cosas que estén en contra de los que más tienen. El orden exige un fortalecimiento del estado: más policías, ejércitos eficaces -profesionales-, control de los medios, limitación de derechos, endurecimiento de las leyes, etc. “La democracia en sí misma jamás ha sido un valor central del neoliberalismo” (Friedrich Hayek, ideólogo del neoliberalismo)

5.- Individualismo

No importan los intereses colectivos, sino los de los individuos. Es más no existe la colectividad. El neoliberalismo no cree que uno y uno sumen dos. Siempre va a haber diferencias irreconciliables entre uno y otro. Por ello es imposible la lucha de clases. Tampoco es posible encontrar una explicación global a lo que pasa en el mundo. El pensamiento está en crisis. Lo que importan son los hechos. El individuo es el principio y el final de todas las leyes. La satisfacción individual -la de los ricos, sobre todo- el sentido de la vida.

El neoliberalismo en la globalización

El neoliberalismo entiende el mundo como un gran mercado que se mueve por la ley de la competencia. Quién no entra en el juego de la competencia -ya sea un país, una empresa, una persona- queda excluido y marginado. La globalización significa poder comprar y vender en el mundo entero sin trabas de ninguna clase.

Todo se centra en producir mercancías para venderlas y sacar beneficios. Las ganancias están por encima de las necesidades de la sociedad o la protección del medio ambiente, de forma que no importa producir girasoles -aunque la gente necesite trigo- si eso es lo que va a dar más beneficios o destruir bosques y contaminar ríos.

Para lograr más beneficios se obliga a los estados a poner en practica recortes de gastos sociales -Seguridad Social, educación, arte y cultura, etc- que son calificados como “improductivos”. Asimismo, se exige pagar menos impuestos directos -como la renta y el patrimonio- y aumentar los indirectos -como el IVA que grava sobre el consumo- y así aumentar los capitales. Se exige desregular el mercado de trabajo para gracias a la precariedad en el empleo pagar menos salarios y desproteger laboralmente a los trabajadores para evitar conflictos. Se defiende la privatización de las empresas públicas.

El estado, según el neoliberalismo, debe preocuparse fundamentalmente de controlar la inflación; desmantelar las estructuras de gasto social abriéndolas al marcado privado; imponer limitaciones legales al sindicalismo y a los derechos de los trabajadores; mantener el orden social vigente con la creación de instrumentos internacionales -OTAN, euroejército, etc-

Los neoliberales creen que el mercado se autoregula y que las crisis son debidas a la intervención del estado que modifica esa especie de orden natural que es el mercado.

El problema no es la intervención del estado como lo quieren hacer ver los neoliberales. Es estrictamente al revés: las grandes empresas se han superpuesto al estado utilizándolo como instrumento para sus fines económicos. Esto no sucede solamente en las naciones subdesarrolladas sino que alcanza su mayor expresión y significado en las altamente industrializadas.

El ejemplo más elocuente es el caso de los EEUU, modelo del neoliberalismo, con su complejo industrial militar, que ilustra ampliamente como las empresas se sirven del estado para dictar no solo la política económica que deben de adoptar, sino la política exterior. Estos hechos dan la razón a Marx cuando caracterizaba al estado moderno como un instrumento de dominación de una clase sobre otra, y que no es mas que una junta que administra los negocios de toda la burguesía.

Hoy día estamos en presencia de una ofensiva del neoliberalismo en todo el mundo, que exige que el estado sea apenas un observador de los quehaceres económicos y que la libre empresa, la iniciativa privada sea la que regule el mercado. O sea que el neoliberalismo de la década de los ochenta, es solo una vuelta al liberalismo del siglo XIX, que estaba basado en la consigna del «dejar hacer, dejar pasar» sin que el estado intervenga para nada.

La política «neoliberal» esta expresada por las privatizaciones de las empresas del estado, el aumento de la superexplotacion de los trabajadores, con la aplicación de la flexibilización laboral, el achicamiento del estado y la privatización del seguro social. Sin embargo A PESAR DE PROPUGNAR UNA MAYOR INDEPENDENCIA DEL ESTADO apelan a instrumentos dirigistas tan odiados por el liberalismo económico, como la manipulación monetaria y el proteccionismo.

Estos y otros elementos nos llevan a concluir que el neoliberalismo es una envoltura que conduce a disfrazar las verdaderas características del capitalismo, cuyo objetivo principal es la ganancia y el lucro capitalista para cuya obtención son validos todos los instrumentos.
 

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