Por: «Enrique José Varona» de la UCLVdirigida por Pablo Guadarrama González
Fuente: Publicado en el libro «Despojado de todo fetiche. Autenticidad del pensamiento marxista en América Latina».
(Conclusiones finales de la investigación del grupo de trabajo)
Universidad INCCA de Colombia, Universidad Central de Las Villas.
Colectivo de autores bajo la direción de Dr. P Guadarrama, UNINCCA, UCLV, 1999. Coclusiones. pág. 421 -434
«No debemos esperar de nadie, sino de nosotros mismos: pensar, escribir, luchar, con audacia, despojados de todo fetiche,(el subrayado es nuestro P.G.) de todo dogmatismo, no importa al punto en que lleguemos»(1). Esto escribía en 1971 en una carta a su hija Andrea el honesto y controvertido marxista mexicano José Revueltas. De eso es lo que hoy con mayor razón se trata, después de la desastrosa experiencia de intentos socialistas fracasados.
Nadie duda que el marxismo surgió en Europa y que fue en su génesis una concepción en esencia del desarrollo social con sustanciales y revolucionarios componentes filosóficos, que se nutrió en su origen y primeras etapas fundamentalmente de la producción intelectual occidental de su época.
Pero también es reconocido en la actualidad que su radio de acción se incrementó vertiginosamente a latitudes cada vez mayores no sólo al compás del proceso revolucionario mundial, el auge de las ideas socialista, , la lucha contra el fascismo, el incremento de los movimientos de liberación nacional, etc. sino también del proceso creciente de internacionalización de la actividad científica e intelectual en general y en particular dado el incremento de la confrontación filosófica e ideológica del siglo XX.
La universalidad del pensamiento marxista no esta dada como pura entelequia a la cual hayan de adherirse o no las elaboraciones teóricas de discípulos condenados a la condición de inferioridad en comparación con los fundadores de la teoría. Similar situación se aprecia con relación a otras corrientes filosóficas que en el ámbito latinoamericano que cada vez más se han revelado contra la condición de considerárseles simple reproducción inauténtica del pensamiento europeo.
El status de reconocimiento internacional – que por supuesto no se circunscribe exclusivamente al continente americano-, alcanzado por algunas personalidades latinoamericanas en el terreno filosófico atestiguan que se ha ido abriendo paso una nueva y más adecuada concepción de la universalidad, en cuanto a la creación filosófica, asi como de otras manifestaciones de la cultura latinoamericana.
De la misma forma que el desarrollo histórico del marxismo en sentido general ha tenido etapas de mayor impulso y otras de relativo estancamiento en América Latina también ha trazado una trayectoria ondulatoria. Personalidades tan significativas para su enriquecimiento como Mariátegui en lugar de abundar han sido escasas. Aunque también no es correcto ignorar otras de menor talla en cuanto a riqueza de los campos de reflexión , pero que han sido muy aportativas en determinadas esferas de las ciencias sociales, el arte o del pensamiento político.
El objeto de la presente investigación ha sido incursionar en los elementos de originalidad y autenticidad que se aprecian en la producción intelectual latinoamericana filiada o deudora de algún modo del marxismo en las últimas décadas.
Se parte del presupuesto metodológico general de que no toda elaboración teórica original necesariamente debe ser auténtica y sólo puede serlo si se corresponde con el conjunto de exigencias epistemológicas, axiológicas, ideológicas y fundamentalmente prácticas que una época y circunstancias específicas reclaman.
Es cierto que en el devenir del pensamiento marxista latinoamericano han habido momentos de predominio mimético y de extrapolación de ideas. Pero no hay razones para construir una «leyenda negra» del marxismo latinoamericano como en ocasiones se ha pretendido . De la misma forma que es improcedente construir una «leyenda rosa» como ofrecían algunas publicaciones soviéticas.
Con la intención de evitar extremos no debe pasarse por alto los extraordinarios momentos de creatividad, que sin ignorar otros de dogmatismo y simplificación teórica, han dado lugar a que al marxismo se le recononozca significativamente en el desarrollo sociopolítico latinoamericano del siglo XX , y muy en especial en la vida intelectual y filosófica .
Las conclusiones a que ha arribado este equipo de investigación se refieren básicamente a la producción intelectual latinoamericana de las últimas décadas desde distintas perspectivas de las ciencias sociales y las humanidades.
Por tal motivo aunque sus necesarios puntos de contacto y referencia con la vida sociopolítica de partidos, movimientos sociales, discursos de dirigentes, etc. aparecen obligatoriamente -pues resulta imposible abordar una temática de esta naturaleza en absoluta asepsia política e ideológica- , se trata en lo fundamental de criterios que generalmente han sido apreciados en las reflexiones de investigadores, politólogos, filósofos, sociólogos, economistas, etc.
El hecho que en algunas circunstancias coincidan en determinadas personalidades ambos factores no es pura coincidencia, sino al contrario un factor muy frecuente en la intelectualidad marxista en todas partes.
Algunas de las principales tesis que se sostiene a continuación han sido inferidas del conjunto de trabajos elaborados por los miembros del Grupo de Pensamiento Latinoamericano de la Universidad Central de las Villas, Santa Clara, Cuba, en colaboración con colegas de otras universidades cubanas.
Esto no significa que cada uno de ellos suscriban totalmente todas y cada una de las conclusiones a que se han arribado, solo se trata de presentar aquellas en las que el concenso ha sido el mayor.
El pensamiento marxista en América Latina le ha prestado mayor atención a los problemas del desarrollo social que a temas de carácter epistemológico, lógico o metodológico. Incluso la problemática axiológica no ha sido tampoco tan desarrollada en esta región desde la perspectivas marxista que desde otras posiciones filosóficas .
Esto no significa que hayan sido absolutamente desatendidos, pues se destacan los trabajos entre otros de Eli de Gortari en estos terrenos.
Los problemas del desafío tecnológico, científico y ecológico han exigido cada vez más mayor atención por parte de la intelectualidad marxista. Pero aun así los temas referidos a la estructura socio-ecónomica, el papel de los factores ideológicos y superestructurales como la religión y la moral, las luchas sociales, etc., han sido más abordados en correspondencia con las demandas sociopolíticas y conflictos permanentes que han sacudido a los países latinoamericanos.
La concepción que el materialismo histórico es una parte del materialismo dialéctico o una extensión de él, si bien fue predominante en las interpretaciones del marxismo emanadas de la influencia soviética en intelectuales latinoamericanos formados en esa tradición o vinculados a los partidos comunistas del área, también se fue debilitando a partir de las posturas heterodoxas que tomaron fuerza desde los años sesenta. Con el derrumbe del socialismo real languideció aun más esa posisión y hoy en día sólo se conserva en interpretaciones consideradas ya superadas.
No existe una renuncia a la interpretación dialéctico materialista del mundo en sentido general pero si a las versiones manualescas y omnicomprensivas propugnadas por el dia-mat.
En la actualidad prevalece el criterio de que la etapa de auge del dia-mat quedo atrás y ha sido superada en la historia en general del marxismo y en especial en su expresión latinoamericana. Sin embargo aun aparecen manifestaciones de sostenimiento invariable de las versiones más ortodoxas aunque en franca minoria, que normalmente encuentran la desaprobación de amplios sectores intelectuales en general y, por supuesto, también de la mayoría de los marxistas.
Uno de los elementos de autenticidad del marxismo latinoamericano fue saber distinguir entre las versiones dogmáticas y simplificadoras del marxismo y su expresión esencialmente compleja, controvertida, dinámica y propiamente creadora. Tal superación no ha significado un abandono de la dialéctica (ref.Dialectica hoy , Brasil, México y Argentina) sino la consideración de la misma en sus justos parámetros.
El concepto de formación económico social ha tenido por lo regular el reconocimiento de su valor metodológico para la intepretación de múltiples fenómenos y momentos de la evolución histórica. La mayoría de los análisis coinciden en considerarle como elemento esencial del «núcleo duro» de la teoría; pero también algunos marxista la han empleado como una camisa de fuerza y esto ha dado lugar a que se evite su utilización por otros investigadores tal vez no menos marxistas.
Se ha hecho usual en la literatura sociológica, económica, politológica y filosófica latinoamericana que se empleen conceptos que componen esta categoría, y otras propias del marxismo tales como relaciones de producción, base, superestructura, formas de la conciencia social, etc. Pero no se aprecia un manejo de la misma en su integralidad y mucho menos en la posible configuración de una filosofía de la historia marxista.
En la intelectualidad de izquierda latinoamericana predomina el criterio de que la crisis de la teoría marxista es muy anterior al derrumbe del socialismo en Europa del Este y la URSS, aunque toma mayor auge a partir de este acontecimiento tan significativo para la historia de esta doctrina.
La reacción antipositivista en el pensamiento latinoamericano produjo cierta reacción contra la versión positivista (doc. Ecuador). El marxismo como filosofía de la práxis (Gramcsi, Sánchez Vázquez) fue paulatinamente tomando mayor auge en las últimas décadas de este siglo. En este tipo de marxismo se insiste más en el factor de la subjetividad y la individualidad, aunque sin desatender el papel de las masas populares en una dimensión más apropiada.
El pensamiento marxista latinoamericano hace mucho tiempo dejó a atrás las interpretaciones deterministas y economicistas que por lo general caracterizan los ataques más usuales a la concepción materialista de la historia. Una visión mucho más dialéctica e integradora sobre la interacción de los distintos elementos que se conjugan en la historia ha tomado mayor prestigio en las últimas décadas.
En ella el condicionamiento material no se reduce al factor económico, sino a todos los aspectos de la vida material, relaciones de producción y reproducción de la vida social, las relaciones centrales en una determinada estructura y todo tipo de relaciones materiales entre los miembros de una sociedad dada.
Se aprecia una tendencia a destacar como los elementos esenciales del marxismo su carácter científico y revolucionario así como su condición profundamente humanista.
El marxismo en América Latina ha revitalizado los estudios sobre el joven Marx, sus análisis sobre la alienación, las formas de explotación capitalista, etc., interesado en recalcar el componente humanista del marxismo y el socialismo.
En cuanto a las transformaciones revolucionarias en el área, en los años sesenta predominó la concepción de la inmediatez del advenimiento de la revolución continental y el paso al socialismo. Paulatinamente languideció esta idea y en los últimos años aunque no se renuncia a los avances revolucionarios que pueden producirse como consecuencia de estallidos sociales o de cambios en la dirección política de algunos países, dichas transformaciones se consideran a largo plazo y como producto necesario de la incapacidad del neoliberalismo a la larga para dar solución a la situación de las mayorías. Prevalece hoy en día el criterio de que las transformaciones revolucionarias se efectuarán por la vía pacífica.
En la actualidad no existe una renuncia absoluta a los ideales socialistas y revolucionarios. Pero si se aprecia que su consecución será muy dificultosa y a largo plazo. Si está muy claro que ese socialismo será muy diferente a los ensayos que se han efectuado hasta el momento.
No son pocos los intelectuales marxistas en América Latina que consideran que lo que fracasó no fue el socialismo, sino uno de sus intentos o ensayos, pues incluso son del criterio que lo que existió en aquellos países que fracasaron no fue propiamente socialismo, sino capitalismo de estado, sociedades postcapitalistas, o a lo sumo «socialismo de estado», que tampoco debe ser considerado genuinamente como socialismo. A partir de tal criterio consideran que aunque el capitalismo es aun fuerte y perdurará aun por mucho tiempo, el socialismo debe alcanzar conquistas parciales a menos de que la injusta sociedad capitaliosta transforme por sí misma su controvertida naturaleza, lo cual resulta impensable.
Aunque en el seno de la intelectualidad de izquierda prevalece la aspiración de lograr de la forma más humana posible, es decir, sin necesidad de guerras la dignificación del hombre. No hay seguridad de que las élites de poder accedan tranquilamente a concesiones trascendentales que satisfagan requisitos de mayor justicia social.
Entre los marxistas latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX e incluso hasta hace apenas dos o tres décadas prevalecía la opinión de que debía socializarse la mayor parte de la propiedad productiva. Sin embargo, después de la experiencia del «socialismo real» se coincide en la crítica a la excesiva estatización de toda la economía que lejos de impulsarla como se esperaba la frenó.
Se reconsidera la cuestión de estimular el mercado y la pequeña propiedad emn forma cooperativa, familiar, etc. a fin de aligerar el Estado, limitar el paternalismo y la élite burocrática separada de los procesos productivos y de servicios. No se trata de realizar la utopía de la «tercera vía» entre el capitalismo y el socialismo, pero si lograr un perfeccionamiento del modelo de socialismo que incorpore los mejores elementos de la economía capitalista.
Se insiste en que los procesos de socialización de la propiedad sean graduales y no producto de decisiones voluntaristas. La experiencia indica que se hace más dificil reiniciar la marcha hacia el socialismo a partir de fracasos de ensayos aventureros que la orientación gradual hacia tales objetivos producto de una política equilibrada, aun cuando esta exija aplazamientos y hasta concesiones.
Múltiples han sido las investigaciones de marxistas latinoamericanos que revelan el carácter insostenible de las formulaciones abstractas sobre el Estado. En todo momento se ha insistido en su carácter clasista y se han tratado de revelar que las transformaciones que en él se operan mediante crecientes procesos de democratización no alteran sustancialmente su naturaleza y función en servicio del poder burgués dominante.
Un elemento de autenticidad en el pensamieto marxista latinoamericano ha sido el incremento en las últimas décadas del presente siglo del estudio pormenorizado de la historia económica, política y social de los países de esta región. La visión abstracta producto de esquemas extrapoolados ha ido quedando relegada a un segundo plano por este tipo de investigaciones concretas, que llegan a tener el reconocimiento de investigadores de distintas posiciones ideológicas, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, etc. En la misma medida en que el análisis de los investigadores de orientación marxista se ha centrado en la problemática nacional han sido más acertadas sus propuestas y la repercusión de su presencia en la vida sociopolítica y científica de sus respectivos países se ha incrementado y prestigiado.
La conclusión principal a la que arriban la mayoría de los investigadores marxistas es que los países latinoamericanos en sus tradicional status hasta la actualidad constituye una condición necesaria del desarrollo del capitalismo central. Ellos propician con sus materias primas, fuerza de trabajo, mercados, etc. la reproducción creciente de los países desarrollados.
El concepto de dependencia considerado como categoría central de todo análisis socioeconómico es una particularidad, quizás muy auténtica del pensamiento marxista en América Latina.
Un análisis marxista sobre la región dirigido a estimular una transformación socialista tiene que tomar muy en cuenta las desiguales relaciones de intercambio entre el Norte y el Sur. Sin autodeterminación económica no es posible la autodeterminación política y social que beneficie a los sectores populares. A la vez existe acuerdo en que los aparatos estatales actualmente constituidos y las políticas de gobierno que prevalecen en la región son absolutamente ineficientes para cambiar la situación de dependencia de los países latinoamericanos.
En la actualidad sólo un minoría poco significativa de la intelectualidad de izquierda mantiene el criterio de que se hace imprescindible establecer la dictadura del proletariado. La mayoría, incluida una buena parte de aquellos que hace algún tiempo atrás sostenían es misma posición, son del criterio que dicho concepto resulta inadecuado en las actuales circunstancias y lejos de contribuir puede obstaculizar los nuevos procesos de transformaciones revolucionarias que se requieren.
A la vez aunque se sigue reconociendo que la lucha de clases es un hecho inobjetable a pesar de todas las transformaciones que se han producido en el capitalismo se considera que esta se vincula a otras formas de lucha de intereses que se producen en las distintas y complejas sociedades latinoamericanas, donde muchos factores desempeñan también su papel. En lugar de tratar de acentuar la lucha de clases de manera indiferenciada se insiste que esta debe propiciar las vías pacíficas, las alianzas, los pactos sociales, en lugar de la violencia armada.
El problema de la formación de las vanguardias políticas y la interacción con los partidos tradicionales es objeto de interés por la intelectualidad marxista, tal vez con el fin de sugerir alternativas que viabilicen las conquistas democráticas y posibiliten logros sociales de efectivo beneficio popular. En esa búsqueda de nuevas vías para alcanzar transformaciones que definitivamente sean favorables a los sectores populares mas necesitados asumen una postura muy original y a la vez auténtica, pues se trata de encontrar modalidades cada vez menos tradicionales, que superen a las ya ensayadas y obsoletas y a la vez que aseguren de antemano logros de carácter social.
Se aspira a que mejoren las condiciones de vida de las mayorías y para alcanzar esos objetivos se proponen establecer las alianzas y compromisos que sean necesarios. Ya el sectarismo y el protagonismo no es lo que se impone por lo regular en las luchas políticas que promueven las izquierdas latinoamericanas.
En los últimos años el análisis de los marxistas revelador de las debilidades y nefastas consecuencias de las políticas neoliberales para los pueblos latinoamericanos les ha hecho mantener su status intelectual de oposición. La denuncia argumentada del proceso indiscriminado de saqueo de las riquezas de estos países por las transnacionales y los centros financieros internacionales les hace ser considerado siempre como profesionales contestatarios.
Es significativo el hecho de que a partir del proceso de descrédito del socialismo y de crisis de las izquierdas algunos prestigiosos intelectuales marxistas hayan entrado en un proceso de frustración y escepticismo que les ha conducido a adoptar posiciones de confluencia y servicio con los actuales poderes dominantes.
Arrepentimientos, autocríticas, mea culpa, etc. se han hecho algo más frecuente que décadas atrás, cuando también se daban esporádicamente procesos algo similares. Resulta interesante apreciar que algunos de estos renegados han sido contratados inmediatamente por los gobiernos de turno y otras instituciones estatales, partidarias, etc. como asesores o funcionarios, acreditando así la solidez científica de los mismos y con el fin de aprovechar mejor sus conocimientos sobre las particularidades de las izquierdas, por haber militado en ellas.
Las críticas al «socialismo real» por parte de marxistas latinoamericanos no siempre comenzaron con la oleada de impulsada por la perestroika. Desde años atrás algunos, sin renunciar al marxismo ni al ideal socialista, se oponían abiertamente a la forma en que se ensayaba la construcción de la nueva sociedad en los entonces considerados países socialistas.
Hoy parece ser que esta fue la postura más auténtica y no aquella que bendijo indiferenciadamente todo lo que se ejecutaba en dichos países en nombre del socialismo y del consecuente marxismo-leninismo. El hecho de que se haya identificado todo lo que se ejecutó en el «socialismo real» con la doctrina del marxismo-leninismo ha descalificado en la actualidad a esta forma de interpretación del marxismo. Muchos que no han renunciado al marxismo ni a muchas de las ideas de Lenin tampoco hoy en día gustan de ser calificados como marxistas-leninistas, dada la connotación peyorativa que en la actualidad se ha generalizado a esa versión de las ideas de Marx , Engels y Lenin surgida durante la época de Stalin.
En los últimos años se aprecia una tendencia lógica de enjuciamiento no sólo de los errores que se produjeron en aquellos países sino en especial los internos que cometieron los partidos comunistas latinoamericanos y las izquierdas en general en sus análisis que condujeron al estado actual de pérdida de prestigio y credibilidad.
Si hace apenas una década plantear la existencia de una crisis del marxismo como teoría era asunto de «disidentes», «revisionistas» y «enemigos del socialismo» , en la actualidad es imposible desconocerla, si bien se adoptan distintas posturas frente a la misma. Mientras la derecha tradicional se regodea en el triunfalismo neoliberal, intelectuales más prudentes – incluso no necesariamente de izquierda- no se dejan engañar y denuncian con razón y argumentos que las causas por las cuales se engendró la ideología socialista y el marxismo no han desaparecido. Mucho menos en los países subdesarrollados donde no es posible el lujo de subvencionar desocupados y ejecutar otras medidas sociales que son posibles en países capitalistas desarrollados par evitar que la conflictividad social se agudice.
Ya hoy se reconoce si temor que la crisis de la teoría marxista no es simple resultado del efecto negativo del derrumbe del socialismo, sino que la propia teoría en su génesis y evolución ha necesitado de desarrollos que no siempre han sido conseguidos, especialmente, en aspectos relacionados con la transición al socialismo, el papel del Estado en la economía, la utilización de las formas democráticas de gobierno,las libertades ciudadanas, etc. En la mayoría de estos aspectos se coincide en que el arsenal teórico del marxismo debe reforzarse sustancialmente.
Es común considerar que el empirismo, el dogmatismo, la importación de esquemas y la improvización caracterizaron la práxis política de los partidos de izquierda en América Latina. Esta situación se relaciona con la crisis generalizada que se considera afecta a todos los partidos políticos en América Latina, que se expresa en la falta de credibilidad, la indiferencia y el abstencionismo, la rápida identificación con cualquier movimiento político que indique signos novedosos, etc.
Las concepciones filosóficas provenientes del primer mundo dirigidas a sembrar la incertidumbre y el escepticismo en amplios sectores sociales como las teorías del «fin de la historia» , «fin de las ideologías», la «crisis del humanismo» , el inminente advenimiento de la «postmodernidad», etc. aunque han tenido mucha difusión en la prensa, pues se ha tratado de dirigir a amplios sectores sociales, no ha tenido la acogida deseada por sus productores y comercializadores entre la intelectualidad más destacada de nuestros países.
Aunque se comparten algunos de los razgos que plantean respecto a la sociedad moderna y sus límites, así como otras expresiones de la cultura de este fin de siglo, no es común la identificación con la pérdida de rumbos y el conformismo que estas ideologías intentan divulgar.
Hay amplio consenso en considerar que en lugar producirse la muerte o del deterioro de las ideologías, estas han tomado formas inusitadas y el incremento de su lucha alcanza niveles y proporciones hasta el momento desconocidos, pues los medios de comunicación son capaces de hasta trastocar los más sensatos sentimientos y decisiones humanas, provocando efectos impredecibles en el comportamiento de amplios sectores sociales.
La crítica a las formas de la democracia burguesa ha sido en general común entre los marxistas latinoamericanos. Pero si décadas atrás era frecuente que dicha crítica fuera indicriminada y absolutizante, la experiencia demostró – especialmente después de experimentar el período de las dictaduras fascistas en la región- que se hacía necesario un análisis diferenciador de las limitaciones y a la vez posibilidades de este tipo de democracia.
El pensamiento marxista latinoamericano se ha visto precisado a dedicar mayor atención al asunto de las condiciones de realización de la democracia. Indudablemente años atrás la izquierda le dedicó más atención a la toma del poder político por la vía armada que a través de la lucha democrática. Su demanda principal ha estado orientada a superar las debilidades de la democracia representativa e insistir más en la necesidad de propiciar la democracia social, la participación popular permanente y no solo en procesos eleccionarios y especialmente el control fiscalizador de las decisiones asumidas.
Se parte del criterio de que América Latina se ha caracterizado por una falta de cultura democrática, que proviene del autoritarismo colonial y clerical, del mantenimiento de estructuras precapitalistas en las relaciones productivas, de los índices de analfabetismo predominantes, de la corrupción , el militarismo, y la desesperación que genera el mantenimiento de condiciones infrahumanas de existencia de amplios setores populares generadoras de violencia social, etc.
Todos esos elementos atentatorios contra la democracia son investigados por la intelectualidad marxista que al tratar de conocerlos en su interioridad aspira a preparar mejor a sus respectivos pueblos para encauzarles por senderos de más efectiva democracia. Tales investigaciones resultan tan aportativas que muchas veces son mejor utilizadas por los aparatos de los poderes dominates que por las propias izquierdas, hecho este que no demerita el grado de autenticidad que revelan estas investigaciones.
El pensamiento marxista en América Latina aun tiene que enfrentar serias tareas tanto en la caracterización de los poderes dominates y los aparatos ideológicos que los sustentan, como en el estudio de múltiples mecanismos gestadores de superiores formas de democracia. En la medida que satisfaga esas demandas su posición será mucho más auténtica.
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